Preso político denuncia hambre y trabajo sin salario en un campamento penitenciario de La Habana


Cada mes despegan desde el aeropuerto alemán de Leipzig aviones con destino a Afganistán. Son vuelos chárter de la aerolínea turca Freebird (“Pájaro libre”, en español), un nombre que puede sonar a broma de mal gusto para sus pasajeros: ciudadanos afganos deportados a Kabul en contra de su voluntad. Cerca de 300 afganos han sido expulsados por las autoridades alemanas a su país de origen desde 2025, desde que tomó posesión el actual Gobierno federal. La gran mayoría eran condenados por crímenes, pero en los últimos traslados están siendo incluidas cada vez más personas sin antecedentes penales.

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Me entristece ver cómo las protestas en Francia, que comenzaron con estudiantes reclamando más profesores y recursos para la educación pública, han terminado siendo noticia por los incendios y los destrozos. El incendio del Ayuntamiento de Limoges es injustificable, pero me indigna que una minoría radical haya conseguido desviar la atención de unas reivindicaciones que merecen ser escuchadas. Lo que empezó como una movilización por las condiciones educativas se ha convertido en un debate sobre violencia. Mientras tanto, los problemas que denuncian los estudiantes siguen ahí. Es una pena que quienes salieron a la calle para defender su futuro hayan acabado perdiendo el protagonismo frente a quienes recurrieron a la agresividad. Los disturbios no deberían hacernos olvidar que detrás de estas movilizaciones hay jóvenes que reclaman algo tan básico como una formación de calidad.

© Emma Da Silva (AP Photo/Emma Da Silva)
Elocuente y firme, Navanethem Navi Pillay, recién galardonada con el Premio Nobel de la Paz, mantiene a sus 85 años la pasión y la entereza necesarias para seguir adelante con la labor que ha vertebrado su vida: la defensa de los derechos humanos. Nacida en Sudáfrica, creció bajo el régimen de apartheid y se hizo jurista porque quería saber “cuáles son los derechos de las personas”. El Comité noruego del Nobel ha destacado sus esfuerzos para promover el derecho internacional en un momento en que el Tribunal Penal Internacional (TPI), pero también el Tribunal Internacional de Justicia de la ONU (TIJ), afrontan ataques por parte de Estados Unidos y su principal aliado, Israel.





Alrededor de las enormes fortificaciones que Israel ha levantado en Gaza no queda nada. Algunas de ellas se remontan a 2023, tras los atentados de Hamás aquel 7 de octubre y la posterior invasión de la Franja por parte de Israel. Pero la construcción de nuevos puestos se ha acelerado a partir del alto el fuego del 10 de octubre de 2025: al menos 15 de ellos aparecen por primera vez en imágenes de satélite en diciembre del año pasado. “Estos puestos sirven como bases a través de las cuales Israel mantiene y ejerce control territorial sobre Gaza”, asegura Sarah Sanbar, investigadora de la ONG Human Rights Watch (HRW).
Para localizar las fortificaciones militares israelíes en Gaza, hemos desarrollado un sistema de búsqueda visual basado en inteligencia artificial que nos ha permitido identificar estructuras similares entre cientos de imágenes de satélite. Después, hemos revisado y contrastado los resultados para distinguir las posiciones fortificadas de otras construcciones o movimientos de tierra.
En total, hemos analizado más de 600 imágenes de la Franja de Gaza, tomadas entre enero de 2023 y octubre de 2026, que suman más de 400 GB de información. La mayoría proceden de Planet Labs y tienen una resolución aproximada de medio metro por píxel. También hemos utilizado una imagen aérea del norte de Gaza, publicada en la plataforma GovMap del Gobierno de Israel, con una resolución aproximada de 15 centímetros por píxel.
La investigación se ha desarrollado en cinco fases, con sucesivas rondas de búsqueda y revisión:
1. Selección de ejemplos. Escogimos 15 imágenes de fortificaciones con características reconocibles: grandes muros de tierra, accesos protegidos, zanjas y estructuras interiores como barracones, vehículos o antenas. Añadimos otros 15 ejemplos de caminos, excavaciones y terrenos arrasados que podían confundirse con ellas.
2. Búsqueda mediante inteligencia artificial. Dividimos las imágenes en 1.550.108 fragmentos, procedentes de 602 escenas de Planet Labs y de la imagen aérea de GovMap. Desarrollamos una herramienta que comparó estos fragmentos con los ejemplos seleccionados y los ordenó según su similitud. Repetimos las búsquedas incorporando los resultados ya revisados para identificar nuevos candidatos. La inteligencia artificial nos ayudó a localizar posibles fortificaciones, pero no decidió cuáles lo eran.
3. Revisión y evolución temporal. Examinamos las propuestas, descartamos las coincidencias incorrectas y reunimos imágenes de distintas fechas para cada ubicación. Así pudimos reconstruir los cambios visibles en el terreno y observar cuándo aparecían las primeras modificaciones.
4. Comprobación de uso militar. Para distinguir las fortificaciones de otros recintos, buscamos indicios adicionales, especialmente estructuras compatibles con barracones o módulos prefabricados. Revisamos distintas fechas para comprobar si estas instalaciones habían estado presentes, incluso cuando el recinto aparecía posteriormente vacío. Estos elementos, junto con la configuración del terreno, reforzaron la identificación de las posiciones militares.
5. Recuento final. Tras descartar falsos positivos y agrupar las imágenes correspondientes a una misma ubicación, identificamos 50 posiciones fortificadas. Para documentar su evolución, elaboramos 50 series temporales con 4.382 imágenes, accesibles para los lectores de EL PAÍS, después de excluir los recortes sin cobertura suficiente.
Limitaciones de la investigación. La cobertura de las imágenes no es uniforme: no disponemos de todos los lugares en todas las fechas. Por eso, la primera imagen en la que aparece una construcción no indica necesariamente cuándo fue levantada.
Las 50 posiciones identificadas representan las fortificaciones que hemos podido verificar en el material disponible, no un censo exhaustivo de todas las existentes en Gaza. Aunque hemos revisado miles de candidatos, no podemos descartar que haya otras posiciones que nuestra herramienta no haya detectado.
Las imágenes nos permiten documentar las estructuras y su evolución, pero no determinar por sí solas la función exacta de cada instalación ni si estuvo ocupada de manera continua. Para ello necesitamos contrastar nuestras observaciones con otras fuentes.