Tras el 17-O, como ya se ha bautizado la jornada del sábado pasado, una de las más violentas que ha vivido Francia en décadas, el país teme un 24-O este sábado, pues hay convocadas nuevas protestas en todo el territorio nacional. El presidente francés, Emmanuel Macron, anunció que, para prevenir nuevos disturbios en todo el país, sólo se autorizarán las manifestaciones convocadas por los sindicatos y se prohibirán las propuestas por otras organizaciones o movimientos “que no tienen legitimidad”, en referencia por ejemplo a los chalecos amarillos.
La marea verde de profesores y profesoras, en huelga indefinida desde el pasado 14 de octubre, ha trasladado su malestar este jueves hasta las puertas de la Asamblea de Madrid. Desde las nueve de la mañana, miles de docentes —3.000 según la Delegación del Gobierno— se han acercado y cortado la avenida de Pablo Neruda. Frente a ellos, decenas de policías custodian el paso hacia la acera de enfrente, donde se encuentra el edificio en el que los diputados madrileños asisten al pleno.
Los profesores, en huelga educativa indefinida, se han concentrado este jueves ante la Asamblea de Madrid para demandar al Gobierno regional que abra una negociación sobre sus reivindicaciones.
Un estudiante de 23 años, con una máscara antigás, conversa con otros activistas a apenas un metro de los antidisturbios ante el Ministerio de Educación. El edificio aún tiene los cristales de las ventanas rotos tras nueve días de protestas violentas. Es miércoles y la ciudad parece un campo de batalla donde se ha acordado una pequeña tregua entre las partes. Muchos comercios céntricos tienen el cierre metálico echado con un pequeño cartel que dice: “No nos hagáis destrozos. Estamos con vosotros”. Los antidisturbios se han empleado a fondo durante una semana y media para contener las protestas de jóvenes que reclaman la dimisión del primer ministro, Edi Rama, tras cuatro mandatos y 12 años en el cargo.
Manifestantes hacían gestos a los agentes de policía antidisturbios durante una protesta estudiantil contra el Gobierno en Tirana (Albania), el 21 de octubre de 2026.
Una manifestación convocada este miércoles por la noche en A Coruña “contra el fascismo y la violencia policial”, en la que han participado unas 2.500 personas, según la Policía Local, se ha saldado con nuevas cargas de los antidisturbios, barricadas, contenedores quemados y calles cortadas a la circulación tras los altercados que se produjeron durante el día por un acto electoral de Vox. El delegado del Gobierno, Pedro Blanco, ha atribuido los choques entre manifestantes y agentes a “grupos radicales y antisistema que se infiltran en el medio de la gente para generar desorden y violencia”.
“¿Qué os preocupa a vosotras?”, preguntó el tiktoker CharlyOkei a tres muchachas jovencísimas. “¡Ceuta!”, contestó rauda una. “¿Sabrías situarla en un mapa?”, continuó el entrevistador. Ante su titubeo, otra se adelantó: “Claro, al lado de la Antártida”. Confieso que durante nanosegundos dudé si sería una metáfora del aislamiento que la muchacha considera que sufre la ciudad autónoma. No tardó en despejar mi duda: “Claro, está Ceuta, Melilla y la Antártida”, sentenció. “La Antártida está arriba”, corrigió la que permanecía callada. Conocimientos de geografía cero, pulseritas tres. Porque todas lucían pulsera de España, obvio. Las ves y das por sentado que quienes las portan tienen un conocimiento del país medio alto, pero no, solo es parte del outfit, como los que llevan camisetas de los Ramones porque las vende Zara, pero no diferencian a Joey Ramone de Ramón y Cajal.
El bienestar europeo da signos de agotamiento. Mientras en Francia arden las calles, en España habrá una huelga general el 11 de noviembre. Lo curioso es que no son países neoliberales: nuestro Gobierno está batiendo récords de recaudación de impuestos, y el Estado francés destina alrededor de un 60% de su PIB al gasto público, una de las cifras más altas del mundo. La campaña electoral de Pedro Sánchez versa ahora sobre espolear el miedo a la motosierra de las derechas, pero aún con más Estado, ya hay miles de jóvenes europeos que no pueden alcanzar el bienestar esperado o el que sus padres obtuvieron.
Francia, Albania, Italia, Portugal, España… Las protestas impulsadas por la generación Z se han extendido en las últimas semanas por toda Europa. ¿Es casualidad que coincidan en el tiempo? ¿Se pueden relacionar las reivindicaciones de los diferentes países? En este nuevo episodio de ‘El AltavoZ’, un formato que analiza las tendencias y problemáticas de la generación Z, salimos a la calle para recoger la opinión de los jóvenes españoles y contrastarla con el análisis del consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí.
El primer acto preelectoral de Santiago Abascal en Galicia, una comunidad en la que Vox no tiene ninguna representación política, ni siquiera un concejal, se ha saldado este miércoles con varios jóvenes heridos por la policía tras participar en una numerosa protesta contra la extrema derecha. Las cargas de los agentes empezaron cuando el líder de Vox y sus seguidores habían abandonado la plaza de María Pita de A Coruña. Asistentes y organizaciones convocantes tachan la actuación policial de “desproporcionada” e indiscriminada y esta tarde unas 2.000 personas se han concentrado ante la Subdelegación del Gobierno para expresar su rechazo. En esta protesta también se han producido altercados por las calles del centro de la ciudad.
Agentes de la Policía cargan contra los participantes en la concentración antifascista de la plaza de María Pita, en A Coruña, durante la intervención de Santiago Abascal.
Agentes de la Policía cargan contra los participantes en la concentración antifascista de la plaza de María Pita, en A Coruña, durante la intervención de Santiago Abascal.
Agentes de la Policía cargan contra los participantes en una concentración antifascista en la plaza de María Pita de A Coruña durante la intervención de Santiago Abascal.
Un manifestante lanza una silla contra los agentes de policía durante los incidentes registrados en la plaza de María Pita de A Coruña con motivo del mitin de Santiago Abascal.
Un agente de policía golpea a una pareja durante las cargas contra los participantes en la concentración antifascista convocada con motivo del mitin de Santiago Abascal en la plaza de María Pita de A Coruña.
Agentes de la Policía cargan contra los participantes en una concentración antifascista en la plaza de María Pita de A Coruña durante la intervención de Santiago Abascal.
En los últimos días, Mercedes Zarzalejo, consejera de Educación de la Comunidad de Madrid, ha cuestionado la legitimidad de las protestas de los docentes de la educación pública madrileña que hemos ejercido nuestro derecho a la huelga. Considera que hacemos política. Vengo, de algún modo, a darle la razón. Sí, nuestra huelga es política. Pero no, no es la política que ella practica e imagina: es mucho más.
En septiembre de 2022, la muerte de Mahsa Amini, una joven iraní de 22 años detenida por la policía de la moral por supuestamente incumplir las normas sobre el velo islámico, desencadenó una oleada de protestas en Irán contra la obligación de las mujeres de cubrirse el cabello. Cuatro años después, al otro lado de la frontera, el hiyab vuelve a provocar manifestaciones, pero por el motivo contrario. En Azerbaiyán, alumnas y profesoras denuncian que no pueden acceder a los centros educativos por llevarlo. Las protestas han provocado decenas de detenciones y un enfrentamiento político con Turquía, el principal aliado de Bakú.
Adolescentes iraníes y extranjeras, que llevan velo, participan en el Festival Internacional 'Adolescentes sin Fronteras', celebrado en el sur de Teherán (Irán), en 2025.
La calle también juega en la precampaña. Desde las grandes manifestaciones iniciales por el desahucio de Maricarmen Abascal, que se condensaron después en la acampada en la Puerta del Sol y que también empujaron a un adelanto electoral, hasta las protestas, la huelga indefinida de maestros en Madrid y, dentro de tres semanas, una huelga general por la crisis de la vivienda ya a las puertas de la campaña electoral: todo suma o resta en una campaña atípica en la que la calle, que en los últimos años se había movido mucho con la derecha contra el Gobierno, ha recuperado un gran protagonismo de la izquierda en un momento de máxima debilidad del bloque progresista y de euforia en el conservador, cada vez más convencido de que su llegada al poder es inminente.
Serbia está a punto de convertirse en el primer país de Europa del siglo XXI en celebrar elecciones como consecuencia de una rebelión estudiantil y con la candidatura que no firma ningún partido político, sino La lista estudiantil, compuesta por 250 nombres sin filiación partidista. El próximo 25 de octubre, los jóvenes serbios que llevan casi dos años de protestas contra el régimen de Aleksandar Vučić, su Partido Progresista Serbio (SNS) y la corrupción desmesurada que le atribuyen, saldrán a competir con políticos profesionales y sus agrupaciones. La mayoría de la oposición actual se ha retirado del plebiscito para dejar protagonismo a quienes han conseguido tambalear la autocracia del poder actual. “Luchamos sin consignas políticas por un Estado con instituciones fundamentales sólidas y por una sociedad ordenada y democrática, donde no haya lugar para la corrupción que condujo a la tragedia de Novi Sad” anuncian los universitarios, que tras casi dos años de lucha han conseguido que el Gobierno convoque elecciones anticipadas.
Me entristece ver cómo las protestas en Francia, que comenzaron con estudiantes reclamando más profesores y recursos para la educación pública, han terminado siendo noticia por los incendios y los destrozos. El incendio del Ayuntamiento de Limoges es injustificable, pero me indigna que una minoría radical haya conseguido desviar la atención de unas reivindicaciones que merecen ser escuchadas. Lo que empezó como una movilización por las condiciones educativas se ha convertido en un debate sobre violencia. Mientras tanto, los problemas que denuncian los estudiantes siguen ahí. Es una pena que quienes salieron a la calle para defender su futuro hayan acabado perdiendo el protagonismo frente a quienes recurrieron a la agresividad. Los disturbios no deberían hacernos olvidar que detrás de estas movilizaciones hay jóvenes que reclaman algo tan básico como una formación de calidad.
El Gobierno de la Comunidad de Madrid reubicará en los próximos días el despacho de Isabel Díaz Ayuso por los inconvenientes provocados por la acampada en Sol, según un miembro de su equipo. “En estos momentos la Real Casa de Correos —la sede— no reúne las condiciones necesarias, especialmente de seguridad, para llevar a cabo el trabajo institucional y se están viendo diferentes opciones en instalaciones de la Comunidad de Madrid para desempeñar, de manera temporal, ese trabajo que normalmente se realiza en Sol”, cuenta la misma fuente.
La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, escoltada por la policía tras participar en la clausura del foro La longevidad tiene nombre de mujer, este lunes en el Palacio de Santoña de Madrid.
Una parte del distrito tercero de París, zona cero del universo bo-bo [la expresión burgués-bohemio] ardió la noche antes con el pretexto de las protestas estudiantiles. El humo negro del plástico quemado de contenedores, bicicletas de alquiler amontonadas en barricadas y señales de tráfico entró en las casas sobre las ocho de la tarde y su hedor ya no despareció. Las granadas de gases lacrimógenos de la policía trazaban una parábola tan alta para llegar hasta el otro lado de la calle, donde estaban los manifestantes, que pasaban delante de la ventana de un sexto piso como gorriones. Y mientras el periodista terminaba una crónica sobre la vida de los otros, una columna de humo negro, como una chincheta de Google Maps, indicaba el punto exacto donde había aparcado el coche. Aunque eso fuera a descubrirlo más tarde.
Un manifestante junto a un vehículo en llamas durante una protesta contra el coste de la vida y los precios del combustible en París, Francia, este sábado.
Mientras el Partido Socialista arranca la campaña con un beso y una flor, con la fuerza de la gente y la del amor, las izquierdas apenas consiguen recuperarse de varias semanas agónicas, atrapadas en estériles disputas sobre candidaturas, marcas y liderazgos. No hubo unidad y todo indica que la competencia entre Podemos y el Frente Amplio se saldará con un resultado amargo.
Uno de los grandes retos de las democracias del primer tercio del siglo XX fue la transformación de su modelo de orden público. Nos lo han contado muy bien especialistas como Diego Palacios, Sergio Vaquero o Rafael Cruz. Si en el paradigma predemocrático el objetivo prioritario era defender el Estado y mantener el orden, en el modelo democrático, lo nuclear es servir a la comunidad y respetar los derechos cívicos. Ya no se trata de blindar al Estado o al Rey, sino de proteger los derechos y libertades de las personas. La ciudadanía deja de ser amenaza potencial u objeto pasivo de control y se convierte en sujeto de derechos y agente activo. Los conflictos no se abordan desde la fuerza para reprimir o disuadir. Se busca la mediación y la gestión pacífica. El ejército y las fuerzas de seguridad quedan bajo control civil y sometidos a mecanismos de rendición de cuentas. La conversión civil del Estado, que diría Charles Tilly, es un ingrediente fundamental de la democracia. Ante una huelga, los poderes políticos dialogan. Si es necesario intervenir, acude la policía, pero sin sables ni máuseres. Las muertes ya no son el precio inevitable de cualquier protesta.
Mi dedo gordo haciendo scroll arrancó al móvil este fin de semana un montaje cinematográfico aparentemente fortuito digno de Cuarón: en una alfombra roja en Los Ángeles, Taylor Swift desfilaba con un vestido azul hielo de Dior mientras las lunas de una tienda de esa misma firma en París estallaban bajo barras blandidas por vándalos; sobre la pasarela escarlata, hora estándar del Pacífico, la bella Ana de Armas paseaba con un vestido de terciopelo de Louis Vuitton y simultáneamente, en huso de Greenwich pero dominios napoleónicos, unos bárbaros atacaban la tienda del malletier que en España conocemos como Luisvi. Ardían las insignias de la costura francesa y también el Ayuntamiento de Limoges, el lugar donde nace la porcelana más fina de Occidente mientras en Hollywood las estrellas lucían lujo europeo. Reinaba el caos en las Galias pero al otro lado del Atlántico Trump tenía listo un veredicto en su red social. Tal vez su movimiento se llama MAGA porque es capaz de sincronicidades que se antojan cosa de brujas. Ya ocurrió cuando 72.000 personas entraron a España y en menos de 48 horas Elon Musk tenía un tuit xenófo sobre un lugar tan ajeno a él como Ceuta. “Parece Guerra Mundial Z”. Ni un día necesitó el presidente de Estados Unidos: “Francia está en llamas. La inmigración de personas procedentes de un mundo totalmente diferente ha destrozado ese país que en su día fue grande. Cierren sus fronteras y tomen el control, antes de que sea demasiado tarde”. Efectivamente, en las imágenes se puede ver, muy convenientemente, la piel de los asaltantes, lo que facilita deducciones asquerosamente racistas. Justo por eso, reza un meme, Batman lleva la mitad de la cara descubierta: para que la policía sepa que es blanco. Decía el poeta negro Gil Scott Heron en ese manoseado poema sobre el que se asienta el género contestatario urbano por excelencia, el rap, que cuando llegue la revolución no la veremos en pantallas. Añado: pero en ellas encontraremos pistas para descifrarla.
Ni camisetas ni pañuelos rosas, pero con flores amarillas de siempreviva, un centenar de mujeres con cáncer de mama, algunas solas, otras acompañadas por sus familias, se han congregado este lunes frente al Ministerio de Sanidad para exigir financiación pública para avanzar en los tratamientos y en la búsqueda de una cura de la enfermedad. Las pacientes, de distintas edades y de varios puntos de España, han reclamado también el acceso a diagnósticos y cuidados de manera igualitaria para las cerca de 37.000 personas que son diagnosticadas cada año en España. “No puede depender del código postal ni de la capacidad económica. Hoy, demasiadas mujeres se ven obligadas a pagar pruebas privadas por las listas de espera, para obtener un diagnóstico precoz o para acceder a terapias innovadoras que el sistema público todavía no financia”, ha indicado Cristina García Zarza, una de las pacientes que fue detectada con la enfermedad en octubre de 2023.
Estos días me he acordado del escritor, periodista y muchas cosas más Leo Longanesi, todo un personaje italiano, por algunas frases suyas. Escribió en 1938, en pleno fascismo: “Dentro de veinte años nadie imaginará los tiempos en los que vivimos. Los historiadores futuros leerán periódicos, libros, consultarán documentos, pero ninguno sabrá comprender lo que ha pasado. ¿Cómo transmitir a la posteridad la cara de F. cuando está de uniforme de jerarca y baja del coche?”.