Tamara Molina: «Yo siempre digo que a mí me atropellan y yo pido perdón»
Los vampiros llevan siglos alimentándose de sangre humana, pero Tamara Molina ha encontrado en ellos algo más que criaturas sedientas y peligrosas: la oportunidad de escribir la historia que llevaba tiempo queriendo contar. Después de tres novelas, la autora se adentra en la fantasía romántica con "Saciar a la bestia", una historia oscura que, pese a su intención inicial de alejarse de los romances más reflexivos, vuelve a explorar las contradicciones humanas. Porque, aunque sus protagonistas habiten un mundo de monstruos, hay algo profundamente reconocible en Rina, una joven que ha pasado toda su vida intentando ser buena, complaciente y no molestar a nadie. La escritora reflexiona sobre lo que buscan hoy las lectoras en una historia de amor, la fascinación por los personajes moralmente cuestionables y las expectativas que pueden acabar condicionando la libertad de quien escribe.
Pregunta. Hasta ahora habías publicado romance contemporáneo. ¿Qué te ha llevado a dar el salto a la fantasía romántica y al romance oscuro?
Respuesta. Lo cierto es que yo siempre he escrito para mí romance con fantasía. Mis primeros libros publicados han sido de romance contemporáneo porque me sentía más segura, sin arriesgar tanto, entre comillas, porque luego, al escribirlos, te das cuenta de que tampoco son tan fáciles. Simplemente me apetecía volver a reconectar con lo que a mí más me mueve, ya no solo como escritora, sino también como lectora, que es la fantasía. Después de tres novelas me he sentido un poquito más preparada para darle espacio también a ese lado.
P. ¿Qué buscan las lectoras jóvenes cuando abren una novela romántica: reconocerse en una historia parecida a la suya o experimentar sentimientos que quizá no querrían vivir en primera persona?
R. Creo que depende del momento en el que se encuentre cada una. Por un lado, está el sentirse reconocida e identificada. Es algo a lo que he querido acudir con mis anteriores novelas, como Donde no puedas encontrarme o Cuando te atrevas a sentir: acompañar a las lectoras que puedan sentirse identificadas con las protagonistas y sus problemáticas, para que vean que todo tiene solución. Pero también está la evasión de la realidad. Yo misma, como lectora, disfruto tanto de la fantasía porque tengo mis problemas, pero, cuando abro las páginas de un libro, de repente estoy en otro lugar, con problemas completamente ficticios que jamás me pasarán, como que me secuestre un vampiro. Creo que también es una manera de encontrar refugio ante tanto caos que tenemos a nuestro alrededor.
P. Vivimos en una época en la que hablamos constantemente de límites, responsabilidad afectiva y relaciones sanas. Sin embargo, algunos de los personajes románticos más populares son posesivos o moralmente cuestionables. ¿Qué encontramos en la ficción que no queremos en nuestra propia vida?
R. Creo que la fantasía te deja jugar mucho. No es lo mismo presentarte en una novela de romance contemporáneo a un chico o una chica normal y corriente que tenga conductas claramente tóxicas y posesivas. Eso ya lo convierte completamente en una relación tóxica y en un romance oscuro, algo que yo todavía no tengo mucho interés en tratar dentro del romance contemporáneo. Sin embargo, en la fantasía, cuando te presentan un mundo oscuro, con problemáticas políticas, ambientes clandestinos y seres sobrenaturales que tienen centenares de años, puedes dar un poquito más de rienda suelta a dónde está el límite entre actuar bien y actuar mal. Porque no puedes esperar lo mismo de un muchachito de veinticinco años que de un vampiro de trescientos.
P. ¿Las lectoras son ahora más exigentes con el comportamiento de los protagonistas románticos o distinguen mejor entre la fantasía y las relaciones reales?
R. No lo sé. Por un lado, siento que a veces se espera que los personajes masculinos entren en unos patrones muy específicos y, si no son ese tipo de chico, ya no agradan tanto. Necesitan encajar en un molde y, cuando se salen de él, quizá no son tan bien recibidos. Pero, por otro lado, también siento que ahora hay una gama tan amplia de novelas a las que acudir que las lectoras tienen la mente abierta para recibir todo tipo de romances. Como autora intento no pensar en lo que se espera de un protagonista masculino mientras lo construyo, aunque a veces es difícil.
P. Entonces, ¿es más difícil escribir historias de amor para las nuevas generaciones?
R. No creo que sea difícil. Bueno, escribir ya es difícil de por sí. Pero siento que el público joven está abierto a la novela romántica y eso me hace muy feliz. Hay un gran abanico: novelas reflexivas que ahondan mucho en las emociones, comedias románticas, romances oscuros más o menos cuestionables y también romances simplemente para entretener. Lo que sí considero difícil es crear un personaje que destaque. Como se espera mucho de los personajes principales, sobre todo del masculino, o todos son muy parecidos o, si te sales de ese molde, puede destacar o no acabar de agradar. Es difícil crear personajes que sobresalgan entre los demás.
"Las lectoras tienen la mente abierta para recibir todo tipo de romances."
P. Precisamente, muchos protagonistas masculinos parecen responder al mismo patrón. ¿Existe una presión por crear personajes que puedan hacerse virales?
R. Totalmente. Yo misma, como lectora, a veces pienso que aquí hay otro personaje igual, pero es que, cuando no es así, luego no acaba de destacar. A lo mejor a ti personalmente te encanta, pero no se hace tan viral. Entonces, como autora, tienes que sacrificar tal vez esa viralidad para que tenga un poquito más de personalidad.
Es algo que me pasó con Bruno, de Cuando te atrevas a sentir. Sacrifiqué el hacerlo perfecto para hacerlo humano. Mientras lo escribía, yo misma pensaba que tenía que hacer determinadas cosas porque era un buen chico y tenía que ser un buen personaje. Hasta que me di cuenta de que él también podía hacer cosas que no le gustaran a la gente, cosas que hace una persona normal y no pasa nada. Pero, como es el protagonista masculino, parece que tiene que ser perfecto. Ahí está esa dualidad: tienes que sacrificar ciertas cosas para darle alma.
Con Velkan también he intentado hacerlo. Evidentemente, es un personaje que sé que va a gustar, pero tiene sus propios lados y toma determinadas decisiones. Veremos cómo se las toman las lectoras, pero es lo que hay: es su personalidad.
"Como autora tienes que sacrificar tal vez esa viralidad para que tenga un poquito más de personalidad."
P. Hablemos de Rina. Es una protagonista que ha pasado toda su vida intentando ser buena y complaciente, incapaz de decir que no. ¿Por qué nos cuesta tanto reconocer nuestros deseos egoístas o aquellos pensamientos de los que no nos sentimos orgullosas?
R. Yo también lo enfoco mucho desde el papel de la mujer, tanto por lo que me toca como porque siempre a las niñas, incluso de manera indirecta, se les ha hecho ver que, si están tranquilitas, están más monas y son más buenas. Que tienen que ocupar poco espacio y llevarse bien con los demás. Evidentemente, hay que ser buena persona, y yo en ningún momento digo que haya que ser malas, ni mucho menos. Pero, al crecer y hacerme adulta, me he dado cuenta de ese mensaje que se les transmite a las niñas y de cómo yo personalmente también he crecido con ese buenismo, hasta el punto de rebajarme a mí misma para satisfacer los deseos de los demás.
Yo siempre digo que a mí me atropellan y yo pido perdón. Por eso quería transmitir que, por ser egoísta a veces, o más que egoísta, por escogerte a ti misma, no dejas de ser buena persona. Es necesario que tú también ocupes tu espacio, te priorices y, como cualquier persona, hagas cosas que estén mejor o peor. Eso no te convierte en un monstruo.
Es lo que quería tratar con Rina. Creo que muchas lectoras cumplimos ese prototipo de niña buena que no quiere dañar a los demás y, al final, acabamos dañándonos a nosotras mismas. Quería mostrar su evolución, cómo se da cuenta de que puede ser cada vez un poquito más mala y esas personas siguen ahí, como Velkan o Milo. No van a abandonarla por eso.
"Por escogerte a ti misma no dejas de ser buena persona"
P. En los agradecimientos reconoces que esta novela era una apuesta arriesgada, alejada de lo que se esperaba de ti. ¿Hasta qué punto el éxito y las expectativas de los lectores pueden condicionar la libertad de un escritor?
R. Muchísimo. Es horrible. A mí me encanta crear contenido y promocionar mis novelas, me gusta mucho todo el proceso de pensar qué vídeos puedo hacer, pero hay una parte de mí que desearía poder decir: «No miro nada, no hago nada, no quiero influencias de fuera. Publico el libro y se acabó». Pero ahora mismo es un mundo irreal para mí, porque, sobre todo en España, es muy difícil mantener una carrera como autora sin tener esa presencia y esa visibilidad. Y más cuando yo también estoy empezando, porque esta es mi cuarta novela.
Aunque no quieras, siempre está ahí esa vocecita. Intento mirar lo menos posible, tanto los comentarios buenos como los malos, porque me ponen muy nerviosa y porque no quiero que influyan en lo siguiente que escriba. Imagínate que leo que a alguien se le hacen muy largos mis inicios. Pues quizá, cuando esté escribiendo la siguiente novela, ya esté pensando en no entretenerme tanto. Influye mucho y no me gustaría que lo hiciera.
Por eso "Saciar a la bestia" era arriesgada: es completamente diferente a las demás. De mí se espera otro "Donde no puedas encontrarme", otro "Cuando te atrevas a sentir", pero a mí no me apetecía otro romance reflexivo. Me apetecía una novela de romance con vampiros y oscuridad. Pese a haberme alejado de lo que se esperaba de mí, era lo que quería escribir, lo que necesitaba. Estoy muy contenta con ella, independientemente del recibimiento que vaya a tener.
P. ¿Esa presión también se manifiesta cuando tienes a las lectoras delante, por ejemplo, en las firmas?
R. Sí, y no hace falta ni leer comentarios. En las firmas me ha venido gente que me ha dicho que le había gustado el libro, pero que esperaba que añadiera más spice, o que, por mis libros anteriores, esperaba que hiciera determinadas cosas. Lo entiendo, evidentemente, pero por la parte que me toca me añade más presión porque luego escribo pensando en eso. También quiero decir que la mayoría de la gente es simpatiquísima, buenísima y me encanta.
P. Querías alejarte de las historias reflexivas, pero "Saciar a la bestia" también invita a reflexionar, especialmente a través de Rina. ¿Es algo inevitable en tu manera de escribir?
R. Sí, y no quería. Me pasó también un poco con la novela cortita de Navidad que escribí, que era para descansar de la intensidad, la reflexión y la emoción. Pero, al final, como autora vas conociendo tu propio proceso de escritura y me he dado cuenta de que siempre hay algo de eso en mis novelas, aunque sea en pequeña medida.
Saciar a la bestia no es un libro reflexivo ni de búsqueda de identidad como pueden ser otros que he publicado, pero sí quería darle esa profundidad emocional a Rina, esa pequeña parte con la que la lectora también puede sentirse identificada. Creo que le da mucha profundidad al personaje.
P. Si una chica de dieciséis años terminara "Saciar a la bestia" y te preguntara qué debería aprender sobre el amor después de conocer a Rina y Velkan, ¿qué le responderías?
R. Más que del amor, me gustaría que de "Saciar a la bestia" se quedara con eso de aprender a ser un poquito más mala, de ocupar un poquito de espacio. Que no pasa nada, que los demás lo hacen, tú lo ves y lo sabes, y que las personas que te quieren van a seguir ahí.
Evidentemente, ser un poquito más mala no significa ser una mala persona. Me gustaría que las lectoras que se sienten identificadas con Rina se atrevieran a dar un pasito más, a ocupar un poquito de espacio, a quejarse si alguien les está dando patadas en la butaca del cine. Son cosas tan tontas que yo, por ejemplo, no hago. A mí me están dando patadas en el cine y, por no molestar, no digo nada. Pero ¿por qué? Si te están molestando, estás en todo tu derecho de quejarte. Me gustaría que las niñas buenas dejaran de serlo un poquito, la verdad.


© Anaya