❌

Normal view

IMF warns about major economic risks and a ‘disorderly’ rise in bond yields

13 October 2026 at 20:11
Rising bond yields have been a warning sign for financial markets in recent months amid the Iran war's risk to global economies, and the IMF says those risks are more of a concern.

IMF warns about major economic risks and a ‘disorderly’ rise in bond yields

13 October 2026 at 20:11
Rising bond yields have been a warning sign for financial markets in recent months amid the Iran war's risk to global economies, and the IMF says those risks are more of a concern.

US continues sharing intelligence with Ukraine, Trump says amid Russia deal backlash. Questions remain over missed warning for latest attack

13 October 2026 at 18:08

Ukrainian President Volodymyr Zelenskyy meets US President Donald Trump in Ankara, Türkiye, on 8 July 2026.

US President Donald Trump said on 13 October that the US continues to share intelligence with Ukraine, following reports that Washington had threatened to suspend intelligence assistance unless Kyiv stopped striking Russian oil refineries, POLITICO reported.

The comments came after Ukraine received no advance warning from its partners ahead of Russia's latest ballistic missile strike, raising fresh questions about intelligence sharing between Kyiv and Washington.

“We are helping them, and we are sharing intel. We want the war to end,” Trump told reporters at the White House, according to POLITICO, reaffirming US support after his recent efforts to reach an agreement with Russian President Vladimir Putin drew criticism over his approach to the war.

Trump reaffirms support after backlash over Russia deal

Last week, the US threatened to cut intelligence sharing if Ukraine did not stop attacking Russian oil refineries. Zelenskyy did not publicly confirm the reported threat.

The reports came amid criticism of Trump’s announcement of a deal to buy Russian oil and his pressure on Kyiv to make concessions, even as Russia continued attacking Ukraine.

Zelenskyy said Ukraine had refrained from striking Russian oil refineries and the energy sector for two days after Trump announced an energy ceasefire. Russia, however, continued attacking Ukrainian energy facilities and critical infrastructure, he said, with 19 Ukrainian regions coming under attack during those two days.

Trump said Monday that both Russia and Ukraine had violated the energy ceasefire, arguing that each side was responsible. He also said Putin wanted a deal and that Washington needed to persuade Zelenskyy to agree.

Trump's latest comments publicly reaffirm that intelligence sharing is continuing. However, the circumstances surrounding the latest Russian strike have raised questions about whether Ukraine is receiving the early warnings it needs to protect civilians.

Ukraine received no warning before latest Russian strike

Early warnings of incoming Russian ballistic missiles give Ukrainians a brief window to reach shelter before impact. US intelligence helps make those warnings possible, giving civilians crucial time to protect themselves.

Zelenskyy said Russia's latest attack involved five ballistic missiles and more than 100 drones, and that Ukraine received no warning from its partners before the strike.

“Intelligence on Russian ballistic missile launches helps save lives,” Zelenskyy said Tuesday. “This is precisely what helps prevent people from being killed — when there is an early warning about ballistic missiles.”

He added that Ukraine had received no warning ahead of the attack.

just power plants russia’s drones also went after warehouses groceries hardware chain · post firefighter puts out fire warehouse burned food drink stock hit russian attack bucha district kyiv oblast
Explore further

Russian ballistic missiles hit Kyiv before sirens, gap that lands hard amid fears that Washington could cut data that warns of launches

Ukraine normally receives alerts about impending Russian missile launches through the Battlespace Command and Control Center, a system operated by the US military and NATO members, among others, POLITICO reported.

Citing an unnamed official familiar with the matter, POLITICO reported that US officials attributed the missing warning to bad weather. The explanation reportedly raised doubts among Ukrainian officials.

Ukrainian Air Force spokesperson Yurii Ihnat said the warning system had failed to transmit information on previous occasions. He said specialists would work with international partners to resolve any technical problems.

Ukrainian Foreign Minister Andrii Sybiha said Tuesday that intelligence sharing through the platform was continuing, according to POLITICO.

La inteligencia humana, lainteligencia artificial y el futuro de la guerra algorítmica

By: A A
13 October 2026 at 16:06

Cuanto más aleja la tecnología al actor, más debe aumentar su responsabilidad.

Únete a nosotros en Telegram , X y VK .

Escríbenos: info@strategic-culture.su

De persona a objetivo

¿Qué será de la humanidad cuando la tecnología sea capaz de reconocer, clasificar, rastrear y, en última instancia, matar a seres humanos sin que quienes ejecutan los ataques los hayan visto jamás?

Mi amigo Mohammad Reza Dehshiri planteó precisamente esta pregunta, y su respuesta es contundente.

El peligro, escribe, no es la inteligencia artificial, sino la inhumanidad artificial; es decir, la posibilidad de que las máquinas se vuelvan más precisas precisamente cuando los humanos dejen de sentirse responsables de lo que esas máquinas hacen en su nombre.

Con este artículo, inicio una serie que toma el análisis de Dehshiri como punto de partida e intenta llevarlo más allá. Si el problema es la «inhumanidad artificial», la respuesta no puede estar en una IA «más ética», como si la ética fuera un módulo que se instalara a posteriori en un sistema que ya ha sido diseñado.

Necesitamos recuperar una categoría que la jerga tecnológica ha vuelto casi innombrable: la inteligencia humana, entendida no como un vestigio que hay que proteger en medio de las complejidades de la automatización, sino como una forma de conocimiento con características propias y distintivas, que ningún aumento en la potencia computacional puede reemplazar.

La llamaré Inteligencia Humana, y la ambigüedad es deliberada. En la jerga de los servicios de inteligencia, HUMINT se refiere a la más antigua de las disciplinas de inteligencia: aquella que se basa en las personas, las fuentes, los idiomas y la visita paciente y frecuente a distintos lugares.

En terminología filosófica, la expresión denota la facultad de comprender. La tesis de esta primera contribución es que estos dos significados ahora convergen, y que su convergencia tiene implicaciones geopolíticas que se extienden mucho más allá del debate sobre la ética de las armas.

Podemos describir la cadena operativa de la guerra contemporánea en siete etapas: detectar, identificar, clasificar, predecir, priorizar, seleccionar el objetivo, atacar.

Cada eslabón puede perfeccionarse técnicamente sin que la secuencia, tomada en su conjunto, se perfeccione moralmente. El fenómeno resultante se denomina «dataficación de la vida humana»: el individuo reducido a una identidad, una ubicación, un patrón de comportamiento, un índice de amenaza.

Esto no es una abstracción. En abril de 2024, una investigación de Yuval Abraham para +972 Magazine y Local Call describió a «Lavender», un sistema utilizado por las fuerzas armadas israelíes en Gaza para asignar a decenas de miles de personas una probabilidad de afiliación a grupos armados.

Según fuentes internas citadas en la investigación, la verificación humana de cada nombre a menudo no duraba más de veinte segundos: el tiempo necesario para determinar que el objetivo era un hombre.

Las Fuerzas de Defensa de Israel han refutado este relato y han descrito a «Lavender» como una base de datos diseñada para apoyar a los analistas.

Sin embargo, incluso si se acepta la versión oficial, el meollo del asunto sigue siendo el mismo: había un operador humano presente, y su presencia no fue suficiente para transformar la recomendación del sistema en un juicio.

La psicología cognitiva tiene un nombre para este fenómeno, el sesgo de automatización: la tendencia de quienes trabajan con un sistema automatizado a tratar sus recomendaciones como un sustituto de su propia verificación y a no buscar la información que pudiera contradecirlas.

Ya en 1976, Joseph Weizenbaum —quien había creado uno de los primeros programas conversacionales de la historia— ya distinguía entre la capacidad de calcular y la capacidad de juzgar, y argumentaba que hay tareas que no deberían confiarse a una computadora, incluso si esta fuera capaz de realizarlas. Medio siglo después, esta distinción se ha vuelto aún más apremiante. La computación trabaja con lo que ya se ha traducido en datos. El juicio debe decidir si esa traducción ha sido fiel.

Dehshiri deja claro este punto con cuatro distinciones: la precisión técnica no es precisión ética; la exactitud no es justicia; la automatización no es responsabilidad; la superioridad tecnológica no es superioridad moral.

Yo agregaría una quinta, de naturaleza epistémica, de la que dependen las demás: la correlación no es comprensión. Un sistema de aprendizaje automático reconoce patrones estadísticos en un conjunto de datos. No sabe qué es una escuela, porque no sabe qué es un niño, y ni siquiera sabe que no sabe esto.

L’iraniano cita un interesante estudio de caso: el 28 de febrero de 2026, en las primeras horas de la guerra, la escuela primaria Shajareh Tayyebeh en Minab, en la provincia de Hormozgan, fue alcanzada varias veces durante el horario escolar.

Las cifras proporcionadas por las autoridades iraníes oscilan entre 150 y 175 muertos, la gran mayoría de los cuales eran niñas, junto con docenas de maestros y algunos padres; el fiscal del distrito fijó el número total de muertos en 156.

Washington nunca ha reconocido directamente su responsabilidad ni ha publicado los resultados de la investigación del Pentágono. Amnistía Internacional ha descrito el incidente, en el mejor de los casos, como un grave fallo de inteligencia.

Hay un detalle, revelado por imágenes satelitales, que traslada el análisis del plano moral al fáctico.

Según los medios occidentales, la escuela se encontraba junto a una base naval perteneciente a la Guardia Revolucionaria y anteriormente había formado parte de ella; entre las explicaciones que circulan en los círculos estadounidenses se encuentra la de datos de selección de objetivos desactualizados.

Si se confirmara esta hipótesis, Minab no sería un caso de una máquina que cometió un error, sino de una base de datos que había dejado de corresponder a la realidad. El edificio había cambiado. Los datos, no.

Ningún algoritmo de clasificación, por muy sofisticado que sea, puede detectar que un antiguo edificio militar se ha convertido en una escuela si nadie ha registrado el cambio. Todos los que vivían en Minab lo sabían: los padres que llevaban a sus hijas a la escuela cada mañana, el conductor del autobús escolar, los maestros.

Este es precisamente el tipo de información que recopila el HUMINT y que la guerra a distancia tiende a considerar superflua, porque es lenta, costosa y difícil de ampliar. Con base en fuentes de dominio público, la responsabilidad de EE. UU. parece altamente probable, aunque las circunstancias exactas siguen sin estar claras y el nivel de certeza en este punto es bajo: un error en la base de datos, un error de clasificación o una aceptación consciente del riesgo.

Sin embargo, las tres hipótesis convergen en la misma pregunta. ¿Quién, antes del ataque, verificó si había personas en ese edificio?

Más allá del «human-in-the-loop»

El debate internacional se ha conformado durante mucho tiempo con el principio de human-in-the-loop, según el cual un ser humano forma parte del ciclo de toma de decisiones.

Esta fórmula es insuficiente: una persona puede estar presente en el ciclo y, sin embargo, limitarse a dar el visto bueno a la recomendación del algoritmo.

Él propone sustituirlo por un principio más exigente, al que denomina humanity-in-command: la capacidad efectiva de cuestionar, rechazar, anular y detener el proceso automatizado.

La historia de la Guerra Fría ofrece dos ejemplos que aclaran lo que esto significa en la práctica. El 26 de septiembre de 1983, el sistema soviético de alerta temprana Oko señaló el lanzamiento de cinco misiles balísticos desde Estados Unidos.

El oficial de guardia, Stanislav Petrov, descartó la alarma como una falsa alarma y no la reportó como un ataque en curso, razonando que un primer ataque estadounidense nunca consistiría en solo cinco misiles.

Tenía razón: el satélite había confundido el reflejo del sol en las nubes con lanzamientos de misiles.

Veintiún años antes, el 27 de octubre de 1962, en el mar del Caribe, el submarino soviético B-59, aislado y bajo fuego de cargas de profundidad, estaba a punto de lanzar un torpedo con ojiva nuclear. El lanzamiento requería el consentimiento de los tres oficiales de mayor rango a bordo, y Vasily Arkhipov se negó a darlo.

En ninguno de los dos casos el hombre aprobó una recomendación del sistema. La contradijo. Y no lo hizo porque tuviera más datos: de hecho, los datos eran el problema.

Lo hizo porque sabía plantearse una pregunta que ningún procedimiento le exigía hacer, a saber, si lo que estaba viendo tenía sentido en el contexto de todo lo demás que sabía sobre el mundo.

Petrov estaba familiarizado con la doctrina nuclear estadounidense; Arkhipov sabía la diferencia entre un ataque y una amenaza. Es esta capacidad de comparar la señal con el panorama general, el detalle con lo que es plausible, lo que yo denomino Inteligencia Humana. Vale la pena señalar que el Dena fue hundido por un submarino. No sabemos qué se les preguntó a sus oficiales, ni qué margen de discreción tenían para tomar decisiones.

Esta propuesta debe aclararse, ya que existe el riesgo de reducirla a un llamado humanista genérico. La Inteligencia Humana, tal como yo la entiendo, se estructura en tres niveles distintos, cada uno de los cuales marca un límite estructural —más que contingente— de la inteligencia artificial.

El primer nivel es epistémico. La tradición escolástica distinguía entre intellectus, el acto mediante el cual la mente capta inmediatamente una verdad, y ratio, el proceso discursivo de pasar de un elemento a otro: para Tomás de Aquino (Summa Theologiae, I, q. 79, a. 8), ambos no son facultades distintas, sino aspectos de un único intelecto, en el que el razonamiento comienza con una comprensión y regresa a una comprensión. Los sistemas actuales de aprendizaje automático logran una ratio de una potencia sin precedentes, capaz de inferir, combinar y predecir a escalas inaccesibles para la mente humana.

Carecen del aspecto del intellectus, es decir, de la comprensión del significado de lo que procesan. Esta es una tesis filosófica y debe presentarse como tal, pero tiene consecuencias prácticas precisas: un sistema desprovisto de comprensión no puede saber cuándo su propio modelo del mundo se ha vuelto falso.

El segundo aspecto es práctico. La Prudentia, según la definición tomista, es la razón recta aplicada a la acción, y su tarea específica consiste en aplicar el principio universal al caso particular. La máquina generaliza: su valor radica en asignar el caso individual a una clase.

La prudencia hace lo contrario, porque debe reconocer qué es lo que, en este caso particular, queda fuera de la clase. La guerra, que es el ámbito de lo singular y lo imprevisto, es el escenario donde esta diferencia tiene mayor peso.

La nota Antiqua et nova del Vaticano, de enero de 2025, retomó esta línea de pensamiento, haciendo hincapié en la naturaleza encarnada y relacional de la inteligencia humana y su irreducibilidad a una mera función de procesamiento.

El tercer nivel es relacional, y es aquí donde el significado filosófico se encuentra con el de los servicios de inteligencia. Sherman Kent, quien de hecho fundó el campo de los estudios de inteligencia en los Estados Unidos de la posguerra, lo definió ante todo como conocimiento, incluso antes que como organización o actividad.

El HUMINT es la forma de este conocimiento que pasa a través del otro como persona: alguien que habla su idioma, conoce sus costumbres, sabe interpretar un barrio y puede distinguir una fiesta de una manifestación.

Durante las últimas tres décadas, las grandes potencias han ido desviando progresivamente recursos hacia disciplinas técnicas, desde la inteligencia de señales hasta la vigilancia satelital, pasando por las plataformas de fusión de datos. Minab ilustra el costo de este desequilibrio.

Nada de esto implica un rechazo a la tecnología. La inteligencia humana no se opone a la IA de la misma manera que un manual se opone a un mecánico. Establece una jerarquía: el algoritmo como herramienta subordinada a un juicio que no puede producir por sí mismo. Y de ahí se deriva un principio, formulado por Dehshiri, que merece convertirse en un criterio operativo: cuanto más aleja la tecnología al actor de las consecuencias de sus propias acciones, más debe aumentar —y no disminuir— la responsabilidad consciente de quien toma la decisión.

Desde el punto de vista geopolítico

Hasta ahora, el tema podría parecer una cuestión de filosofía moral. No es solo eso. La distribución de la capacidad de guerra algorítmica es una distribución de poder, y las reglas que la rigen serán redactadas —si es que llegan a redactarse— por aquellos que tienen interés en limitarlas lo menos posible.

El estado del derecho internacional lo confirma. El grupo de expertos gubernamentales establecido en virtud de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales ha estado discutiendo los sistemas de armas autónomas letales desde 2017 sin haber llegado a un instrumento vinculante.

En noviembre de 2023, Estados Unidos promovió una declaración política sobre el uso militar responsable de la IA, que por definición no es vinculante; en diciembre del mismo año, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la primera resolución dedicada a estos sistemas, mientras que el Comité Internacional de la Cruz Roja ha venido pidiendo desde 2021 la prohibición de los sistemas autónomos impredecibles y de aquellos diseñados para atacar a seres humanos.

En junio de 2024, en su intervención en la cumbre del G7 en Borgo Egnazia, el papa Francisco pidió que nunca se le permitiera a una máquina decidir sobre la vida de una persona. La brecha entre estas posturas y la realidad en los campos de batalla de 2026 se mide en víctimas.

También existe una asimetría más profunda. Quienes controlan los datos deciden quién es un objetivo, y las víctimas de la guerra algorítmica se encuentran en su mayoría fuera de Occidente: en Gaza, Irán, el Sahel y Yemen.

Para los Estados que no producen las plataformas ni controlan sus bases de datos, la inteligencia humana se convierte así en una cuestión de soberanía.

Un país que cuenta con pericia lingüística, conocimiento regional y redes de inteligencia humana conserva su autonomía de juicio; un país que confía su visión del mundo a sistemas diseñados en otros lugares —a menudo por empresas privadas— la cede junto con sus datos. En un orden que tiende hacia la multipolaridad, esta distinción separará a los actores que juzgan de aquellos que son juzgados.

Esto conduce a una propuesta concreta, que desarrollaré en futuros artículos. Junto con el principio general de una supervisión humana significativa, el derecho internacional humanitario podría codificar una obligación específica de verificación humana del estatus civil de cada infraestructura fija incluida en una lista de objetivos, con una fecha de vencimiento más allá de la cual la información se vuelve inválida y debe renovarse utilizando fuentes directas. Esta es una norma mínima.

Aplicada a Minab, habría requerido que alguien preguntara si ese edificio seguía siendo lo que los registros indicaban que era.

La tecnología puede determinar cómo un arma llega a su objetivo, mientras que le corresponde a la humanidad decidir si ese objetivo debe ser atacado. La pregunta subyacente a todo esto es quién, en términos prácticos, ejerce esa humanidad, con qué herramientas de conocimiento y dentro de qué instituciones.

En Minab, alguien debería haber sabido que había una escuela allí. El hecho de que nadie lo supiera, o de que nadie preguntara, es el punto desde el cual debemos volver a empezar.

Traducción:  Observatoriode trabajador@s en lucha

Survey finds majority of Americans say AI is developing too fast

By: A A
13 October 2026 at 12:00

Meanwhile Donald Trump has dismissed calls for more regulation, saying the United States needs to maintain its edge over China in the AI race.

Join us on Telegram, X, and VK.

Contact us: info@strategic-culture.su

A new poll indicates that 64 percent of Americans believe artificial intelligence (AI) is developing “too fast.”

The Associated Press-NORC Center poll released on Oct. 8 showed that just 27 percent say the development is “about right,” and less than 10 percent think it’s moving “too slow.”

Of the polled adults, more Democrats (76 percent) than Republicans (54 percent) think AI is moving too fast. However, 70 percent of those under 30 years old think the technology should be slowed, and 60 percent of those 60 years old and older think the same.

The findings come amid growing concern over the technology’s potential threat to humanity, which has led to industry leaders and politicians calling for a slowdown and more regulation.

President Donald Trump has dismissed calls for more regulation, saying the United States needs to maintain its edge over China in the AI race. Major AI companies recently signed a voluntary accord with the White House that calls for internal and external reviews.

According to the poll conducted Sept. 24 to 28, about half of respondents think the government’s support is about promoting technological innovation, and a little fewer say they think it’s about competition with China.

Meanwhile, 80 percent of Americans say it’s “extremely” or “very” important for the United States to ensure AI stays under human control.

Recent months have seen several incidents of AI agents from major tech firms breaching websites of private companies, research institutions, and multiple government agencies.

Notably, ChatGPT developer OpenAI acknowledged in July that its AI agents broke out of a testing environment and hacked into Hugging Face, an open-source community for AI.

In September, OpenAI canceled the release of its latest model, GPT-6.1 Astra, slated for October, over safety concerns. It also postponed plans for its initial public offering this year.

Lawmakers from both sides of the aisle have proposed a range of measures to regulate the technology, but none are likely to advance anytime soon with Congress in recess ahead of the midterms.

Confidence in politicians’ handling of AI is low, with 23 percent trusting Democrats to do a better job and 21 percent favoring Republicans, while 39 percent trust neither party.

Mistrust of AI appears to have extended to the realm of politics, as very few adults are using AI as a source of information for the upcoming election. The poll indicated that only about 21 percent of respondents said they use or plan to use AI to gather information about a candidate or ballot issue.

Even fewer (12 percent) said they will use AI for information about how to vote, and only 10 percent said they would use it for information on voter registration.

Che cosa rischia l’Ucraina se Trump riduce la condivisione di intelligence

13 October 2026 at 03:45

Donald Trump

La minaccia americana non riguarda soltanto le armi. Donald Trump potrebbe interrompere la condivisione d’intelligence con l’Ucraina se Volodymyr Zelensky non accettasse di fermare gli attacchi contro le raffinerie e le infrastrutture energetiche russe. Secondo il Financial Times, gli inviati della Casa Bianca Steve Witkoff e Jared Kushner hanno prospettato questa possibilità durante i colloqui con la delegazione ucraina a Miami. La pressione americana comprenderebbe anche una possibile sospensione del meccanismo Purl, attraverso il quale i Paesi europei finanziano l’acquisto di armamenti statunitensi destinati a Kyjiv. Per ora, però, si tratta di minacce riferite da fonti europee, non della conferma che la cooperazione d’intelligence sia stata nuovamente interrotta.

Per capire le conseguenze bisogna distinguere che cosa perderebbe concretamente l’Ucraina e quanto sarebbe difficile sostituire il contributo americano. Lo stop non renderebbe automaticamente impossibili gli attacchi ucraini in profondità sul territorio russo, ma potrebbe ridurne l’efficacia e aumentare i rischi per le forze di Kyjiv. Il problema riguarderebbe anche la difesa dagli attacchi russi, soprattutto quando si tratta di individuare tempestivamente le minacce missilistiche.

Dalle immagini satellitari alle coordinate dei bersagli
L’intelligence militare non consiste soltanto nello scoprire in anticipo che cosa sta preparando il nemico. Serve a individuare dove si trovano le sue forze, seguirne gli spostamenti, riconoscere i sistemi d’arma e trasformare una grande quantità di informazioni in indicazioni utilizzabili sul campo di battaglia.

Gli Stati Uniti contribuiscono a questo processo attraverso diverse capacità. I satelliti raccolgono immagini e altre informazioni sul territorio; l’intelligence dei segnali, o signals intelligence (Sigint), permette di ricavare informazioni da comunicazioni ed emissioni elettroniche. I sistemi di analisi integrano queste fonti per individuare e localizzare gli obiettivi. A ciò si aggiungono le informazioni necessarie per rilevare il lancio di missili e avvertire in tempo le forze ucraine.

Un’inchiesta del New York Times del marzo 2025 ha ricostruito il ruolo del centro di coordinamento americano di Wiesbaden, in Germania, dove ufficiali statunitensi e ucraini lavoravano insieme per definire le priorità operative. Gli analisti americani incrociavano immagini satellitari, intercettazioni e altre informazioni per individuare le posizioni russe e fornire coordinate utilizzabili per gli attacchi.

Un’interruzione della cooperazione non cancellerebbe le informazioni raccolte dagli ucraini, né le capacità sviluppate da Kyjiv in questi anni. Ridurrebbe però il flusso di dati provenienti da una rete di sorveglianza molto più estesa. La perdita potrebbe riguardare soprattutto la possibilità di integrare informazioni diverse, verificare rapidamente la posizione di un bersaglio e capire se sia ancora valida quando arriva il momento di colpire.

Le difese russe diventerebbero più difficili da aggirare
Il problema è particolarmente rilevante per gli attacchi a lungo raggio contro le raffinerie russe. L’Ucraina ha sviluppato droni e capacità autonome per raggiungere obiettivi situati anche molto lontano dal fronte. Ma conoscere la posizione di una raffineria non basta a pianificare un attacco: bisogna anche sapere quali difese la proteggono e come potrebbero cambiare.

Una delle informazioni più difficili da sostituire è la posizione dei sistemi di difesa aerea mobili russi. Questi possono essere trasferiti e riposizionati, rendendo meno affidabili le informazioni raccolte in precedenza. Per pianificare un’operazione, Kyjiv deve valutare le difese disponibili, i possibili corridoi di volo e il rischio che i droni vengano individuati e abbattuti.

L’Ucraina potrebbe continuare a condurre attacchi in profondità anche senza l’intelligence americana, a condizione che gli alleati europei mantengano il loro sostegno. La campagna contro le infrastrutture petrolifere russe si basa infatti anche su capacità sviluppate autonomamente, produzione nazionale di droni e informazioni provenienti da fonti diverse. Un’analisi del Washington Post descrive proprio l’integrazione tra produzione ucraina, tecnologie di puntamento e informazioni occidentali sulle difese russe.

Perdere il contributo di Washington, dunque, non significherebbe perdere ogni capacità autonoma. Ma senza informazioni tempestive sulle difese russe, alcuni attacchi potrebbero diventare più rischiosi, richiedere più risorse o avere minori probabilità di successo.

Il rischio più immediato: i missili balistici
L’altro fronte critico è la difesa del territorio ucraino. Le informazioni satellitari e i sistemi di allerta precoce contribuiscono a rilevare il lancio di missili e a fornire indicazioni sulla minaccia in arrivo. In questo caso il tempo è una risorsa decisiva: pochi minuti possono fare la differenza per attivare le difese, mettere al riparo la popolazione e proteggere le infrastrutture strategiche.

Una riduzione dell’assistenza americana potrebbe quindi avere conseguenze che vanno oltre la campagna contro le raffinerie. Non significherebbe che ogni missile diventerebbe impossibile da intercettare: l’Ucraina dispone di radar, sistemi di difesa aerea e informazioni proprie e alleate. Ma perdere una fonte importante di sorveglianza e allerta renderebbe più difficile compensare le lacune esistenti.

A questo si aggiunge il possibile stop agli acquisti di armi statunitensi attraverso il Purl. Per Kyjiv sarebbero due problemi distinti ma collegati: meno informazioni per anticipare gli attacchi e maggiori difficoltà nel rifornire alcuni dei sistemi necessari a contrastarli, soprattutto quelli per la difesa aerea a lungo raggio.

Ratcliffe e la continuità dei rapporti con Kyjiv
La pressione di Trump non va letta come il segnale di una posizione necessariamente uniforme all’interno dell’amministrazione americana. Un caso utile per capire questa distinzione è quello di John Ratcliffe, direttore della Central Intelligence Agency.

Nel marzo 2025, quando la Casa Bianca sospese temporaneamente la condivisione d’intelligence con Kyjiv, fu Ratcliffe a confermare la decisione. Ma, in un’intervista a Fox Business riportata da Reuters, aggiunse di aspettarsi che la pausa sarebbe terminata e che gli Stati Uniti avrebbero continuato a lavorare fianco a fianco con gli ucraini.

Ratcliffe non si oppose pubblicamente alla decisione presidenziale. Il suo ruolo mostra piuttosto la tensione tra l’utilizzo dell’intelligence come strumento di pressione politica e l’interesse a preservare una cooperazione strategica costruita nel corso degli anni. È un elemento di contesto, non una garanzia che la collaborazione continuerà: la portata concreta di un’eventuale sospensione dipenderebbe dalle informazioni bloccate, dalla sua durata e dalle eventuali eccezioni.

Che cosa può fare l’Europa
Il contributo europeo non si limita alle immagini satellitari. Francia e Regno Unito hanno investito anche nella formazione degli ufficiali ucraini e nello sviluppo delle loro capacità clandestine e operative. È il quadro che emerge da un’inchiesta di L’Express di agosto, secondo cui il sostegno occidentale alle operazioni ucraine si è costruito nel corso di anni di collaborazione.

La rivista francese ricostruisce il ruolo della Central Intelligence Agency a partire dal 2014 e quello delle forze speciali britanniche e polacche nell’addestramento degli ufficiali ucraini. Nel novembre 2024, l’allora capo del Secret Intelligence Service (o MI6), Richard Moore, aveva indicato il patrimonio di competenze nelle operazioni clandestine come una componente fondamentale del sostegno britannico. Secondo un alto funzionario dell’intelligence francese citato da L’Express, i Paesi baltici e i Paesi Bassi hanno contribuito soprattutto sul piano tecnico, mentre MI6 e il servizio collegato francese Dgse hanno messo a disposizione competenze operative.

La Francia, inoltre, fornisce immagini satellitari e informazioni utili a individuare gli obiettivi e pianificare gli attacchi a lungo raggio. A gennaio il presidente Emmanuel Macron aveva dichiarato che Parigi forniva ormai due terzi dell’intelligence destinata all’Ucraina, dopo la riduzione del contributo americano nel marzo precedente. La dichiarazione non equivale però alla dimostrazione che la Francia possa sostituire tutte le capacità statunitensi. Anche il Regno Unito dispone di risorse importanti. Come ricorda l’International Institute for Strategic Studies, Londra possiede aerei RC-135 Rivet Joint per la raccolta di intelligence elettronica, una capacità che resta rara in Europa. Ma addestramento operativo, raccolta di segnali e immagini satellitari non sono intercambiabili: ogni contributo copre una parte diversa del sistema.

Il limite principale resta la scala delle capacità spaziali e la loro integrazione. Secondo l’EU Institute for Security Studies, nel 2025 gli Stati Uniti disponevano di 263 satelliti militari, contro i 44 europei. Il dato non misura da solo la qualità dell’intelligence disponibile, ma rende evidente il divario nella capacità di sorveglianza continuativa. Gli Stati Uniti possono integrare le informazioni provenienti da una rete estesa; quelle europee restano più frammentate tra governi e apparati nazionali.

Due implicazioni
La minaccia di Washington ha quindi una doppia implicazione. Nell’immediato potrebbe restringere il margine operativo dell’Ucraina proprio mentre Trump cerca di ottenere uno stop agli attacchi contro le infrastrutture energetiche russe. Nel medio periodo mostra quanto la sicurezza europea dipenda da capacità che i governi del continente non sono ancora in grado di garantire autonomamente.

L’Ucraina potrebbe continuare a colpire la Russia anche senza il sostegno americano. Ma farlo diventerebbe più difficile, mentre difendersi dai missili russi potrebbe diventare più rischioso. È la differenza tra perdere un alleato e perdere una parte del sistema che permette di combattere.

L'articolo Che cosa rischia l’Ucraina se Trump riduce la condivisione di intelligence proviene da Linkiesta.it.

Russian ballistic missiles hit Kyiv before sirens, gap that lands hard amid fears that Washington could cut data that warns of launches

12 October 2026 at 23:43

just power plants russia’s drones also went after warehouses groceries hardware chain · post firefighter puts out fire warehouse burned food drink stock hit russian attack bucha district kyiv oblast

Russian forces struck several districts of Kyiv late on 12 October with what the Air Force called, by preliminary data, six ballistic missiles. For once, the air-raid alert reached people only after the attack had begun, Ukraine’s Air Force reported.

Reports of Russian ballistic launches are part of the intelligence the US shares with Ukraine, and that data is what lets sirens sound before the missiles arrive, giving civilians a few minutes to hide. Those minutes save lives, which is why the warning gap landed hard amid fears that Washington could cut Ukraine off from such intelligence amid US President Donald Trump's agreement with Russia to let its diesel into the US.

The alert came late because Ukraine’s radar detected the ballistic targets only during the attack, with no advance data on launches from Russian territory, according to the Air Force.

“No information was received about launches from enemy territory. The causes are being established,” the Air Force said.

The stakes are human, presidential adviser Serhii Beskrestnov, known as Flash, stressed.

“This information is needed first of all by civilians, so that people have time to hide in a shelter,” he said.

Beskrestnov says he does not want to believe the US would leave Ukraine without that data because it is a matter of civilian survival. He urged caution on the cause, saying there were nuances and that it was too early to draw conclusions.

When the sirens fall behind the missiles

However, Ukraine usually sees the launches first. The warning system normally flags Russian ballistic launches before the missiles reach their targets, giving people time to move, but on 12 October, that did not happen, the Air Force noted.

Beskrestnov later added a note of doubt about what flew. The suspected S-400 missiles were not being recorded by partners’ intelligence services, he wrote, stopping short of blaming the lapse on a loss of US data.

Two cities hit within the same hour

The damage in Kyiv was concrete. A missile struck a transport-infrastructure site in the Dniprovskyi district, and another hit a four-story warehouse in the Desnianskyi district, Mayor Vitali Klitschko said.

Russia struck Kharkiv at about the same time with nine S-8000 Banderol loitering munitions, Mayor Ihor Terekhov reported. One of the last strikes hit a residential building, where people may be trapped under the rubble and a fire is burning.

“Very serious destruction, an entire stairwell collapsed,” Terekhov said.

Kinzhal is 90% identical to Iskander-M: Ukraine’s intelligence identifies 58 companies in production chain

12 October 2026 at 22:47

3D model of the Kh-47M2 Kinzhal missile. Photo: Ukraine’s Ministry of Defence

Ukraine’s Defense Intelligence (HUR) released information on the components of Russia’s Kinzhal air-launched ballistic missile and the companies involved in its production, according to a statement dated 12 October.

Russia has used Kinzhal missiles to strike targets across Ukraine since the start of its full-scale invasion. However, 22 of the 58 companies in Russia’s Kinzhal production network are not subject to sanctions, the intelligence agency noted.


Kinzhal missile: design, components, and production changes

Ukraine’s Defense Intelligence has published an interactive 3D model of the Russian Kinzhal missile on its War&Sanctions portal.

The 9-S-7760 missile, known as the Kh-47M2 Kinzhal, uses solid fuel and has a single stage. This means the missile does not consist of multiple stages that separate sequentially during flight. About 90% of its components are identical to those used in the 9M723 ballistic missile of the Iskander-M system, HUR noted.

The Kinzhal is equipped with a radar homing seeker, an active jamming station, and a decoy deployment system, according to the statement. The homing seeker helps the missile determine the direction to its target, while decoys are designed to make interception by air defense systems more difficult.

The missile can carry one of two types of warheads: a penetrating high-explosive warhead or a nuclear warhead. Russia is also developing a version with a high-explosive fragmentation warhead that strikes targets through an explosion and fragments. HUR believes this development may be linked to problems with the missile’s accuracy.

In 2026, Russia significantly reduced its state procurement order for Kinzhal missiles and redirected some production resources, components, and raw materials towards manufacturing Iskander-M missiles, HUR noted. Another reason is the limited number of MiG-31I and MiG-31K aircraft used to launch Kinzhal missiles, the intelligence agency reported.

Ukraine intercepts Kinzhal missiles, but has limited resources to do so

Despite their high speed, Russian Kinzhal missiles can be intercepted using US-made Patriot surface-to-air missile systems. In particular, PAC-3 interceptor missiles are designed to destroy ballistic targets and can be used against threats such as the Kinzhal and Zircon, Ukraine’s Ministry of Defense reported.


Ukraine is seeking additional Patriot interceptor missiles to defend against Russian ballistic attacks during the winter.

Patriot PAC-3 surface-to-air missile system.
The Patriot PAC-3 surface-to-air missile system. Photo: Swedish Ministry of Defense

Most of the approximately 1,000 missiles Kyiv has contracted for are not expected to arrive for several years, prompting Ukraine to ask its allies to supply missiles from their existing stockpiles, Defense News reported on 12 October 2026.

Sanctions loopholes allow Russia to obtain foreign components for Kinzhal missiles

Russia continues to use foreign components in missile production despite sanctions. For instance, the US-made Texas Instruments processors were found again in a newer version of the Kinzhal missile, Ukrainian presidential commissioner for sanctions policy Vladyslav Vlasiuk said in September, Interfax reported. According to him, foreign electronics continue to reach Russia through various supply channels.

Earlier, Ukraine had provided its partners with information on more than 100 Russian companies involved in ballistic missile production and urged them to impose sanctions on those entities, according to the President's Office.

On 12 October, the EU Council imposed sanctions on 1,569 individuals and entities linked to Russia’s military-industrial complex, including 826 Russian companies and 743 company CEOs.

❌