El petróleo roza máximos desde el inicio de la guerra en Oriente Próximo y toca los 117 dólares
El precio del petróleo coquetea con un nuevo máximo desde el inicio de la guerra en Oriente Próximo. El Brent, la referencia en Europa, cierra por encima de los 116 dólares el barril, aunque ha llegado a acercarse a los 118 que marcó el pasado abril, récord de los últimos cuatro años. En la misma línea, el West Texas Intermediate (WTI), alcanza los 103 dólares, un 3,8% más. El temor a nuevas interrupciones en el suministro de crudo por la mayor tensión en Oriente Próximo presionan esta materia prima. El rebote viene alimentado por la posibilidad de que Estados Unidos e Israel preparen una nueva ofensiva militar contra Teherán para después de las elecciones legislativas de Estados Unidos, previstas para el 3 de noviembre.
A esto se suma el recrudecimiento de los ataques de los hutíes contra varios objetivos en Arabia Saudí, incluyendo refinerías. Los insurgentes han confirmado varios ataques en las últimas 48 horas contra objetivos en Arabia Saudí, incluidos la refinería de Yanbu y varios aeropuertos. El 'oro negro' acumula una subida superior al 80% en lo que va de año después de que los flujos procedentes del Golfo Pérsico se vieran interrumpidos.
No obstante, las exportaciones de crudo han aumentado recientemente y se sitúan cerca de los niveles previos al conflicto, ya que los petroleros están apagando sus transpondedores para evitar ser detectados, aunque los envíos de productos petrolíferos siguen limitados. Arrastra también a otras materias primas como el gas. El TTF holandés, la referencia en Europa, alcanza un precio de 93 euros por megavatio, un 3% más, y se coloca en máximos de diciembre de 2022.
En este contexto, las bolsas llegan a la última sesión de la semana en tono mixto, aunque el rojo predomina tanto en Europa como en Wall Street. Tan solo el Ibex 35 (+0,4%) y el FTSE MIB (+0,36%) saldan la sesión en verde en el Viejo Continente, avances que contrastan con la caída del 0,75% del Dax, el recorte del 0,5% del FTSE 100, al tiempo que CAC francés corrige un 0,36%. La plaza gala sigue en el punto de mira de los inversores con el coste de la deuda instalado en el 5%, máximos desde 2002. El mercado ve difícil que el país galo pueda atajar la crisis política, fiscal y social en la que está inmersa y su prima de riesgo se sitúa sobre los 167 puntos, aunque ayer superó los 175 puntos en algún momento de la jornada, una cota que no veía desde la crisis financiera de 2011.
Francia se ve castigada por la inestabilidad, situación que se ha agravado tras un fin de semana de protestas que acabaron en violencia urbana. Además está prevista otra jornada de manifestaciones para el próximo 24 de octubre. Todo esto se produce mientras el Gobierno galo, que carece de mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, encara el proyecto de presupuestos 2027 con difíciles negociaciones con la oposición (izquierda y ultraderecha). La segunda mayor economía del euro cerrará este año con un déficit del 5,4% y una deuda pública próxima al 120% del PIB. De su lado, el bono alemán frena ligeramente sobre el 3,32%.
La alerta sobre la deuda francesa se produce en una semana en la que una de las tres grandes agencias de calificación de riesgos estadounidenses, Moody's, se ha pronunciado sobre la situación financiera del país. La compañía ha dado un respiro al mantener la nota de solvencia de la deuda soberana a largo plazo en 'Aa3' con perspectiva negativa, un escalón considerado de alta calidad, si bien ha advertido de que la confirmación del rating parte del supuesto de que las cuentas para 2027 incluyan medidas para reducir el déficit, así como una disminución en los próximos meses de los costes de financiación y las tensiones sociales.
La importancia de esta calificación radica en que constituyen una guía fundamental para los grandes inversores institucionales, incluidos Estados, fondos de pensiones y aseguradoras, ya que muchos de ellos tienen por mandato estatutario invertir únicamente en deuda con las máximas calificaciones crediticias.
Al otro lado del Atlántico, el índice VIX, conocido como el indicador del miedo de Wall Street, ha llegado a subir hasta los 20,5 puntos, umbral a partir del cual empieza a preocupar. Sin embargo, luego ha retrocedido ligeramente por debajo de ese nivel. El mercado ha empezado a cuestionar la capacidad de las empresas relacionadas con IA para rentabilizar sus inversiones y se decantan por la recogida de beneficios en los valores del sector y la búsqueda hacia activos más seguros.



