Guillermo del Toro salió escaldado de Hollywood con 'Mimic' y Pedro Almodóvar le produjo 'El espinazo del diablo': «Básicamente, me resucitó»
La realidad es que Guillermo del Toro siempre se ha caracterizado por un estilo muy particular. Después de todo, su fascinación por los monstruos es un elemento clave fundamental de cara a definir su tipo de cine. El director de origen mexicano llegó a Hollywood después del reconocimiento internacional de Cronos, que fue su debut en la industria cinematográfica.
Sin embargo, Mimic terminó siendo una de las etapas más complejas de su carrera. El filme planteó un relato de terror sobre insectos mutantes que amenazan Nueva York. La escala de la propuesta fue lo que le permitió trabajar con un presupuesto mayor. La principal consecuencia fue que pudo hacer un mejor despliegue de su imaginación visual. Sin embargo, también le enfrentó a las exigencias de Miramax y a los hermanos Harvey y Bob Weinstein, los responsables del estudio.
Un rodaje que enfrentó a Guillermo del Toro con Hollywood
En este sentido, Guillermo del Toro recordó que perdió varias peleas relacionadas con el reparto. Aunque reconocía que la película conservaba visualmente buena parte de su visión, el desarrollo se tradujo en un profundo desgaste. El director llegó a comparar aquella etapa con otro episodio traumático de su vida: el secuestro de su padre en México. Esa singular comparación daba una idea de hasta qué punto se había deteriorado su relación vinculada al modelo de producción estadounidense.
Aun así, la experiencia de Mimic sí le sirvió de algo. El filme le enseñó a coordinar los movimientos de cámara con los actores y a desarrollar una puesta en escena que, en esencia, era más elaborada. Pero el aprendizaje técnico no compensaba el daño personal. Después de esa vivencia tan nefasta, necesitaba recuperar la confianza en su capacidad para relatar historias sin renunciar a su propia mirada.
La oportunidad llegó desde España con la oportuna aparición de Pedro Almodóvar. Él era un confeso admirador de su trabajo, por lo que se ofreció a producir El espinazo del diablo. El proyecto llevaba bastante tiempo intentando salir adelante, pero nunca se encontraba financiación suficiente para sacarlo adelante como realmente quería. El respaldo de Pedro Almodóvar fue el detonante que ayudó a cambiar las cosas. Él mismo lo confesaba rotundamente: "Básicamente, me resucitó. Me permitió creer que se podían volver a hacer películas".
Estrenada en 2001, El espinazo del diablo recuperó su gusto por el cine personal y consolidó algunos de los temas que recorrerían su filmografía: la infancia, la memoria, la violencia política y los fantasmas que deja muchas veces el curso de la historia. Con el tiempo, él mismo asumió labores de producción para proteger a otros cineastas de las presiones de los estudios. No quería limitarse a devolver un favor: quería ofrecer a otros la confianza que Pedro Almodóvar le había brindado a él.


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