Confiesa Julian Barnes en su libro Mis cambios de opinión que ha votado a casi todas las opciones políticas de su país —laboristas, conservadores, liberales, demócratas liberales o verdes…— pero en literatura siempre se ha declarado un devoto seguidor de Flaubert. En Asturias tienen su propia Madame Bovary: Ana Ozores, La Regenta. La creó Leopoldo Alas Clarín, y el escritor británico la adora, pese a haberla descubierto algo tarde.
Julian Barnes (centro), premio Princesa de Asturias de las Letras, junto a su mujer Rachel Cugnoni (derecha) en la Biblioteca Pública Pérez de Ayala de Oviedo este jueves.
Quizá recuerden ustedes aquella película tan tierna de Jim Jarmusch titulada Paterson, protagonizada por un conductor de autobuses con una pulsión poética irreprimible, que cuando conseguía salir de su rutina laboral se dedicaba a escribir bellos versos. Bentor Marrero, el protagonista de la brillante primera novela de Teodoro Jiménez Pozo, es la némesis cruda y nihilista de aquel personaje que en el cine encarnó Adam Driver: un camionero joven, que odia un trabajo repetitivo y brutal en el que el GPS que le da instrucciones de ruta le trata con más humanidad que sus propios compañeros y su jefe, ya no sabe diferenciar entre el día y la noche, el tiempo laboral y el de ocio, la vida y la muerte. Un hombre despojado de toda posibilidad de sentirse humano y por tanto, de toda poesía que a pesar de todo, aún es capaz de encontrar alguna belleza en los paisajes tinerfeños que contempla cuando va conduciendo.
Con un par de asesinatos truculentos comienza Una tumba en Al Ándalus (Tusquets), la tercera entrega del escritor que, con el seudónimo de Lorenzo G. Acebedo, novela al poeta medieval Gonzalo de Berceo como investigador de crímenes y dotado de un humor sarcástico. Aparentemente, se trata de muertes perpetradas por gente de baja estofa, pero en realidad orbitan sobre ellas los más altos poderes de la época. Así sucedió ya en los títulos precedentes de esta serie, La taberna de Silos (2023) —un éxito de crítica y ventas—, y La Santa Compaña (2024). Dos thrillers que cuentan con el atractivo de retratar la vida de los monjes medievales peninsulares e ilustrar sobre el arte románico.