Homem acusado de atear fogo em Aveiro com pena suspensa

© PAULO NOVAIS/LUSA

© PAULO NOVAIS/LUSA

© PAULO NOVAIS/LUSA

© Getty Images
El juzgado de instrucción número 49 de Madrid ha abierto una investigación penal por imprudencia en el caso de los trasteros incendiados el pasado junio en el distrito madrileño de Villaverde. “No he visto una cosa igual en 20 años de profesión de abogado”, confiesa a este diario Miguel Ángel Rodríguez Vacelar, director del bufete especializado en herencias y divorcios Vacelar Abogados, que fue quien el pasado martes 13 presentó una denuncia penal al detectar posibles indicios de delito en un suceso del que fue, dolorosamente, víctima. Rodríguez perdió todo el legado de tres generaciones de su familia, por el que reclama a la empresa 49.000 euros, 30.000 de ellos en concepto de daños morales. Es una de las 800 personas que vieron cómo las llamas consumían todo lo que tenían guardado en la nave y que quieren saber qué fue lo que ocurrió.


© PAULO NOVAIS/LUSA

© PAULO NOVAIS/LUSA
Los Ortiz dormían vestidos por si la casa ardía esa noche. Los Ortiz, o los Brennan, o los Washington, da igual, podría ser cualquier apellido, podría ser un apellido como el tuyo, exactamente igual que el tuyo. Vivían en South Bronx, en edificios de casi cien años, de fachadas de ladrillo con cuatro o cinco o seis plantas y ningún ascensor, y se acostaban con la ropa del día siguiente puesta, con los zapatos puestos, los niños sobre todo, porque bajar tres pisos en calcetines por una escalera en llamas podía suponer la diferencia entre vivir o morir. Las madres dejaban una bolsa junto a la puerta con documentos, una foto de la familia, el dinero en metálico que tuviesen disponible, siempre la misma bolsa, lista, como la gente que vive cerca de un frente de guerra. Porque, de algún modo, la década del fuego de Nueva York fue un frente de guerra.

© Ricky Flores (Getty Images)