Cuando la tecnología adelanta a nuestras necesidades: ¿queremos un televisor transparente?
Hace tiempo que los analistas y críticos de los mentideros de internet dicen, o decimos, que la tecnología apenas avanza, que los cambios que ahora se dan son ínfimos en comparación con los saltos que se producían a principios de los dos mil. Y esto es una verdad a medias. Es cierto que cada vez tiene menos sentido esa filosofía de los fabricantes de lanzar todos los años una nueva generación de su dispositivo estrella. También lo es que el gran público, incluso los muy expertos, apenas nota variaciones: siempre es un dos, un cinco o como mucho un diez por ciento más de aquello o de lo otro, diferencias prácticamente imperceptibles en el uso diario. Pero a veces la industria nos pilla desprevenidos y sigue sorprendiendo.
Y ocurre porque algunas marcas continúan explorando esas tecnologías de frontera, que muchos tachan de puro marketing, pero que en mi opinión sirven para mostrar algunos caminos por los que tal vez transite el futuro. Recuerdo claramente a Luca Rossi, presidente de la división Intelligent Devices Group en Lenovo, afirmando en una entrevista que si en el futuro lo que marca el ritmo es un cinturón, la compañía tendría uno. No sé si será un cinturón o un colgante como el que acaba de anunciar Meta y muchas propuestas no medrarán –dudo que dentro de veinte años llevemos todos un Tesla Roadster y volemos por las avenidas de las ciudades como Bruce Willis y Milla Jovovich en ‘El quinto elemento’–, pero otras enseñan posibilidades que tienen sentido. Lo difícil es ver para qué.
Y en esa tesitura me he encontrado al probar el Signature OLED T, el televisor transparente e inalámbrico de LG. De hecho, según la compañía, el único de su clase en todo el mundo cuando se presentó.
¿Cómo se consigue que una pantalla sea transparente?
La clave está en la tecnología OLED. A diferencia de los paneles LCD, que necesitan una fuente de luz detrás para mostrar las imágenes, los píxeles OLED emiten su propia luz de manera independiente. Esto permite prescindir de la retroiluminación y diseñar paneles con zonas que dejan pasar la luz del entorno. Pero esta capacidad tiene un inconveniente importante: la transparencia juega en contra del contraste. Cuando un píxel OLED se apaga para representar el negro, deja de emitir luz, pero no impide que sigamos viendo lo que hay detrás y la imagen pierde profundidad.
LG lo ha solucionado incorporando un panel negro motorizado que bloquea el fondo cuando queremos ver la televisión de forma convencional. La paradoja es que uno de los grandes avances de esta pantalla transparente es que puede dejar de serlo.
Así que la duda es evidente: ¿se ve bien con transparencia? La respuesta rápida es que no. Obviamente, si quieres disfrutar de una película, verla en modo traslúcido no tiene ni pies ni cabeza. Pero es que la capacidad de este aparato y su potencial no radican ahí.
Resolviendo dudas: 5 preguntas para entender la T de LG
Aunque me cueste categorizar en ese segmento este producto, oficialmente estamos hablando de un televisor OLED de 77 pulgadas y resolución 4K, con un 43 % de transparencia según las pruebas internas de LG. Además, recibe la señal de imagen y sonido de una caja externa (Zero Connect Box) sin necesidad de cable HDMI entre ambos dispositivos. Es un dispositivo comercial, pero no precisamente uno pensado para las necesidades del consumidor medio. Y ahí está la historia.
Para entenderlo, podría ayudar que responda a algunas preguntas directamente:
- ¿Es de verdad transparente? Sí, se ve perfectamente lo que hay detrás del panel, incluso aunque pongas los fondos dedicados como peces nadando en el océano o flores que decoran el ambiente (los T-Contents).
- ¿Qué contenidos justifican la transparencia? Me gusta y me parece útil la opción que tiene de T-Bar: muestra información como la hora, noticias o el tiempo en una franja inferior. También los contenidos pensados para decorar (T-Objet y T-Contents). Hay una cosa que mola mucho y es el efecto wow de estar a oscuras con el panel en transparente y con contenidos activos a modo decorativo.
- ¿La luz, natural o artificial, es un problema para usar el televisor como televisor? En el modo transparente, la iluminación y los objetos situados detrás condicionan bastante la experiencia. Si la luz viene desde atrás, las imágenes pierden contraste. En el modo opaco, en cambio, se comporta mucho más como un televisor convencional y la iluminación ambiental resulta menos problemática.
- ¿Importa el ángulo? Sí. La misma imagen de frente, a 45 grados y casi desde un lateral se ve con distinta nitidez en el modo transparente, siendo más nítido el ángulo desde el lateral porque ves menos elementos del fondo superpuestos. En el modo opaco la nitidez es buena desde todos los ángulos, aunque claramente es mejor la vista frontal.
- ¿Afecta que la conexión no sea mediante cable? Lo primero, una aclaración necesaria: la imagen y el sonido se transmiten de forma inalámbrica desde la caja externa, pero tanto esta como el televisor necesitan estar conectados a la corriente (aunque la estructura permite esconder casi por completo los cables). La ingeniería invisible funciona muy bien y en las pruebas que he hecho apenas he apreciado latencia.
¿Tiene sentido un televisor transparente?
Después de unos días con este monstruo de 77 pulgadas, lo que me queda claro es que su esencia está en el lujo y la sensación de producto premium que transmite por cada esquina. Y no lo digo solo por su precio, aunque 50.000 euros es una cifra que se escapa del bolsillo de la mayoría.
Se trata de estatus. De tener un salón tan inmenso que puedas meter todas esas pulgadas delante de un ventanal con vistas y admirar el paisaje exterior o ponerlas ‘separando’ tu descomunal cocina con isla digna de chef de tu zona de estar y activar los T-Contents. ¿Y si quiero un televisor? Con pulsar un simple botón se levanta un panel enrollable que da opacidad a la pantalla y que permite ver esos negros y blancos puros de los que tanto presume LG con su tecnología OLED.
El diseño forma parte de esa idea de ser ‘algo más que una pantalla’. Durante la última década hemos visto cada vez más cómo los consumidores –todavía los de cierto poder adquisitivo– demandan que el televisor deje de ser ese cristal negro que invade el salón. Cuando se impuso en la mayoría de los hogares el formato de pared, apareció una necesidad nueva: ¿y si lo convertimos en decoración? Es así como ha ido creciendo la presencia en los catálogos de los modelos tipo cuadro, donde LG tiene también su propia propuesta. En el caso de la Signature OLED T, la idea va un paso más allá y lleva soporte incorporado (parece un mueble, con aire industrial y minimalista) y, además, hace gala de la ausencia de cables gracias a su módulo de conexiones que enlaza cualquier dispositivo externo con el display.
Durante décadas, la evolución de los televisores ha seguido una lógica bastante reconocible: menos grosor, mayor resolución, mejores imágenes, pantallas más grandes, menos consumo. La Signature OLED T no encaja en ninguna de esas parcelas. En mi opinión es una demostración clara de tecnología de frontera que consigue llegar al mercado antes de que exista una demanda real de utilizarla. Un ‘producto halo’ de manual: dispositivos creados, entre otras razones, para demostrar las capacidades tecnológicas de una marca, aportar prestigio y explorar nuevos mercados.
Así que responder a la pregunta que encabeza estas líneas es complicado hoy en día, porque un producto como este fácilmente puede generar admiración por su espectacularidad y, al mismo tiempo, ser tachado de capricho caro –carísimo–. Y tampoco deberíamos aceptar que un precio elevado convierte automáticamente a un dispositivo en una innovación revolucionaria.
De momento creo que estamos hablando de una tecnología que entendemos mejor fuera del salón: escaparates, museos, arquitectura, señalización o superposición de información sobre objetos físicos pueden ofrecer aplicaciones más convincentes de una pantalla transparente que ver una serie en casa. De hecho, LG presenta desde hace años usos comerciales de sus paneles transparentes.
¿Lo veremos en nuestras casas? Conviene tener cuidado con una narrativa habitual: no toda tecnología extremadamente cara es una anticipación de lo que todos utilizaremos dentro de diez años. Ese, por ejemplo, es ahora el discurso en torno a los robots humanoides, aunque todo apunta a que se hará realidad. Pero algunas innovaciones no se popularizan nunca, otras terminan teniendo usos completamente diferentes y otras simplemente no consiguen justificar su existencia.
Lo que tengo claro después de probar esta LG es que la tecnología sigue siendo capaz de sorprendernos. Otra cosa es que todos esos avances tengan sentido en nuestra vida cotidiana, o que lleguen a tenerlo alguna vez. La Signature OLED T demuestra que podemos fabricar una pantalla que deja ver lo que hay detrás, pero todavía queda por resolver algo bastante más complicado: para qué queremos hacerlo. Y quizá esa sea la diferencia entre conseguir algo tecnológicamente extraordinario y conseguir que, además, resulte útil.


































