La transición estética en España: una historia difícil de contar
Difícil, o muy difícil. Así lo han querido los comisarios Parreño, Labrador, Fontán y Capa, y eso hace honroso el esfuerzo, un esfuerzo enorme. Primero por no haber sucumbido —del todo— a la vigente interpretación histórico-sociológica de todas las cosas, también las del arte, a la manera de un reportaje de Informe Semanal. Además, 60 años es mucho tiempo; porque ¿se puede llamar, propiamente, transición (estética o lo que sea) a lo ocurrido durante ¡60 años!? Sin embargo, uno de los aciertos consiste en haberse alejado lo más posible, hacia adelante y hacia atrás, de la Transición política española, cuya narración ya se encuentra tan solidificada como la de un mito. Todo —todo lo que llamamos moderno— comenzó mucho antes, como mínimo en la época de Luis González Robles y la exitosa exportación internacional de la abstracción, y nunca terminará, como el tiempo que fluye. Por no decir que el poder cultural hacía mucho que estaba en manos del antifranquismo.

© Fernando Ramajo (EL PAÍS)