Henry Hernández vio en la televisión local que una de sus panaderías cubanas favoritas en el sur de Miami había recibido al candidato demócrata al Congreso Elliot Rodríguez y al líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, el viernes de la semana pasada. Tanto le indignó la visita de los políticos, a quienes tilda de “socialistas”, que este miércoles ha venido a tomarse una última colada de café y a decirle a la cajera: “Vengo a despedirme, porque yo no vuelvo más”.
Veinte millones de familias acuciadas por la pobreza empezaron a recibir esta semana, la última antes de las elecciones presidenciales, un dinero extra. El aumento del 15% en la cuantía de Bolsa Familia que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva anunció en septiembre, poco antes de la primera vuelta, llega al bolsillo de los más necesitados justo antes de los comicios del domingo. El incremento de la paga que garantiza lo más básico a los brasileños más vulnerables es la principal medida del amplio paquete de ayudas, subsidios y aumentos que el líder de la izquierda brasileña promete a un electorado partido en dos mitades casi exactas con pocos indecisos. Lula y el senador Flávio Bolsonaro llegan al sprint final en empate técnico.
La calle también juega en la precampaña. Desde las grandes manifestaciones iniciales por el desahucio de Maricarmen Abascal, que se condensaron después en la acampada en la Puerta del Sol y que también empujaron a un adelanto electoral, hasta las protestas, la huelga indefinida de maestros en Madrid y, dentro de tres semanas, una huelga general por la crisis de la vivienda ya a las puertas de la campaña electoral: todo suma o resta en una campaña atípica en la que la calle, que en los últimos años se había movido mucho con la derecha contra el Gobierno, ha recuperado un gran protagonismo de la izquierda en un momento de máxima debilidad del bloque progresista y de euforia en el conservador, cada vez más convencido de que su llegada al poder es inminente.
La comitiva presidencial argentina aterriza este martes en Madrid con una agenda cargada de actividades para Javier Milei. En la Casa Rosada dan por hecho que el presidente argentino se encontrará con Isabel Díaz Ayuso a las cinco de la tarde, en un lugar todavía sin especificar, pero en Sol no lo ven tan claro. “No lo tenemos cerrado en agenda”, dice uno de los asesores más cercanos a la líder del PP en Madrid.
La sabiduría de las abuelas, si se supo escucharlas, acompaña el resto de la vida. Desde lo elemental —lava las mantas después de cada invierno, da a probar el guiso a otro para saber cómo va de sal— a lo más prosaico —si sacudes bien los tejanos al sacarlos de la lavadora, no necesitan plancha—. Eran unas currantas, con la oficina en casa, que intentaban transmitir su oficio. Como dijo María Nicolau, la magia de la cocina de las abuelas no era amor, sino trabajo. Es cierto que la memoria es caprichosa, y cada uno construye su recetario con lo que elige el subconsciente. “Mucho miedo y muy poca vergüenza”; “la mancha de mora con otra mora verde se quita”; “más sabe el diablo por viejo que por diablo” constituyen un fondo de armario de una milenial cualquiera.
Los políticos son valientes. Sobre todo en la acepción de la palabra que apunta a lo animoso. La valentía es de esas virtudes de ocasión, que sólo se tienen si llegada la hora de demostrarlas cumples. Mientras tanto son más bien una ficción personal, una autoidealización. Como la de esa gente que cuando le piden en una entrevista que reconozca su peor defecto dice: la sinceridad, la independencia o la debilidad de dejarse llevar por la ira ante las injusticias. Vamos, que su defecto es no tener ningún defecto. Los políticos son, en general, valientes porque estando las personas tan llenas de contradicciones como estamos, salir a la plaza pública a gritar certezas, convicciones y valores morales intransferibles resulta de lo más atrevido. Como decían nuestras abuelas, dime de lo que presumes y te diré de lo que careces, pensamiento filosófico más contundente que toda la obra de Byung Chul Han. Cada vez que se pilla a un político en una contradicción, los que no nos dedicamos a esa tarea sentimos por dentro una satisfacción inconfesable. Ahí va otro valiente al humilladero, nos decimos. La portavoz de los socialistas prefirió dimitir que explicarnos la incoherencia entre su discurso y el negocio familiar. La portavoz conservadora por suerte aún no ha dimitido, pero se sinceró al decir que van a privatizar un segmento de las pensiones, sin entender que la campaña electoral también va de ocultación y disimulo de las reales intenciones.
Al Tribunal Superior Electoral de Brasil se le está acabando la paciencia con el gigante tecnológico Meta y los inescrutables entresijos de su funcionamiento. Un juez del TSE le ha dado 24 horas a la tecnológica propietaria de Instagram, WhatsApp y Facebook para que demuestre al tribunal que sus algoritmos y su inteligencia artificial dan un trato igual a los dos candidatos, al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, del izquierdista Partido de los Trabajadores, y al senador Flávio Bolsonaro, del derechista Partido Liberal. La decisión judicial fue dictada el domingo por la noche cuando los presidenciables protagonizaban su primer debate.