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El exjuez Sáenz de Tejada califica de "falsa" la acusación de Biedma de persecución porque estaba "a 450 kilómetros"

19 October 2026 at 16:38
El exmagistrado Luis Sáenz de Tejada, en uno de los vídeos de su canal.

El exjuez Luis Sáenz de Tejada, imputado en el 'caso Leire Díez', ha negado que persiguiera a la jueza de Badajoz Beatriz Biedma --la que investigó a David Sánchez, hermano del presidente del Gobierno-- después de que ella declarara como perjudicada en la Audiencia Nacional, porque él dice que se encontraba "a 450 kilómetros".

Mediante un escrito al que ha tenido acceso Europa Press, el investigado señala que el pasado 8 de octubre, a las horas de lo denunciado por Biedma, se encontraba en Uceda (Guadalajara), por lo que indica que la denuncia es "falsa".

"Es evidente que no pude llegar al lugar señalado en la denuncia", señala Sáenz de Tejada, que afirma que estuvo "todo el día" en ese emplazamiento: "Me encontraba a 450 kilómetros de distancia, con tres testigos y estando geolocalizado".

Según el exjuez, pasó el día completo en casa de su hermana, que se encuentra a "unas cuatro horas y media del lugar señalado" por Biedma ante la Policía Nacional. Y agrega que ese mismo día grabó un vídeo en una habitación de esa vivienda, así como que todos sus dispositivos móviles y ordenador portátil "pueden ser geolocalizados en dicho lugar".

Manifiesta que con este escrito "acredita" lo "incierto" de la denuncia presentada por la jueza de Badajoz, a la que critica que denunciara "los supuestos hechos tan graves e intimidatorios cinco días después de sucedidos".

Asimismo, señala que "la supuesta identificación la realiza su hija menor de edad" y que, "yendo la denunciante en el coche, no pudo ni ella ni ningún acompañante recoger la matrícula ni dato alguno del coche, ni identificar a nadie a pesar de ponerse en paralelo".

Acusa a la jueza de "nueva represalia"

Biedma denunció ante la Jefatura Superior de Policía Nacional de Extremadura que los hechos habrían ocurrido sobre las 19.15 horas del día que declaró como perjudicada ante el magistrado Santiago Pedraz y se le puso un dispositivo de seguridad y de protección.

Según la denuncia, ella iba conduciendo de camino a su casa de Badajoz desde el aeropuerto de Talavera de la Real, en compañía de sus hijas, cuando una le avisó de que "un coche de color blanco", sin poder identificar la matrícula, se había puesto en paralelo a su vehículo.

El coche, de acuerdo a la denuncia, "iba ocupado por Sáenz de Tejada" y la jueza indicó a la Policía que "desconoce cómo esa persona ha podido tener conocimiento" de que "iba a realizar ese trayecto en ese momento", por lo que teme que "pudieran haber colocado algún tipo de localizador o dispositivo GPS en su vehículo".

Por contra, el exjuez sostiene que se trata de "una nueva represalia prohibida por la ley reguladora de la protección de personas que denuncien infracciones normativas y de lucha contra la corrupción".

"Se trata de una nueva represalia por las revelaciones públicas de conductas ilegales que se vienen poniendo de manifiesto a la ciudadanía", afirma, a la par que apunta a una "enemistad manifiesta de la denunciante" contra él, a quien Pedraz imputó por presuntos delitos de organización criminal, calumnias y contra la integridad moral.

La Guardia Civil vincula a Sáenz de Tejada con la presunta trama para desbaratar causas judiciales que afectan al PSOE y al Gobierno, que habría estado liderada por el exdirigente socialista Santos Cerdán y coordinada por la exmilitante Leire Díez.

¿Niegan los vocales progresistas del CGPJ la presunción de inocencia del PSOE?

15 October 2026 at 23:06

No tengo duda de la valía profesional de la mayoría de las personas que forman o han formado parte del Consejo General del Poder Judicial en las últimas décadas, pero, con la hemeroteca en la mano, no es precisamente la institución que más elogios se ha llevado en los últimos tiempos, y esta semana se ha vuelto a cubrir de gloria.

Como máximo órgano de gobierno de la judicatura española, prestar amparo a un juez que está siendo atacado o amenazado por elementos a los que investiga parecería una de sus obligaciones más elementales. De hecho, en la historia reciente ha tenido que hacerlo en más de una ocasión.

Un caso especialmente reseñable es el de 2006, cuando el CGPJ en pleno dio amparo al juez Juan del Olmo por los ataques verbales que le había dirigido Federico Jiménez Losantos en su programa de radio, donde lo había ridiculizado, y en un artículo de prensa. Y es reseñable porque, según aseguran quienes siguieron el tema, el instructor del 11-M ni siquiera tuvo que pedir amparo: el CGPJ actuó por iniciativa propia para defender al juez. Aunque, en realidad, las críticas que más molestarían a Juan del Olmo no serían tanto las que venían de fuera del sector judicial como las que procedían de dentro, como bien explicó el periodista José Yoldi, uno de los máximos cronistas de las batallas con togas de este país.

Veinte años después, el actual CGPJ, en cambio, no parece estar por la labor de amparar a la jueza Beatriz Biedma, a quien unos individuos han estado siguiendo, al igual que a sus hijos. Se da la desafortunada coincidencia de que son los vocales propuestos por un espacio político los que estaban a favor del amparo, mientras que los propuestos por el otro espacio son los que no han querido concedérselo, alegando que el caso aún está sub iudice.

La sombra del desprestigio sobre el CGPJ aparece cuando sus vocales parecen actuar en función del perjuicio que sus decisiones puedan ocasionar a los políticos a los que deben su puesto

La justicia tendrá que resolver el grado de peligro real que había en los intentos de amedrentar a esta mujer y si los responsables de esos intentos tenían o no las conexiones que se les atribuyen con la llamada "cloaca" sanchista. Pero que hubo presiones, atacando a la jueza por su lado más personal, parece fuera de toda duda desde el momento en que se ha acordado proporcionarle protección y escolta. ¿Los indicios que sirven para ponerle guardaespaldas no sirven para que el CGPJ le conceda el amparo? ¿Había más argumentos para dar amparo al juez Del Olmo por los excesos verbales de un comentarista que a la jueza Biedma por actuaciones de tinte mafioso?

La sombra del desprestigio sobre el CGPJ aparece cuando sus vocales parecen actuar no tanto en función de la gravedad de los hechos que evalúan como del perjuicio que sus decisiones puedan ocasionar a los políticos a los que deben su puesto.

En 1995, el juez instructor del caso Filesa, Marino Barbero, se sintió muy atacado porque Juan Carlos Rodríguez Ibarra lo comparó con los asesinos de ETA. El entonces presidente de Extremadura consideraba que el instructor que investigaba la financiación ilegal del PSOE tomaba decisiones para hacer daño a los socialistas. El malestar de Barbero era comprensible porque, a pesar de las muchas críticas que podía merecer su instrucción, que ya se hacía eterna, si se abría la puerta a que los cargos institucionales despreciaran al Poder Judicial, se entraba en una deriva peligrosa. Pero resultó que todos los consejeros del bloque progresista votaron en contra de darle el amparo a Barbero. Cuatro abstenciones y solo tres votos a favor. Podría pensarse que los tres que votaron a favor eran los que mantenían algo de dignidad, pero, dado que entre ellos estaba Luis Pascual Estevill, el juez de los sobornos (esta semana hemos despedido a su principal cómplice, Joan Piqué Vidal), aquello parecía más una votación en la que cada uno se posicionaba en función de los intereses de su bloque.

Más recientemente se vio un caso en sentido inverso. El juez José Ricardo de Prada pidió amparo al CGPJ, harto de que medios que situaba en la órbita pepera (ABC, El Mundo, La Razón) o políticos peperos (José Antonio Monago) cuestionaran su actuación en la sentencia de la Gürtel. Y los vocales conservadores del CGPJ, como no podía ser de otra manera, se opusieron, dejando claro a qué obedecía cada uno de ellos. Unirse para protestar contra un periodista petardo es fácil, pero hacerlo contra los políticos a los que se debe el asiento ya es más complicado.

Pero el caso de la jueza Biedma no tiene comparación con estos. Biedma no se queja de un artículo que ironice o haga burlas contra ella, ni de un tertuliano que la haya ridiculizado en antena, ni de un miembro del Gobierno que la haya cuestionado, aunque algo de eso haya habido. El amparo se solicitaba ante el cruce de una línea roja: la de pretender amedrentar a alguien en aquel punto donde cualquier persona es más vulnerable. Y a nadie se le escapa que, si en este proceso judicial no estuviera la hipótesis de que el partido en el Gobierno tenga algo que ver, los vocales progresistas no se opondrían.

No sabemos si se probará o no una implicación del PSOE y de su actual cúpula con las cloacas de Leire Díez. Lo que sí podemos afirmar es que los vocales progresistas del CGPJ están convencidos de que el PSOE está en el ajo, dado que, al negarle el amparo, han seguido el modus operandi de "nunca votar contra los nuestros", que es lo mismo que reconocer que los hostigadores de la jueza pertenecen al bando de "los suyos". La dirección socialista debería mosquearse con la falta de confianza en la presunción de inocencia que han mostrado sus vocales en el Poder Judicial.

No faltará quien piense que, al negar el amparo a la jueza atacada, los vocales han perdido una oportunidad de recuperar el prestigio del CGPJ, pero, para realizar esa afirmación, primero habría que asegurarse de si en algún momento dicha institución lo ha tenido.

Matarile a una juez

15 October 2026 at 21:49

A la juez Biedma la querían quitar de en medio por instruir el caso del hermano lírico y patético del presidente Sánchez, y eso es más PSOE y más España (este PSOE, esta España) que Maricarmen con hornacina de butacón y hasta que el chati de Montse Mínguez, ese Gran Tenedor, que parece la cosa una gama de Pescanova. Ya somos un país completamente tercermundista, no sólo con apagones cataclísmicos o trenes ardiendo igual que caravanas del Oeste, sino con todo el Estado al servicio de un cacique zumbón y de sus corruptos y pistoleros, que hacen negocio del caos, la impunidad y la arbitrariedad. A la sombra de Ferraz y de la Moncloa, putrefactas como la de la tapia de un cementerio, los cargos institucionales se convierten en esbirros con puñal o veneno, los políticos mandan a sicarios o los sicarios mandan a políticos, los corruptos van del ministerio al mangazo o del mangazo al ministerio, y no se tiene reparo en ordenar darles un susto o darles matarile civil o criminal a jueces, policías, fiscales, funcionarios y particulares. Ya somos una Sicilia con toreros, un Chicago con chiringuitos, una Venezuela con chistorras, y hasta somos una Cuba casi igual que Cuba, con brigadas de actores, monociclistas, cantautores y maniseros alabando la gloria de la mierda y de la tiranía, por mamandurria o, los más tontos, por puro fetichismo.

Leire es más España que Franco ecuestre y que el inquilino yacente, y Cerdán es más PSOE que Ana Belén. Bueno, a lo mejor esto último no, porque no darse cuenta de lo que está pasando en el PSOE y dedicarse, ya con edad de dama de Elche de la progresía, a enhebrar la misma flor, la misma muralla, la misma guitarra, el mismo poemita pubescente, ya no es ceguera sino colaboracionismo. O sea que Leire es más España que las dos Españas pero su PSOE, que es el de Cerdán y es el de Sánchez y es el de Zapatero, a lo mejor es el PSOE de siempre, porque ni los más viejos ni los más jóvenes parecen distinguir la ortodoxia socialista de la pura mafia. Sí, a ver si nos damos cuenta de lo que pasa, entre las panderetas y barreduras de las ideologías (o de otra cosa, porque ni los más viejos ni los más jóvenes parecen ser conscientes de que este PSOE no es ideológico, sino meramente instrumental). Y lo que pasa es que a la juez que investigaba al hermanísimo del One le querían mandar a Los Rochos, y emisarios de la muerte o de la prudencia se presentaban en el colegio de sus hijos, y los grababan en el parque, y el otro día, después de declarar en la Audiencia Nacional, Biedma se percató de que se le ponía en paralelo con el coche, como un pandillero o como un terminator, ese exjuez quitinoso y escalofriante, Sáenz de Tejada, que se viste todavía de juez como de vampiro o de bata de cola.

Lo que pasa es que con Sánchez ya se han traspasado todos los límites, lo que pasa es que ya cualquier cosa puede pasar, lo que pasa es que ya no hay nada que resulte increíble ni imposible después de haber visto lo que hemos visto, incluida una mafia que se atrevía con la Guardia Civil, con la policía, con fiscales y con jueces, que no se mete uno ahí sin hacer pie. No hay nada aquí tan importante, ni nuestro secular atraso ni nuestra orgullosa pereza ni nuestras épicas guerras a garrotazos o botijazos, como esa certeza que nos va asaltando de que lo que parece con Sánchez efectivamente es. Y lo que parece es que Sánchez no tiene escrúpulos, que es capaz de todo, que sabía nada más montarse en el Peugeot, que era como un coche del Vaquilla, con quiénes iniciaba el viaje y qué iba a pasar, y que lo consideraba un reclutamiento o una inversión. Sí, lo que parece es que nunca le interesó la política, ni siquiera el poder efectivo (sólo gobierna, como una gobernanta, su casa y sus cocinas, o sea la Moncloa y las instituciones que dependen de ella), sino sólo el pavoneo. Diría que Zapatero le fue convenciendo de su impunidad y de su gracia, pero el caso es que se rodeó no de políticos sino de soldados, no de ministros sino de mucamitas, y no de altos funcionarios sino de esbirros. Algunos están ya condenados y otros esperan en capilla, probándose ya el traje a rayas como Sáenz de Tejada se prueba togas o medias.

Este PSOE ya sin siglas como sin dientes, que ni siquiera es un partido sino una secta entregada a un vividor, es el PSOE de Sánchez

Aquí estamos, hablando de alquileres o pensiones, de servicios o sus ausencias, de Sol con manguerazo o con utopía, de la España cuartelera y de la España guitarrera; aquí estamos con Sánchez poniéndose cachirulo como una servilleta de mesón y con la prensa del Movimiento poniéndose pietista, con la izquierda siendo otra vez sopa de letras y juego de sillas o guillotinas y la derecha sospechando de todo, incluso de su gafe. Sabíamos que Sánchez no puede hacer promesas porque no tiene ni palabra ni memoria, y que no se dedica a la política sino a la supervivencia. Pero ahora sabemos que esa supervivencia no sólo supone vender el Estado como una comodita isabelina, sino que puede implicar que la gente molesta acabe con cabeza de caballo entre las piernas, con puta con jeringa entre los brazos o con los peces de la mar entre las orejas. Los hombres de Sánchez se han dedicado al saqueo institucional, a la instrumentalización de lo público, a la evangelización de la mentira y al mangazo porcino, pero eso ahora parece una tontería. Sí, porque querían quitar de en medio a una juez, y no hay otra cosa, ni en este atribulado momento ni en nuestra historia reciente, comparable a esto.

El PSOE, partido de Gobierno incapaz de gobernar, faro tuerto del progreso, ayatolá de la moral o la moralina con metro para medir la falda y las palabras, vivero en flor de intelectuales ensopados, sobremesa de adinerados diletantes y arlequines mustios; el PSOE, consuelo o certeza de los pobres que nunca saldrán de pobres y de los ricos que van de pueblo llano, salvador del mundo con pancartas y playlists aunque no sea capaz de salvar España ni de Marruecos ni del tercermundismo; este PSOE ya sin siglas como sin dientes, que ni siquiera es un partido sino una secta entregada a un vividor; este PSOE de Sánchez, de los hombres de Sánchez, de la España de Sánchez, tenía soldados por los despachos y soldados por los callejones, tenía los frisos del Estado para sus asuntos particulares y tenía el pistolón o la rata muerta para avisarte del destino, tenía ministros dedicados a la propaganda o a desmontar la democracia y tenía fontaneras y chatos dedicados a la extorsión, a la amenaza y, por lo que se sabe, hasta a procurar el entierro civil o real, junto a serpientes de cascabel, de algunos desventurados. Una juez, querían darle matarile a una juez, y eso que sólo investigaba un enchufe de un músico aterido de sus propios mocos, colgantes y anhelantes como semicorcheas. Ya no puede darles miedo nada, que es justo lo que hace sensato que los demás tengamos miedo de todo. 

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