La alcaldesa de Valencia, María José Catalá, encabezará la lista del PP se por esta circunscripción a las elecciones generales del 29-N, según ha confirmado la propia regidora en una red social. La primera edil tiene previsto participar en el mitin previsto este viernes, a las seis de la tarde, en el Palau de les Arts de la capital con el presidente del partido y candidato a la Moncloa, Alberto Núñez Feijóo, y con el presidente valenciano, Juanfran Pérez Llorca.
La politóloga Marta Urgellés, que se incorporó a la estructura de Nuevas Generaciones como secretaria de Institucional en España en el congreso de este verano, será la número dos de la lista del PP por Barcelona, que encabeza Xavier García Albiol, según ha podido saber La Vanguardia. La apuesta por esta joven política en las listas populares sigue la línea de renovación del partido -las candidaturas en Girona, Tarragona y Lleida también se enmarcan en este contexto- en la búsqueda de ampliar la base electoral del PP de Catalunya.
El deportista donostiarra es una de las figuras más admiradas del CrossFit. Tras convertirse en el hombre más en forma de España, se ha bajado de la alta competición para compartir sus enseñanzas: "Era la persona más vaga del mundo hasta que vi resultados". Leer
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Paqui, de 68 años, llevaba dos sin apenas salir de casa. Su día a día transcurría entre la cama y el sofá. Comía para subsistir y cocinar o ir a comprar habían dejado de formar parte de su rutina. “Antes me preparaba el cocido; luego acabé comprándolo todo hecho, caldo y garbanzos incluidos”, recuerda en conversación con La Vanguardia. La depresión crónica la lleva acompañando desde que tenía 50 años, momento en el que se vio obligada a dejar de trabajar. Su “caída en picado” llegó cuando dejó de cuidar de su nieto, una responsabilidad que la obligaba a mantener ciertos hábitos. Cuando esa tarea desapareció, se acabó olvidando de sí misma.
Las piscinas cubiertas ubicadas en los polideportivos Marqués de Samarach (Arganzuela), Casa de Campo, Fernando Martín, Alfredo Goyeneche (Moncloa-Aravaca), Antonio Díaz Miguel (Tetuán), Raúl González (Villaverde), Ángel Nieto (Puente de Vallecas), Orcasur (Usera) y La Concepción (Ciudad Lineal) no tendrán usuarios por el momento. El Ayuntamiento de Madrid está acometiendo obras de reparación en estas nueve instalaciones, en plena temporada deportiva, para ofrecer "buenas condiciones de seguridad y de usabilidad".
La vicealcaldesa y delegada de Emergencias y Seguridad, Inma Sanz, ha explicado este jueves, en rueda de prensa posterior a la Junta de Gobierno, que los vasos de las piscinas han sido cerradas para poder intervenir. "Es necesario que sea así, lo que no es responsable es no actuar sobre los equipamientos municipales como nos los encontramos lamentablemente cuando llegamos, que estaban en un grado de deterioro extremo", ha subrayado. No obstante, ha cifrado en un 9% las instalaciones cerradas en la capital, es decir, nueve de los cien que hay en los centros deportivos.
Así, en la piscina Ángel Nieto se está realizando una renovación completa de las piscinas climatizadas con un presupuesto de 3,4 millones de euros y el Consistorio prevé su finalización a finales de 2026. Una situación similar sucede en la instalación del Fernando Martín y Alfredo Goyache, ambas ubicadas en el distrito de Moncloa-Aravaca. Por otro lado, en la de Antonio Díaz Miguel, las obras están dirigidas a modernizar los vestuarios y otras actuaciones. Mientras tanto, los trabajos de reparación en Orcasur cuentan con una inversión de 2,5 millones y los de Raúl González tienen una financiación de 3 millones de euros. Fuentes municipales han detallado que en la Casa de Campo se está realizando una subsanación por patología, obras de mejora en Marqués de Samarach y la climatización de las piscinas de La Concepción, dentro de la remodelación que se está llevando a cabo.
Mantenimiento para evitar "problemas puntuales"
Precisamente, Más Madrid ha alertado esta semana de las incidencias "mal planificadas" por parte del Consistorio en la comisión de Cultura, Turismo y Deporte. "Cada vez que nos enfrentamos a una temporada de piscina, sea de verano o de invierno, nos enfrentamos a incidencias que se repiten por años y que afectan a miles de personas. En septiembre empiezan las clases de natación y a dos semanas que comienzan las clases, ya recibes un email que se va a cerrar la piscina", ha criticado la concejala Mar Barberán. A ello se suma, según la edil, "monitores de clases que son bajas y no se cubren" y "niveles de humedad que son nocivos para los trabajadores". "La planificación nunca tienen en cuenta a los usuarios", ha lamentado.
En su intervención, la concejala de Deporte, Sonia Cea, ha detallado que las piscinas cubiertas antiguas "necesitan grandes obras mantenimiento" para seguir prestando servicio. "Estamos realizando la mayor inversión de la historia, con 200 millones de euros desde 2019 para renovar la red de piscinas y más de 2.000 actuaciones". ha recalcado. En este sentido, ha apuntado que tres de las nueve instalaciones cerradas "se pueden solucionar en meses", pero que en la mayoría se están realizando obras de carácter integral. "Las planifiques cuando las planifiques con el distrito, van a afectar al calendario porque duran más de tres meses, que es la temporada estival, incluso algunas por años. Para que no se produzcan problemas puntuales, hay que hacer mantenimiento", ha insistido.
El escritor judíoalemán Arnold Zweig publicó en 1932 'Una muerte en Jerusalén', un libro muy político de altos vuelos literarios con una trama policiaca que regresa a la Palestina bajo el Mandato Británico
'Me acuerdo', la obra de Georges Perec que demuestra que 480 recuerdos bien elegidos valen más que una montaña de memorias virtuales
Jerusalén, 1929. En una tarde calurosa de verano, un hombre muere asesinado en plena calle. Tres disparos a quemarropa; la identidad del criminal, desconocida. La víctima, el intelectual judío Yitzhák Josef de Vriendt, ya había recibido amenazas, pero fue tozudo cuando su amigo Lolard B. Irmin, jefe de la inteligencia británica en Palestina, lo instó a marcharse de la ciudad una temporada. Ahora será Irmin el encargado de esclarecer el crimen. Esa es la premisa de Una muerte en Jerusalén, una novela del escritor alemán Arnold Zweig (Glogów, 1887 - Berlín, 1968) de 1932 que Siruela acaba de publicar por primera vez en castellano, con traducción y prólogo de Virginia Maza.
El finado, un hombre de fuertes convicciones, se negaba a renunciar a su proyecto vital: este escritor, abogado y miembro más destacado de la comunidad judía ortodoxa era un antisionista declarado que había manifestado su rechazo de las corrientes sionistas más nacionalistas y antiliberales, contrarias al Estado de Palestina y la convivencia pacífica. Además, De Vriendt tenía un discípulo, un muchacho árabe, con el que se sospechaba que mantenía una relación ilícita. Su personaje se inspira en el poeta judío de origen holandés Jacob Israël de Haan, cuyo asesinato en 1924 en circunstancias análogas causó una gran conmoción tanto en Palestina como en Europa.
Arnold Zweig, impresionado a su vez, decidió tomar este suceso para vertebrar, con los mecanismos de la ficción, una novela que le permitiría explorar las diferencias políticas, religiosas e ideológicas de la sociedad de la época, donde se mezclaban árabes, judíos y los remanentes del colonialismo británico (el mandato sobre Palestina terminó en 1948, lo que desencadenó la Nakba). Entre 1924 y 1929, el tiempo transcurrido entre el caso real y el de la ficción, las tensiones fueron in crescendo, hasta formar el caldo de cultivo de lo que todavía hoy parece lejos de resolverse.
Un crimen con muchos móviles
“Los árabes temen a los judíos, y los judíos, a los árabes, pero ni unos ni otros temen a los ingleses”, dice uno de los personajes, un viejo judío enfermo, antaño líder socialista de los trabajadores. En la investigación del asesinato, los primeros sospechosos son los árabes: la relación del finado con el joven, un idilio amoroso que hoy sería calificado de pederastia, bien pudo despertar la ira de esta comunidad; además, antes de los hechos se escuchó a un grupo de árabes barruntar un posible atentado. Sin embargo, Irmin pronto se da cuenta de que podía haber alguien más que quisiera acabar con la vida de De Vriendt: el sionismo más extremo, para quien sus ideas eran una afrenta directa.
En ese contexto –la desconfianza mutua entre israelíes y palestinos, la expansión de un sionismo radical, los intereses ocultos detrás de esas tensiones y el papel providencial de Occidente en ello– se mueve el policía, un tipo perspicaz, cauto y buen conversador que sabe instigar a sus interlocutores a hablar. De conversaciones, de largas y profundas conversaciones con variopintos representantes de diferentes estratos de la sociedad, se nutre Una muerte en Jerusalén, que, a pesar de su planteamiento –del que cabe aclarar que el asesinato no se produce hasta cerca de la mitad del libro– dista mucho de ser una novela policíaca al uso.
En realidad, su sofisticado revestimiento erudito la convierte en una novela política, de ideas, una radiografía de altos vuelos literarios con una hondura filosófica digna de todo un Thomas Mann. Compleja, densa, exigente, pausada, con un estilo que ya no se estila, valga la redundancia, de párrafo largo, elegante y descriptivo, con extensos pasajes de introspección y ritmo sosegado. La intriga política tan solo es el pretexto; la sustancia son los personajes y las relaciones entre ellos, el retrato de las múltiples capas de aquel ambiente, las preguntas incómodas que ponen de relieve la necesidad de no conformarse con explicaciones simples.
Y todavía hay algo más: la dimensión humana. Porque Una muerte en Jerusalén es una novela, no un tratado, y en las novelas hay emociones, pulsiones incontrolables como la que atormenta a De Vriendt. Es consciente de que con su discípulo no solo está jugando con fuego de cara a sus semejantes, sino que para él mismo supone una contradicción de orden moral que lo confronta con sus principios religiosos. No es fácil conjugar credo y vida, no es fácil habitar el mundo con una coherencia absoluta con los propios valores. La escritura, los poemas que guarda con celo, será su único refugio para canalizar ese deseo perverso.
Un humanista comprometido
A diferencia de su homónimo más conocido, Stefan Zweig, con el que no guarda ningún parentesco, el autor de Una muerte en Jerusalén no cuenta hoy con una amplia difusión entre los lectores. Sin embargo, no le faltaron méritos para ello: cultivó la novela y el ensayo, y fue, como su personaje, un defensor ferviente y polémico del pacifismo. Su existencia estuvo marcada por el nazismo: cuando llegaron al poder, prohibieron sus obras, lo que propició su huida a Palestina, donde vivió hasta que pudo regresar a la ya constituida República Democrática de Alemania. En 1958 recibió el Premio Lenin de la Paz, y fue propuesto hasta en ocho ocasiones al Premio Nobel (seis al de Literatura y dos al de la Paz).
En castellano, hasta la fecha solo se había traducido su novela más popular, La disputa por el sargento Grischa (1927), escrita tras su experiencia como soldado en la Primera Guerra Mundial y cuya última edición (RBA, 2014) se encuentra descatalogada. Una muerte en Jerusalén, por su parte, es otro de sus hitos, y se considera la primera novela sobre los orígenes del conflicto de Oriente Próximo.
Más allá de la oportunidad de recuperarla en la coyuntura actual, esta es, ante todo, una gran novela, una obra de altura literaria que tendría sentido e interés en cualquier época y circunstancia. De hecho, más bien invita a preguntarse cómo es posible que hasta ahora no supiéramos nada de este soberbio escritor e intelectual comprometido, un humanista convencido que tuvo que lidiar con la censura incluso en tiempos de paz –después de la Segunda Guerra Mundial, un libro crítico con el sionismo resultaba demasiado molesto para publicarse sin más–, y que no aflojó nunca, ni en sus ideas, ni en su ambición narrativa. Un hombre, una obra, del que aún hay mucho por descubrir y mucho por aprender.
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