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Xavier Aldekoa: “Mi trabajo es leer muy bien las situaciones para evitar riesgos”

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“Mi trabajo es intentar minimizar los riesgos y leer muy bien las situaciones para que el riesgo no vaya a peor”. Esta fue una de las reflexiones más destacadas de Xavier Aldekoa, corresponsal de La Vanguardia en África, protagonista este miércoles de una nueva sesión de Encuentros con Periodistas, conducida por Enric Sierra, vicedirector del diario. Después de 25 años recorriendo el continente, el periodista compartió las experiencias y dificultades de un oficio que le ha llevado a cubrir conflictos, crisis humanitarias y transformaciones políticas.

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El escándalo de los martes sociales

El sanchismo siempre es capaz de sorprender en un sentido negativo, incluso en sus últimos estertores. No hay duda de que tiene una capacidad de superarse realmente insólita. El problema es que nunca es para bien, sino para atropellar el Estado de Derecho. Los días pasan y la acampada en Sol sigue. Lo único importante es que el relato avance en su objetivo de intentar manipular a la opinión pública. Se basa en una zafia propaganda, dentro de la estrategia que caracterizaba a los frentes populares que la Unión Soviética trasladó en el periodo de entreguerras, organizados para destruir la democracia e imponer el comunismo. No es ninguna exageración retórica, sino la fría constatación de lo que está sucediendo en estos momentos en Europa y, por supuesto, en España. La estrategia se basa en el populismo. Es decir, en proponer soluciones fáciles a problemas complicados y agitar a la población con reivindicaciones que no tienen límite, porque su objetivo es estrictamente partidista. Dentro del disparate de esta precampaña, el Gobierno socialista comunista ha decidido gobernar a golpe del Real decreto y nos ofrece cada semana un acto propagandístico que han denominado los martes sociales. Es algo que ningún demócrata debería hacer con unas Cortes disueltas y utilizando el subterfugio de la Diputación Permanente del Congreso. Se aprueban medidas que no son urgentes para comprar el voto. No hay que sorprenderse, porque Sánchez llegó al Gobierno comprando a los diputados de Puigdemont con la amnistía. Esto nos retrotrae al caciquismo y el clientelismo de tiempos pasados, donde los diputados compraban los votos directamente con dinero. Se ha optado por la zafiedad; ni siquiera hacen promesas de inversiones en los territorios para intentar orientar el voto, sino simplemente aprueban decretos, cuya constitucionalidad resulta más que cuestionable, incluso para Conde-Pumpido o el mal jurista de Óscar Puente. No existe ningún criterio jurídico aceptable que permita legitimar el uso y abuso de los reales decretos ley por motivos estrictamente electoralistas y partidistas. No es una cuestión de oportunidad política, sino de la indignidad que caracteriza al sanchismo, ya que la única prioridad de esta banda de aventureros es seguir en el poder a cualquier precio. Y como colofón, Ayuso no puede recibir a Milei en Sol, porque está ocupada la plaza por la extrema izquierda.

© EFE

El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, preside la firma de la declaración sobre el proyecto de Real Decreto del Estatuto del Estudiantado Universitario
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El papa León XIV no necesitará más terapia tras su operación de cáncer de pulmón

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La mejor noticia posible para León XIV. El papa, de 71 años, no necesitará someterse a quimioterapia ni a ningún otro tratamiento adicional después de la operación de cáncer de pulmón a la que fue sometido el pasado 13 de octubre en el hospital Gemelli de Roma. Los resultados definitivos de los análisis han confirmado que el tumor estaba localizado y que la intervención quirúrgica fue suficiente, según ha comunicado este miércoles por la noche el Vaticano.

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Un juez condena a Meta a pagar 25.000 millones por vender datos de usuarios con fines electorales

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Meta fue condenada el miércoles por un juez Nuevo México a pagar 25.000 millones de dólares por engañar a los usuarios sobre sus prácticas de privacidad de datos, una de las mayores multas impuestas contra un gigante tecnológico. El caso deriva del asunto de Cambridge Analytica, que estalló hace casi una década, tras las elecciones que llevaron a Donald Trump a la Casa Blanca por primera vez.

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Javier Milei se reúne con Ayuso y bromea por videollamada con Abascal

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El presidente de Argentina, Javier Milei, finalmente se ha reunido en la tarde de este miércoles con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y ha conversado por videollamada son Santiago Abascal, que el mismo líder de Vox se ha encargado de publicitar en la red social X.

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El iPhone Duo de 2.300 euros desata una fiebre inédita por los plegables: se agota y acumula tres meses de espera

El iPhone Duo ya ha batido récords antes de salir a la venta. A los pocos minutos de iniciarse las reservas online el viernes pasado, ya se agotó el stock en todo el mundo del primer móvil plegable de Apple, que además, en toda la historia de los iPhone, ya es el modelo que más retraso de entrega acumula en su lanzamiento. El plazo de entrega mínimo es de tres meses. Si se intenta comprar ahora mismo en España, no llegará hasta finales de enero de 2027, mientras que en otros países se retrasa hasta febrero. El gigante tecnológico estadounidense explica estos problemas por una demanda “sencillamente extraordinaria”, mientras que sus críticos culpan a Apple de no haber sido capaz de tener suficientes unidades de este modelo, de fabricación extremadamente compleja.

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© picture alliance (Getty Images)

Presentación del iPhone Duo el pasado 9 de septiembre en la sede central de Apple en Cupertino (California, EE UU).
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Javier Milei llama a “sacar a los socialistas a patadas” y al “impresentable dictador Pedro Sánchez”

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El presidente de la República Argentina, el ultraliberal Javier Milei, ha entrado de lleno en la precampaña electoral española este miércoles llamando  a los ciudadanos  a “sacar a los socialistas a patadas”, y ha calificado al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de “impresentable dictador”, “liberticida” y “delincuente ladrón” en una intervención que ha suscitado no pocos aplausos del auditorio en el Casino de Madrid. Milei ha hecho estas declaraciones en un desayuno organizado por Nueva Economía Fórum, en el que ha agradecido a España por ser la “cuna del liberalismo político” y por traer “la civilización occidental a América” y ha defendido los valores de la “motosierra” que simboliza sus postulados frente a los impuestos y al déficit públicos que ha tachado de inmorales.

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Albiol pide a Junts sus aportaciones a la ley antiocupación

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El alcalde de Badalona y flamante candidato del Partido Popular por Barcelona a las elecciones generales del 29-N, Xavier García Albiol, ha descartado que su formación pueda alcanzar un acuerdo de investidura con Junts pero ha abierto la puerta a acuerdos en áreas sectoriales como en la ley antiocupación que le encargó liderar Alberto Núñez Feijóo si finalmente este gobierna. “Seguro que tiene buenas ideas”, ha dicho Albiol en declaracines al Cafè de Idees de La 2, en las que ha reconocido que el catalán tiene un problema “en la calle” y ha propuesto un replanteamiento del trato al catalán sin especificar en qué sentido.

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El dios de los cíclopes

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Lo que van a leer a continuación está desaconsejado para cualquier artículo en una página web. Hay temas que no captan la atención del público de forma masiva porque nadie quiere que le recuerden que el futuro camina por el filo de una peligrosa navaja. Escribir sobre el cambio climático, por ejemplo, es desagradecido, aunque los periódicos tenemos que hacerlo por responsabilidad y compromiso. A nadie le gusta que le expliquen cosas feas, pero, desafortunadamente, en el mundo de la inteligencia artificial tenemos recorrer algunas superficies ásperas, aunque lo hagamos de la mano de una guía excepcional, como en este caso.

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Un riñón de cerdo vuelve a producir orina tras pasar un año a 150 grados bajo cero

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Conservar un órgano fuera del cuerpo durante días no consiste solo en mantenerlo frío, el verdadero desafío es lograr que funcione al recalentarlo. Un equipo de la Universidad de Minnesota (Estados Unidos) ha recuperado parte de la actividad de riñones de cerdo de tamaño próximo al humano después de almacenarlos a −150 °C. Uno permaneció allí 366 días y volvió a producir orina fuera del organismo. El estudio, difundido en bioRxiv, aún sin revisión por pares, abre una vía para almacenar órganos, aunque todavía no demuestra que puedan mantener con vida a un receptor.

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De la pesadilla de Gaza al sueño de Fatma: cómo podemos seguir creyendo en la humanidad en medio del horror

De la pesadilla de Gaza al sueño de Fatma: cómo podemos seguir creyendo en la humanidad en medio del horror

elDiario.es publica el primer capítulo de 'La luz del despertar. De Palestina al mundo entero, un manifiesto de resistencia y libertad' (Galaxia Gutenberg), el nuevo libro de la relatora de la ONU Francesca Albanese, que sale a la venta el 21 de octubre

Reino Unido y su envenenada herencia colonial: por qué reconocer el Estado palestino es insuficiente

“I have a dream”, decía Martin Luther King en 1963, cuando agitaba las conciencias desde las escalinatas del monumento a Lincoln en Washington, en uno de los discursos más emblemáticos de la historia. Hoy, sin embargo, sólo siento ganas de decir: I have a nightmare. O mejor dicho: We have a nightmare, porque la pesadilla no sólo afecta a los palestinos, sino a todos nosotros, a cualquiera que cree que la “justicia” no es una palabra vacía.

La vida de los palestinos es una pesadilla interminable.

En Gaza oyes el ruido de los aviones, sientes el miedo de los bombardeos, el acecho de los drones –cada vez más traicioneros y sofisticados– que te siguen, te espían, te ensordecen y disparan. La vida cotidiana consiste en sobrevivir en tiendas de campaña desgarradas por el viento y llenas de barro. Compartir un baño con tanta gente que usarlo se vuelve imposible. Volver a una casa medio destruida por las bombas con el riesgo de que el techo se derrumbe y mate a tu familia. Afrontar el rigor del invierno –ya es el tercero desde que comenzó el genocidio–, sin ni siquiera unos libros que poder quemar para mantener a tus seres queridos, al menos a los niños y ancianos, en un lugar cálido y seguro. Sólo tiendas, frías en invierno, sofocantes en los tórridos veranos. Cuántos muertos, desplazados, huérfanos, heridos, mutilados… Y los que aún no han sucumbido al asedio total que impera desde hace más de dos años están condenados a sufrir hambre y sed, a no tener derecho a una asistencia sanitaria y a una supervivencia digna.

En Cisjordania y en Jerusalén Este, los palestinos viven con el terror de despertarse en plena noche con un soldado que los apunta con un fusil a la cara, que destruye sus casas, que los amenaza, los humilla delante de sus hijos o se los lleva consigo, con sus pijamas manchados de pipí porque se han orinado encima de miedo. Mientras tanto, los colonos están cada vez más furiosos: los ataques a los pueblos, comunidades rurales, tierras, coches, ganado, están a la orden del día. Incluso en las cárceles hay casos documentados en los que se ha autorizado a periodistas y civiles israelíes a presenciar –e incluso a grabar con sus teléfonos móviles– los abusos infligidos a prisioneros palestinos, a quienes deberíamos llamar “rehenes”, dada la falta de garantías mínimas legales que caracteriza las detenciones israelíes en el territorio palestino ocupado.

Esta fragmentación territorial, legal y política es la institucionalización de la excepción; es la transformación de la precariedad en condiciones permanentes; es un sistema en el que la ocupación militar y la colonización ya no son sucesos aislados, sino un régimen consolidado en el que el control no sólo se ejerce con las armas sino también mediante la planificación urbanística, la burocracia, la segmentación administrativa, con la creación de categorías jurídicas diferenciadas para personas que viven en el mismo espacio pero no bajo los mismos derechos. Y después de décadas, la violencia de esta época nos indica que hemos llegado a la fase final: la del genocidio, la de la guerra de Israel contra un pueblo que hasta ahora ha resistido como ha podido.

La mujer que amasa el pan bajo los drones, el maestro que sigue enseñando bajo las tiendas, la familia que planta un limonero donde el día antes había una casa, las parejas que siguen casándose y –también en el infierno de Gaza– trayendo hijos al mundo. Es ahí donde la esperanza se vuelve radical: el sueño de un mundo que persiste y que, si nos esforzamos, puede mejorar. Este sueño es el corazón palpitante de la resistencia palestina

En los últimos dos años las cosas han ido todavía a peor: el terror se ha vuelto omnipresente, cotidiano. Se trata de una pesadilla que ha alcanzado dimensiones delirantes a los ojos del mundo.

Pero es cuando todo se derrumba a nuestro alrededor, entre el horror y la esperanza, que resulta indispensable comenzar a soñar. Para no sucumbir a la oscuridad de esos días, para intentar imaginar o al menos esbozar un “después” es necesario dar sustancia a un sueño. ¿Cuál es el mundo posible? Para alcanzarlo, hay que verlo. En Palestina hay un mundo sin apartheid.

Pese al horror, el pueblo palestino continúa imaginando un futuro que, hoy, nadie le concede. El pueblo palestino sueña en rechazar la aniquilación, en declarar que, pese a todo, su destino aún no está escrito.

Ernest Bloch sostenía que el ser humano es aquel que se anticipa. La esperanza, según él, es un principio de la existencia, incluso antes que algo psicológico: por lo tanto, la capacidad humana de proyectarse hacia una “esperanza consciente y concreta” es una categoría de lo real. Bloch consolida filosóficamente la idea de que soñar no es evadirse de la realidad, sino plantar la primera semilla para dar vida a algo posible. Es un principio de creación, de planificación, de resistencia.

La mujer que amasa el pan bajo los drones, el maestro que sigue enseñando bajo las tiendas, la familia que planta un limonero donde el día antes había una casa, las parejas que siguen casándose y –también en el infierno de Gaza– trayendo hijos al mundo. Es ahí donde la esperanza se vuelve radical: el sueño de un mundo que persiste y que, si nos esforzamos, puede mejorar. Este sueño es el corazón palpitante de la resistencia palestina.

Soñar, desde esta perspectiva, es también una cuestión ética que nos permite afirmar la “vivibilidad” de vidas que el mundo declara prescindibles. Soñar con el futuro de Palestina significa afirmar que las vidas de los palestinos siguen estando llenas de significado e imaginar un mundo en el que nadie –ni en Palestina ni en ningún otro lugar– sea tratado como desechable nunca más.

Mirar de frente el presente y el pasado sin reprimir jamás el impulso de desear el futuro, sin dejar de soñar, por imposible que parezca. Mantener viva la memoria, mirar, contar, no girar la cabeza y el corazón hacia otro lado, sino encontrar la manera de compartirla con los demás

A lo largo de novecientos días de genocidio, más de setenta mil palestinos murieron en Gaza por fuego israelí, y más de mil en el resto del territorio ocupado. Veinte mil eran niños. Y el número real de víctimas podría ser mayor: un estudio estimó más de setenta y cinco mil muertes violentas sólo en los primeros quince meses de guerra, un 35% más que las cifras oficiales por el mismo periodo. Y la cifra exacta de muertes por hambre, hipotermia o falta de atención médica es más difícil de registrar oficialmente, ya que muchas muertes se producen en hogares o en tiendas de campaña sin que un médico pueda certificarlas. El análisis del genocidio debe tener en cuenta la totalidad de los crímenes cometidos contra todo el pueblo palestino. Mientras tanto, con el pretexto de una guerra existencial para defenderse de los palestinos, Israel está impulsando medidas que modifican la composición demográfica, el carácter religioso y el estatus legal de Jerusalén, destruyendo con ello los restos del tejido pluralista que durante siglos la ha distinguido como un patrimonio compartido por musulmanes, cristianos y judíos.

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Por eso no es exagerado decir que la vida palestina es una pesadilla: porque allí se materializa algo que no te esperas que sea real en el mismo mundo en el que nos movemos y respiramos. El hambre se materializa. La tortura se materializa. El terror se materializa. Un genocidio que destruye un pueblo no sólo con bombas, sino también con sed, hambre, infecciones, palizas, violaciones, y con la aniquilación de la identidad material, cultural, económica, religiosa e incluso de la memoria. La pesadilla se ha convertido en una estructura en la que viven todos los palestinos, también los de la diáspora, obligados a asistir desde la distancia a la masacre de su propia gente. Y todo esto ocurre justo cuando las Naciones Unidas y todo el sistema internacional celebran ochenta años de existencia. Ochenta años de cartas, convenciones, promesas de “nunca más”. De resoluciones aprobadas año tras año y violadas día tras día. Y Palestina se erige como el laboratorio en el que el colonialismo contemporáneo, el hijo adoptivo y predilecto del imperialismo capitalista militarizado, se actualiza, se refina, se pone a prueba.

Es precisamente la pesadilla que tenemos delante la que nos invita a no rendirnos, a ejercer la capacidad de vislumbrar un futuro diferente y a construirlo juntos.

Mirar de frente el presente y el pasado sin reprimir jamás el impulso de desear el futuro, sin dejar de soñar, por imposible que parezca. Mantener viva la memoria, mirar, contar, no girar la cabeza y el corazón hacia otro lado, sino encontrar la manera de compartirla con los demás.

Hoy más que nunca es importante cultivar una visión alternativa del mundo, seguir imaginando lo que queremos, lo que merecemos, lo que necesitamos. Un mundo moldeado por la humanidad y la libertad, por el derecho y la justicia social y económica, sustentado por la ética y la solidaridad.

En definitiva, se trata del poder de la narración, del que habló el gran intelectual palestino Edward Said: la capacidad de dar voz a las “aspiraciones y los sueños de redención de un pueblo”, de imaginar un futuro juntos aun cuando “la labor del colonizador consiste en impedir incluso los sueños de libertad del colonizado”, como escribió Frantz Fanon, citado por Said, al hablar de la colonización francesa en Argelia. Desde esta perspectiva, soñar se convierte en una forma de marcar un tiempo y un espacio de la existencia –un tiempo que fue robado, un espacio que fue ocupado– para que ese tiempo y ese espacio puedan continuar viviendo.

Toda guerra colonial produce su propio lenguaje: palabras que borran los crímenes, normalizan la violencia y transforman la excepción en una regla. Así, el genocidio se convierte en una 'operación', la destrucción se convierte en 'seguridad' y la ocupación en 'orden'

Said nos enseñó a mirar Palestina (también) como una geografía moral y un archivo viviente. Como un sueño que no sólo es nostálgico, sino que es una fuerza vital que se resiste a desaparecer. Es decir: yo estuve allí, nosotros estamos aquí, seguiremos estando aquí. En nuestras vidas y en las de otros, incluidos los otros pueblos, recordar lo que ha sido e inventar juntos lo que el futuro puede ser. Un sueño que nos pide, ante todo, despertar y tomar conciencia de la realidad, más allá de la propaganda. Un sistema como el israelí no puede sostenerse sólo con la fuerza: también necesita controlar la “narrativa” de la fuerza.

Toda guerra colonial produce su propio lenguaje: palabras que borran los crímenes, normalizan la violencia y transforman la excepción en una regla. Así, el genocidio se convierte en una “operación”, la destrucción se convierte en “seguridad” y la ocupación en “orden”. En este espacio distorsionado, donde la realidad se retuerce hasta volverse irreconocible, el poder intenta que sea aceptable lo que humanamente sería insostenible. Y, pese a que este sistema hace todo lo posible para controlar el relato, la verdad continúa aflorando como riachuelos cada vez más caudalosos.

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Pensemos en Gaza. Si en estos años difíciles hemos podido conocer y ver su pesadilla colectiva es también gracias a personas como la periodista Bisan Owda y la artista Fatma Hassona, dos jóvenes mujeres que utilizaron sus teléfonos y sus cámaras fotográficas para superar el asedio militar y mediático y mostrar al mundo la vida en tiempos del genocidio.

Durante todo un año, la fotoperiodista y poeta Fatma Hassona –atrapada en la ciudad de Gaza– habló prácticamente a diario con la cineasta iraní Sepideh Farsi, también exiliada de su país. Videollamadas inestables, interrumpidas por los bombardeos, los cortes de internet, por el temor de que cada conversación pueda ser la última. De aquellas llamadas nació el documental Put Your Soul in Your Hand and Walk [Pon tu alma en tu mano y camina], el gesto cotidiano de quien sale de casa para mostrar al mundo aquello que ve, pese a saber que podría no volver.

Las fotografías de Fatma cuentan la historia de Gaza desde dentro. “Intento encontrar un poco de vida en este mundo muerto”, dijo. Un edificio sin paredes con un jarrón de flores rojas en el trozo de balcón que queda. Una mujer que camina sola, con paso firme y elegante, junto a un edificio en ruinas. Un muro blanco acribillado a balazos con una ventana sin cristales desde la cual se ven el mar, la playa, gente que se baña, una sombrilla de colores.

Cuando la cineasta le preguntó cómo se sentía al ser palestina en Gaza, Fatma respondió:

–Somos fuertes, valientes y muy importantes para el mundo.

–¿Cuál es vuestra mayor fortaleza?

–Que no tenemos nada que perder.

Sin embargo, con el paso de los meses, la desesperación crece, junto con el hambre y el número de amigos y familiares que han fallecido.

–Siento que ya no estás aquí como antes –señala la cineasta–. Siento que, de alguna manera, te estoy perdiendo.

–Me gustaría estar en un lugar normal, tranquilo –responde Fatma–. Respirar aire puro, sentir la paz y sentirme como una persona corriente.

Cuando Sepideh le dice que pida un deseo, Fatma le confiesa que le gustaría ir a un parque de atracciones.

El 15 de abril de 2025, la cineasta le informa de que la película ha sido seleccionada en el Festival de Cannes. Fatma se alegra muchísimo.

–¿Vas a venir?

–Por supuesto. Pero sólo si luego puedo regresar a Gaza. La ocupación israelí quiere que nos vayamos. No quiero hacer eso.

Fatma nunca irá a Cannes.

Pocas horas después del atardecer, un misil israelí impactó en la casa de su familia en Tuffah, al este de la ciudad de Gaza. Ella falleció junto a varios miembros de su familia, incluida su hermana embarazada, en un ataque dirigido a su apartamento, en el segundo piso, tal como demostró la investigación de Forensic Architecture dirigida por Eyal Weizman. Israel la castigó por haber elegido resistir y dar testimonio con su voluntad de vivir, de soñar, con su negativa a abandonar Gaza.

Por seguir contando hasta el final lo que muchos preferían no mostrar al resto del mundo.

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Mientras tanto, la violencia israelí no cesa ni siquiera ante los planes futuros, es más, se manifiesta de la forma más desvergonzada, con Benjamin Netanyahu y su gobierno que continúan declarando que todas las resoluciones internacionales siguen siendo “fundamentalmente simbólicas”, irrelevantes con respecto a los objetivos de Israel en Gaza.

Personajes políticos como los ministros –de Finanzas y de Seguridad Nacional, respectivamente– Smotrich y Ben-Gvir han sido durante años la encarnación de la política nacionalista, mejor dicho, ultranacionalista, israelí. Colonos y colonialistas impulsan la anexión de Cisjordania sin ningún temor a las consecuencias. Cuando figuras como Daniella Weiss –líder histórica del movimiento de los colonos, a quien se escucha en las más altas esferas del Estado israelí– declaran públicamente que quieren “un estado sólo para los judíos” y que “los árabes no se quedarán en Gaza, punto” puede entenderse cómo el derecho internacional se ignora sistemáticamente.

La pesadilla de los palestinos viene de lejos, tras cinco generaciones de destrucción y expropiación de sus tierras. Cinco generaciones –la madre de la madre de la madre de la madre de los palestinos encarcelados en Gaza hoy, como Fatma y Bisan– que han visto promesas traicionadas, acuerdos violados, sueños de libertad destrozados y derechos humanos pisoteados

Los verdaderos planes de Israel para Gaza no incluyen, por supuesto, la devolución del territorio a sus habitantes. En septiembre de 2025, en la Cumbre de Renovación Urbana de Tel Aviv, Smotrich explicó ante los empresarios que el objetivo sería transformar Gaza en una “mina de oro inmobiliaria”. Una regeneración urbana que no acogerá a los dos millones de desplazados en viviendas nuevas y dignas. Así es como el 90% de la población de Gaza se ha visto obligada a abandonar sus hogares y se ha convertido en una masa de personas sin hogar. Lo que antes era una tierra de comerciantes, de cítricos y palmerales, es ahora un desierto de escombros, polvo y esqueletos de cemento, mientras las olas del Mediterráneo rompen contra un paisaje devastado.

Este es el valor de Gaza para ellos. No se trata de sentimentalismo, sino de una bonanza, una mina de oro inmobiliaria, un sueño de dominación y riqueza. Muchos lo han dicho sin ningún pudor. Incluso Jared Kushner, yerno de Trump, declaró en 2024 que la zona costera de Gaza podría tener un enorme valor económico, siempre y cuando Israel “desplazara a la población y lo limpiara todo”.

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La pesadilla de los palestinos viene de lejos, tras cinco generaciones de destrucción y expropiación de sus tierras. Cinco generaciones –la madre de la madre de la madre de la madre de los palestinos encarcelados en Gaza hoy, como Fatma y Bisan– que han visto promesas traicionadas, acuerdos violados, sueños de libertad destrozados y derechos humanos pisoteados.

De hecho, esta crueldad no comenzó en octubre de 2023. Durante casi un siglo, el pueblo palestino ha vivido bajo el peso de un brutal proyecto colonial de asentamiento: una ocupación perpetua justificada como “seguridad de la patria israelí” e impuesta mediante el apartheid. Esta es su historia.

El dolor no se borra, como lo demuestra la investigación sobre el trauma intergeneracional que realizó, entre otras, una persona a la que estoy muy unida, Gabor Maté, un médico judío de origen húngaro que sobrevivió a la Shoah siendo un niño y dedicó su vida a estudiar cómo se trasmite el trauma a través de las generaciones. Hoy, con más de ochenta años, está comprometido activamente en denunciar el genocidio que se sigue cometiendo en Palestina. El trauma se transmite, se hereda, se lleva en la sangre. A veces, incluso, se repite. Otras, sin embargo, se rompe cuando alguien decide afrontarlo en lugar de transmitirlo.

“Hemos creado este bonito sueño, pero le hemos impuesto una pesadilla a otra persona”, escribió Maté hace más de diez años en un artículo para el Toronto Star, en el que compartía su experiencia como judío para mostrar la hipocresía de los líderes mundiales y la “gran desigualdad de poder” entre palestinos e israelíes. Para él, es inaceptable el hecho de que haber sido víctimas en un pasado (como el caso de los judíos durante el nazismo) justifique la posibilidad de convertirse en verdugos en el presente. “Mi corazón me dice que 'nunca más' no es un lema tribal, que el asesinato de mis abuelos en Auschwitz no justifica las continuas expropiaciones de los palestinos, que la justicia, la verdad y la paz no son prerrogativas tribales.”

En los últimos años, Gabor ha trabajado incansablemente para ayudar a desmantelar la narrativa del gobierno de Netanyahu y subrayar cómo la ocupación, el bloqueo de Gaza y la destrucción de la identidad palestina no son políticas compatibles con una paz justa, sino instrumentos flagrantes de la limpieza étnica vigente. Él nos invita a superar la lógica nacionalista para redescubrir una humanidad compartida, basada en la compasión, la aceptación del dolor y la elaboración de un duelo común. Al pensar en un viejo amigo suyo –fiel a la visión sionista que él tuvo una vez (pero de la que luego se distanció)–, Gabor se pregunta: “¿No podemos al menos entristecernos juntos por aquello en lo que se ha convertido ese hermoso y antiguo sueño de redención judía? ¿No podemos llorar la muerte de los inocentes? Estos días estoy triste. ¿No podemos al menos sufrir juntos?”.

Muchos se lo preguntan: ¿cómo es posible que tantos de aquellos cuyos antepasados sufrieron genocidio se hayan convertido, a su vez, en perpetradores de un genocidio? Yo creo que, si miramos la historia desde un punto de vista más humano, podemos comprender que precisamente la existencia de un trauma excesivo e intergeneracional, si no se trata de forma adecuada

–o, peor aún, si se instrumentaliza deliberadamente–, es lo que lleva a quienes han sufrido a volverse crueles y optar por infligir un trauma a quienes son más débiles. Cuánto peor se trate el trauma, mayor será el riesgo de que se cronifique, hasta el punto de convertirse en una especie de psicosis. Y, así, el sueño de un proyecto político termina por transformarse en la pesadilla de un pueblo, y se prolonga a lo largo de cinco generaciones.

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A principios del siglo xx, Palestina era una sociedad en vías de transformación: escuelas modernas, nuevas ideas, una economía cada vez más integrada en el mundo. Los árabes musulmanes convivían con las minorías cristianas y judías, unidos por el idioma, la vecindad y un tejido social que había regido la vida comunitaria durante siglos. Una vida de coexistencia pacífica.

Luego, a finales del siglo xix, llegó el sionismo político europeo, con la idea de crear un estado judío en Palestina que pudiera brindar un hogar seguro a los judíos perseguidos en Europa. La inmigración judía comenzó a crecer, pero muchos de los recién llegados no se integraron en la sociedad árabe y pluralista existente. Poco a poco, la población local comenzó a percibir los cambios como una amenaza. Luego, la Primera Guerra Mundial y las carestías que la acompañaron golpearon duramente al pueblo palestino, ya atrapado en una maraña de promesas contradictorias por parte de las potencias extranjeras. Como cuenta el historiador Rashid Khalidi, la guerra trajo graves consecuencias: pobreza, hambre y enfermedades; se estima que, durante ese periodo, la Gran Siria registró medio millón de muertes sólo por hambruna. En este dramático contexto, entraron en juego las maniobras geopolíticas de Gran Bretaña: entre 1915 y 1917, negoció tres acuerdos interrelacionados que convertirían Palestina en el último y más sofisticado bastión colonial.

El primero fue la correspondencia Husayn-McMahon: un intercambio de misivas entre el Alto Comisionado británico en Egipto y el jerife Husayn, custodio de los lugares sagrados musulmanes en Palestina. Los británicos, en guerra contra los otomanos, intentaron convencer a Husayn para que liderara una revuelta árabe, y le ofrecieron ayuda para conseguir la independencia. McMahon escribió: “Gran Bretaña está dispuesta a reconocer y apoyar la independencia de los árabes”. Pero a la hora de definir las fronteras de los territorios que serían independientes las promesas se volvieron deliberadamente ambiguas.

En 1916, los británicos llegaron a un segundo acuerdo, el llamado Sykes-Picot: un pacto secreto en el que el diplomático Mark Sykes y el francés François Georges-Picot decidieron cómo debía dividirse Asia Occidental –lo que en la jerga colonial se suele llamar Oriente Medio– después de la guerra. El tratado –que ignoraba las promesas hechas a Sharif Husayn– establecía que Palestina quedaría bajo la administración internacional.

El tercer acuerdo fue la Declaración Balfour de 1917, una carta del ministro de Asuntos Exteriores británico dirigida a lord Rothschild, representante de la comunidad judía británica: con ella, los británicos se comprometieron a promover la creación de un “hogar nacional judío” en Palestina. Como señala Khalidi, la abrumadora mayoría árabe de la población ni siquiera fue mencionada: Balfour nunca se refirió abiertamente al pueblo árabe o palestino, que representaba el 94% de la población, sino sólo de manera indirecta a “las comunidades no judías existentes en Palestina”, a las que sólo se les prometieron derechos civiles y religiosos, dejando de lado los políticos. Exactamente como sucede hoy.

Detrás de la retórica religiosa del “retorno” de los judíos a la tierra bíblica se escondían razones económicas y estratégicas. Como afirma Khalidi, “el Imperio británico nunca actuaba por altruismo”. Controlar Palestina servía a sus intereses geopolíticos.

Si el trauma se transmite, también se transmite la responsabilidad de quienes lo hicieron posible. Ningún Estado puede declararse inocente ante lo ocurrido en Palestina, y aún menos los occidentales

Cuando las tropas británicas conquistaron Jerusalén a finales de 1917, los palestinos comprendieron que su tierra había pasado de un dominio extranjero a otro.

Después de cuatrocientos años de dominio otomano, no eran ni libres ni independientes: los británicos simplemente sustituyeron a los turcos como nuevos colonizadores, mediante el Mandato británico otorgado por la Sociedad de Naciones, que, en 1922, incorporó la Declaración Balfour. Khalidi definió ese texto cuidadosamente redactado y elaborado como “un arma apuntando directamente a la cabeza, una declaración de guerra del Imperio británico contra la población indígena”.

Desde entonces, la historia palestina ha estado marcada por una serie de negaciones que han alimentado una auténtica guerra contra su pueblo a lo largo de un siglo: la represión de los levantamientos de 1936-1939; el plan de partición de 1947, con la consiguiente limpieza étnica del territorio sobre el que se formaría el Estado de Israel; la ocupación israelí tras la guerra de 1967; la invasión israelí del Líbano en 1982 (que también se dirigió contra los refugiados palestinos en el país); los Acuerdos de Oslo, y el bloqueo de Gaza desde 2007, que está resultando ser una de las destrucciones más terribles de los tiempos modernos.

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Si el trauma se transmite, también se transmite la responsabilidad de quienes lo hicieron posible. Ningún Estado puede declararse inocente ante lo ocurrido en Palestina, y aún menos los occidentales.

Fue muy emotivo hablar de ello ante las más de doce mil personas que, en septiembre de 2025, llenaron el OVO Arena de Wembley en Londres. Había algo profundamente simbólico en estar allí, en la capital del último gran imperio colonial para hablar de la responsabilidad de Gran Bretaña, que, en 1917, con la Declaración Balfour, sembró la primera semilla de esta catástrofe.

Ante un público numeroso y entusiasta, en un escenario con escenografía de Malak Mattar –la maravillosa pintora de Gaza con quien he mantenido una estrecha relación durante muchos años y cuyas obras ilustran las portadas de Cuando el mundo duerme y también de este libro–, poder llamar a las cosas por su nombre fue una preciosa oportunidad.

Porque a menudo tendemos a olvidarlo, pero Gran Bretaña, hace poco más de cien años, prometió al movimiento sionista la creación de un hogar nacional judío en Palestina, una tierra que no pertenecía a los ingleses y que los ingleses no tenían derecho a “entregar” a otros, del mismo modo que hoy no lo tienen los israelíes que se declaran dispuestos a dividir Gaza y a anexionarse Cisjordania. Y esto no significa negar el horror que sufrió el pueblo judío de Europa hace un siglo, ni la necesidad de protegerlo. Pero ¿por qué esa protección se produjo a expensas de otro pueblo que, hasta entonces, había convivido pacíficamente con los judíos y no había tenido nada que ver con el antisemitismo europeo?

Ahí comenzó el horror de hoy: en la segunda década del siglo xx, cuando los británicos traicionaron todas las promesas que hicieron al pueblo palestino.

El primer paso es dejar de llamar normalidad a lo que no lo es. Pero entonces surge un problema: una vez que ves, ya no puedes fingir que no pasa nada. Y a partir de ahí, además de liberarte, te sientes irremediablemente incómodo

Cinco generaciones de confianza traicionada y sueños destrozados. Y fue necesario esperar una veintena de años –el tiempo de una generación– para que, en 1936, el pueblo palestino, humillado y despojado, decidiera rebelarse contra los británicos. Levantaron la cabeza, se organizaron y declararon las primeras huelgas: la primera verdadera intifada palestina duró tres largos años, que los colonizadores británicos reprimieron con brutalidad, lo que sentó las bases para el desastre que llegaría después, tal como cuenta con gran delicadeza la hermosa película Palestina 36. Un movimiento popular para apoyar su sueño de independencia y libertad, formado por grandes y pequeños sacrificios.

Y hoy, para apoyarlos, numerosas personas en todo el mundo hacen lo mismo: levantan la cabeza, luchan contra el sistema que permitió el genocidio y desafían la creciente represión en todas partes. Muchos trabajadores renunciaron a sus salarios para ir a la huelga por Palestina; jóvenes y mayores se manifestaron ante las embajadas; protestas y ocupaciones en las universidades y marchas espontáneas transformaron nuestras ciudades en lugares de solidaridad y resistencia; también brindaron apoyo a la Flotilla de Gaza, mientras el movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) ha seguido creciendo con fuerza y eficacia. Estas manifestaciones concretas son una herramienta vital para los palestinos y representan un cambio decisivo con respecto a la normalidad somnolienta que, a menudo, los gobiernos cómplices pretenden mantener: como cuando, tras una emergencia –un terremoto o una avalancha–, la gente se une para trabajar conjuntamente. Desde Palestina, se ha sembrado la semilla de un proyecto colectivo. Nosotros, que no controlamos grandes capitales, algoritmos ni armas, vemos cada vez con mayor claridad que la humanidad tiene un enemigo común en ese sistema que sigue fomentando el genocidio del pueblo palestino y creando enormes desigualdades económicas y sociales. Las libertades fundamentales son la última vía pacífica a la que podemos aspirar para contrarrestarlo.

Soñar con Palestina, sin embargo, significa soñar con la posibilidad –aún viva– de un orden internacional que no se fundamente en la fuerza, sino en la justicia, al igual que en su día hubo alguien que soñó con un mundo sin esclavitud, un mundo donde las mujeres pudieran votar, un mundo donde el trabajo infantil estuviera prohibido, un mundo donde las personas, fuese cual fuese su color de piel, pudieran usar los mismos baños o beber agua de la misma fuente

El primer paso es dejar de llamar normalidad a lo que no lo es. Pero entonces surge un problema: una vez que ves, ya no puedes fingir que no pasa nada. Y a partir de ahí, además de liberarte, te sientes irremediablemente incómodo.

Soñar significa permanecer, resistir, imaginar entre las ruinas y más allá de ellas. El sueño es también una llamada al otro, pero va dirigida ante todo a nosotros mismos: si no soñamos con la liberación de todos, traicionamos nuestra humanidad. Si los derechos se convierten en un monumento, dejan de ser un instrumento de lucha y se reducen a una institución vacía que sólo sirve para legitimar el poder existente. Soñar con Palestina, sin embargo, significa soñar con la posibilidad –aún viva– de un orden internacional que no se fundamente en la fuerza, sino en la justicia, al igual que en su día hubo alguien que soñó con un mundo sin esclavitud, un mundo donde las mujeres pudieran votar, un mundo donde el trabajo infantil estuviera prohibido, un mundo donde las personas, fuese cual fuese su color de piel, pudieran usar los mismos baños o beber agua de la misma fuente.

El sueño es una herida y una cura. La imaginación ya es una forma de curación, una medicina que mantiene al pueblo palestino en pie y lo fortalece. Palestina es el centro moral del siglo xxi: soñar con ella significa elegir la humanidad, precisamente cuando parece más difícil. Significa negarse a que el horror tenga la última palabra, y que la civilización sea una tarea que cada uno de nosotros pueda hacer suya.

Fatma Hassona no quería irse. La madre de Fatma, la madre de la madre de la madre de la madre de Fatma, que vio llegar a los primeros colonos a su tierra, no quería irse. Ella y sus hijos fueron expulsados de su hogar con unas pocas prendas de ropa y una llave, convencidos de que regresarían en unos días; pero los palestinos aún llevan esa llave consigo. La han pasado de madres a hijas durante setenta y siete años.

Ni siquiera sus hijos se irán.

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La emisión de tarjetas de transporte se desploma tras endurecer Madrid los requisitos y condicionarlas al empadronamiento

La emisión de tarjetas de transporte del Consorcio Regional de Madrid (CRTM) se derrumbó un 23,5% en 2026 con respecto a la media de los veranos de 2023, 2024 y 2025 tras endurecerse el criterio de residencia para su obtención. Así lo reflejan los datos obtenidos por EL PAÍS en aplicación de la ley de transparencia, ceñidos al periodo 15 de junio-1 de septiembre para cada año. Aunque la Administración autonómica niega a ese balance capacidad para “establecer una relación causal” entre el descenso y la decisión de condicionar la obtención del título de transporte a la acreditación de la residencia en la región, el cambio, en vigor desde el 15 de junio, ha generado críticas de la oposición por su impacto potencial sobre estudiantes y trabajadores de otras regiones y migrantes no empadronados. La Administración, según un portavoz, calcula que los usuarios no residentes son unos 200.000 (3,4% del total).

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© Eduardo Parra (EUROPA PRESS)

Una mujer pasa su billete en el torno del Metro Plaza de España, en Madrid (España).
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Zeekr 9X: 897 CV y lujo para seis en el SUV chino que desafía a los grandes fabricantes europeos

La industria china del automóvil está dispuesta a ocupar todos los segmentos posibles. Fabricantes como Zeekr, perteneciente al grupo Geely (que tiene marcas como Volvo, Polestar o la propia Geely), están demostrando que también quieren hacerse un hueco entre las marcas de lujo, con automóviles que destacan por sus prestaciones, tecnología y equipamiento. El último ejemplo es el Zeekr 9X, un imponente SUV híbrido enchufable de seis plazas que se presentó recientemente en Barcelona y París y que llega con argumentos tan llamativos como sus 897 CV de potencia, una autonomía eléctrica de 179 kilómetros y un sistema de carga capaz de recuperar buena parte de la batería en menos de diez minutos. Al estilo de un cien por cien eléctrico muy avanzado.

La marca quiere conquistar Europa y una de las claves es su equipo de diseño, ubicado entre Goteborg y Shanghai, y en este caso, la silueta del coche está dirigida por el español Javier García-Gallardo, jefe de diseño de la marca. La presentación fue estática, pudimos acceder al coche y las sensaciones era de máximo lujo, detalles muy cuidados y un nivel de confort extremo.

El nuevo modelo, presentado en la Marina Port Vell de Barcelona con la presencia del equipo de Zeekr España, ya está disponible en los concesionarios españoles en una única versión denominada Ultra AWD, con un precio de partida de 121.500 euros. Una tarifa que lo sitúa directamente en el territorio de los grandes SUV premium europeos, aunque con una propuesta tecnológica más innovadora y completa. ¿Quién se compraría un coche así? Pues la marca tiene en España ya al menos cinco pedidos y uno de ellos sustituirá su actual Bentley Bentayga por un Zeekr 9X.

Un híbrido enchufable con prestaciones de superdeportivo

El Zeekr 9X utiliza un sistema de propulsión denominado Super Hybrid, desarrollado sobre una arquitectura eléctrica de 900 voltios (algo que todavía no tienen los cien por cien eléctricos). Cuenta con dos motores eléctricos que desarrollan una potencia conjunta de hasta 897 CV y un par máximo de 935 Nm, mientras que un motor de gasolina turboalimentado de 2,0 litros actúa como generador para ampliar la autonomía.

Las prestaciones resultan especialmente llamativas para un vehículo de estas características ya que acelera de 0 a 100 km/h en apenas 4,1 segundos y alcanza una velocidad máxima de 240 km/h. Sin embargo, uno de sus aspectos más interesantes está en la batería. Con una capacidad de 55,1 kWh, superior a la de numerosos híbridos enchufables convencionales, permite recorrer hasta 179 kilómetros utilizando exclusivamente electricidad. La autonomía total anunciada asciende a 737 kilómetros.

También destaca su capacidad de recarga. Admite potencias de hasta 330 kW en corriente continua y, en condiciones óptimas, puede pasar del 10 al 80 % de batería en solo 9,5 minutos. Una cifra inédita entre los híbridos enchufables y que acerca sus posibilidades de utilización a las de un eléctrico con carga ultrarrápida.

El habitáculo adopta una configuración de seis asientos distribuidos en tres enormes filas de dos plazas. La segunda fila adquiere especial protagonismo, con dos butacas individuales que pueden reclinarse hasta 145 grados y cuentan con reposapiernas eléctricos, calefacción, ventilación y masaje. Y una pantalla que aterriza desde el techo para convertir la parte de atrás en una sala de cine mientras se viaja.

La tercera fila tampoco queda relegada a un uso ocasional, al menos sobre el papel porque sus asientos disponen de regulación eléctrica, calefacción y respaldos reclinables hasta 135 grados.

Entre los materiales utilizados aparecen la piel Nappa y las molduras de madera nórdica. El equipamiento incluye un sistema de sonido Naim con 32 altavoces y ocho transductores hápticos (dispositivos integrados en los asientos que transmiten vibraciones sincronizadas con la música, permitiendo sentir físicamente el sonido), una pantalla OLED de 17 pulgadas integrada en el techo y un frigorífico capaz de mantener temperaturas entre −6 y 50 grados.

Delante encontramos dos pantallas OLED de 16 pulgadas, una para el conductor y otra para el acompañante, además de un sistema de proyección de información sobre el parabrisas equivalente a 47 pulgadas. Además, el Zeekr mantiene algunos mandos físicos para las funciones principales.

Para controlar las inercias de un SUV de este tamaño y planteamiento, el 9X incorpora suspensión neumática adaptativa de doble cámara y amortiguadores electromagnéticos de doble válvula y también dispone de diferentes programas de conducción, incluidos modos específicos para circular fuera del asfalto.

En cuanto a seguridad, el sistema Zeekr Assisted Drive combina un sensor LiDAR con cámaras y otros dispositivos para interpretar el entorno. Incluye control de crucero adaptativo y funciones de mantenimiento y centrado de carril, aunque continúa siendo un sistema de asistencia que requiere supervisión del conductor.

Con el 9X, Zeekr da un paso importante en el mercado español y plantea una alternativa a los grandes SUV de lujo tradicionales. Su principal desafío será convencer a compradores acostumbrados a fabricantes consolidados de que una marca china relativamente joven puede competir también en este exigente segmento. Y visto lo que vimos, puede hacerlo perfectamente.

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Zeekr 9X: 897 CV y lujo para seis en el SUV chino que desafía a los grandes fabricantes europeos

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Zeekr

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Zeekr 9X

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Raül Refree, de producir a Rosalía a poner música a ‘La bola negra’: “Se exagera la figura del artista, como si tuviera una conexión con Dios”

Raül Refree, de producir a Rosalía a poner música a ‘La bola negra’: “Se exagera la figura del artista, como si tuviera una conexión con Dios”

El músico, que firma la banda sonora de la película de los Javis, reflexiona sobre la emoción como motor creativo y alerta de que las pantallas están provocando la pérdida de la capacidad de escucha

Análisis - Cinco claves por las que ‘La bola negra’ puede hacer historia para España en los Oscar

Raül Refree (Barcelona, 1976) va a la panadería y escucha lo siguiente: “¡A ver si nos traes el Oscar!”. Es algo que el músico nunca había podido llegar a imaginar y que, sin embargo, se ha convertido en una enorme posibilidad tras el estreno de La bola negra. La película con la que Javier Ambrossi y Javier Calvo conquistaron el Festival de Cannes se ha convertido en una de las grandes favoritas de Hollywood en la próxima temporada de premios. Tanto, que todos los que participaron en el filme también empiezan a acaparar los focos.

El productor es el responsable de la banda sonora de La bola negra, un trabajo en el que ha tenido que encontrar el equilibrio para acompañar una historia marcada por la represión y el miedo a ser homosexual sin subrayar demasiado las emociones. No era una tarea sencilla. “Siempre sentía que caminaba por la cuerda floja”, explica sobre el proceso de composición. Después de trabajar con los Javis en La Mesías, Refree vuelve a colaborar con ellos en una cinta en la que cantantes como Judeline o Guitarricadelafuente embellecen lo que se ve gracias a lo que suena.

Siendo reconocido por su trabajo en Los Ángeles de Rosalía, disco debut de la artista a la que le acaban de otorgar el Premio Nacional de las Músicas Actuales, y tras colaborar con Rodrigo Cuevas, C. Tangana o Niño de Elche, Raül Refree recuerda la fuerza de cantar en comunidad y la importancia de escuchar de verdad. Lo hace en su libro Cuando todo encaja, pero es algo que lleva constantemente al estudio. En una industria que parece exigir resultados inmediatos, el productor prefiere perseguir otra cosa: hacer música que pueda sobrevivir al momento en el que fue creada.

Raül Refree conversa sobre la banda sonora de ‘La bola negra’
Raül Refree conversa sobre la banda sonora de ‘La bola negra’

¿Se ve ya en los Oscar?

Intento no pensar mucho en los Oscar. Quieras o no, vas recibiendo inputs no solo de lo que está pasando aquí, sino también del interés en EEUU, y trato de vivirlo con toda la alegría, como algo nuevo que llega a mi vida. Aparte de que la gente le dé mucha importancia a los premios, lo que más satisfacción me da es ver cómo la película y la música han llegado a un público tan variado, desde gente muy joven hasta personas mayores. Estoy recibiendo un montón de mensajes y esa es la mejor sensación que puedes tener.

¿Lo esperaba?

Confiaba y creía que la película llegaría a mucha gente. Si tanta o no, es difícil de decir, pero la primera vez que leí el guion tuve la sensación de que era una película necesaria.

En su libro Cuando todo encaja dice que su primer recuerdo de la música es el de escuchar a su abuela tocando a Mozart. ¿Qué hay en esa escena que le sigue emocionando?

Me costó mucho encontrar la forma de explicar cómo entiendo la música, y fue entonces cuando recurrí al recuerdo de la infancia de ver a mi abuela tocar el piano. Ella ya era muy mayor, le fallaban las manos y hasta la memoria, pero me resultaba profundamente emocionante verla tocar, todo lo contrario a lo que sentía con mi profesora de piano, que tocaba con la posición y la técnica perfectas, pero no me despertaba ninguna emoción. A través de esa historia me vi capaz de explicar que para mí el objetivo fundamental de la música es la emoción; la técnica y todo lo demás no dejan de ser herramientas que, si no logran emocionar, no sirven para nada.

¿Esa profesora le hizo querer abandonar la música?

Que viviera una mala experiencia con la educación más clásica y con la forma rígida de enseñar a un niño a tocar el piano no significó que mi amor por la música disminuyera. Entiendo que en la educación clásica deben establecerse métodos generalizados, pero mi forma de acercarme a la música era muy libre y puramente emocional. Me resultaba mucho más fácil inventarme una pequeña melodía, aunque fuera una tontería, que reproducir algo exactamente como ellos querían. Eso me alejaba del método y me hacía sentir incómodo, hasta el punto de que me provocaron cierto trauma con el piano. Tardé muchos años en volver a tocarlo, pero mi amor por la música seguía intacto. Hoy me sigo considerando más melómano que músico; lo que más me gusta es escuchar, y así es como más he aprendido a componer.

Hace hincapié en la emoción. ¿Cómo puede una banda sonora transmitir el miedo a ser gay y a la represión?

La música tiene una potencia emocional enorme. Es el arte más abstracto de todos: no se ve, no se toca; la percibimos por pura abstracción y quizás por eso puede llegar a lo más profundo de nosotros. Pero eso también entraña un peligro: en una película con una carga emocional tan fuerte, la música puede pasarse de frenada y subrayar demasiado la emoción. En La Mesías encontré el equilibrio musical con cierta facilidad, pero en esta película siempre sentía que caminaba por la cuerda floja: si me inclinaba un poco a la derecha o a la izquierda, me caía. Tenía que encontrar el punto exacto, porque la historia no te permitía irte hacia los extremos para no subrayar de más ni resultar demasiado frío.

Judeline interpretó Soldadito español en La Revuelta y recibió muchas críticas, acusándola de embellecer un tema ligado a la guerra colonial.

No he visto mucho sobre el tema. Sí vi que ella la cantó muy bien. Al final, lo hace porque es parte de la historia de la película, tiene un significado concreto dentro del relato y simplemente está interpretando lo que ocurre en La bola negra. Con Soldadito español, los directores me pidieron una versión para ver qué se me ocurría; les mandé una demo con mi propia voz de fondo que era muy parecida a lo que terminó siendo. Recuerdo que me dijeron que era increíble porque les ayudó a visualizar el inicio de la película a partir de la música, y esa es la idea que ha sobrevivido hasta la pantalla.

Estamos tan sobreestimulados que la escucha real se ha vuelto un acto revolucionario

Raül Refree — Productor y cantante

Ha sido elogiado por La Nieve, que canta Guitarricadelafuente.

Los Javis tenían claro que, a pesar de que Álvaro [Guitarricadelafuente] actúa en la cinta, querían que cantara la canción original, pero sin que pareciera un paréntesis; querían que formara parte del diálogo narrativo y musical de toda la película. Álvaro me enseñó un primer esbozo de melodía antes de irse de gira, y yo pude trabajar con total libertad para que funcionara tanto como canción como banda sonora. Acompaña uno de los momentos más emocionantes de la película: cuando el personaje sube la montaña y van cayendo los esquiadores. Es preciosa y, aunque la he visto miles de veces, me sigo emocionando.

Usted suele trabajar en equipo. ¿Hemos perdido la capacidad de disfrutar la música en comunidad?

El espacio público es cada vez menor. Me sorprende ver plazas nuevas, de esas duras, donde los bancos no están enfrentados para mirarse los unos a los otros, como si pretendieran que toda la comunicación fuera digital y la presencial se redujera al mínimo. A lo largo de la historia, la música ha sido un gran factor cohesionador. El sentimiento de pertenecer a una comunidad nos hace fuertes, y cantar junto a alguien por el simple disfrute de hacerlo no solo es placentero, sino un nexo de unión poderosísimo que estamos perdiendo.

¿Este individualismo deriva de las pantallas?

Lo veo exactamente así. Estamos sobreestimulados, y eso complica la reflexión, la observación, la escucha y el silencio. Muchas veces hablo con mis amigos sobre cómo la “escucha real” —y no me refiero a oír algo de fondo, sino a estar escuchando a la persona frente a ti, como espero que estemos haciendo nosotros ahora— se ha vuelto un acto superrevolucionario. Hoy en día se escucha y se observa poco, dándole prioridad a ese estímulo constante y a ese crecimiento absurdo de querer estar haciendo cosas todo el rato.

Raül Refree, en la redacción de elDiario.es
Raül Refree, en la redacción de elDiario.es

Rosalía ha ganado el Premio Nacional de las Músicas Actuales.

Lo recibí con muchísima alegría. Rosalía me parece una superartista; aparte de nuestra historia común y de que me llevo bien con ella, le tengo una admiración inmensa. Ojalá se lo dieran siempre a artistas de su envergadura.

¿Siente que el premio también es, en parte, suyo?

No, para nada.

¿Usted podría haber estado en los créditos de Lux?

Me considero un músico muy versátil y con muchas ganas de probar cosas nuevas. Ahora, con perspectiva, creo que he sido muy valiente al meterme en según qué proyectos, y me veo capaz de adaptarme a muchos sitios distintos. Al final tomo mis decisiones de forma muy poco racional y muy intuitiva; si siento algo especial por un artista o proyecto, me tiro de cabeza, sin importarme si es exactamente el estilo que domino.

Como músico, no me creo mejor que la persona que tiene una tienda de costura o que hace zapatos al lado de mi casa

Raül Refree — Productor y cantante

¿Hacemos bien en ver a los músicos como genios?

Desde el Romanticismo se ha exagerado la figura del artista, subiéndolo a un pedestal casi como si tuviera una conexión superior con Dios. Yo creo cien por cien en la figura del artesano, y me siento como tal. Me gusta aprender, le dedico muchísimas horas a mi trabajo, pero no me creo mejor que la persona que tiene una tienda de costura o que hace zapatos al lado de mi casa. Al final, son trabajos útiles; el mío emociona, pero un buen mueble o el trabajo de cualquier otro profesional también te puede emocionar. Lo fundamental es que el trabajo de los demás nos llegue y nos toque.

¿La industria musical se ha vuelto elitista?

Me ha ocurrido infinidad de veces que alguien se me acerca tras un concierto y me dice: “Me ha encantado, pero bueno, yo es que no sé de música”. ¡Como si no pudieras dar tu opinión sin haber estudiado un montón! La música y el arte tienen que traspasarnos y convertirse en emoción. Si te llega, no hace falta haber estudiado nada para expresar lo que sientes.

En esta era de TikTok, donde la música se consume y se desecha, ¿cómo alcanza la atemporalidad?

La gran obsesión de mi vida siempre ha sido que la música que hiciera me pudiera sobrevivir. Me ha importado mucho menos lo efímero de la moda actual y siempre he trabajado para conseguir cierta inmortalidad a través del arte. Últimamente, me he dado cuenta de que, en el fondo, hay una parte de ego importante en ese deseo de trascender, algo que antes no quería admitir. No existe una receta mágica para la atemporalidad. Intento estar conectado con el día a día y me encanta trabajar con gente mucho más joven, pero en el momento de tomar una decisión creativa final, nunca pienso en si va a ser un éxito inmediato o si se va a poner de moda; siempre tomo la decisión buscando lo que considero mejor para la música en sí misma.

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El PP se prepara para un gobierno en minoría en Algeciras tras la dimisión de Landaluce por las acusaciones de acoso sexual

El PP se prepara para un gobierno en minoría en Algeciras tras la dimisión de Landaluce por las acusaciones de acoso sexual

La moción de censura saldrá adelante con el apoyo de Vox, que no entrará en el ejecutivo, mientras queda por aclarar el papel de los concejales que aún respaldan al alcalde saliente y qué pasará con Jacinto Muñoz, candidato a suceder a Landaluce y que declara un día antes como testigo en la supuestas agresiones sexuales

Landaluce anuncia su dimisión como alcalde de Algeciras el domingo para evitar la moción de censura

La dimisión de José Ignacio Landaluce, anunciada este lunes por él mismo para el próximo 25 de octubre, abre una nueva etapa en el Ayuntamiento de Algeciras, pero no despeja las incógnitas sobre la gobernabilidad de la ciudad. El Partido Popular se encamina a recuperar la Alcaldía con Jacinto Muñoz como candidato y los cuatro votos de Vox, aunque el acuerdo no contempla la entrada de la formación de Santiago Abascal en el gobierno municipal. El resultado apunta a un ejecutivo popular en minoría, pendiente de cómo se articule el respaldo del resto de la corporación.

La primera certeza es que la renuncia de Landaluce, que declara este viernes imputado por agresión sexual, no impedirá la votación de la moción de censura. El pleno extraordinario está convocado para el 28 de octubre y se celebrará aunque el actual alcalde formalice su dimisión tres días antes. La legislación electoral establece que la renuncia del regidor no suspende la tramitación de una moción de censura ya registrada, por lo que el relevo podrá consumarse conforme al calendario previsto. Este domingo, Landaluce entregará el bastón de mando al Cristo de Medinaceli, “un gesto de profunda fe, respeto y amor a nuestras tradiciones”, según ha dicho este lunes.

El PP cuenta con los votos necesarios para sacar adelante la iniciativa junto a Vox. De los 27 concejales que componen la corporación, 14 constituyen la mayoría absoluta. Los populares han optado por sumar los cuatro votos de Vox, que bastan para alcanzar esa cifra con sus propios ediles, pese a que el PSOE también había ofrecido sus siete concejales para respaldar una moción alternativa. La decisión política del PP ha sido, por tanto, apoyarse en la formación de derecha, pero sin compartir con ella el gobierno municipal.

Esta fórmula deja una cuestión fundamental por resolver: cómo gobernará el PP después de la moción de censura. Si Vox mantiene su compromiso de limitarse a apoyar el relevo y no asume responsabilidades municipales, el nuevo ejecutivo no dispondrá de una mayoría propia garantizada para el funcionamiento ordinario del Ayuntamiento. El respaldo que permita investir al nuevo alcalde no implica necesariamente un acuerdo estable para aprobar presupuestos, ordenanzas o las principales decisiones municipales.

A ese escenario se añade la posición de los tres concejales del PP que continúan respaldando a Landaluce, cuya situación en la nueva etapa todavía no está aclarada. Aún está por ver si Landaluce mantiene el acta como concejal raso, junto a los otros tres ediles del PP que le mantienen el apoyo, o si renuncia al acta. Su papel puede resultar relevante para determinar la capacidad del futuro gobierno para sacar adelante sus iniciativas, aunque por ahora no se ha definido cómo se integrarán políticamente tras la salida del alcalde. La composición definitiva del ejecutivo y las alianzas con las que contará siguen, por tanto, abiertas.

Un sucesor con el respaldo del PP

Jacinto Muñoz, antiguo primer teniente de alcalde y ahora candidato del PP a la Alcaldía, se perfila como el encargado de pilotar esta transición. Los populares mantienen su apuesta por él y el objetivo es recuperar la estabilidad institucional tras la crisis que ha fracturado el equipo de gobierno.

Mano derecha de Landaluce, responsable de Recursos Humanos y del protocolo antiacoso, el juez ha citado a Jacinto Muñoz como testigo un día antes de tomar declaración a Landaluce. En el PP no contemplan que Muñoz pase a ser investigado y apuntan que será alcalde con absoluta seguridad, si bien en la oposición aseguran que lo sabía todo y lo tapó.

Muñoz se reunió este lunes con militantes del partido para explicar los motivos de la moción de censura contra el actual regidor, José Ignacio Landaluce. Durante el encuentro, defendió que había sido una decisión “dolorosa pero necesaria” ante los hechos que estaban ocurriendo en los juzgados.

Muñoz explicó que la iniciativa respondía a la necesidad de cambiar el foco de la actualidad política de la ciudad. “Creemos que Algeciras necesita seguir avanzando, necesita que los titulares de Algeciras sean otros, que los titulares de Algeciras sean el progreso y los avances y los grandes proyectos que estamos haciendo”, afirmó. También señaló que la reunión pretendía aclarar a los afiliados algunas informaciones difundidas en redes sociales que consideraba incorrectas y explicarles el posicionamiento de los concejales que habían firmado la moción.

El futuro alcalde reconoció que la decisión había provocado inquietud entre los militantes, al suponer una ruptura con una etapa política de larga duración. “Es una ruptura, una situación que la gente tiene que saber porque es evidente que produce gran inquietud, en un sentido y en otro”, manifestó. No obstante, rechazó que se estuviera produciendo una salida masiva de afiliados y aseguró que, según los datos que manejaba, solo ocho personas habían solicitado la baja de los algo más de mil afiliados del partido. “No creo que sean esas avalanchas que se han dicho en algún medio”, añadió.

Preguntado por el anuncio de dimisión de Landaluce, Muñoz aseguró que, personalmente, le habría gustado que esa decisión se hubiera tomado antes de llegar a la moción de censura. “A mí personalmente me hubiera gustado que esa decisión se hubiera tomado con anterioridad y no haber llegado al punto de la moción de censura”, afirmó, aunque recordó que el procedimiento debía continuar.

Incógnita de apoyos

La operación de relevo se produce después de que 12 de los 15 concejales que formaban parte del equipo de gobierno de Landaluce hayan abandonado ese núcleo de confianza. La crisis ha dividido al PP local en dos sectores: quienes mantienen su fidelidad al alcalde saliente y quienes consideran que su continuidad resultaba insostenible. La fractura también ha alcanzado a la militancia, con afiliados próximos a Landaluce que han solicitado la baja del partido.

El trasfondo de esta ruptura es la causa judicial abierta contra el alcalde. El Juzgado de Violencia sobre la Mujer ha admitido a trámite una denuncia presentada por una mujer contra Landaluce por un presunto delito contra la libertad sexual. El regidor está citado a declarar como investigado el 23 de octubre, dos días antes de la fecha en la que ha anunciado que dejará la Alcaldía.

En la misma resolución, la jueza ha citado como testigo a Jacinto Muñoz, que deberá declarar sobre los hechos denunciados. Su comparecencia tendrá lugar antes del pleno en el que aspira a convertirse en alcalde, lo que añade un elemento de incertidumbre política a una sucesión que el PP quiere cerrar cuanto antes. La formación no contempla por ahora que Muñoz pase a tener la condición de investigado.

Así, la salida de Landaluce resolverá quién ocupa la Alcaldía, pero no necesariamente la crisis de gobernabilidad que ha dejado tras de sí. El PP podrá recuperar el bastón de mando con los votos de Vox, aunque sin incorporar a sus concejales al ejecutivo y con la incógnita de los apoyos que tendrá a partir de entonces.

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Por los pelos

Keiko Fujimori, presidenta de Perú, habla durante la presentación del 'comando unificado' para enfrentar la delincuencia.

En mi generación, la oferta televisiva y las pantallas disponibles en casa eran, por decirlo de alguna manera, limitadas. Aunque existían tres canales, la señal no cubría el país entero por falta de repetidoras, aquellas torres hacia las que había que orientar la antena colocada sobre unos largos tubos que despuntaban de los tejados. En uno de los pueblos en los que viví de niño, solo se podía sintonizar uno de los canales porque estaba en el fondo de un valle. Gracias a esa falta de alternativas, vi programas que quizá me habría perdido en otra circunstancia. Uno de ellos fue Soul Train, "el tren del alma", como se apresuraba a aclarar el presentador, Osvaldo Valencia, en cuanto terminaban las imágenes algo psicodélicas de una locomotora acercándose a la estación.

El programa era una franquicia del show que conducía en Estados Unidos Don Cornelius. Con los años supe que la idea de traerlo a la televisión ecuatoriana partió de los dueños de la discográfica J. D. Feraud Guzmán, que encontraron en aquel medio la oportunidad de introducir géneros y artistas nuevos en un país entonces más rural que urbano. Así nos llegó, a quienes vivíamos en la periferia, lo mejor de los músicos afroamericanos de finales de los setenta. Quizá fue allí donde escuché por primera vez soul, R&B o funk, aunque lo que de verdad me impresionaba eran los números de baile. Era deslumbrante ver ese grupo de chicas y chicos, tan felices, moverse y disfrutar como si estuviesen en una fiesta.

Además, eran bellos, estaban en plena forma y desbordaban elegancia. Muchos lucían el afro, esa cabellera que, por lo apretado de sus rizos, no cae, sino que crece en todas direcciones hasta dibujar una especie de globo. Me llamaba la atención que lo llevaran hombres y mujeres, porque en mi entorno estaba muy claro qué cortes correspondían a cada sexo. Era un tipo de peinado que vi también en algunos futbolistas afroecuatorianos, cuyas fotos aparecían en la revista Estadio. Pero aquel estilo fue desapareciendo, y varias de las cantantes que había admirado con unos afros preciosos empezaron a mostrarse con melenas lacias que, como descubrí mucho después, eran pelucas.

Todo esto no pasaría de anécdota si detrás de aquellos peinados no hubiera habido, como luego comprendí, bastante más que una moda. En los años sesenta y setenta, el afro se convirtió en símbolo de afirmación de la identidad negra, ligado al movimiento por los derechos civiles y al Black Power. Dejar el pelo al natural, sin los tratamientos químicos que lo alisaban para acercarlo a los cánones de belleza blancos, suponía reivindicar el orgullo por los propios orígenes y rechazar los patrones estéticos de una sociedad racialmente jerarquizada. Aquellas cabezas no respondían a una mera cuestión de peluquería. Eran también una declaración política.

Más adelante, sin embargo, el afro fue cediendo terreno ante los alisados, las extensiones y los postizos, sobre todo entre las mujeres, sometidas a una doble exigencia por su raza y por su género. No se trataba de que ellas decidieran simplemente cómo llevar el pelo, sino de lo que pasó a significar para muchas mostrar los rizos. Dejar su pelo natural podía implicar ser vistas como descuidadas o impropias en un entorno profesional, un obstáculo a la hora de conseguir empleo, ascender o ser aceptadas en determinados espacios. En algunos países latinoamericanos se llega al colmo de llamar "pelo malo" al rizado y crespo propio de buena parte de la población afrodescendiente. Peor aún, entre los argumentos para alisar el "pajón" a toda costa figura el de que, en su forma original, parece sucio.

Estos adjetivos despectivos no se quedan en la superficie ni son reflejo de una costumbre pasajera. Que algo tan aparentemente trivial como un peinado condicione la consideración social de una persona se explica porque el pelo esconde una jerarquía, y esa discriminación golpea en América Latina, con especial dureza al Caribe. En la República Dominicana han trascendido varios casos de alumnas presionadas en sus centros educativos para arreglarse de determinada manera. En 2019 se difundieron los audios del director de un liceo que, a gritos y golpeando la mesa, recriminaba a las estudiantes que habían acudido con sus rizos al natural y les advertía que aquello era una escuela "para la formación y el empleo, no para la chabacanería". Ese mismo año, la directora de Género del Ministerio de Educación, impulsora de la campaña "Ni pelo bueno ni pelo malo", fue destituida poco después de disponer la readmisión de una niña a la que habían suspendido por llevar el cabello afro. Las autoridades atribuyeron su salida a reiteradas ausencias en el trabajo y negaron que tuviera relación con la campaña o la confrontación con los gestores del centro docente.

Cuando a una persona le repiten desde pequeña que tiene "pelo malo", aprende que algo con lo que nació está mal. Lo escucha en casa, en la peluquería, en el colegio y en la publicidad, hasta que el mensaje se instala en su manera de mirarse al espejo. De ahí que desde muy niñas sean sometidas a desrizados y secadores, las quemaduras en el cuero cabelludo y esa sensación, que tantas mujeres evocan al recordar su infancia, de no resultar nunca presentables tal como son y que por eso tienen que aguantar el dolor que esos tratamientos implican. Por eso, cuando una adulta decide dejar de alisarse, no está cambiando de peinado sin más, sino desaprendiéndose de años de vergüenza. No es casual que en varios países de las Antillas hayan surgido iniciativas que reivindican el cabello afro como expresión de identidad y, ante todo, de libertad.

Cada vez que alguien con poder dicta cómo debe peinarse un menor, le está indicando qué tipo de persona se espera que sea"

Con todo, el control sobre la cabeza ajena no se limita a las afrodescendientes. En El Salvador, el Gobierno de Nayib Bukele impuso en 2025 un "corte de cabello adecuado" en los colegios públicos como parte de su cruzada contra las pandillas, con catálogo de cortes incluido, cual Corea del Norte. Y esta semana, la presidenta de Perú, Keiko Fujimori, ha anunciado un reglamento escolar según el cual "los hombrecitos" deberán ir con el pelo corto. Como si la violencia, la indisciplina o el fracaso académico se solucionasen con tijera y una raya bien marcada.

Cada vez que alguien con poder dicta cómo debe peinarse un menor, le está indicando qué tipo de persona se espera que sea. En mi infancia, aquellos afros que veía en la televisión proclamaban algo tan sencillo como que así eran y que no pensaban esconderlo. Lo inquietante es que medio siglo después sigamos discutiendo si una alumna puede ir a clase con el cabello tal como le crece, o si un chico rendirá peor por llevar flequillo. El orden impuesto a golpe de tijera es el más fácil de exhibir y el más barato, porque no exige más maestros, ni mejores aulas, ni reflexión alguna sobre el racismo. Mientras tanto, la dignidad de miles de niñas sigue pendiendo de un pelo.


Francisco Sánchez es director del Instituto Iberoamericano de la Universidad de Salamanca. Aquí puede leer todos los artículos que ha publicado en www.elindependiente.com

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