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Cómo salvarnos de tiempos monstruosos

La película de Pixar Monstruos, S. A. pasa en un mundo de fantasía donde toda una sociedad industrial se sostiene sobre la energía de los gritos de los niños. Para eso, hay toda una factoría, ocupando una gigantesca nave industrial, que va poniendo a disposición de monstruos profesionales puertas mágicas que les conducen a las habitaciones infantiles. Los monstruos entran, asustan y se van a quedar con los amigos o a cenar. Para ellos es una industria cualquiera.

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© Cantero de las Muelas. Lucía

Fotograma de la película 'Monstruos S.A.'.
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Tijeretazo histórico de Vox al Consejo de la Juventud de Extremadura: recorta un 92% su presupuesto

Tijeretazo histórico de Vox al Consejo de la Juventud de Extremadura: recorta un 92% su presupuesto

La extrema derecha consuma su advertencia y deja a la institución con apenas 28.300 euros para su actividad y sostenimiento tras cuatro décadas de labor asociativa en la región

La Junta advierte con meter la tijera al Consejo de la Juventud y defiende retirar la cartelería LGTBI

Si en los primeros presupuestos de la nueva coalición de PP y Vox en Extremadura, aprobados este verano, las principales daminificadas fueron la cooperación internacional al desarrollo y las ONG, en los segundos, los de 2027, el tijeretazo lo sufren los jóvenes extremeños y, en concreto, el Consejo de la Juventud regional (CJEx), una institución que lleva cuatro décadas defendiendo siendo el principal interlocutor válido de representación juvenil ante los poderes públicos y dando voz al tejido asociativo de la región, pero ahora ve amenazado su propio funcionamiento y viabilidad.

El CJEx ha instado de manera urgente a revisar la dotación económica contemplada en el proyecto de presupuestos autonómicos para el año que viene porque el capítulo de gastos corrientes en bienes y servicios experimenta un drástico desplome, reduciéndose un 92% en comparación con el ejercicio anterior. Las cuentas en su conjunto se hunden casi a la mitad (de 763.380 a 392.635 euros, un 48,6 %).

Según los datos detallados por el propio Consejo, esta partida presupuestaria cuenta con una consignación de apenas 28.300 euros, una cifra que contrasta con los 352.703 euros asignados durante el ejercicio económico de 2026. Desde el organismo juvenil recuerdan que este fondo no se emplea de forma exclusiva para el diseño y desarrollo de proyectos orientados a la juventud, sino que constituye el soporte financiero indispensable para garantizar el funcionamiento ordinario y el sostenimiento físico de la sede del CJEx.

A juicio de la organización, un recorte de esta magnitud “reducirá considerablemente” la capacidad operativa de la entidad para impulsar iniciativas de participación juvenil y atender de manera eficaz las demandas y necesidades de la juventud extremeña.

A esta merma en los gastos corrientes se suma la completa eliminación del capítulo VI, una partida que estaba destinada específicamente a la inversión en investigación y recogida de datos. Desde la perspectiva del Consejo, esta supresión limita gravemente la posibilidad de analizar con rigor científico la realidad de los jóvenes en la comunidad y de generar un conocimiento útil que sirva de base para diseñar políticas públicas eficaces.

La postura del Ejecutivo autonómico: evitar duplicidades

De cualquier forma, el vicepresidente y consejero de Desregulación, Servicios Sociales y Familia, Óscar Fernández (Vox), que asume las competencias de juventud, ya lo advirtió en un pleno el pasado mes de septiembre. Fernández defendió durante un debate con Unidas por Extremadura la necesidad de eliminar las actividades que se solapen con las competencias del Instituto de la Juventud —organismo que depende de su consejería— para atajar lo que considera “gasto superfluo”.

Según explicó, carece de sentido “que se estén pagando proyectos de unos cuando lo pueden hacer otros” y criticó que se incurra en una situación en la que “se multiplique por dos el gasto” público destinado a fines idénticos dentro de la administración autonómica.

Durante la legislatura de José Antonio Monago (2011-2015), el PP también aplicó una severa reducción presupuestaria al Consejo de la Juventud de Extremadura, del 21%, aunque en los capítulos de gasto corriente y de actividades de promoción del asociacionismo la rebaja alcanzó el 50%.

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El asco

El asco

Si ese niño, ese anciano, ese perro apaleado no me conmueven, ¿qué pasa? ¿Tengo que sentirme culpable? ¿Es que no puedo oponerme a la guerra, a un linchamiento, a una agresión “por principios”? ¿Es que no puedo cuidar o curar o apoyar al otro sin compadecerlo, en virtud solamente de un imperativo ético y racional?

Estoy un poco harto, lo confieso, de la “empatía”. No quiero decir que esté harto de los otros sino de la insistencia peligrosa en que nuestras relaciones con los demás se aborden siempre por el costado emocional. Y si no siento nada, ¿qué? Y si ese niño, ese anciano, ese perro apaleado no me conmueven, ¿qué pasa? ¿Tengo que sentirme culpable? ¿Es que no puedo oponerme a la guerra, a un linchamiento, a una agresión “por principios”? ¿Es que no puedo cuidar o curar o apoyar al otro sin compadecerlo, en virtud solamente de un imperativo ético y racional?

Bernardino de Siena, en el siglo XV, cifraba el poder movilizador del crucifijo en la común empatía humana frente al dolor. Cuando uno se acerca a la cruz en la que está clavado Cristo, venía a decir, uno siente su sufrimiento como propio, de manera espontánea y con independencia de cualquier sesgo cultural; antes de hacernos ninguna pregunta (¿qué habrá hecho?) sus clavos se han clavado ya en nuestra carne y nos dejamos vencer por la compasión. Es un argumento muy bello, pero no del todo cierto. En Roma la imagen del crucificado evocaba enseguida la idea de la justicia ejemplar; y el crucificado, por tanto, sugería al primer vistazo la irregularidad de un delito o de un comportamiento criminal. Por lo demás, los que torturaron a Cristo camino del Calvario y los que, una vez allí, lo clavaron en el madero sintieron más bien el placer de romperle los huesos a un judío o el aburrimiento de tener que acometer un trabajo mecánico y desagradable. Es probable que el mundo fuera mejor si cada uno de nosotros sintiera de manera inmediata el dolor de los otros como propio; o quizás no, porque entonces todos sucumbiríamos al primer pinchazo de una aguja; el planeta entero cedería, desde luego, a la muerte del propio hijo. En todo caso, es con esa clase de seres humanos (los que no sienten nada ante la cruz) con los que hay que tratar de construir un mundo llevadero.

En un libro interesante, La paradoja de la bondad (Capitán Swing), el antropólogo evolutivo Richard Wrangham distingue entre “violencia reactiva” y “violencia proactiva”. La “reactiva”, digamos, es la que todavía nos une a nuestros primos primates, la que tiene que ver con los impulsos no mediados: el reflejo instintivo, por ejemplo, frente a una agresión y, en general, el que responde desde el cuerpo a pulsiones antagonistas (los llamados “crímenes pasionales”). La violencia “proactiva”, en cambio, implica premeditación, planificación, proyecto. La “reactiva” es caliente y temperamental; la “proactiva” fría y prospectiva. La tesis de Wrangham es la de que la especie humana es una especie “doméstica”, una especie “autodomesticada” que en los últimos doscientos mil años habría ido reduciendo sin parar los márgenes de su “violencia reactiva” -mientras no dejaba de aumentar, al otro lado, los de la “violencia proactiva”. Podríamos decir que “la paradoja de la bondad” es ésta según la cual el holocausto nazi y el genocidio israelí, por citar dos ejemplos extremos, constituirían en realidad las manifestaciones propias de una especie pacífica, pacificada, domesticada, lingüística.

¿Habrá también una moralidad reactiva y otra proactiva? Tirando de ese hilo, sería coherente añadir que la reactiva sería, en efecto, la que nos vincula al prójimo a través de la empatía; la proactiva, en cambio, la que lo reivindica (al prójimo) como depositario autónomo de valor, o como sujeto de derecho, al margen de toda emoción positiva, en virtud tan solo de un razonamiento. En un mundo mejor los humanos nos repartiríamos el trabajo: los que no “sintieran” bien, razonarían bien. En el mundo realmente existente, sin embargo, veo un cierto peligro en renunciar a la razón para dejar que decidan sobre nuestro bienestar y nuestra convivencia los buenos sentimientos. Porque, en ese caso, los buenos razonadores que, por mucho que se esfuercen, no consiguen sentir nada, se sentirán sólo culpables. Por su parte, los malos razonadores insensibles o, peor, los que sientan placer en el sufrimiento ajeno, verán legitimados sus nulos o malos sentimientos. Si se trata sólo de “sentir”, el malismo es tan legítimo, en efecto, como el buenismo. Sin un criterio, nuestros buenos sentimientos no se diferencian de los malos. Y si poseemos ya ese criterio, ¿a qué exigirnos buenos sentimientos?

El problema de jugárnoslo todo en el terreno de las emociones es que dejamos de ser dueños de nosotros mismos. El espíritu de la época confirma la vuelta de lo violento “reactivo” y de “lo reactivo” en general; se trata precisamente de una “reacción” comprensible frente a un capitalismo abstracto y proactivo que desencarna los cuerpos o los trata con desprecio e indiferencia. Pero cuidado: esta victoria de lo reactivo sobre lo proactivo, para bien y para mal, determina la facilidad y volatilidad de todas las transiciones: es muy sencillo, quiero decir, pasar del bien al mal. En términos antropológicos, el fascismo es justamente eso: el triunfo de la violencia reactiva frente a la moralidad proactiva o, más claramente, el triunfo negativo de los cuerpos sobre los DDHH. Cada vez más humanos normales sienten creciente necesidad, sí, de pasar a la acción desde cerca. Anhelamos contactos cuerpo a cuerpo y los buscamos emocionalmente, en el mal y en el bien. Pero en ese terreno la violencia reactiva es siempre más atractiva y satisfactoria que la moralidad reactiva.

¿Qué es lo contrario de la empatía? La “antipatía”. Ambas emociones se activan en los cuerpos y entre los cuerpos. Mediante la empatía -suele decirse- me pongo en el pellejo del otro. En contraste con ese proceso milagroso de ocupación consonante, la antipatía, por su parte, puede describirse, al revés, como nuestra resistencia al ingreso del otro en mi propio pellejo. Uno de los nombres de la “empatía” es “compasión”. La expresión extrema de la “antipatía”, en cambio, se llama “asco”. Todas esas formas de odio que tildamos de “fobias” (islamofobia, homofobia, xenofobia) encubren un asco irresistible frente a un otro al que atribuimos la voluntad de penetrar en nuestros cuerpos (físicos o sociales) y de los que, por tanto, nos defendemos con violencia reactiva, como cuando nos sacudimos de encima, de manera instintiva, furiosa, ciega, una avispa pegajosa o una alimaña agresiva. Mucho más que el odio, el asco lleva siempre implícita la violencia; de hecho, el odio sólo se vuelve realmente violento cuando se materializa en asco. Pensemos en el nazismo y su relación con el judío deshumanizado; o pensemos en el sionista y en su relación con el palestino animalizado. En el ámbito de las emociones, la nueva lucha de clases (muy antigua) se libra entre la compasión y el asco. El fascismo es la victoria del asco sobre la compasión (y sobre los principios que el uno desdeña y la otra ignora). Esa victoria combina hoy, como hace ochenta años, la violencia proactiva de las clases dirigentes y la violencia reactiva de la gente común.

El asco, por supuesto, tiene un origen cultural; quiero decir que se fabrica, como se fabrican los paisajes y los cachopos. Pensemos, por ejemplo, en la diferencia entre una cucaracha y un escarabajo. Los dos son artrópodos, insectos y neópteros; por su tamaño y morfología no discrepan tanto. Pero la cucaracha nos da asco y el escarabajo no. ¿Por qué? Porque el escarabajo vive en la naturaleza, en paralelo a nuestros cuerpos, mientras que la cucaracha penetra en nuestras cocinas y parasita nuestros alimentos. Lo mismo pasa con los conejos y las ratas. Eso explica que nuestro asco escoja siempre las mismas metáforas animales antes de desatar la violencia sobre los débiles amenazadores. Los judíos ayer y los palestinos hoy no son “escarabajos” ni “liebres”; son “cucarachas”, “piojos” o “ratas”. La cultura fabrica “cucarachas” y luego fabrica, a partir de ellas, humanos débiles y amenazadores que nuestro asco sorprende en el trance de ocupar nuestras casas, nuestras cocinas, nuestros pellejos.

Hay mucho “asco”, sí, en las agresiones homófobas, cuya violencia espantosa es proporcional al miedo del agresor a alojar en su cuerpo un cuerpo extraño.

Hay mucho “asco”, sí, en las agresiones xenófobas, que serán más numerosas y violentas a medida que nuestros políticos identifiquen más y más a los vulnerables con parásitos invasivos potencialmente letales para el “cuerpo nacional”.

Y he visto también, sí, mucho “asco” en los golpes de la policía en la reciente manifestación estudiantil del 14 de octubre, donde la saña autoalimentada de la porra era inseparable del placer de encontrar una resistencia pasiva y de la fuerza impune descargada una y otra vez sobre cuerpos ajenos a la nación y a la humanidad. 

Cuidado: la cercanía no siempre produce empatía. En una guerra civil, el vecino al que odiamos, ahora en nuestro poder, sucumbe a nuestro furor revanchista. Odiarlo (o no) no depende de nosotros; quizás, además, era realmente odioso. De pronto, frente a él, queremos sentir piedad, pero su presencia no nos emociona: no sentimos nada que pueda protegerlo; lo que sentimos, al contrario, lo condena. Nos da asco. En esta situación, lo único que puede proteger al vecino de nuestra violencia reactiva, allí donde podríamos vengar todos sus desdenes y egoísmos de la última década, es un principio: el principio interiorizado, racional, del valor de la vida humana. 

No es tarea sencilla, cierto, pero es más fácil enseñar a pensar bien que a sentir bien. A eso deberían dedicarse nuestras escuelas, nuestros partidos políticos y nuestras academias de policía.

   

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BYD Atto 8: así es el nuevo SUV eléctrico de 7 plazas que carga del 10 al 97% en 9 minutos

BYD ha presentado en el Salón de París el Atto 8, su nuevo buque insignia SUV de 7 plazas. Llegará a Europa en el primer trimestre de 2027 y estrena la carga ultrarrápida Flash Charging: del 10 al 97% en 9 minutos, y del 10 al 70% en cinco. En frío extremo (hasta -30 ºC) pasa del 20 al 97% en 12 minutos. La marca lo resume como ''listo en 5, lleno en 9, con frío +3''.

Dos versiones: Design RWD y Excellence AWD

Mide 5,04 metros de largo, casi 2 de ancho y 1,76 de alto. Hay dos versiones, ambas con batería Blade de segunda generación de 115 kWh. El Design RWD monta un motor trasero de 462 CV, hace el 0 a 100 en 8 segundos y homologa hasta 653 kilómetros. El Excellence AWD suma un motor delantero hasta 775 CV y 695 Nm, baja el 0 a 100 a 4,6 segundos y se queda en 602 kilómetros.

Por dentro hay techo panorámico de 2,39 metros cuadrados, piel natural en todas las plazas, asientos delanteros y laterales de la segunda fila con calefacción, ventilación y masaje, y tercera fila con reposacabezas regulables. Climatizador trizona de serie, cuadro de 10,25 pulgadas, head-up panorámico de 26 y pantalla central de 15,6 con Google integrado. El Excellence lleva sonido DiSound de 21 altavoces; el Design, 10. Hay nevera (de -6 a 50 ºC), dos cargadores inalámbricos de 50 W y varios USB-C. Con las tres filas en uso el maletero ofrece 270 litros; abatiendo todo llega a 1.960, más un frunk de 136 litros.

BYD planea 3.000 estaciones Flash en Europa para finales de 2027, 300 de ellas en España. El Atto 8 será el primer modelo europeo de la marca con esta tecnología.

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Cuesta 13.590 euros, tiene 345 km de autonomía y es mejor de lo esperado: probamos el Geely E2

Teníamos ganas de probar el Geely E2, porque es el coche más vendido en China y, desde el primer momento, se nota que no es un eléctrico cualquiera de los que están llegando. Es pequeño (4,13 metros), tiene tracción trasera, 116 CV (hay otra versión de 85) y una batería de 47 kWh que homologa 345 kilómetros. Y, sobre todo, tiene un precio que, con descuentos y ayudas, se queda en 13.590 euros. Un preciazazo difícil de ignorar.

Por fuera es simpático, de formas suaves y con voladizos muy cortos. No busca llamar la atención a gritos, pero tiene presencia y el techo bicolor le sienta bien. Por dentro es donde más sorprende, porque está muy bien terminado para el precio. Materiales de buena calidad, todo se siente sólido y el equipamiento es generoso: pantalla de 14,6 pulgadas que responde con agilidad, asientos calefactados, cámara 540º y una lista larga de ADAS.

Las plazas traseras son amplias para el tamaño y además hay buen hueco para piernas y cabeza, piso plano y un detalle práctico que nos gustó bastante: debajo de la banqueta trasera hay un compartimento con tapa y cierres de hasta 28 litros. Ideal para esconder cosas cuando te bajas del coche y no quieres que se vean. El maletero trasero ofrece 375 litros (1.320 abatiendo asientos) y además tiene otro (frunk) delantero de 70 litros.

Al volante: urbano, pero equilibrado

La versión de 116 CV y 150 Nm acelera de 0 a 100 en 11,5 segundos y está limitada a 130 km/h. No es un coche rápido, pero para ciudad y extrarradio sobra. La tracción trasera le da un punto de agilidad agradable y el radio de giro es muy bueno. En uso urbano se mueve con soltura y la insonorización es mejor de lo que esperábamos.

La dirección y la suspensión están orientadas al confort, como corresponde a un coche de este planteamiento, pero el tacto es bastante mejor que el de otros chinos del segmento, que pecaban de demasiado blandos en todo. El E2 se siente más equilibrado, se nota que hay una puesta a punto europea detrás: no se mueve en exceso y transmite más confianza. La dirección es ligera, pero se puede endurecer en los modos de conducción y no resulta desconectada.

En nuestra toma de contacto los consumos se movieron en torno a 12-13 kWh/100 km en uso mixto urbano y extraurbano sin ir especialmente pendientes. Cifras muy buenas. La carga rápida llega a 80 kW, suficiente para pasar del 30 al 80% en poco más de 20 minutos. Precio y conclusión

Es un eléctrico urbano bien hecho, espacioso, con buen equipamiento, consumos bajos y un tacto de conducción más acertado que la media de la competencia china de este precio. No es el más potente ni el más refinado del mercado, pero por lo que cuesta ofrece mucho más de lo que se espera. Si buscas un coche eléctrico práctico para ciudad y algún viaje corto, el E2 es de lo más sensato que hay ahora mismo.

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¡Peugeot se ha vuelto loca! Dos deportivos eléctricos, 1.316 CV y un regreso inesperado

Otra de las novedades que hemos podido ver en persona en el Salón de París ha sido el impresionante Peugeot E-T16 Concept y la impresión es clara: es absolutamente brutal. Un ejercicio de diseño y potencia que, seguramente, no llegue a la calle tal cual, pero también pensábamos lo mismo del Renault 5 Turbo 3E, que sería su rival perfecto… y mira cómo ha acabado la cosa.

Peugeot ha aprovechado el 40 aniversario de las dos coronas del 205 T16 en el Mundial de Rallyes (1985 y 1986) para presentar el coche más potente de su historia. Es un prototipo eléctrico que reinventa el mito del Grupo B con un diseño radical y una cifra que asusta: 816 CV.

El aspecto sigue el mismo lenguaje que nos encontraremos en el próximo E-208. Delante y detrás hay tres largas barras horizontales iluminadas, con el logo de la marca iluminado en el frontal. El capó lleva dos grandes tomas de aire, el paragolpes otras tres entradas generosas, los pasos de rueda están muy ensanchados y las aletas delanteras tienen aperturas para extraer aire. Detrás destaca un difusor doble con dos palas aerodinámicas ajustables y un gran alerón partido que es de lo más destacado del coche. Por cierto, toda la sección trasera de la carrocería se abre para dejar a la vista los componentes mecánicos; así como las barras de seguridad y dos cascos.

No faltan los guiños al T16 original: el gris Winchester Matte, las llantas de 21 pulgadas de diseño exclusivo, la toma de aire delante de las ruedas traseras, el pilar C flotante y una línea roja retroiluminada que recorre el coche de punta a punta.

Por dentro se ve la nueva generación del i-Cockpit y el volante Hypersquare, inspirado en el 9X8 de resistencia. Este volante ya lo probamos en persona hace unos meses en un prototipo y, aunque parece un poco raro a primera vista, es bastante más ergonómico de lo que sus formas dicen, especialmente porque no es necesario girar más de la cuenta, es como en un Fórmula 1. También hay una pantalla táctil central (que no llegará al E-208 de producción), otra panorámica de 21 pulgadas, asientos baquet, jaula antivuelco y materiales como fibra de carbono, aluminio anodizado y malla técnica. El techo, con una malla roja que se desvanece a negro, recuerda al suelo del E-208 GTi.

Más de 800 CV de potencia

La propulsión suma tres motores eléctricos (uno delante y dos detrás) para esos 816 CV y una relación peso/potencia por debajo de 2 kg/CV. El 0 a 100 se despacha en 2,5 segundos y llega a 300 km/h en 16 segundos. Un sistema de vectorización reparte el par entre ejes y entre las dos ruedas traseras. Desde el Hypersquare se puede ajustar la entrega de potencia, la distribución del par, la regeneración, el modo track de la suspensión o el launch control. A la derecha del conductor hay un freno de mano hidráulico vertical que actúa sobre discos de 380 milímetros.

La batería es de 85 kWh, con refrigeración lateral desarrollada por Peugeot Sport. Según la marca, permite tres vueltas completas al Nordschleife sin limitar potencia. Homologa hasta 400 kilómetros y, con arquitectura de 800 V, carga del 10 al 80% en menos de 15 minutos.

Visto en París, el E-T16 no parece un simple show car tibio: tiene presencia, detalle y una ficha técnica de auténtico hypercar eléctrico. Que llegue a producción es otra historia, pero después de lo del R5 Turbo 3E, mejor no descartar nada demasiado pronto.

Y junto a él, el RCZ Vision

Pero lo mejor de todo es que Peugeot no se ha limitado a traer solo este brutal E-T16, en el mismo stand tenían otro concept que no se quedaba atrás en espectacularidad: el RCZ Vision. Es una relectura eléctrica del deportivo que en su día quiso plantarle cara al Audi TT y que, a nuestro juicio, el mercado no valoró como merecía. Conserva el techo de doble burbuja y los arcos que enmarcan el habitáculo, ahora más finos y flotantes, y acentúa el perfil para ganar algo de espacio atrás. Silueta baja, hombros marcados, firma de tres garras en horizontal, alerón trasero activo que se oculta al detenerse y llantas de 21 delante y 22 detrás.

Anuncia 500 CV, hasta 600 kilómetros de autonomía y un consumo de 11,5 kWh/100 km, con batería de estado sólido desarrollada con Factorial Energy (solo 110 milímetros de grosor), arquitectura de 1.000 V y carga del 10 al 80% en 10 minutos. Se apoya en la plataforma STLA One, con dirección y frenos electrónicos, y el mismo volante Hypersquare sin conexión mecánica con las ruedas. Dentro hay cuatro plazas individuales y un i-Cockpit con pantallas Micro LED transparentes, manteniendo mandos físicos para el clima y los modos de conducción.

Tampoco hay confirmación de producción ni precio, pero sí que nos parece que Stellantis ha pisado el acelerador respecto a los últimos años de recortes y circunstancias complicadas, y este Salón de París nos ha confirmado que, por primera vez en cierto tiempo, el Grupo ha querido hacer algo así como un: ''¿coches nuevos aburridos?, sujétame el cubata''.

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Medellín begins demolition of a house owned by Pablo Escobar where alleged ‘satanic rituals’ took place

Medellín city hall has begun demolishing a house that once belonged to drug lord Pablo Escobar in the Diamante 2 neighborhood of the El Poblado district in the capital of Antioquia. The property, one of the many owned by the head of the Medellín Cartel, who was killed in 1993, had been abandoned, although authorities say it was being used to hold satanic rituals, for sexual activity, and for drug use. It had also become a security problem in one of the city’s most tourist-heavy neighborhoods. On Tuesday, the local administration began intervening on the site.

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© Alcaldía de Medellín

Demolition work on Pablo Escobar's house in Medellín on Wednesday.
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US lifts sanctions against Jorge Rodríguez, president of Venezuela’s National Assembly

Jorge Rodríguez in Caracas, April 10.

The United States on Wednesday lifted sanctions against Jorge Rodríguez, president of Venezuela’s National Assembly and brother of the South American country’s interim president, Delcy Rodríguez, the Treasury Department reported.

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Experts warn of ‘legal loophole’ surrounding Cornell 7 sexual assault case

The civil lawsuit over an alleged gang rape at Cornell University has reignited criticism of a “legal loophole” that complicates many sexual assault cases in New York. The debate centers on a key point in state law: it is extremely difficult for a sexual assault victim to obtain justice if they voluntarily consumed alcohol or drugs before being abused.

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© Lauren Petracca (REUTERS)

A student at one of the protests following Jane Doe’s complaint, in Ithaca, New York, October 5.
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Checks for voters, Trump’s strategy to turn the midterms around

Donald Trump’s latest financial promise, a $90 check for people enrolled in Medicare, will be sent out in October to millions of older adults in the run-up to midterm elections that will decide control of Congress, with Republicans facing voter discontent over the president’s economic record.

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© Nathan Howard (REUTERS)

Donald Trump attends a rally at Butler High School in Vandalia, Ohio, on October 3.
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