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Macron acusa a Trump y Netanyahu de azuzar las protestas con fines electorales

El motor y el zumbido de las aspas del helicóptero de la policía, que sobrevuela el centro de París con un potente foco que alumbra sus callejones desde hace dos días, es lo único que rompe el silencio impuesto en las últimas noches. La capital de Francia, como las otras grandes ciudades donde hubo disturbios el pasado sábado, se ha blindado a través de un despliegue policial enorme y toques de queda que restringen los movimientos de los ciudadanos a partir de las nueve de la noche. Pero el ruido continúa durante el día en la esfera política y mediática y en las redes sociales, donde se cocina la manifestación convocada para el sábado: el segundo acto, según los chalecos amarillos.

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© Stephane Mahe (REUTERS)

Un grupo de transeúntes pasa por delante de uno de los comercios saqueados en París.
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Los partidos de Francia se unen para culpar al izquierdista Mélenchon de la violencia

Francia está asediada por las protestas y el vandalismo desatado tras las manifestaciones de las últimas semanas. Unas 800.000 personas salieron en unas 110 marchas a la calle el sábado. Después llegaron los saqueos y los incendios. Murió una persona, y los ayuntamientos de Limoges, Marsella y Lille sufrieron gravísimos daños. Hay más de 2.000 detenidos, y las grandes ciudades de Francia decretaron toques de queda por las noches. El Ejecutivo ha admitido haber perdido el control de la situación, el ministro del Interior presentó su dimisión, aunque fue rechazada por el presidente de la República, Emmanuel Macron. Pero antes de que se apagaran los primeros incendios, la clase política ya tenía un culpable: Jean-Luc Mélenchon.

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Un mujer observa los coches calcinados en una calle de París, este martes.
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Who stands to gain from France’s unrest?

Part of Paris’s 3rd arrondissement, ground zero of the city’s bo-bo (bourgeois-bohemian) universe, had burned the night before under the banner of student protests. The black smoke from torched plastic garbage bins, rental bikes piled into barricades and street signs drifted into homes around 8 p.m., and its stench never really left.

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© Abdul Saboor (REUTERS)

A protester next to a burning vehicle during a demonstration against the rising cost of living and fuel prices in Paris, France, on Saturday.
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Los que se frotan las manos con los disturbios en Francia

Una parte del distrito tercero de París, zona cero del universo bo-bo [la expresión burgués-bohemio] ardió la noche antes con el pretexto de las protestas estudiantiles. El humo negro del plástico quemado de contenedores, bicicletas de alquiler amontonadas en barricadas y señales de tráfico entró en las casas sobre las ocho de la tarde y su hedor ya no despareció. Las granadas de gases lacrimógenos de la policía trazaban una parábola tan alta para llegar hasta el otro lado de la calle, donde estaban los manifestantes, que pasaban delante de la ventana de un sexto piso como gorriones. Y mientras el periodista terminaba una crónica sobre la vida de los otros, una columna de humo negro, como una chincheta de Google Maps, indicaba el punto exacto donde había aparcado el coche. Aunque eso fuera a descubrirlo más tarde.

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© Abdul Saboor (REUTERS)

Un manifestante junto a un vehículo en llamas durante una protesta contra el coste de la vida y los precios del combustible en París, Francia, este sábado.
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Vincent Cassel: ‘There are things that are good for your career and others that you like: always do the latter’

There is a generation of filmviewers that cannot separate Vincent Cassel, 59, from the 1995 movie La Haine (Hate), where he dominated the screen. Although more than three decades have passed, Mathieu Kassovitz’s film was already exposing the seams of modern France. A Jewish kid from the Parisian suburbs, inflamed by frustration, resentment, the poison of social exclusion, a constant sense of injustice and a desire for revenge after a friend gets killed by the police. Vince, but also Saïd and Hubert, his closest friends, formed a trio that would be unlikely today in the banlieues of the Paris periphery. An Arab, a Black man and a Jew united by that prescient smell of fracture, exclusion and identity conflicts that began to feed the hatred and stoke the fire of the far right.

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Production: Nono Vázquez. Photography assistants: Emilio Azevedo and Adrián Wong. Production assistants: Laura Gimenez and Isabel Orozco. Makeup and hair: Anne Bochon. Movement direction: Pauline Gudet. Video: Daniele Vaia. Studio: Paul Le Cacheux Photographer.

© Nick Thompson

Vincent Cassel, photographed in Paris.
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Eric Sadin: ‘AI reeks of death’

Éric Sadin gets up and paces around the living room of his Paris apartment when an argument excites him. His own voice urges him to do so. He has developed a critical body of thought, brimming with striking headlines and elegant analyses of the future, riding the philosophical and social thinking of the last century to arrive at a scathing conclusion across some 10 books: we have become idiots, and we are on our way to becoming even bigger idiots.

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© Manuel Braun (EL PAÍS)

Éric Sadin, photographed at his home in Paris on March 26.
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