Por qué Batman lleva descubierta la mitad de la cara
Mi dedo gordo haciendo scroll arrancó al móvil este fin de semana un montaje cinematográfico aparentemente fortuito digno de Cuarón: en una alfombra roja en Los Ángeles, Taylor Swift desfilaba con un vestido azul hielo de Dior mientras las lunas de una tienda de esa misma firma en París estallaban bajo barras blandidas por vándalos; sobre la pasarela escarlata, hora estándar del Pacífico, la bella Ana de Armas paseaba con un vestido de terciopelo de Louis Vuitton y simultáneamente, en huso de Greenwich pero dominios napoleónicos, unos bárbaros atacaban la tienda del malletier que en España conocemos como Luisvi. Ardían las insignias de la costura francesa y también el Ayuntamiento de Limoges, el lugar donde nace la porcelana más fina de Occidente mientras en Hollywood las estrellas lucían lujo europeo. Reinaba el caos en las Galias pero al otro lado del Atlántico Trump tenía listo un veredicto en su red social. Tal vez su movimiento se llama MAGA porque es capaz de sincronicidades que se antojan cosa de brujas. Ya ocurrió cuando 72.000 personas entraron a España y en menos de 48 horas Elon Musk tenía un tuit xenófo sobre un lugar tan ajeno a él como Ceuta. “Parece Guerra Mundial Z”. Ni un día necesitó el presidente de Estados Unidos: “Francia está en llamas. La inmigración de personas procedentes de un mundo totalmente diferente ha destrozado ese país que en su día fue grande. Cierren sus fronteras y tomen el control, antes de que sea demasiado tarde”. Efectivamente, en las imágenes se puede ver, muy convenientemente, la piel de los asaltantes, lo que facilita deducciones asquerosamente racistas. Justo por eso, reza un meme, Batman lleva la mitad de la cara descubierta: para que la policía sepa que es blanco. Decía el poeta negro Gil Scott Heron en ese manoseado poema sobre el que se asienta el género contestatario urbano por excelencia, el rap, que cuando llegue la revolución no la veremos en pantallas. Añado: pero en ellas encontraremos pistas para descifrarla.

© Stephanie Lecocq (REUTERS)