❌

Normal view

Seguro agradece a todos os que servem no Exército

24 October 2026 at 10:41

O Presidente da República assinala hoje o Dia do Exército com uma mensagem escrita em que expressa reconhecimento a todos os que nele servem “num contexto internacional cada vez mais complexo, exigente e imprevisível”.

Numa mensagem publicada no sítio oficial da Presidência da República na Internet, António José Seguro menciona que o Dia do Exército “tem como referência histórica a tomada de Lisboa, em 1147, pelas tropas de D. Afonso Henriques” e recorda os que combateram por Portugal no passado.

“Nas comemorações deste ano, realizadas na cidade do Porto, é de inteira justiça reconhecer o compromisso e a dedicação das mulheres e homens que servem o Exército português, cumprindo as suas missões em território nacional e além-fronteiras”, considera.

O chefe de Estado e comandante supremo das Forças Armadas agradece o “profissionalismo e sentido de dever” de todos os que no presente “contribuem diariamente para a defesa da liberdade, da soberania e dos interesses nacionais, num contexto internacional cada vez mais complexo, exigente e imprevisível”.

“Ao Exército Português, o Presidente da República dirige uma saudação especial para que continue a honrar o seu legado de coragem, resiliência e perseverança, a servir os portugueses e a preparar-se para o futuro de Portugal”, lê-se no texto.

Nesta data, António José Seguro também presta homenagem “a todos os soldados que, com a sua bravura e compromisso, ajudaram a construir Portugal”.

“É igualmente justo recordar todos aqueles que serviram Portugal nas fileiras do Exército, em particular os antigos combatentes, cujo exemplo continua a inspirar as gerações atuais”, afirma.

O conteúdo Seguro agradece a todos os que servem no Exército aparece primeiro em O MINHO.

Perder las formas

24 October 2026 at 04:30
.

Manuel Fernández-Montesinos apenas se acordaba de su padre ni de su tío Federico, asesinados los dos, con un día de diferencia, cuando él tenía cuatro años. Las fotos le concedían un espejismo de memoria. En la vida de un niño las personas desaparecen y nadie se ocupa de darle explicaciones, por un deseo de protección que a Fernández-Montesinos le pareció siempre equivocado. El padre y el tío tan querido unas veces están y otras ya no están, y ni siquiera vuelven a aparecer en ese porvenir indeterminado de la conciencia infantil, regresados de un viaje, trayendo ese regalo que quizás el niño no olvide nunca, aunque no pueda recordar al que fue su porrtador. El espacio en blanco de los muertos lo ocuparon en la niñez y la juventud de Manuel Fernández-Montesinos dos hombres mayores que a él se lo parecerían más aún, físicamente bien sólidos, a diferencia de los queridos fantasmas fotográficos, con un aspecto formal de señores de otro tiempo, casi de otro siglo: su abuelo Federico y quien él llamó siempre el tío Fernando, Fernando de los Ríos. En las fotos don Federico García Rodríguez tiene una gran cabeza cuadrada sobre un torso cuadrado y fornido, más rotundo aún por los hombros rectos y las anchas solapas de la chaqueta de un traje negro que durante los últimos nueve años de su vida fue un traje invariable de luto. En el paraíso de la Huerta de San Vicente, en la que el niño conoció y perdió muy pronto la eternidad feliz del verano, el abuelo era el gigante bondadoso que velaba por el nieto y le regalaba caramelillos y herramientas de hortelano hechas a la medida de las manos y las fuerzas infantiles por un herrero amigo. La silueta de encina del abuelo se recorta con la misma nitidez en la huerta familiar, en la cubierta del barco donde lo que queda de la familia va a exiliarse en Estados Unidos, en la orilla del río Hudson y entre los robles y los arces de Riverside Park, donde el antiguo niño hortelano ahora juega al beisbol y habla inglés sin ningún rastro de acento.

Seguir leyendo

❌