Stefan Schmitz: «En el futuro habrá altas temperaturas, enfermedades y plagas»
Un bote salvavidas de la humanidad, una reserva científica que custodia y conserva todas las variedades de semillas procedentes de cada parte, región y país del mundo. Una verdadera arca de Noé. El mejor legado que vamos a dejar a las generaciones futuras en un mundo con unos cimientos políticos, sociales y naturales cada vez más frágiles. «Es un símbolo silencioso de la cooperación internacional. Es imprescindible y funciona porque existe un compromiso firme detrás de ello, de personas que ven la gran oportunidad que supone para la humanidad tenerlo. Es un ejemplo de lo que somos capaces de hacer si nos mantenemos firmes y unidos. Ahora tenemos semillas de Corea del Norte y del Sur, de Ucrania y de Rusia. Aquí no hay fronteras». Sentado en un sillón, Stefan Schmitz, director ejecutivo de Crop Trust, la organización internacional que financia la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, explica la importancia de este proyecto. Una labor reconocida con el [[LINK:TAG|||tag|||6336131f1e757a32c790b8e6|||Premio Princesa de Asturias]] de Cooperación Internacional.
¿Qué le preocupa del futuro alimentario del mundo?
El cambio climático. A mediados o finales de siglo vamos a tener que enfrentarnos a un mundo con temperaturas unos tres o cuatro grados por encima de las actuales. Junto a esto, habrá nuevas pestes, enfermedades, plagas y circunstancias agrícolas.
Eso supone...
El mundo nunca se ha enfrentado a un cambio tan abrupto en las condiciones climáticas en un plazo de tiempo tan corto. Para la agricultura humana es un desafío. El valor nutritivo de los cultivos disminuye por las altas temperaturas y la falta de agua. Las plantas no producen tantas vitaminas y nutrientes. Hoy ya es difícil cultivar alimentos saludables y nutritivos, y ese problema empeorará. Es otra urgencia para las políticas agrícolas y alimentarias. Al mercado hay que llevar alimentos saludables y nutritivos que sean asequibles para todos, pero eso será un reto. Lo vemos en los países del sur del mundo. Allí, pocos pueden permitirse alimentos saludables. Son caros. Si las temperaturas aumentan, la agricultura será más difícil, los suelos se degradarán y habrá escasez de agua. A eso hay que sumar la necesidad de sistemas alimentarios más justos que ofrezcan la posibilidad de acceder a alimentos. Aparte, el tipo de agricultura actual es uno de los factores que impulsan muchos de los problemas ecológicos a los que nos enfrentamos.
¿Una clave?
Asegurarnos de preservar la diversidad de cultivos, en cuanto a las especies como a nivel genético. Hay que conservar esa variedad para que podamos recurrir a ella y que los investigadores puedan encontrar nuevas variedades. Esa reserva genética de plantas comestibles es la materia prima para la investigación y el cultivo posterior de esas plantas. Los investigadores y los cultivadores tienen que poder recurrir a ella.
¿Llegamos tarde? La biodiversidad se está reduciendo.
Llegamos tarde, pero no demasiado tarde. Cada año que esperamos y no actuamos, la situación empeora. Necesitamos preservar esa biodiversidad para protegernos y poder utilizarla. Espero que haya una mayor concienciación entre los políticos sobre este tema, porque es algo básico para la vida. Dependemos de ello y tenemos que aprovecharlo. La mejora y la evolución de las semillas y las plantas son necesarias para la supervivencia en el futuro. Es parte de la solución. La otra parte, consiste en utilizar cultivos que existen y ampliar su presencia, porque dependemos de unos pocos cultivos, como el trigo, el maíz, el arroz, las patatas, la soja y las legumbres... Sin embargo, hay miles de plantas comestibles. Existen muchas cultivos olvidados e infrautilizados que merecen una mayor atención por parte del mercado.
«Para nuestra supervivencia es necesario mejorar las semillas de los cultivos»
Stefan Schmitz
¿Como?
El sorgo es un cultivo que puede permitir ampliar la diversidad de nuestros platos y proporcionar alimentos saludables y una dieta más sana. Para eso no se necesita una gran inversión en nuevos cultivos, sino comercializar los que ya existen.
¿Habrá hambrunas?
Ha habido hambre en el pasado y sigue habiéndola en el mundo. Hoy hay más de 70 millones de personas que pasan hambre. Es inaceptable. Durante mucho tiempo se creyó que podríamos acabar con el hambre en el mundo. No hay ninguna razón para no conseguirlo, pero, con el cambio climático, se ha convertido en una batalla difícil de ganar. Es una lucha contra un nuevo enemigo al que tenemos que vencer.
La agricultura está en manos de pocas empresas. ¿Eso afecta?
La agricultura, la sociedad y la economía están ligadas, y sería demasiado simplista no admitirlo. Nunca hay que poner todos los huevos en la misma cesta, y cuando observamos nuestros sistemas alimentarios vemos eso. Lo que se está haciendo es muy arriesgado. Nos basamos en una variedad de semillas muy pequeña, que, muchas veces, se cultivan en monocultivo. ¿Y si surge alguna plaga? Es un riesgo elevado. A eso se suma que la producción de alimentos y semillas está en manos de pocos actores globales. Pero eso no quiere decir que los grandes productores no puedan contribuir a las soluciones que necesitamos. Para ello harían falta voluntad política.
La resistencia a las sequías y al calor, ¿serán características de las plantas en el futuro?
Podría mencionar semillas que podrían sobrevivir mejor en el futuro, como las del sorgo. Este cultivo puede convertirse en un actor principal, como lo son hoy el trigo, el maíz y otros cultivos. Hay otras variedades de las que poca gente ha oído hablar y que seguramente nunca se convertirán en cultivos de alcance global, pero que sí pueden desempeñar un papel regional de enorme importancia. Incluso pueden ofrecer soluciones a los problemas alimentarios derivados del cambio climático. Por eso tenemos que asegurarnos de que podamos ayudar a los países a conservar sus recursos, porque son importantes para el mundo en su conjunto, aunque se utilicen a escala local.
¿Por qué?
Sabemos que las temperaturas van a aumentar. Habrá enfermedades y plagas. Todo va a cambiar. Es muy difícil predecir qué va a ocurrir. Puede haber miles de soluciones para miles de lugares concretos, como ocurría antaño. Tenemos que conservar todo lo que se ha desarrollado a lo largo de más de 10.000 años, porque esas semillas ofrecen muchísimas respuestas a los desafíos a los que nos vamos a enfrentar. Cada semilla representa una oportunidad. Conservarlas podría ser la clave para resolver los problemas del futuro.


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