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MUDE lança primeira coleção cápsula de moda circular

Éxitos y fracasos de las famosas que decidieron pasarse al mundo empresarial: las marcas que han triunfado y las que han cerrado
Parece que la carrera de Jennifer Lawrence va a dar un paso más hacia una nueva aventura al lanzar Mes Beauty, una marca de productos de belleza. La actriz de 36 años se lanza hacia el "cuidado capilar biodiseñado" que promete ofrecer "una nueva perspectiva sobre la belleza", diseñada junto a la empresa de biotecnología cosmética Arcaea.
Aunque no ha dado muchos detalles más, sabemos que se lanzará el próximo 27 de octubre y hay un formulario de inscripción en línea para aquellos que quieran "despertar su curiosidad". Y así, de esta forma, Lawrence se une al club de famosas que se mete dentro de la industria de la moda y la belleza con una firma propia.
Tener un nombre puede ayudar a despegar tu marca, pero nunca impedirá que se estrelle o se hunda como otra cualquiera, como ya ha ocurrido con las firmas de otras celebrities. A veces, la transición de actriz, modelo o cantante a una diseñadora de moda en ciernes o a una magnate del sector beauty es perfecta. Pero otras, sin embargo, pueden convertirse en una de las mayores manchas de su currículum.
Famosas con las firmas más exitosas
1. Rihanna
Durante años (y hasta que Taylor Swift le quitó el puesto), Rihanna ha sido la mujer más rica de la industria musical, pero no fue por su portentosa voz. La de Barbados ha reunido una gran fortuna gracias a sus marcas Fenty Beauty y Savage x Fenty, dos de las marcas más reputadas dentro de la belleza y la lencería, respectivamente.
2. Las hermanas Olsen
Las hermanas mayores de la Bruja Escarlata, Ashley y Mary-Kate Olsen son las diseñadoras y creadoras de The Row, una de las marcas de lujo silencioso más exitosas. Sus prendas de líneas simples y gran calidad han conseguido colarse en el armario de las que más saben de moda desde el 2006.
3. Selena Gomez
Tras salir de Disney, Selena Gomez se ha convertido en una de las cantantes y actrices más exitosas dentro del mundo del entretenimiento, pero no se queda ahí. Hace un par de años saltó al mundo empresarial con Rare Beauty, una de las firmas de maquillaje más amadas que, además, lucha contra los estándares de belleza y aporta un impacto positivo en la salud mental con la creación de la fundación Rare Impact.
“Cuando creé la marca, me aseguré de que estuviera respaldada por un mensaje positivo, que fuera más que una línea de maquillaje. Todo lo que hacemos tiene que ver con la salud mental, y espero que gracias a la fundación Rare Impact (a la que dona un 1% de todas sus ventas globales) podamos cambiar las vidas de muchísima gente al darles los recursos que necesitan para mirar al futuro y sacudirse los estigmas asociados a las enfermedades mentales”, comentaba en una entrevista.
4. María Pombo
Dentro del panorama español, también tenemos ejemplos de marcas exitosas creadas por famosas, como Name The Brand de María Pombo. La influencer sacó la firma hace varios años y desde entonces se ha convertido en la favorita de sus compañeras de profesión.
Sus prendas se caracterizan por seguir las tendencias, aunque también cuentan con un estilo propio más delicado y minimalista que ha conseguido calar en el corazón de su público.
5. Marta Lozano
En el plano beauty español, es Marta Lozano la que tiene una de las empresas de cosmética más exitosas entre las influencers. La valenciana ha comentado en varias ocasiones que durante su adolescencia padeció un acné severo y el estrés de su trabajo la hace pasar periodos complicados con su piel, por lo que creo Glowfilter, una marca que satisface todas sus necesidades y que cuenta con una gran legión de fans.
Marcas de 'celebrities' que fracasaron
1. Jennifer López
Canta, baila, actúa... Pero no todo puede ser perfecto. En el 2003, Jennifer López sacó su marca de moda Sweetface Fashion y aunque le fue bien un par de años, la firma echó el cierre definitivo en 2009.
2. Lindsay Lohan
Quién tampoco ha tenido suerte en sus negocios ha sido Lindsay Lohan. La actriz ya ha cerrado varios de sus restaurantes, pero también le tuvo que dar el adiós definitivo a su marca 6126. Esta firma de ropa inspirada en Marilyn Monroe (que nació el 1 de julio de 1926), estaba enfocada a vender mallas y leggings, pero los precios desorbitados de sus prendas le hicieron fracasar.
3. Jessica Simpson
En 2004, Jessica Simpson quiso cambiar para siempre la industria de la belleza cuando lanzó Dessert Beauty, supuestamente la primera línea de productos de belleza comestibles que incluían brillo de labios, crema corporal, fragancias, mist para el cabello y el cuerpo, champú y gel de baño.
Sin embargo, su packaging infantil con nombres provocativos como Trya My Papaya (prueba mi papaya) e instrucciones subidas de tono como el de una de sus cremas ("úntatelo a ti mismo o a un amigo para estar completamente suaves y deliciosos") no fueron del agrado de todos. Finalmente, debido a este y varios escándalos más relacionados (la misma Jessica Simpson se puso enferma por usarlos durante una sesión de fotos y uno de sus aromas atraía a las abejas), la firma cerró en 2006.
4. Úrsula Corberó
Tras ganar acabar su contrato de la serie Gran Reserva y después de unos meses de sequía profesional Úrsula Corberó quiso probar suerte en el mundo de la moda y en el 2012 montó una tienda de ropa, franquicia de unos amigos de sus padres, ubicada en la milla de oro de Madrid que sería el plan B perfecto por si su carrera en el mundo de la actuación llegaba a su fin.
Como todo fue bien, en 2014 creó Ursulolita, su propia marca de estética hippy en la calle Claudio Coello de la capital. Sin embargo, competir con grandes firmas de lujo, el alto alquiler (unos 4.000 €) y las pocas ventas, le llevó a cerrar en el 2016.
5. Natalie Portman
En el 2008, Natalie Portman quiso probar suerte como diseñadora creando una línea de zapatos veganos con Té Casan. Su colección consistía en una veintena de modelos realizada en materiales ecológicos con un precio que rondaba los 200-300 dólares.
Muchas personas encontraron los zapatos demasiado caros para el diseño que tenían y no fueron un éxito tan grande como esperaban en un principio, por lo que ese mismo año la empresa se vio obligada a cerrar por las bajas ventas.

“Nicola Trussardi? Oggi lo chiameremmo visionario, allora il circoletto della moda diceva che era strano. Le sfilate generano traffico e caos, sono solo un problema per i cittadini”: Alberto Racca parla del rilancio del brand
Nel primo ricordo che Alberto Racca ha di Trussardi c’è una vecchia valigia portabiti, realizzata con due tipi di pelle, finiture e logo a contrasto e “una cura quasi maniacale per i dettagli”. Non un abito da passerella né una campagna pubblicitaria, ma un oggetto di uso quotidiano che vedeva circolare in casa molti anni prima di diventare amministratore delegato del marchio.
«Quello che mi colpiva era il gusto. Si vedeva che c’era un lavoro meticoloso di ricerca della bellezza tramite il dettaglio» racconta a FQMagazine. Una memoria personale che, a distanza di oltre vent’anni, è diventata anche una chiave per rileggere la storia della maison. Perché in quella valigia c’era tutto ciò che Nicola Trussardi aveva immaginato per il suo marchio: un’eleganza concreta, riconoscibile e soprattutto capace di accompagnare le persone nella vita di tutti i giorni.
Oggi quel nome appartiene al gruppo Miroglio, che lo ha acquisito nel 2024 dopo una lunga crisi aziendale. La nuova gestione sta cercando di restituirgli una posizione sul mercato, recuperando proprio la visione del suo artefice. L’occasione per parlarne è il ritorno di Trussardi al Salone Nautico di Genova, dove il marchio è stato coinvolto nell’allestimento di alcuni spazi istituzionali e della Vip Lounge, attraverso Trussardi Casa, oltre che nella realizzazione di una capsule collection.Un’iniziativa che rimanda alle collaborazioni attraverso le quali Nicola aveva costruito, decenni prima che diventasse una strategia diffusa, un universo attorno al proprio nome. Ma per capire che cosa Trussardi voglia essere oggi bisogna tornare indietro, alla storia di un imprenditore considerato da molti un outsider, a quando quel levriero era il simbolo della Milano da bere.
Nicola Trussardi, il guantaio bergamasco che inventò il lifestyle
La storia di Trussardi comincia a Bergamo nel 1911, quando Dante Trussardi apre un laboratorio di guanti di qualità tale da finire tra i fornitori della famiglia reale britannica. La svolta arriva con il nipote Nicola, che all’inizio degli anni Settanta prende in mano l’azienda di famiglia. Accanto a lui c’è Maria Luisa Gavazzeni, conosciuta quando lei aveva 16 anni e lui 18, sposata dieci anni dopo e al suo fianco in azienda per tutta la vita.
Nicola ha il fascino del divo e l’istinto del commerciante: lancia il primo profumo nel 1980, la prima collezione di abbigliamento nel 1983, il secchiello, i jeans, gli occhiali, perfino biciclette e telefoni. Arreda la lounge Alitalia di Fiumicino, collabora con Alfa Romeo, nel 1988 veste la nazionale italiana alle Olimpiadi di Seul e dà il nome al PalaTrussardi. Negli anni Ottanta il levriero diventa ben presto il marchio della Milano da bere e dell’Italia di Bettino Craxi, con cui Nicola è in buoni rapporti: per un congresso del Psi disegna perfino le divise delle hostess, giacche bianche con garofani rossi stilizzati.
Il levriero, appunto, lo scelse lui, e non a caso. «È il simbolo di un lusso non urlato. Il levriero sta davanti agli altri, però non ostenta», spiega Racca. Per il manager, economista teorico di formazione, le intuizioni di Nicola furono tre: il logo, usato quando ancora non era una pratica comune; il coraggio di portare il marchio in territori lontani dalla moda, «visti anche con un certo scetticismo»; e la cultura, con eventi creati insieme ad artisti, intellettuali, registi e cantanti.
«L’obiettivo di Nicola era creare oggetti utili, che si trattasse di un abito o di un cellulare. Spesso la moda sembra seguire la filosofia dell’“arte per amore dell’arte”: fare moda per il gusto di fare moda, per il bello, per la creatività. Ma la moda è arte per amore della vita. Questo era un concetto fondamentale per Nicola: la moda nasce dall’amore per la vita, per accompagnare la quotidianità». Una contaminazione tra moda, cultura e industria che oggi può sembrare ordinaria, ma che allora suscitava anche perplessità.
«Nicola Trussardi è stato uno dei primi, qualcuno dice il primo, a parlare di lifestyle, a declinare il concetto di eleganza e di attenzione al dettaglio in un posacenere, nelle auto, nei profumi, negli occhiali, prima di tanti altri» sottolinea Racca. Una scelta che racconta molto anche del suo carattere. «Umanamente mi colpisce perché ora la leggiamo come avanguardia, oggi lo chiameremmo visionario. Il mercato lo apprezzava, ma era percepito come strano dall’intellighenzia, dal circoletto della moda di quel tempo» osserva il manager.
Un’impressione che trova un’eco nelle parole pronunciate dal figlio Tomaso nel 2024, durante un’intervista al podcast 1% di Giacomo Freddi. L’erede aveva sostenuto che il padre fosse stato osteggiato dagli altri stilisti perché proveniva da Bergamo, non era uno stilista di formazione e, secondo la sua ricostruzione, anche perché «non era gay». «Lo trattavano come un diverso» aveva dichiarato, offrendo una lettura personale delle difficoltà incontrate dal padre nel farsi accettare dall’ambiente della moda.
Nicola, in ogni caso, aveva trovato un modo per non chiedere il permesso a quel mondo: portare la moda direttamente alle persone. Tra le iniziative più sorprendenti ci furono le sfilate organizzate in Piazza Duomo e alla Stazione Centrale di Milano, dove i viaggiatori potevano imbattersi in uno spettacolo solitamente riservato a pochi invitati. È proprio la sfilata alla Stazione Centrale l’episodio che più ha colpito l’immaginario di Racca: «In questi luoghi ci passano i pendolari, chi vive in periferia e torna a casa sua dopo una lunga giornata di lavoro e si trova la sfilata davanti. Era un chiaro segnale di cosa fosse Trussardi».
Come riuscì Nicola a difendere intuizioni tanto lontane dalle convenzioni del settore? «È una di quelle domande che avrei voluto fare a lui» confessa il ceo. Di una cosa, però, si dice convinto: «Aveva un’idea chiara sul brand e sul valore che potesse avere nel mondo».
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La famiglia Trussardi, i due incidenti e un’eredità difficile da raccogliere
Dietro l’imprenditore capace di conquistare la Milano degli anni Ottanta c’era anche un padre di quattro figli: Beatrice, Francesco, Gaia e Tomaso. Un uomo che, secondo i ricordi della primogenita Beatrice, era “la parte emotiva della famiglia”, amava la fotografia, portava i figli a conoscere l’arte e qualche volta si presentava persino nella loro scuola per spiegare ai bambini come si conciasse la pelle. Quella storia familiare, intrecciata al successo del marchio, cambia bruscamente nell’aprile del 1999, quando Nicola Trussardi muore a 56 anni in un incidente automobilistico sulla Tangenziale Est di Milano. La guida dell’azienda passa alla generazione successiva, in particolare a Francesco e Beatrice, ma appena quattro anni dopo, nel gennaio del 2003, un altro incidente d’auto si porta via Francesco, il figlio su cui erano riposte importanti responsabilità imprenditoriali.
Due tragedie che segnano profondamente la famiglia. Beatrice prosegue l’attività aziendale e sviluppa la Fondazione Nicola Trussardi, portando avanti quel legame con l’arte che aveva contraddistinto il padre. Gaia, invece, diventa direttrice creativa nel 2013, prima di lasciare l’incarico nel 2018, mentre Tomaso assume un ruolo sempre più centrale nella gestione del business. Non mancano i tentativi di rinnovamento, le nuove collezioni, i progetti legati alla ristorazione e al lifestyle. Eppure, nel corso degli anni, qualcosa nell’equilibrio tra creatività, identità e risultati economici comincia a incrinarsi.
Nel tentativo di spiegare cosa non abbia funzionato in questo passaggio, Racca spiega: «Nella moda c’è sempre un equilibrio tra arte e scienza e, trattandosi anche di arte, c’è sempre una componente personale». Con il passare del tempo e l’avvicendarsi delle persone, «magari persone con sensibilità forti e talvolta disallineate l’una dall’altra», il rischio è perdere rilevanza. «Se dovessi dare una mia lettura di ciò che è successo in quegli anni, è proprio questa: sensibilità diverse hanno faticato a tenere questo equilibrio e hanno perso di vista il cliente». Una riflessione che non pretende di esaurire le ragioni della crisi, ma che, in fin dei conti, come spiega il ceo, mette a fuoco un problema ricorrente anche nell’industria della moda: come continuare a innovare senza smarrire ciò per cui un marchio era stato scelto dai suoi consumatori.
Il declino e il rilancio fallito
Nel 2019 la famiglia cede il controllo: il fondo QuattroR rileva circa il 60%, Tomaso resta socio e presidente fino al 2021. Il nuovo amministratore delegato, l’americano Sebastian Suhl, tenta la svolta più radicale della storia del marchio e affida la direzione creativa a Benjamin Huseby e Serhat Işık, fondatori dell’etichetta berlinese GmbH, molto amata dalla scena dei club.
La prima collezione, a marzo 2022, è tutta nera, con molta pelle e un’aria vagamente sovversiva. Palazzo Trussardi alla Scala riapre con caffè e ristorante firmati Giancarlo Perbellini, Vogue America scrive che il marchio «si sta scrollando di dosso la polvere». Ma i vecchi clienti non si riconoscono e i nuovi non arrivano. Ad aggravare la situazione ci sono anche la pandemia e le sanzioni alla Russia, uno dei mercati chiave.
A febbraio 2023 si dimettono così il consiglio di amministrazione e l’amministratore delegato. Poche settimane dopo se ne vanno anche Huseby e Işık, dopo tre sole stagioni. Restano 51,5 milioni di debiti, una procedura di composizione negoziata della crisi e circa duecento dipendenti appesi agli ammortizzatori sociali.
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Il nuovo corso di Trussardi: recuperare Nicola senza vivere di nostalgia
Nel marzo 2024 la famiglia Trussardi esce definitivamente dalla proprietà del brand e arriva l’acquisizione da parte del gruppo Miroglio, che rileva il marchio, l’archivio storico, i diritti di licenza e una rete di 15 punti vendita italiani. Lo stile è affidato a una squadra di designer. Le ragioni dell’acquisto, per Racca, stanno nella «combinazione di credibilità del brand, storia, value proposition, rilevanza oggi e posizionamento, anche di prezzo». Le paure? «In tutte queste situazioni c’è sempre la paura di quello che non sai di non sapere». E poi c’è la questione della coerenza, ovvero il rischio di snaturare un’eredità così ampia: «È la sfida più grande ed è anche quella che non ti fa dormire di notte».
Nicola ripeteva che la moda doveva essere per molti, non per pochi. Racca precisa: «Per molti è diverso da per tutti. Penso che la massificazione abbia un po’ stancato». Il posizionamento è «premium, affordable, non è lusso», per clienti che, dopo l’abbuffata del fast fashion, cercano «pochi capi che però hanno un significato, che puoi anche scoprire nel tempo, un po’ come è capitato a me con la valigia». Poi aggiunge: «Dopo il Covid, c’è stato un aumento dei prezzi scorrelato dall’aumento del potere d’acquisto. Il rischio è abbandonare un cliente nella cui vita il marchio ha comunque un ruolo. Noi non siamo una torre d’avorio».
Oggi però, il cliente Trussardi non si limita a vestirsi. Da qui, ancora una volta, la scommessa lifestyle: la linea Trussardi Casa e le branded residences a Dubai, «fully furnished, in cui tutto è Trussardi», precisa il ceo. «Non trovi tanti brand premium di cui scriveresti il nome a fianco al termine “residences”». Il rischio di confondere le acque c’è, e Racca non lo nega. «Il cliente Trussardi è sempre lo stesso, ma fa cose diverse nella vita. L’obiettivo è accompagnarlo in ogni aspetto della sua vita ma il rischio è quello di diluire troppo il portfolio e quindi l’identità del brand. Ma è una sfida che vale la pena di raccogliere».
Non c’è, almeno nelle intenzioni, la volontà di ricostruire la Trussardi degli anni Ottanta come un’operazione nostalgica. «Non è una rievocazione storica, ma vogliamo ripartire dalla stessa visione di Nicola Trussardi», insiste il manager, convinto che gli insegnamenti dell’imprenditore possano avere ancora un valore contemporaneo. E sul nuovo corso di Trussardi, non ha dubbi: «Non ci piacciono le sfilate a porte chiuse. Non rappresentano il brand e per i cittadini sono solo un problema: sono sinonimo di traffico e caos. Noi cerchiamo contesti in cui tutti possano guardare, ascoltare, toccare i nostri prodotti. Per questo ora puntiamo sulle manifestazioni aperte al pubblico, come il Salone Nautico e il Salone del Mobile».
Racca, intanto, continua a pensare a quella vecchia valigia portabiti. Gli piacerebbe che, tra dieci anni, chiunque osservi una nuova creazione Trussardi possa riconoscervi qualcosa di ciò che rendeva speciale quell’oggetto, anche se saranno cambiati il prodotto, il gusto e l’epoca. «Se la nostra missione sarà vincente, vorrei che tra dieci anni qualcuno, guardando un oggetto Trussardi creato oggi, lo riconoscesse nei suoi tratti salienti. Mi piacerebbe che questi diventassero sempre più chiari, visibili e conosciuti da tutti». In fondo, è il problema che accompagna ogni dinastia imprenditoriale quando il cognome sopravvive a chi l’ha resa grande: capire che cosa sia davvero necessario conservare e che cosa, invece, bisogna avere il coraggio di cambiare.
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Cosa racconta di noi la borsa che portiamo? Dai modelli con il telefono incorporato alle pochette in cui non entra nulla, 300 oggetti svelano due secoli di abitudini, desideri e contraddizioni
C’è una borsa americana degli anni Settanta in vinile nero lucido che nasconde un vero telefono funzionante, con tanto di cornetta a fare da manico e cavo incorporato. Ce n’è un’altra, coeva, il cui corpo è intrecciato interamente piegando pacchetti di sigarette Camel. E poi c’è un’incredibile (e inquietante) “Armadillo Purse” degli anni Quaranta, che conserva intatti il carapace, la testa e le zampe dell’animale, impreziositi da strass. Se siete alla ricerca del solito catalogo patinato dedicato alle “It-Bag” inarrivabili o alla storia dei grandi marchi del lusso, siete fuori strada, e di molto anche. La borsa. 200 anni, 5 continenti, il volume a cura di Antonio Mancinelli pubblicato da Marsilio Arte (256 pagine, 50 euro), prende l’oggetto più codificato dal mondo della moda e lo spoglia della sua banale dimensione di status symbol. Perché, come riassume brillantemente il curatore, “se l’abito presenta il personaggio, la borsa conserva le prove”.
Il “sé portatile” diviso per occasioni d’uso
Il libro, arricchito da un saggio del filosofo Emanuele Coccia e dai puntuali contributi della giornalista Beatrice Manca, firma di FqMagazine, è una vera e propria cosmogonia dell’accessorio per eccellenza. Al centro dell’opera ci sono 300 esemplari rigorosamente selezionati fra gli 850 che compongono la sterminata collezione privata di Roberta Butti. Mancinelli rifugge la noiosa classificazione cronologica o la divisione per brand, scegliendo un approccio squisitamente antropologico: le borse sono divise in dodici sezioni che ricalcano le circostanze della vita. C’è il giorno e la sera, il tempo libero e le vacanze, il viaggio, l’infanzia, fino ad arrivare alle invenzioni eccentriche e al recupero dei materiali (come la geniale borsa della Plastic Fashions Inc. degli anni Cinquanta, tessuta con i fili colorati del telefono, o la più recente Spaghetti Bag di Moschino a forma di piatto di pasta). La domanda che guida la catalogazione è sempre concreta: che cosa doveva fare la persona per la quale questo oggetto è stato costruito?
È qui che si inseriscono le intuizioni di Beatrice Manca, che esplora il rapporto tra la borsa, il corpo e l’emancipazione femminile. Passare da una capiente borsa da giorno a una microscopica minaudière da sera cambia radicalmente la postura e l’autonomia di chi la indossa. Analizzando le microscopiche borse da cerimonia, Manca offre una delle chiavi di lettura del volume: “Meno è funzionale, più è appropriata”. A chiunque abbia lottato per infilare chiavi e telefono in una pochette rigida, la spiegazione parrà un’epifania: quella sproporzione tra la scomodità e l’aiuto offerto ha una precisa ragione sociale, poiché “rappresenta il privilegio dell’ospite di non dover far nulla, se non prendere parte a un evento”.
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La “Carrier Bag Theory”: il primo strumento umano
Nel saggio introduttivo Portatili romanzi, Mancinelli spinge la riflessione fino agli albori della civiltà. “La borsa è la risposta culturale al bisogno di portare con sé più di quanto le mani possano reggere”, scrive, definendola un vero e proprio “arto culturale” aggiuntivo. Il libro riprende la Carrier Bag Theory di Elizabeth Fisher, resa celebre da Ursula K. Le Guin, secondo cui il primo strumento inventato dall’essere umano non fu l’arma (il bastone o la lancia), bensì il recipiente. Un’ipotesi affascinante, supportata da ritrovamenti clamorosi come la sacca cucita alla cintura di Ötzi, la mummia del Similaun vecchia di cinquemila anni. Mettere qualcosa in una borsa per conservarlo o condividerlo segna l’inizio della cooperazione sociale.
I gesti, le icone e la teoria delle “mani occupate”
Un ulteriore livello di lettura è offerto dalla ricchissima e inedita ricerca iconografica. Il volume non si limita a isolare gli oggetti su sfondi asettici per esaltarne cuciture, bordi e chiusure, ma li restituisce alla fisicità di chi li ha posseduti. Attraverso scatti d’archivio che immortalano donne comuni accanto a icone come Jacqueline Kennedy, Jane Birkin, Ornella Vanoni e Raffaella Carrà, il libro indaga come l’accessorio modifichi la postura a seconda di come viene impugnato o stretto al corpo. Un’indagine visiva che si sposa perfettamente con la teoria formalizzata da Audrey Wollen, citata nel volume, secondo cui l’essere umano è di fatto un animale “con le mani occupate”: necessita fisiologicamente di un contenitore in cui riporre il proprio mondo per poter continuare a muoversi liberamente nello spazio.
Il peso degli imprevisti e il “maltrattamento” estivo
La relazione tra corpo e oggetto esplorata nel libro passa anche per la nevrosi del quotidiano. Manca, infatti, analizza la borsa da giorno come un contenitore che deve essere soprattutto “affidabile“, destinato a farsi carico di tutto ciò che “potrebbe servire”. Una formula in cui si riconoscerà chiunque abbia trasportato per mesi pesi inutilizzati, assecondando l’ansia di dover fronteggiare ogni possibile imprevisto. Diametralmente opposto è il destino della borsa da mare, progettata letteralmente “per essere maltrattata”. Stipata nei cestini delle bici, usata all’occorrenza come cuscino e abbandonata sotto il sole, diventa il ricettacolo caotico di conchiglie, scontrini, elastici e cosmetici dimenticati. La prova definitiva di come ogni modello detti regole di ingaggio e livelli di cura completamente diversi.
Da Topolino a Hello Kitty: il gioco di immaginarsi adulte
Il catalogo emotivo della collezione Butti non trascura nemmeno le prime fasi della vita, ospitando portapranzi di Hello Kitty e una microscopica borsa Whiting & Davis (appena sette centimetri per nove) dedicata a Topolino e Minnie, realizzata in maglia metallica e smalto. Come osserva Beatrice Manca, la borsetta infantile svolge una duplice funzione psicologica: se da bambine rappresenta lo strumento perfetto per il gioco di immaginarsi adulte, scimmiottando l’autonomia materna, anni dopo offre a una donna fatta e finita il piacere rassicurante di ritrovare un personaggio familiare. È così che l’immaginario colorato e “zuccheroso” dei Looney Tunes o di Sailor Moon viene sempre più spesso fagocitato dalle grandi Maison, assecondando il desiderio di tornare a un’età in cui le vere responsabilità erano, fortunatamente, custodite nelle borse degli altri.
Un atlante geografico ed emotivo
Sfogliare il volume significa viaggiare. Dallo zaino ifugao delle Filippine in midollino, al namakdan turkmeno in lana usato per trasportare sale sul dorso dei cammelli, fino a una borsa yoruba nigeriana degli anni Cinquanta destinata ai riti di divinazione. Non mancano i souvenir commerciali ante litteram, come la borsa irochese decorata con perline di vetro del 1870 che reca la scritta “FROM NIAGARA FALLS”. Dietro questa formidabile mappatura c’è l’anima della collezionista, Roberta Butti. Per lei, che da bambina inventava storie guardando le cartoline e l’atlante regalatole dal nonno, la borsa è sempre stata “quel piccolo mondo portatile, segreto e inaccessibile che accompagna ovunque le signore”. “C’è chi usa la parola e scrive per narrare, io ho costruito una narrazione tramite un oggetto“, confessa Butti nelle battute finali del libro. Un approccio che respinge la sterilizzazione del feticcio di lusso per abbracciare la vita vissuta degli oggetti. “Rifiuto i restauri che levigano il passato fino a renderlo anonimo”, conclude la collezionista. “Velluti consunti, cuciture stanche e patine restano al loro posto”. Perché una fodera lisa o una chiusura graffiata non sono difetti da nascondere, ma le prove inconfutabili di un’esistenza.
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Bianca Censori lleva las transparencias al extremo con un top de rejilla que deja el pecho al descubierto
Si hay alguien que sabe convertir una aparición pública en un acontecimiento, esa es Bianca Censori. La arquitecta australiana ha vuelto a situarse en el centro de todas las miradas gracias a un estilismo que lleva las transparencias a su máxima expresión y que confirma su apuesta por una moda que no deja espacio a la indiferencia.
La esposa de Kanye West fue fotografiada por las calles de Los Ángeles con un conjunto rojo que dejaba poco a la imaginación. Un look tan atrevido como llamativo con el que volvió a demostrar que las prendas transparentes se han convertido en una de las señas de identidad de su imagen pública.
Un look rojo que desafía los límites
Para la ocasión, Censori apostó por un top de rejilla completamente transparente, sin una prenda opaca debajo, que dejaba el pecho al descubierto. La arquitecta recurrió a uno de sus brazos para cubrirse mientras caminaba junto a su marido, en una escena que no tardó en llamar la atención de los fotógrafos.
El estilismo se completaba con una falda roja de acabado satinado, también transparente en algunas zonas, y unos tacones de tiras a juego. Una combinación monocromática que jugaba con las texturas y convertía la transparencia en la auténtica protagonista del conjunto.
Una particular relación con la moda
Las transparencias, los diseños de rejilla y las prendas que juegan con los límites entre la ropa y la desnudez forman parte del universo estético con el que Censori ha construido su imagen pública. A lo largo de los últimos años, sus apariciones han estado marcadas por elecciones que desafían las convenciones de la moda y que generan conversación mucho más allá del circuito fashion.
Su último conjunto rojo, vinculado a la colección primavera-verano 2027 de la diseñadora Mowalola, vuelve a demostrar cómo las propuestas más arriesgadas de la pasarela pueden convertirse en protagonistas del street style, aunque su interpretación fuera de los desfiles no esté exenta de polémica.
Más allá de las opiniones que despiertan sus elecciones, Censori ha convertido cada aparición en una oportunidad para explorar una estética propia, en la que la sensualidad, la provocación y la experimentación con los tejidos ocupan un lugar central. Una vez más, la arquitecta demuestra que, cuando se trata de llevar las transparencias al límite, pocas figuras generan tanta expectación como ella.

Las 10 mejores ofertas de Amazon hoy, 20 de octubre: hasta un 57% en Levi's, HAWKERS, Panasonic y más
Octubre ya ha sacado las sudaderas del fondo del armario, pero a mediodía todavía hay quien rebusca las gafas de sol en el bolsillo de la chaqueta. Ese cruce de estaciones se nota en las ofertas de Amazon de este martes. Hay ropa de entretiempo y también esos básicos de casa que acabas comprando igual, estén rebajados o no.
Gafas de sol HAWKERS One LS con montura negra

El sol de octubre entra bajo y te da de frente justo al volver a casa en coche. Es cuando más se echan de menos unas gafas, y estas, rebajadas, no llegan a los 18 euros. Las One LS llevan lentes de categoría 3 con protección UV total y una montura de TR90, un material ligero y flexible. Negras, cuadradas y unisex, no se pelean con ninguna chaqueta.
Bermudas vaqueras Levi's 405 de pernera recta

Comprar unas bermudas a finales de octubre parece un despiste, y es justo lo contrario. Las Levi's 405 son de esas prendas que se reponen cada verano sin pensarlo: pernera recta, cinco bolsillos y el corte de vaquero de toda la vida. El tejido lleva un 1% de elastano, lo justo para sentarte en una terraza sin que el pantalón te recuerde que existe. Ahora están a mitad de precio, un 50% menos. En un básico que te vas a poner igual el verano que viene, eso es dinero que no sale de tu cuenta en junio.
Televisor Xiaomi TV Pro de 32 pulgadas

Para la cocina, el dormitorio o el cuarto del estudiante, 32 pulgadas es el tamaño que cabe donde no entra otra cosa, y esta se queda por debajo de los 140 euros. La Xiaomi TV Pro de este año trae Fire OS con Alexa y el sonido llega con Dolby Audio. Es compatible con AirPlay, así que mandas fotos o una serie desde el iPhone sin cables. Conviene saber lo que compras: la resolución es 720p. A un par de metros se ve bien, pero de cerca se nota que no es la pantalla del salón. Para seguir el telediario mientras cocinas, sobra.
Flexómetro Stanley Tylon de 3 metros

Ese metro que nunca aparece cuando vas a colgar un cuadro. El de Stanley es pequeño, cabe en el cajón de la entrada y su cinta mate se lee sin reflejos aunque midas junto a la ventana. Cuesta menos de 4 euros, que es lo que vale no tener que pedírselo al vecino.
Maquinilla GilletteLabs Champion Gold Edition

Su gracia está en la barra exfoliante que va delante de las hojas: suelta los pelos atrapados antes de que pase la cuchilla. Viene con mango de metal en dorado, soporte magnético y 3 recambios, y no llega a los 16 euros. Con la Navidad a dos meses, también es de esos regalos que quedan bien sin tener que adivinar tallas.
Sudadera con capucha adidas Entrada26

Con el fresco de primera hora, la sudadera con capucha vuelve a ser el uniforme del fin de semana, y la Entrada26 de adidas se queda por debajo de los 28 euros. Tiene corte clásico y es de felpa, con un 70% de algodón y un 30% de poliéster. Va en rojo con detalles blancos.
Hidrolimpiadora inalámbrica LanBlu con boquilla 6 en 1

Si tienes terraza, bicis o un coche que no pasa por el túnel de lavado, el problema suele ser el grifo, no las ganas. Esta hidrolimpiadora de LanBlu cuesta menos de 26 euros y funciona con batería: coge el agua de un cubo o una garrafa con su manguera de 5 metros, así que limpias donde no hay toma. La batería da para entre 25 y 35 minutos según el fabricante, suficiente para un coche y poco más. La boquilla tiene seis posiciones, del chorro fino a la ducha.
Freidora de aire Ninja CRISPi de 3,8 litros

Quien ya tiene freidora de aire sabe que lo pesado no es cocinar, es fregar la cesta. La Ninja CRISPi, que se queda por debajo de los 130 euros, lo resuelve cambiando la cesta por dos recipientes de vidrio, de 3,8 y 1,4 litros, que van al lavavajillas. Los dos llevan tapa: cocinas en uno, guardas las sobras en el mismo y al día siguiente lo vuelves a calentar. El módulo de 1.700 W llega a 230 grados, de sobra para patatas, pollo o gratinar unas verduras, y también sirve para mantener la comida caliente. Las rejillas son de cerámica antiadherente y la superficie de cocción es de vidrio, que según Ninja va libre de PFAS. Va en piedra y dorado.
Sudadera Under Armour Rival Fleece con logo

La Rival Fleece va un punto más hacia el abrigo que la adidas: más algodón, un 80%, y un interior cepillado que da ese tacto de manta. Bolsillo canguro, puños acanalados y en azul con el logo en menta. Baja de los 40 euros.
Secador plegable Panasonic EH-NA7M con tecnología nanoe

Según Panasonic, su tecnología nanoe suelta partículas de agua muy finas que ayudan a que el pelo quede con brillo y menos encrespado, y este modelo no llega a los 43 euros. El mango plegable se agradece desde el primer día: el secador se dobla por la mitad y entra en la bolsa del gimnasio o en la maleta del puente. Pesa 490 gramos y trae concentrador y boquilla de secado rápido, todo en rosa.
Por dónde empezar este martes
De todo lo de hoy, lo más redondo es lo que vas a usar seguro: el metro del cajón, una sudadera para las mañanas que ya refrescan y unas bermudas que esperarán en el armario hasta mayo. Merece la pena si vas a reponer básicos este otoño, porque son las compras que acabas haciendo igual y hoy salen bastante más baratas.
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Estilo ‘paperboy’: Anna Castillo se suma a la tendencia más cinematográfica del otoño
El oficio ya ha pasado a la historia, pero su estética sigue en circulación. Si Jean Seberg, la magnética vendedora del Herald Tribune de Al final de la escapada, elevó una camiseta tipográfica a objeto de deseo, esta temporada, Parfois devuelve a primera plana el estilo de aquellos paperboy para dar forma a su colección más cinematográfica. La sastrería relajada, las gorras newsboy y los bolsos de dimensiones generosas conforman el uniforme para dar la bienvenida al otoño.

© Parfois
Irina Shayk desafía los límites de las transparencias con su 'look' para el 'after party' de Victoria's Secret
Ayer no se hablaba de otra cosa que no fuera el desfile de Victoria's Secret, ya fuera por los impresionantes estilismos que llevaban las modelos —y que nos adelantaban que el layering viene fuerte como tendencia—, la hija de Kobe Bryant desfilando por primera vez para la firma de lencería o el sujetador de diamantes de 50 millones de dólares que llevó Kylie Jenner y desató la polémica por todo internet.
Pero el show no se termina hasta que se acaba el after party, donde las modelos e invitadas lo dan todo con sus looks más atrevidos, inspirados en la famosa marca. El encaje, las transparencias y la ropa interior visible se convierten en el dress code que nadie ha impuesto, pero que todo el mundo acata, dejándonos con los conjuntos más explosivos de nuestras famosas favoritas.
Ejemplo de ello es Bella Hadid. La supermodelo que abrió el desfile hizo todo un homenaje a Britney Spears llevando el mismo vestido de encaje que la artista lució en los premios MTV Video Music Awards del 2001, hace 25 años, con la ropa interior negra a juego incluida.
Irina Shayk arriesga y gana con su look más explosivo
Sin embargo, la que consiguió acaparar todas las miradas fue, sin duda, Irina Shayk. Mientras que en el desfile protagonizó uno de los momentos más icónicos con un conjunto de layering en el que combinaba un sujetador y culotte negro junto con un body blanco, todo de encaje, en esta ocasión, optó por la lencería básica para dejarle todo el protagonismo a las transparencias.
Para la fiesta que celebraron en el Bird Streets Club en West Hollywood, la modelo apostó por un sujetador negro de media copa que combinó con una gran cruz plateada que caía entre su pecho y unos pantalones rojos de tiro muy bajo completamente transparentes, dejando a la vista su tanga brillante.
La prenda pertenece a la firma Mowalola, una firma fundada por la diseñadora nigeriana Mowalola Ogunlesi tras terminar sus estudios en la prestigiosa Central Saint Martins, donde mezcla su cultura con la estética urbana de Londres. Pero la gran coincidencia es que tan solo unas horas antes, Bianca Censori llevaba una falda lápiz de la misma línea junto a Kanye West, combinado con un top de rejilla, por lo que necesitó su brazo de nuevo para cubrirse el pecho.
Para combinar con los pantalones, Irina apostó por unos zapatos de tacón rojos de punta, y como accesorios, un pequeño monedero con estampado de leopardo de la marca Hunting Season, que llevaba en la mano, dejándonos así con el look más explosivo de la noche.

I prodotti rubati nelle boutique di lusso durante le proteste in Francia finiscono su Vinted ed eBay: cosmetici a 10 euro, capi ancora con l’antitaccheggio e annunci con scritto “rubato durante le proteste”
Le immagini hanno fatto il giro del web in una manciata di ore durante il drammatico fine settimana di proteste: un gruppo di manifestanti — stretti in felpe nere, con il cappuccio issato e il volto celato dai passamontagna — che assalta a colpi di transenne una scintillante boutique di Celine nel cuore di Parigi, per poi uscirne stringendo al petto e abbracciando dozzine di borse e beni di lusso. Una scena di brutale foga predatoria che oggi, a pochi giorni di distanza, trova la sua naturale e illecita evoluzione digitale.
Parte di quel bottino milionario è infatti già riemerso sulle bacheche delle principali piattaforme di compravendita second hand. Rintracciarlo non è certo un’impresa da poco: la merce saccheggiata annega nel mare magnum dell’immenso mercato di prodotti disponibili online, mescolandosi sapientemente con i cosiddetti dupe — le imitazioni e i falsi immessi in rete da truffatori seriali pronti a sfruttare l’onda mediatica per ingannare chi va a caccia dell’originale a prezzo di saldo. Eppure, dietro l’apparente brivido dell’affare digitale a basso costo, si nasconde un fatto ineludibile che non bisogna mai dimenticare: vendere o acquistare questi articoli significa alimentare e rispondere in prima persona dei reati penali di furto e ricettazione.
Di fronte a una simile ondata di ricettazione alla luce del sole, la ministra per il Digitale francese, Anne Le Henanff, ha convocato d’urgenza i rappresentanti di Vinted, Amazon, eBay, Leboncoin, Meta e TikTok. “Gli oggetti rubati durante questo fine settimana vengono offerti in vendita su alcune piattaforme“, ha tuonato la ministra. “Ci aspettiamo che rimuovano gli annunci in questione senza indugio. Sarà inoltre richiesto loro di collaborare strettamente con le autorità statali affinché coloro che rivendono beni rubati possano essere perseguiti”.
L’assalto ai simboli della ricchezza: “Spazzati via anni di lavoro”
A sei mesi dalle elezioni per la successione a Emmanuel Macron, la Francia è stata scossa da una delle ondate di violenza urbana più devastanti degli ultimi anni. Nati per denunciare il carovita e il declino dei servizi pubblici, i cortei del 17 ottobre si sono trasformati in una guerriglia che ha terrorizzato il Paese, lasciando sul campo un morto per arresto cardiaco, mille agenti feriti e 2.400 arrestati.
A pagare il prezzo più alto è stato il settore del commercio e del lusso. Le autorità segnalano danni a quasi 3.000 attività. Solo a Parigi, come sottolineato da Dominique Restino della Camera di Commercio, sono stati vandalizzati tra i 300 e i 400 negozi. Nella blindatissima Place Vendôme, la porta di una boutique Dior è stata sfondata, mentre le vetrine di Rolex, Louis Vuitton, Ralph Lauren e Gucci sono andate in frantumi. A Marsiglia, i ladri hanno completamente ripulito i negozi di Hermès e Louis Vuitton, oltre allo store ufficiale della squadra di calcio dell’Olympique. La furia si è abbattuta anche su 50 supermercati Carrefour (20 dei quali saccheggiati), 20 filiali Sephora, negozi Apple, concessionari Tesla e piccole attività indipendenti, come un negozio di riparazione smartphone il cui proprietario è rimasto intrappolato e terrorizzato per quindici minuti mentre un centinaio di giovani cercava di sfondare la vetrina.
Le perdite assicurate minacciano di superare gli 1,2 miliardi di euro, scatenando le preoccupazioni degli investitori internazionali verso un governo già fragile e alle prese con l’approvazione di una cruciale manovra di bilancio. Il dramma umano ed economico è stato condensato nelle parole di Thierry Guibert, CEO di Lacoste, in un post su Instagram: “Quando i nostri negozi Lacoste e Aigle vengono saccheggiati, come tante altre aziende in tutta la Francia, non sono solo le vetrine a essere distrutte. Sono i posti di lavoro, anni di lavoro, le competenze e l’impegno di migliaia di donne e uomini a essere messi a repentaglio. Come leader, non posso sopportare di vedere distrutto in questo modo ciò che abbiamo collettivamente costruito”. La situazione è così grave che il Primo Ministro Sebastien Lecornu ha dovuto annunciare l’immediata attivazione della cassa integrazione per le attività devastate.
Il discount illegale su Vinted ed eBay: sfrontatezza senza limiti
Il cortocircuito più inquietante, tuttavia, si è consumato nelle ore successive, quando i saccheggiatori hanno iniziato a monetizzare il caos. Sulle bacheche di app come Vinted (gigante lituano del second hand valutato 8 miliardi di euro) sono spuntati sfacciatamente i frutti delle razzie. L’arroganza criminale ha raggiunto livelli inauditi: molti articoli di moda, come maglie da calcio e scarpe di lusso, sono stati fotografati e messi in vendita con le placche antitaccheggio ancora attaccate. In alcune inserzioni, un maglione veniva candidamente descritto come “rubato durante le proteste”, mentre altri venditori indicavano la data del “17 ottobre” o la provenienza esatta da una “protesta a Lione”.
I prezzi, ovviamente, erano stracciati: borse traboccanti di cosmetici Sephora offerte a 10 euro, lotti di sei lucidalabbra (dal valore di 78 euro) piazzati a 15 euro, profumi Christian Dior a 250 euro. L’ondata anomala ha riguardato anche il collezionismo e lo sport: su Vinted sono apparse centinaia di carte Pokémon sottratte al negozio “Le Coin des Barons” di Lille (con i codici a barre originali), mentre su eBay è stato messo all’asta per 1.250 euro il trofeo d’argento StarLadder, rubato alla sede parigina del club di e-sport Team Vitality, fotografato contro un muro imbrattato e intitolato sfacciatamente “STOLEN RARE VITALITY CS2 TROPHÉE”.
La stretta del governo e l’ombra sulle piazze italiane
Le piattaforme hanno assicurato massima allerta, consapevoli che i microchip integrati e i numeri di serie dei beni di lusso faciliteranno il tracciamento della merce. Un portavoce di Vinted ha garantito al Daily Mail: “La vendita di beni rubati, o la loro richiesta, è severamente vietata su Vinted, e abbiamo una tolleranza zero al riguardo. Da questo fine settimana, i nostri team hanno agito immediatamente per identificare e rimuovere gli annunci legati ai saccheggi […]. Quando le nostre regole vengono violate, agiamo contro gli account coinvolti, fino a bandirli permanentemente”. Sulla stessa linea eBay, che ha confermato l’impiego di “strumenti tecnologici proattivi” per bloccare l’attività criminale. Ma il problema non è confinato Oltralpe, perché l’Italia, e in particolar modo Milano (che insieme a Francia e Regno Unito rappresenta uno dei mercati principali di Vinted), ha vissuto nel weekend le stesse identiche scene di guerriglia: vetrine infrante, cariche della polizia e assalti alle vie dello shopping. È perciò altamente probabile, se non già una silente realtà operativa, che anche i beni trafugati dai negozi meneghini stiano finendo sulle medesime piattaforme di rivendita per essere monetizzati in fretta.
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La primera colección de John Galliano para Zara no tiene término medio

Las 10 prendas que están resolviendo el armario de entretiempo de los hombres por muy poco dinero

Días que empiezan con bajas temperaturas y tardes en las que ya no hace falta abrigarse tanto. El cielo cambia de un momento a otro y el entretiempo marca el día a día: a todos nos cuesta elegir qué ponernos.









Renovar armario este otoño sale mucho más barato con estos ‘packs’ de ropa básica para hombre

El final del verano dejó atrás los bañadores, sandalias y pantalones cortos y trajo el cambio de armario inevitable por estas fechas. Sin embargo, es posible que muchos de los lectores de EL PAÍS Escaparate se hayan dado cuenta de que les falta una serie de básicos imprescindibles para abordar con todas las garantías la llegada de las bajas temperaturas propias del otoño. Por eso mismo, nos hemos puesto manos a la obra para que ahorres al máximo en este tipo de prendas: ya sea pantalones de pijama, camisetas, sudaderas, calzoncillos o calcetines. Y ello se debe a que hemos seleccionado los mejores packs ahorro de ropa básica masculina que realmente merecen la pena.
















