Leones en invierno, basada en la novela homónima de Carlos Augusto Casas, es un thriller muy oscuro cuyo protagonista, Luis Zahera, se convierte en una fiera que busca venganza tras la muerte accidental de su hija, atropellada por un narco que va hasta arriba de coca en un deportivo por la Gran Vía.
España perdió capacidad operativa de artillería de cohetes en 2011, cuando retiró los lanzacohetes Teruel tras más de tres décadas en servicio. Quince años después, el relevo sigue pendiente. El programa Silam (Sistema Lanzacohetes de Alta Movilidad), puesto en marcha para cubrir esa carencia, atraviesa una etapa de incertidumbre tras la cancelación de los contratos iniciales.
"Una situación incierta". Así definió Antonio Mongío Bergua, jefe del Mando de Artillería de Campaña, el estado en que se encuentra el futuro sistema del Ejército de Tierra. Según publicó Infodefensa el 7 de octubre de 2026, todavía continúa la búsqueda de un socio tecnológico que dé a España la autoridad de diseño.
Marruecos refuerza su artillería
La comparativa entre ambos países queda reflejada en el ranking Global Firepower 2026 y recogida por Euronews. Según sus estimaciones, Marruecos dispone de 185 lanzacohetes múltiples móviles, frente a ninguno de España desde la retirada de los Teruel.
Las Fuerzas Armadas marroquíes poseen, entre otros, sistemas chinos y el sistema israelí PULS, que ya está en servicio, según informa bladi.net. Un equipamiento que les permite lanzar salvas de cohetes contra objetivos terrestres a diferentes distancias, dependiendo de la munición utilizada.
Además, Estados Unidos autorizó en abril de 2023 la posible venta a Marruecos de 18 lanzadores HIMARS, junto con misiles ATACMS y cohetes guiados, por un importe estimado de 524,2 millones de dólares. Así consta en el comunicado oficial de la Agencia de Cooperación para la Seguridad de la Defensa estadounidense.
El calendario de 2028 ya no está asegurado
Según explicó el departamento que dirige Margarita Robles en abril de 2023, "la previsión es alcanzar la plena operatividad del Silam en el año 2028". Tal y como destacó el Ejército por aquel entonces, los lanzacohetes tendrán un papel clave en los escenarios futuros: "Gracias a ellos, se mantendrá una gran capacidad de respuesta con elevada profundidad y precisión para apoyar a cualquiera de sus unidades subordinadas".
Sin embargo, la cancelación de los contratos en septiembre de 2025 obligó a replantear el proyecto. La búsqueda de un socio tecnológico que permita a España asumir la autoridad de diseño sigue siendo uno de los obstáculos. Por eso, el plazo que se estimó hace cinco años no debe presentarse, ni por asomo, como una fecha confirmada.
Con todo, el Ejército de Tierra continúa pendiente de recuperar una capacidad que se perdió tras la retirada del Teruel, y que responde a una de las grandes carencias actuales de la artillería española.
A Coruña vivió este miércoles una jornada de extrema tensión cuando miles de personas se concentraron en la plaza de María Pita para expresar su rechazo al "fascismo" con motivo de la visita de Santiago Abascal.
Tal era la crispación, que la Policía tuvo que intervenir contra los manifestantes que pretendían boicotear el acto de Vox porque estaban lanzando huevos, petardos, piedras, adoquines y sillas a los agentes.
Los incidentes han derivado en duras críticas a la planificación del dispositivo de seguridad, llevando al sindicato Jupol, incluso, a exigir la dimisión del delegado del Gobierno en Galicia. Según la organización, es una "grave irresponsabilidad" haber permitido que la manifestación contra Abascal y el acto de Vox coincidieran en la misma plaza.
En parecidos términos se expresó el líder de Vox en el programa Horizonte, donde acusó a la Delegación del Gobierno de fomentar los enfrentamientos. "Lo ha permitido a 60 metros. Esto ha ocurrido porque quiere que ocurra. Va a ser una campaña de violencia donde el Gobierno va a convocar a sus milicias", sentenció.
Quién es el delegado del Gobierno en Galicia
El delegado del Gobierno en Galicia es Pedro Blanco Lobeiras. Nacido en Monfero (A Coruña) en 1968, es licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela y técnico superior en Prevención de Riesgos Laborales con las tres especialidades: seguridad en el trabajo, higiene industrial y ergonomía, y psicosociología aplicada.
Según el portal de Delegaciones del Gobierno, Blanco se unió al sindicato UGT en 1992, donde ha desempeñado el cargo de coordinador del área jurídica de UGT-Galicia. También ha trabajado como técnico en el Banco Pastor, SA (1991-1992), y desde ese mismo año ha ejercido como abogado en ejercicio, donde trabaja como socio fundador de Blanco & Guerra Abogados. Posteriormente, ejerció de asesor del conselleiro de Traballo de la Xunta de Galicia (2005-2009).
Según informó Cadena SER en 2023, está casado y tiene dos hijos. Es vecino de Santiago de Compostela y lleva desde 1991 militando en el PSOE, concretamente en la agrupación local de Santiago. El 13 de junio de 2023 fue nombrado delegado del Gobierno en Galicia.
Polémica por los disturbios en A Coruña
Pedro Blanco ha atribuido los altercados registrados este miércoles a un "grupo muy reducido" de "radicales y antisistema". El delegado ha confirmado la detención de tres personas: dos de ellas ya han sido puestas en libertad a la espera del procedimiento correspondiente, mientras que la tercera pasará a a disposición judicial a lo largo de este jueves.
En este contexto, ha asegurado que la actuación policial "fue la que tenía que ser a la vista de lo que hay". "Hay imágenes en las que se les lanzan piedras, acabaron quemando contenedores", ha señalado. "Más que carga se actuó para disolver" con el objetivo de evitar "una batalla campal", ha insistido.
Respecto a por qué no se impidió la manifestación de la mañana, Lobeiras ha dicho lo siguiente: "Ni la Delegación del Gobierno ni la Policía autoriza o desautoriza este tipo de concentraciones, se comunican. Si por alguna evidencia se prevé que puede haber algún tipo de incidencia en la seguridad de las personas, se hace un informe y ahí es cuando se plantea sitio alternativo".
Asimismo, ha condenado este tipo de actos violentos, pues "no caben en una sociedad como la nuestra". "Los protagonizan grupos radicales que se infiltran en el medio de la gente para generar desorden y violencia", ha sentenciado.
Enric Masip cargó duramente contra el Real Madrid a tres días del clásico que se disputará este domingo. El asesor a la presidencia del Barça aprovechó su participación en el Desafío Nacex, celebrado en el Club de Golf Barcelona, para denunciar las continuas referencias del club blanco al caso Negreira. Masip acusó al Madrid de utilizar estas polémicas para desviar la atención de sus propios problemas y perjudicar la imagen del conjunto azulgrana.
Pueden pensar lo que quieran de él, tampoco es que le importe, pero hay algo indiscutible: nunca te aburres con el nuevo maestro de ceremonias de 'Cabaret' Leer
Pueden pensar lo que quieran de él, tampoco es que le importe, pero hay algo indiscutible: nunca te aburres con el nuevo maestro de ceremonias de 'Cabaret'
La fragata española Álvaro de Bazán (F-101) ha regresado a su base en el Arsenal Militar de Ferrol tras completar una misión de más de cinco meses en los océanos Atlántico y Pacífico.
Durante 161 días de operaciones y una travesía de 30.000 millas náuticas, ha participado en algunos de los ejercicios marítimos más exigentes del mundo, como el Rimpac 2026, celebrado en aguas del archipiélago estadounidense de Hawái.
El buque fue construido en la factoría ferrolana del astillero Navantia y su botadura tuvo lugar el día 27 de octubre de 2000, siendo la Madrina la Sra. Casilda Silva Fernández de la Henestrona, Marquesa de Santa Cruz y descendiente del Almirante Don Álvaro de Bazán.
Su escudo adopta como base el escudo familiar de D. Álvaro de Bazán, un tablero de ajedrez al que rodean ocho cruces de San Andrés, con la leyenda "Rey servido y Patria honrada".
La fragata fue entregada a la Armada el día 19 de septiembre de 2002 siendo presidido el acto por José María Aznar, en ese momento presidente del Gobierno.
Propulsión: dos turbinas de gas y dos motores diésel.
Dotación habitual: 205 personas (puede variar según la misión).
Un sistema de combate avanzado
La Álvaro de Bazán está equipada con el sistema de combate AEGIS y el radar SPY-1D, que permite detectar y seguir amenazas aéreas. Aunque es un buque multipropósito, la clase F-100 está especialmente diseñada para la defensa antiaérea y puede contribuir a proteger a otras unidades navales.
Según la ficha oficial, su armamento incluye un lanzador vertical de 48 celdas para misiles antiaéreos SM-2 y ESSM, ocho misiles antibuque Harpoon y un cañón Mk 45 de 127 milímetros. También dispone de sistemas para la guerra antisubmarina y capacidad para operar con un helicóptero SH-60B Seahawk.
La fragata participó en 2026 en el ejercicio multinacional Pacific Dragon, centrado en la defensa aérea y contra misiles balísticos, en el que desempeñó funciones de buque de mando. Estas maniobras permitieron entrenar la coordinación de sensores, el seguimiento de amenazas y el intercambio de información táctica con fuerzas aliadas.
La Álvaro de Bazán forma parte de la 31.ª Escuadrilla de Superficie de la Armada y es la primera de las cinco fragatas de la clase F-100. Su sistema de combate y sus capacidades de defensa antiaérea la convierten en uno de los buques de referencia de la Armada española.
Contra todo pronóstico, Joaquín Reyes (Albacete, 1974) se enamoró del Barça siendo un niño. Ahora vive el fútbol con la misma pasión con la que hace reír sobre los escenarios. Conocido por su humor surrealista en programas como La hora chanante y Muchachada Nui , Reyes repasa sus mejores recuerdos blaugranas, analiza el Barça de Flick, el regreso de Mourinho y el clásico de este domingo.
Alemania ha propuesto a Munich como candidata a organizar los Juegos Olímpicos de verano de 2036 o de 2040. Con esta candidatura, la capital bávara se sumaría, de obtener la nominación final, a otras grandes capitales del mundo que han repetido ser sede de unos Juegos. Así ha sucedido con París hace dos años y antes con Londres en el 2012 o acaecerá con Los Ángeles en el 2028.
Profesorado y alumnado de la Facultad de Ciencias de la Información, epicentro de las protestas universitarias, cuentan su día a día en una facultad que se cae a pedazos
Diez datos que sitúan a Madrid como la comunidad que peor trata a su universidad pública
El presupuesto de la biblioteca de Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha pasado de gastar 60.000 euros en libros a 15.000. El centro ha perdido un 40% de su presupuesto en seis años, cuenta su director, Javier García. Muchas clases no tienen aire acondicionado o no funcionan, como sucede con la calefacción. El pasado curso, la instalación eléctrica del centro dijo basta diferentes días porque había demasiados aparatos enchufados para su capacidad.
Quizá por lo icónico del edificio, un reconocible cubo de hormigón en el medio del campus, quizá por su estado, o por tener un personal —docentes, administrativos y estudiantes— especialmente combativo, esta Facultad se ha convertido en los últimos años en el corazón de las protestas de la comunidad universitaria en Madrid. Se cae a pedazos, pero no se resignan. “El alumnado y el profesorado están haciendo una colaboración extraordinaria. Esta situación la llevamos con mucha creatividad, esfuerzo y diálogo. Estamos haciendo malabares y milagros para que las cosas funcionen”, explica su decano, Ángel Rubio.
Pero mientras intentan “que el alumnado no deje de aprender” también reivindican, y las seis universidades públicas madrileñas se unirán a la huelga educativa los próximos 4 y 5 de noviembre. Ciencias de la Información puede ser la cara visible de las protestas, pero no es un caso aislado. Todas las facultades de todos los campus públicos madrileños sufren la infrafinanciación de la Comunidad de Madrid, que ha tenido que rescatar de urgencia a dos de ellas, con la Complutense a la cabeza, por no haberles transferido suficiente dinero para su funcionamiento normal.
Asfixiado por la deuda y para poder pagar los intereses de ese rescate, Joaquín Goyache, el rector de la Universidad Complutense ordenó hace más de un año a facultades y departamentos a reducir sus gastos en un 35%. “Impacta en todas las partidas”, explica Rubio, pero destaca que el principal problema de la Complutense es la falta de personal técnico, administración y conserjes“.
“El pago de la deuda de la Universidad descansa en el Capítulo I [del presupuesto], que son los salarios de los empleados públicos”, afirma Rubio. Se ha dejado de reponer las jubilaciones. “Se recurre a gente que ya está llegando al máximo de su capacidad. El personal trabaja mucho más por lo mismo”, sostiene el decano.
Nuevas salas de reuniones de la Biblioteca de CCINFO UCM.
En unas circunstancias parecidas se encuentra la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). En los acuerdos que firmaron los seis rectores con la Comunidad de Madrid el pasado 3 de marzo para tratar de revertir la crisis, a la UPM le tocaron 246.5 millones de euros, pero, según explica Fernando Varas, profesor de la Facultad de Ingeniería del centro, si se actualiza el gasto de personal de 2025 con el IPC, “dicho capítulo necesita 260 millones de euros”. La falta de fondos también afecta a la investigación, tercia Ignacio Ballesteros, también profesor en la UPM.
El pacto de financiación no cumple con la Ley
Varios profesores de la Complutense analizaron aquel pacto —a varios años vista— y concluyeron que en su momento de máxima financiación, “la Comunidad de Madrid alcanza el 0,4% del PIB, mientras que la LOSU —Ley Orgánica del Sistema Universitario— obliga al 1% y la media nacional se sitúa en el 0,7%”. Los presupuestos del centro no llegan a cubrir completamente las nóminas del profesorado. “El déficit acumulado supera los 1.150 millones de euros”, indica el análisis. Entre 2021 y 2025 la Complutense “acumula una deuda de 365 millones de euros”.
Una clase de la Facultad de Ciencias de la Información sin aire acondicionado.
El decano Rubio sostiene que “el golpe más inmediato” que han sufrido es “el calor en el edificio y en las aulas. El coste de la instalación del aire acondicionado en una sola planta es muy elevado, pero no sabes lo que es dar clase con las temperaturas que se alcanzan”.
Esto también lo perciben los alumnos de la Facultad y de otras universidades públicas. Violeta destaca que la diferencia térmica entre la clase y la cafetería es “enorme”: “En clase te mueres de frío y en la cafetería te asas de calor”, afirma. Sofía, alumna de la Facultad de Ingenieros Aeroespaciales, añade que “en otros edificios de la Facultad tampoco funciona la calefacción en invierno”.
No son solo las clases el problema. Belén Rodríguez, profesora e investigadora de la Facultas de Ciencias Físicas apunta que en los despachos se han registrado temperaturas de hasta “39 grados”.
Solución “creativa” para equipos viejos
La Facultad de Ciencias de la Información marcha pese a la falta de recursos.
El Decano de Ciencias de la Información también sostiene la falta de inversión para mejorar las herramientas de trabajo “como el software, las licencias de Adobe y los equipos informáticos”, que, en la actualidad, logran solventar “de una manera muy creativa”. Incluso, para cualquier necesidad que se requiera tienen que “calcular los gastos al céntimo”.
El edificio, fundado en 1971, se desmorona. Ahora, “después de 50 años”, se están acometiendo las obras de reforma en los vestuarios del personal técnico y de administración. Este espacio se encontraba en “condiciones infrahumanas”, dice el decano. “Pasar por ahí era pillar una infección segura”.
La Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense.
Los problemas se multiplican en todos los frentes. Rubio asegura que “no habrá prácticas si no se mete dinero” y, por ende, “sufrirán las consecuencias las clínicas hospitalarias y universitarias” de la Universidad.
Belén Rodríguez, la investigadora de Físicas también señala el desborde que sufren ella y otros docentes en sus labores: “En una universidad que no tiene un duro, o lo haces tú o no te pueden ayudar, no hay una infraestructura para esto, todo lo hacemos nosotros”.
“Todo es precario y nos afecta. Se juega mucho con que tenemos mucha vocación con lo que hacemos y, la investigación, la mantenemos haciendo horas extras”. Asimismo, la investigadora resalta el potencial de la Complutense por sus investigaciones “punteras a nivel internacional en muchos temas”. Sin embargo, les “falta gente para que esto funcione”.
Hasta publicar artículos científicos es complicado en una situación que tiene mucho de círculo vicioso. Una revista estándar puede cobrar unos 3.000 euros por publicar un artículo y, cuenta la investigadora, “si no tienes financiación, es difícil publicar y, por ende, que te den proyectos de investigación”. Y si no se investiga no se publica y si no se publica no se progresa en la academia.
Sofía, alumna de la UPM destaca que en su Universidad “han subido los precios de las matrículas, ha bajado la calidad y todo deja mucho que desear. El material es bastante obsoleto, en los laboratorios es bastante duro y eso es impensable en una ingeniería que tiene que estar al borde de la innovación”.
Es noticia política significativa que el PP y Vox estén abiertos a un pacto electoral para mantener el control de la Cámara Alta, que actualmente está en manos del PP. En una primera aproximación a la misma, parecería innecesario dada la mayoría absoluta de que disponían los populares y las expectativas que señalan las encuestas. Pero el citado acuerdo trae causa directa del pacto alcanzado por las izquierdas, precisamente para impedirlo. A diferencia del Congreso, las izquierdas han alcanzado en el Senado un significativo pacto para comparecer a las urnas con una sola candidatura en todas las provincias; las islas del archipiélago balear y la isla canaria de La Gomera. Es decir, en todas las circunscripciones salvo en las cuatro catalanas, y en las restantes islas del archipiélago canario que son circunscripciones únicas. Candidaturas que se presentan como «Senado de progreso». La Cámara de representación territorial se compone de 208 senadores elegidos directamente en las urnas por los ciudadanos, además de 58 elegidos por los parlamentos de las comunidades autónomas. A razón de 1 por cada comunidad, más 1 por cada millón de habitantes, elegibles por sus Parlamentos. En tanto que en las urnas se eligen 4 por cada provincia, además de 3 en las circunscripciones insulares de Gran Canaria, Mallorca y Tenerife y 1 por cada una de las restantes islas o agrupaciones de ellas. Y en las ciudades de Ceuta y Melilla se eligen a 2 en cada una. Ese pacto de las izquierdas alcanzado entre el PSOE y el Frente Amplio incluye en una lista única a los socialistas y al movimiento Sumar, Izquierda Unida y Más Madrid. Además de otros regionalistas como Compromís, Chunta y Ceuta Ya. Una idea de la trascendencia de este pacto la muestra el hecho de que con él, en las elecciones de 2023, hubieran obtenido la mayoría las izquierdas. Cuando entonces de los 208 elegidos en las urnas, el PP obtuvo 120 y 73 el PSOE, por ninguno Vox y Sumar. Esa alianza entre las izquierdas ha abierto la negociación de una lista única entre las derechas, lo que ofrece diversas posibilidades de concreción. Una de ellas la ofrecen los populares mediante la elección de senadores de Vox entre los autonómicos, a cambio de que no presenten candidaturas a las urnas. Otra sería la de candidaturas únicas como las de las izquierdas, pero no en coalición, cuyo plazo para anunciarlas ya está cerrado. Este escenario ha abierto también un relevante debate, como el de la posibilidad de alcanzar los 3/5 del Senado, que permite designar a sus 4 magistrados del Tribunal Constitucional, además de los del CGPJ, entre otras relevantes instituciones del Estado. Importante competencia electoral para el Senado.
El tifo que se desplegó en el fondo de los ultras del PSG en que se veía a un seguidor radical enmascarado con una motosierra descuartizando el escudo del Barça y con el lema ‘Masacre a la parisina’ no fue considerado excesivo por el club francés, según el diario ‘L’Équipe’.
Magnus Carlsen (Tønsberg, Noruega, 1990) lo ha ganado prácticamente todo. Cinco veces campeón del mundo de ajedrez clásico, 15 años consecutivos como número 1 del mundo en el ranking de la FIDE, también ha acumulado numerosos títulos mundiales en las modalidades rápida y relámpago. A sus 35 años, el noruego es considerado por muchos el mejor ajedrecista de la historia y sigue instalado en la élite, aunque sus prioridades han cambiado. Ya no necesita grandes objetivos para competir. Le basta con disfrutar. Carlsen está en Barcelona para presentar la Move Cup, un torneo que se celebrará en enero y que aspira a devolver a España el protagonismo que tuvo durante años con el mítico torneo de Linares. Esta competición promete ahora traer a ocho de los mejores jugadores del mundo y está garantizada para los tres próximos años.
Hansi Flick puso buena cara a la derrota encajada en el Parque de los Príncipes frente al PSG. El entrenador alemán del Barça quiso destacar los aspectos positivos de una noche en la que también tuvo que elogiar a su rival. “El PSG ha demostrado que es un equipo mejor que nosotros. Aun así, ha sido un partido fantástico por parte de los dos equipos”, analizó.
El Barça cayó en París frente al bicampeón de Europa después un partido de máxima exigencia. Los azulgrana plantaron cara en terreno hostil, y solo en los últimos minutos los de Luis Enrique decidieron el partido con dos goles. Destacaron Joan García, Xavi Espart y Lamine Yamal.
El colectivo Lavapiés al Límite organiza este jueves Lavatapa, un concurso de tapas caseras para reivindicar los espacios de convivencia vecinal, después de la suspensión del festival gastronómico hasta 2027
Tapapiés cancela su edición de 2026 después de la saturación criticada por los vecinos el año pasado
Lavapiés se ha quedado este octubre sin su tradicional Tapapiés, pero no sin tapas. Un grupo de vecinos del barrio ha decidido organizar su propia versión del festival gastronómico, esta vez con recetas caseras y un objetivo muy distinto al de atraer visitantes: denunciar la gentrificación y la turistificación que, según sostienen, están transformando sus calles y desplazando los espacios de convivencia vecinal. La iniciativa se llama Lavatapa y tendrá lugar este jueves 22 de octubre, a partir de las 20.00 horas, en la calle Cabestreros.
Detrás de la convocatoria se encuentra el colectivo Lavapiés al Límite, que organiza encuentros mensuales en las calles del barrio para denunciar los problemas que afectan a sus vecinos. En octubre, sus reivindicaciones se centran en la gentrificación y la turistificación, dos fenómenos que quieren combatir con una jornada de encuentro comunitario en la que, además de comida, también habrá una performance del Centro de Creación e Investigación Cultural La Tortuga.
Lavatapa ha sido ideedo como un concurso de tapas caseras en el que los participantes deberán presentar al menos diez raciones de una receta elaborada por ellos mismos. La única condición, además de cocinar, es bautizar la propuesta con un nombre que plante cara a la gentrificación. La tapa ganadora recibirá como premio un “kit antigentrificación”, aunque el colectivo no ha detallado qué incluirá.
La participación está abierta a cualquier persona que quiera sumarse a la convocatoria. Quienes deseen concursar pueden inscribirse mediante un mensaje a Lavapiés al Límite en Instagram o a través de este formulario. También podrán acudir quienes no quieran presentar ninguna tapa, a los que la organización anima a llevar algo de picoteo para compartir e incluso una silla para sentarse a charlar. En cualquier caso, piden avisar previamente de la asistencia para poder calcular el aforo.
El lugar elegido para el encuentro tampoco es casual. Los vecinos se reunirán en la calle Cabestreros, frente al antiguo restaurante Baobab, un establecimiento que durante años formó parte de la identidad gastronómica de Lavapiés y que ha sido derribado para levantar un hotel en su lugar. El colectivo ha escogido este emplazamiento para despedirse del espacio y denunciar su transformación. “Elegimos esta calle para despedirnos de ese espacio y reivindicar que Lavapiés necesita lugares para vivir, encontrarnos y hacer barrio, no más espacios convertidos en negocio para visitantes”, explican desde Lavapiés al Límite.
La convocatoria pretende así convertir una actividad gastronómica en un acto de reivindicación vecinal. “Frente a la gentrificación, organización vecinal. Frente al consumo, comunidad. Frente a quienes quieren hacer negocio con nuestro barrio, nosotras seguimos haciendo barrio”, defienden sus impulsores.
La alternativa vecinal al Tapapiés masificado
La celebración de Lavatapa coincide con un octubre especialmente significativo para el barrio. Por primera vez desde su puesta en marcha en 2011, Lavapiés no acogerá su tradicional Festival de Tapas y Música, conocido como Tapapiés, cuya decimosexta edición fue suspendida el pasado mes de septiembre.
La Asociación de Comerciantes de Lavapiés Distrito 12, responsable de organizar el festival, anunció entonces que aplazaba la cita hasta 2027 para trabajar en un formato “más sostenible”, capaz de compatibilizar la actividad hostelera con el descanso de los residentes. Su presidenta, Carmen Gordo, explicó que buscaban una fórmula “que no altere la convivencia con los vecinos y que satisfaga tanto a ellos como a los hosteleros y comerciantes”.
La decisión llegó después de las críticas que despertó la edición de 2025, cuando la Asociación Vecinal La Corrala denunció las molestias provocadas por las grandes concentraciones de visitantes en determinadas calles y plazas. El ruido, la suciedad, el consumo de alcohol en la vía pública y las dificultades para descansar y transitar por el barrio estuvieron entre las principales quejas de los residentes.
La asociación vecinal llegó a calificar de “desmadre” la situación que se vivía en algunos puntos durante el festival. Aunque aclaró que no se oponía a su celebración, consideraba inviable mantener el modelo en las zonas más saturadas y reclamaba medidas para evitar que la ruta gastronómica acabara generando aglomeraciones y botellones bajo las viviendas.
Tapapiés se había convertido, después de quince ediciones consecutivas, en uno de los grandes acontecimientos gastronómicos de Madrid. En 2025 participaron 92 establecimientos, entre bares, restaurantes y puestos de los mercados de San Fernando y Antón Martín, con tapas inspiradas en las cocinas de 30 países. La organización esperaba recibir a más de 90.000 visitantes durante los once días de celebración.
El festival también suponía un importante impulso económico para la hostelería local. Según los datos facilitados por sus organizadores, algunos establecimientos llegaban a incrementar su facturación hasta un 75% durante esos días, aunque otros habían optado por dejar de participar debido a la saturación.
Mientras la asociación de comerciantes busca una nueva fórmula para recuperar Tapapiés el próximo año, Lavapiés al Límite propone este jueves una celebración de dimensiones mucho más reducidas, organizada por y para los vecinos. En lugar de una ruta por decenas de establecimientos, una mesa compartida en plena calle. Y en vez de tapas comerciales, recetas caseras con nombres reivindicativos. Una manera de aprovechar la ausencia del festival para debatir sobre el futuro del barrio.
“Aquí estuvimos los españoles. En este castillo hacía guardia Alatriste”. Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) recibe a la comitiva de periodistas que lo ha de acompañar a la isla de Procida a las puertas de la moderna terminal de ferris del puerto de Nápoles, una ciudad que visitó por primera vez en 1972, cuando tenía fama de peligrosa y nadie se acercaba, y de cuya transformación, a merced del turismo, ha sido testigo. “Ya no es como antes, pero Europa no la ha podido civilizar del todo”, observa sobre el bullicioso caos que caracteriza la urbe.
Lo más difícil de una manifestación, de una concentración o de una acampada reivindicativa es ponerle fin. Habitualmente, los grupos más extremistas, que no buscan soluciones a los problemas que movilizan a la inmensa mayoría de los participantes, suelen hacerse fuertes cuando la mayoría se disuelve.
Estos días estamos contemplando esta situación en la acampada por una vivienda digna y asequible que se desarrolla en la Puerta del Sol desde el 26 de septiembre.
Tras la división registrada en la última asamblea celebrada en Sol durante la votación sobre el levantamiento de la acampada, y después de que el Sindicato de Inquilinas anunciara públicamente su voluntad de abandonar la concentración instalada en las Setas de la Encarnación, en Sevilla, para concentrar sus esfuerzos en la huelga general convocada para el 11 de noviembre en todo el país, me vino a la memoria el desenlace de la acampada del 15-M.
Aquel 11 de junio de 2011, tras una votación similar en asamblea, se tomó la decisión de levantar la protesta para evitar un desalojo policial. Bajo el lema "No nos vamos, nos expandimos", aquella movilización dio paso a una nueva etapa de un movimiento político surgido de la indignación ciudadana que acabaría teniendo en Podemos su principal expresión partidista. La evolución de esta fuerza política ya la hemos visto todos, aunque todavía quede mucho por ver.
Volviendo a Sol, creo que muchos españoles coincidiremos en que las imágenes que hemos presenciado en las últimas horas son incívicas e injustificables y distan mucho de las que acapararon la atención de los medios de comunicación durante los primeros días.
Entonces destacaban unos organizadores que mantenían el orden en la concentración, conscientes de que se desarrollaba en la vía pública. La coordinación era permanente, la limpieza, constante, y la atención a los medios de comunicación se prestaba cada vez que estos la solicitaban. Además, se ponían sobre la mesa todas las medidas necesarias para mantener en primer plano la reivindicación de una vivienda digna y asequible.
Tras la decisión de la acampada de Sevilla de concentrar sus esfuerzos en la huelga general, y ante la desaparición progresiva de la primera línea pública de los portavoces del Sindicato de Inquilinas, que habían ejercido como tales durante los primeros días, resulta evidente que la acampada de la Puerta del Sol ha ido perdiendo parte de su orientación inicial.
El movimiento parece haber quedado cada vez más en manos de grupos menos representativos de la lucha contra los desahucios y más extremistas, que han encontrado una oportunidad para ocupar un espacio político y mediático del que antes carecían. Algunos de ellos eran prácticamente desconocidos antes de la acampada.
Las imágenes de personas vandalizando la fuente de Carlos III, de sillas de playa y colchonetas en su interior, así como las agresiones y los insultos dirigidos a los medios de comunicación, distan mucho de la imagen de los primeros días y de la simpatía que la protesta despertó en una parte importante de la sociedad española.
Quienes, en las votaciones de las últimas horas, se negaban a abandonar la acampada hasta el próximo 11 de noviembre deberían hacer un esfuerzo por evitar que la imagen de la protesta siguiera deteriorándose, especialmente si el objetivo es concentrar los esfuerzos en la huelga general. Sin embargo, a estas alturas, considero que revertir ese deterioro resulta prácticamente imposible.
Estos más de veinte días nos dejan imágenes de solidaridad con quienes carecen de algo tan básico para la dignidad humana como un techo. Nos dejan una protesta justa y una reivindicación necesaria, pero, desgraciadamente, también un desenlace incívico y absolutamente rechazable.
Entrevías, El Pozo del Tío Raimundo y Palomeras Bajas fueron escenario de algunas de las grandes movilizaciones ciudadanas que transformaron la periferia madrileña. Ahora, sus protagonistas cuentan cómo conquistaron derechos que hoy vuelven a estar en disputa a través de una cartografía sonora
Un barrio saliendo del barro: la oda de Santiago a las casas bajas de Vallecas y a su gente
Los barrios de la periferia madrileña no siempre fueron así. Donde ahora hay parques, colegios, centros de salud o bloques de viviendas, antes hubo barro, chabolas y casas levantadas a mano por familias que llegaron a la ciudad buscando una vida mejor. Es el caso de Vallecas, donde el crecimiento de Entrevías, El Pozo del Tío Raimundo y Palomeras Bajas estuvo marcado durante décadas por la falta de vivienda y de servicios básicos, pero también por la respuesta de quienes vivían allí. Vecinos y vecinas que decidieron organizarse para reclamar lo que no tenían y que acabaron convirtiendo sus problemas cotidianos en luchas colectivas.
Algunas de aquellas movilizaciones transformaron por completo Madrid. Otras dejaron espacios de encuentro, asociaciones y formas de hacer política desde abajo que todavía perviven. Ahora, esas voces podrán volver a escucharse mientras se camina por Entrevías, El Pozo del Tío Raimundo y Palomeras Bajas a través de una cartografía sonora que recoge los testimonios de quienes participaron en sus luchas.
Con tan solo escanear un código QR, el paseo por los barrios vallecanos se convierte en un recorrido por la memoria de quienes pelearon por convertir la periferia madrileña en un lugar digno para vivir. La iniciativa forma parte de la serie Cartografía de Memorias de las luchas vecinales en Madrid, desarrollada por La Liminal, el colectivo formado por Beatriz Martins y Yolanda Riquelme, que en esta ocasión también ha contado con la participación de Sara Martín Terceño. El proyecto, impulsado en el marco de la Celebración de los 50 años de España en Libertad, se presentó el pasado 25 de septiembre en Entrevías y El Pozo, y este viernes lo hizo en Palomeras Bajas.
“El paisaje que tenemos hoy, y lo que son muchos de los barrios de Madrid, está ahí porque la gente se lo ha peleado. No ha llegado nada caído del cielo”, explica Beatriz Martins en conversación con Somos Madrid. Esa es, precisamente, una de las ideas que atraviesa la investigación: mirar el barrio actual y preguntarse qué hay detrás de cada calle, cada edificio y cada espacio público. “Me gustaría que estas cartografías nos ayudaran a tener una mirada más curiosa sobre la ciudad”, señala una de las impulsoras del proyecto.
Del barro al barrio
Para entender esa historia hay que retroceder varias décadas. Entrevías fue creciendo con la llegada de población procedente de otras regiones de España, mientras que El Pozo del Tío Raimundo comenzó a desarrollarse con fuerza a partir de los años cincuenta, en buena medida a través de la autoconstrucción. Palomeras Bajas siguió un proceso similar. Familias llegadas a Madrid durante el desarrollo industrial se asentaron en una periferia que crecía deprisa, sin planificación suficiente y con unas carencias básicas que afectaban a casi todos los ámbitos de la vida cotidiana.
La vivienda era una de ellas, pero no la única. El acceso al agua, la educación, la asistencia sanitaria, el transporte, las zonas verdes o los espacios de ocio se convirtieron en motivos para organizarse. Primero fueron redes informales de apoyo y, después, asociaciones capaces de convertir problemas cotidianos en reivindicaciones colectivas.
Vecinos trabajando en la colonia Sandi (1973)
El recorrido de Entrevías y El Pozo reúne trece puntos. Uno de ellos es la calle del Depósito del Agua, donde conseguir algo tan básico como agua corriente se convirtió en un elemento de unión entre el vecindario. Otro conduce hasta las llamadas Domingueras, viviendas unifamiliares construidas por sus propios habitantes durante domingos y festivos, reproduciendo en la periferia madrileña formas de vida que muchas familias habían dejado atrás al emigrar a la capital.
También aparecen colegios, asociaciones vecinales y parroquias. El Centro Pastoral San Carlos Borromeo fue uno de esos lugares desde los que se articularon respuestas a las necesidades del barrio, con sacerdotes que adoptaron una posición cercana a las demandas sociales de sus vecinos. Las asociaciones La Viña y La Paz, que cumplen medio siglo de actividad, forman parte de esa historia de organización y movilización.
En El Pozo aparece otro de los hitos del mapa, la Asociación Vecinal El Pozo del Tío Raimundo, constituida en 1969 y convertida en uno de los principales espacios desde los que el vecindario reclamó la transformación de un entorno marcado por el chabolismo y la infravivienda. También la educación ocupa un lugar destacado, con la Escuela Profesional 1º de Mayo y el CEIP Manuel Núñez de Arenas como ejemplos de una lucha por acceder a un futuro distinto.
Asociación de Vecinos Sección Deportiva del Pozo
“Hay una idea muy clara de que las asociaciones vecinales fueron escuelas de democracia”, resume Martins. En aquellos espacios, en un momento en el que todavía vivían bajo la dictadura franquista y sin libertades, muchas personas aprendieron a reunirse, discutir, tomar decisiones colectivas y defender sus derechos.
No es casualidad que Palomeras Bajas ocupe un lugar especialmente destacado en esta historia. Su asociación vecinal fue la primera de Madrid en constituirse al amparo de la Ley de Asociaciones de 1964. Una norma concebida por el franquismo para proyectar una imagen más aperturista acabó abriendo, de manera inesperada, una grieta que permitió organizarse a quienes buscaban transformar sus barrios.
“Se abre una puerta que no deseaban abrir”, explica Martins. Uno de los testimonios recogidos en el mapa es el de la histórica abogada laboralista Paca Sauquillo, que recuerda cómo un grupo de jóvenes profesionales identificó aquella posibilidad y empezó a trabajar para crear asociaciones vecinales. El resultado fue una estructura de organización que acabaría teniendo un papel relevante en la Transición.
Jornadas por la remodelación de Palomeras Bajas (1979)
El mapa de Palomeras Bajas reúne diez lugares que permiten seguir las huellas de aquellas movilizaciones: la antigua parroquia del Buen Pastor, donde se celebraban reuniones; el colegio del barrio, vinculado a una educación participativa; el antiguo Cine París, convertido en espacio de asambleas; o el conjunto escultórico levantado durante la remodelación. También la Casa de las Mujeres de Vallekas, que recuerda el papel de las vecinas y de las redes feministas en la construcción de comunidad. Todos forman parte de una misma historia, la de un barrio en el que la organización vecinal atravesó la vivienda, la educación, la cultura, el urbanismo y también las luchas de las mujeres.
La ciudad que se conquistó vuelve a estar en disputa
Una de las conclusiones que más ha sorprendido a La Liminal durante la investigación es precisamente que la historia del movimiento vecinal no termina cuando llegan la democracia y las grandes conquistas urbanas de los años setenta y ochenta. “La lucha sigue viva”, resume Martins. Lo que ha cambiado son las formas, los espacios y las generaciones que la protagonizan.
A mediados y finales de los ochenta aparecen en Vallecas nuevas generaciones que se enfrentan a otro paisaje social con tasas de paro muy elevadas, falta de oportunidades y la crisis de la droga. Es el contexto en el que surgen grupos como los Hijos del Agobio y espacios como el Hebe, que aglutinó a una nueva generación alrededor de la cultura y la música. También aparecen las Madres Contra la Droga, mujeres que decidieron organizarse ante una situación que estaba golpeando al barrio. “Muchas de ellas ni siquiera tenían hijos afectados por la droga, pero entendían que era un problema de todas”, recuerda Martins.
Mujeres en las calles de El Pozo del Tío Raimundo
Para La Liminal, esa evolución demuestra que el activismo de barrio nunca ha sido únicamente una cuestión de asociaciones vecinales. Es una red más amplia, con diferentes formas de organización que aparecen en distintos momentos y alrededor de distintos problemas. “Lo más bonito ha sido precisamente ver esa diversificación del activismo. Pensar que no es solo la asociación vecinal, sino que todo el barrio está respirando esa idea de que hay que organizarse para pelear desde distintos lugares, pero con un objetivo común”, señala Martins.
Basta mirar lo que está ocurriendo estos días en Madrid para encontrar un hilo directo con aquellas reivindicaciones. El pasado 23 de septiembre, Maricarmen, una vecina de 87 años, fue desahuciada de la vivienda en la que había vivido durante siete décadas en Retiro. Su caso desencadenó una acampada multitudinaria en la Puerta del Sol, donde vecinos, colectivos y organizaciones reclaman desde hace más de 20 días una respuesta ante una crisis de vivienda que vuelve a poner en primer plano una pregunta que ya estaba presente en las luchas de los barrios obreros de los años setenta: quién tiene derecho a permanecer en la ciudad y qué condiciones hacen posible una vida digna.
La distancia entre unas reivindicaciones y otras no es, quizá, tan grande como podría parecer. Entonces se reclamaban viviendas dignas, colegios, centros de salud, transporte, espacios verdes y barrios donde poder construir una vida. Hoy buena parte de las movilizaciones vuelven a hablar de vivienda, de expulsión de los vecinos, de cuidados y de la necesidad de poder seguir viviendo en los lugares donde se ha desarrollado una vida entera.
Para Martins, precisamente ahí está una de las claves de mirar hacia aquella historia. “Estamos en un momento en el que muchas cosas que creíamos garantizadas se nos están arrebatando con muchísima violencia”, apunta. La memoria de las luchas vecinales no sirve únicamente para recordar lo que se consiguió, sino también para preguntarse qué ocurre cuando derechos que parecían consolidados vuelven a estar en disputa.
Una calle de El Pozo en los años 70
Es también por eso que el proyecto evita plantearse como una mirada nostálgica hacia un pasado de grandes victorias. La memoria de las luchas vecinales sirve, en realidad, para formular preguntas sobre el presente. La vivienda aparece como la principal expresión de ese cambio. Pero detrás están también las formas de relacionarse con el lugar donde se vive, la precariedad y la dificultad para construir comunidad en una ciudad cada vez más móvil.
Después de cuatro años hablando con asociaciones vecinales, La Liminal ha detectado una preocupación por la falta de relevo generacional. “La gente ya no se sentía interpelada por estos movimientos de barrio”, explica Martins. Y eso abre otra pregunta: qué ha ocurrido para que una parte de la población haya dejado de sentirse vinculada a su entorno más inmediato.
La crisis de la vivienda lo hace todavía más evidente. “Estar en un barrio o en otro depende muchas veces de la duración de tu contrato de alquiler”, señala. Una ciudad en la que los alquileres expulsan y desplazan a sus habitantes dificulta la creación de vínculos duraderos. También lo hacen los horarios laborales, los hábitos sociales y una forma de vida que deja menos tiempo para relacionarse con quienes viven alrededor.
Sin embargo, la investigación también ha llevado a La Liminal a una conclusión menos pesimista. “Muchas de las personas con las que hemos hablado vinieron a vivir a una chabola en la que pasaban frío y calor, donde se les metía el agua y no tenían nada. Y encontraron la forma de hacerse con su lugar”, explica Martins.
Por eso, si dentro de 50 años alguien vuelve a recorrer Madrid con una cartografía sonora para contar las luchas de esta época, quizá encuentre formas de organización que todavía no tienen nombre. O espacios que hoy apenas empiezan a existir. “Creo que hay que confiar en que encontraremos maneras de resistir”, admite Beatriz.
Un ejercicio de memoria a través de la voz
La investigación de La Liminal sobre las luchas vecinales comenzó en 2022, aunque el colectivo llevaba tiempo encontrándose con ellas en sus trabajos sobre Madrid. El primer proyecto fue en Meseta de Orcasitas, junto a mujeres del barrio, y después llegaron nuevas investigaciones en Carabanchel Alto, San Isidro, Comillas y otros territorios, con el apoyo del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática y de la FRAVM. Pero a medida que acumulaban materiales y testimonios surgió la duda de cómo conseguir que aquella memoria saliera de los archivos y llegara a más gente.
“No queríamos ser nosotras quienes contáramos esas historias ni apropiarnos de esas voces. Queríamos que las contara la gente que las había protagonizado”, explica Martins. De ahí nacieron las cartografías sonoras, mapas que permiten recorrer físicamente los barrios mientras se escuchan las voces de quienes participaron en sus luchas. Un formato que, además, responde a una preocupación que las asociaciones les trasladaban con frecuencia: cómo llegar a generaciones que no conocen aquella historia o no sienten que forme parte de su propia vida.
“Muchas asociaciones organizan un montón de actividades y viene mucha gente, pero siempre es la misma gente, personas que ya conocen la historia”, cuenta. Frente a ello, el sonido permite otra forma de acercamiento. “Cuando escuchas una voz construyes un cuerpo, una imagen. Transmite mucho más que únicamente lo que está contando. Hay un cuerpo en esa voz que transmite historia”. En Vallecas, además, el material se ha elaborado en dos versiones; una reducida, pensada para acompañar el paseo, y otra extendida, de cinco o seis horas, que permite escuchar los testimonios desde casa.
Uno de los paseos organizados por La Liminal
La idea es que los mapas no se queden en un recorrido puntual. Se distribuirán a través de las asociaciones vecinales que han participado y estarán también disponibles en formato digital. En octubre, La Liminal presentará además una actualización de su guía didáctica y organizará tres formaciones abiertas, dos presenciales en Entrevías y Palomeras Bajas y otra online, para profesorado, dinamizadores comunitarios, asociaciones y otros colectivos interesados en utilizar estos materiales. Para ello, ha contado con el apoyo de material fotográfico cedido por la FRAVM, Santi Vaquero, Andrés Palomino, Javier Campano y Archivo Robert Capa y Cornell Capa (Centro Internacional de Fotografía).
Porque el objetivo último no es únicamente conocer la historia de Vallecas, sino aprender a mirar de otra manera el lugar que se habita. “Cuando vemos un paisaje, un tipo de vivienda, un tipo de calle, preguntarnos por qué está esto aquí, desde cuándo está aquí o si nos gustaría que fuera diferente”, plantea Martins. El paseo propone precisamente eso. Detenerse, escuchar y descubrir que detrás de lo que hoy parece cotidiano hubo personas que se organizaron para conseguirlo.