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OpenAI Engineer Accused of Spying on Executives Ordered to Remain in Custody

19 October 2026 at 20:49
A judge ordered Abdulrahman Alfozan to remain in custody, likening the Saudi government’s offer to secure the former OpenAI engineer’s release to a “blank check.”

China next-gen solar tech curb to impact SpaceX AI computing plan

19 October 2026 at 20:38

Beijing has proposed banning exports of the technology used to make next-generation solar cells, a move that could complicate United States technology guru Elon Musk’s plan to expand into space solar power. The ban, which covers production technology for perovskite and tandem solar cell modules, is part of a proposal by China’s Ministry of Commerce […]

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Saudis Aided Family of Engineer Accused of Bugging OpenAI, Prosecutors Say

19 October 2026 at 22:17
Saudi officials paid for his wife and son to fly out of the U.S. and offered to cover his bail, according to court filings. A judge ordered the engineer to remain in custody.

© Aaron Wojack for The New York Times

The San Francisco offices of OpenAI, whose former employee Abdulrahman Alfozan is charged with trying to secretly record conversations.

Brazilian Court Gives Meta 24 Hours to Prove Equal Treatment of Presidential Campaigns

19 October 2026 at 19:29

Magistrate Bellizze warns daily fine could double to about US$185,000 if Meta fails to comply.

On Monday, the Brazilian Superior Electoral Tribunal gave the technology company Meta a 24-hour deadline to demonstrate that the campaigns of the two presidential candidates, Luiz Inacio Lula da Silva and Flavio Bolsonaro, are receiving equal treatment on Facebook, Instagram and WhatsApp.

RELATED:

Brazilian Police Investigate Flavio Bolsonaro Over Money Laundering

Magistrate Marco Aurelio Bellizze warned that if Meta does not demonstrate that it has complied with the equity measures previously ordered, the court will double the planned daily fine to about US$185,000 until the end of the runoff that will take place on Oct. 25.

His decision comes after both campaigns went to court to denounce that their political content is being harmed by Meta’s platforms and to accuse the company of favoring its rival.

This discriminatory treatment has been particularly notable against the campaign of President Lula da Silva, according to denunciations by militants of the Workers’ Party.

More generally, Brazilians have confirmed that Meta-controlled social networks have imposed limitations on the advertising boost of the leftist candidacy and have selectively restricted the dissemination of posts linked to Lula and his supporters.

Esto es un escándalo por el que tendría que responder Zuckerberg
La periodista Daniela Lima muestra en directo como la IA de Meta favorece la campaña de Bolsonaro creando imágenes de "Flavio 22", y con las mismas instrucciones se niega a hacerlas de "Lula 13". pic.twitter.com/SGb5NjStcR

— Julián Macías Tovar (@JulianMaciasT) October 14, 2026

The text reads, “This is a scandal for which Zuckerberg would have to answer. Journalist Daniela Lima shows live how Meta’s AI favors Bolsonaro’s campaign by creating images of ‘Flavio 22,’ and with the same instructions refuses to make images of ‘Lula 13’.”

Last week, Judge Bellizze determined that Meta offer equal treatment to both candidates in a decision that was endorsed on Friday by the entire electoral tribunal.

In Monday’s decision, the magistrate stated that there are still not enough elements to conclude that Meta deliberately manipulated the distribution of content, but he considered that the multinational has not satisfactorily demonstrated compliance with all previous orders.

Bellizze also questioned that Meta has assumed the authority to modify the deadlines set by the Court, since it requested more time to comply.

Among the court’s demands on Meta are explanations about recommendation systems, the review of ads from both candidacies, the identification of those responsible for political advertising and the measures adopted against possible networks of inauthentic profiles.

The new decision comes after Meta last week denied any interference in the Brazilian elections and rejected accusations of favoring a candidate. The company attributed the problems denounced by the Lula campaign to technical incidents and assured that its systems do not classify or distribute content based on political ideology.

teleSUR/ JF

Source: EFE

Bakú pone punto y final a la fórmula «una nación, dos Estados»  

By: A A
19 October 2026 at 16:42

Ehsan MOVAHEDIAN

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La advertencia de Aliyev contra la influencia extranjera llega en medio de una disputa con los círculos políticos turcos sobre la religión, Karabaj y las relaciones de Azerbaiyán con Israel.

En el octavo congreso del Partido del Nuevo Azerbaiyán, celebrado en Bakú el 2 de octubre, el presidente Ilham Aliyev ofreció una descripción inusualmente directa de lo que denominó la «seguridad ideológica» de Azerbaiyán. Era tan importante como la seguridad física, afirmó, ya que las amenazas ideológicas podían traspasar las fronteras a través de Internet, los ciberataques y la inteligencia artificial (IA).

Hizo un llamamiento a la educación y al patriotismo para defender el espacio político del país, al tiempo que insistió en que Azerbaiyán no necesitaba «ayuda ni patrocinio» extranjeros. Añadió que otros Estados no debían interferir en sus asuntos ni decirle cómo vivir.

Estas declaraciones las realizó el presidente y líder del partido gobernante en un congreso en el que se definió su rumbo político. Aliyev situó el control de la esfera ideológica de Azerbaiyán al mismo nivel que el poder militar, la independencia económica y la toma de decisiones soberana.

No mencionó a Turquía como fuente de ninguna amenaza. Sin embargo, sus palabras se produjeron en medio de críticas en los círculos políticos y mediáticos turcos hacia las políticas internas de Azerbaiyán, especialmente su trato a las estudiantes que llevan hiyab. El 26 de septiembre, el Consejo de Medios de Comunicación y Radiodifusión de Azerbaiyán acusó a círculos no identificados de llevar a cabo una campaña contra el país en los medios turcos y en las redes sociales.

Ese enfrentamiento agudiza aún más la fórmula «una nación, dos Estados». La proximidad política nunca ha eliminado las diferencias en los intereses nacionales. A medida que Ankara y Bakú se han ido acercando, la cuestión de quién define su identidad común —y qué influencia permite— se ha vuelto más difícil de eludir.

Los analistas que hablaron con The Cradle consideran que el discurso de Aliyev es un intento de renegociar la relación, más que de romperla. Azerbaiyán no tiene ninguna intención aparente de renunciar a su asociación militar, económica y cultural con Turquía. Sin embargo, Bakú quiere dejar claro que el parentesco no otorga a Ankara ninguna autoridad sobre la política interna azerbaiyana.

Una advertencia que se ha escuchado en Ankara

Hazel Yalin, investigadora especializada en las relaciones turco-rusas, interpreta que el discurso estaba dirigido, en gran medida, al Gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan. El analista turco Aydin Sezer también percibe un mensaje diplomático indirecto. Según Sezer, Aliyev se dirigió a varios públicos, entre ellos Occidente, Armenia, Rusia e Irán, pero es posible que Ankara se encontrara entre sus principales destinatarios.

El contexto inmediato es la controversia sobre la religión en las escuelas de Azerbaiyán. Una enmienda de septiembre a las normas de vestimenta de las escuelas públicas prohíbe prendas adicionales consideradas incompatibles con la educación laica. La decisión no menciona el hiyab por su nombre, pero las noticias de que se ha impedido a algunas niñas asistir a clase por llevar pañuelo en la cabeza han suscitado objeciones por parte de críticos turcos.

Ankara no ha abordado públicamente el tema con Bakú. Sezer interpreta la exhortación de Aliyev a que otros países se ocupen de sus propios asuntos como una advertencia contra convertir el lenguaje de la hermandad en un derecho a supervisar a Azerbaiyán.

La propia alianza reconoce este límite. La Declaración de Shusha de 2021 celebra «una nación, dos Estados» y formaliza una amplia cooperación, pero también compromete a Ankara y Bakú a respetar la soberanía y la no injerencia en los asuntos internos de la otra parte. La disputa actual ha puesto en contacto esas dos partes de la declaración.

Si los actores políticos turcos reclaman voz en la política religiosa y educativa de Azerbaiyán alegando una nacionalidad compartida, el margen de soberanía ideológica de Bakú se reduce. Si esas cuestiones pertenecen exclusivamente a Azerbaiyán, el lema sigue siendo una expresión de afinidad cultural y solidaridad política, sin otorgar a ninguna de las dos capitales un mandato sobre la otra.

¿A quién pertenece la victoria en Karabaj?

Yalin afirma que los canales de noticias y las cuentas en redes sociales pro-Erdogan han acusado a Bakú de presionar a los musulmanes en materia de prácticas y organización religiosas. Algunos también han presentado la victoria de Azerbaiyán en la Segunda Guerra de Karabaj como algo que debía a Turquía, calificando las políticas laicas de Aliyev de ingratas y exigiendo respeto por las sensibilidades religiosas turcas.

«Este argumento también se ha esgrimido basándose en el lema “dos Estados, una nación”: si los turcos y los azerbaiyanos son miembros de la misma nación, entonces, según este razonamiento, el Gobierno azerbaiyano también debería tener en cuenta la voz de esa nación».

El discurso de Aliyev en el congreso apuntaba en la dirección opuesta. Afirmó en repetidas ocasiones que Azerbaiyán había actuado por su cuenta, había pagado sus armas y se había impuesto sin ningún patrocinador externo. Esta fue su interpretación política de la guerra; no debe interpretarse como una conclusión de que el apoyo turco no desempeñó ningún papel.

De hecho, la Declaración de Shusha recoge explícitamente el agradecimiento de Bakú por el apoyo moral y político de Turquía. La controversia gira en torno a quién puede atribuirse el mérito político del resultado y qué derechos podría otorgarles ese mérito para exigir algo posteriormente.

Para Aliyev, la victoria militar forma parte de un proyecto más amplio de construcción del Estado. Describió la independencia, la fortaleza económica, el poderío militar y la confianza en las capacidades azerbaiyanas como la línea de actuación duradera de su Gobierno. Cuanto más se convierte esa narrativa en el eje central de su legitimidad, menos margen queda para que otra capital se presente como la artífice del éxito de Azerbaiyán.

La implicación es significativa: no se puede permitir fácilmente que un actor externo —ni siquiera uno amigo— se convierta en el artífice político del éxito de Azerbaiyán.

Jafar Haghpanah, profesor de la Universidad de Teherán, sostiene que Bakú ya no quiere ser tratado como un socio subordinado de Turquía. Yalin identifica tres elementos en la postura de Aliyev.

El primero es la preocupación por la presión ideológica: según la interpretación de Yalin, el intento de golpe de Estado de 1995 contra el padre de Aliyev, Heydar Aliyev, dejó una advertencia duradera sobre las posibles consecuencias de la actividad política vinculada a Turquía.

El segundo es la resistencia a las descripciones nacionalistas turcas de Azerbaiyán como un «hermano pequeño». El tercero es la creciente confianza de Aliyev en que Azerbaiyán puede ejercer su propia influencia política en toda la región. Las acusaciones relativas a figuras turcas en el episodio de 1995 no deben confundirse con la responsabilidad por parte del actual Gobierno turco.

Bakú tiene ahora un mayor peso militar y económico que a principios de la década de 2000. La Compañía Estatal de Petróleo de la República de Azerbaiyán (SOCAR) ha ampliado el alcance energético de Azerbaiyán; el país ha establecido profundos lazos con Israel, relaciones estratégicas con China y Estados Unidos, y ocupa un lugar destacado en la Organización de Estados Turcos (OTC). Esas conexiones le dan más margen para rechazar una jerarquía dentro de su alianza más estrecha.

Yalin cita el respaldo de Sinan Ogan a Erdogan en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Turquía de 2023 como ejemplo de cómo la influencia azerbaiyana podría convertirse en un tema de debate en la política turca. A Ogan se le preguntó si Aliyev había influido en su decisión y lo negó explícitamente, afirmando que Aliyev no le había llamado. La acusación no puede demostrar que Bakú dirigiera su elección. No obstante, su difusión muestra la rapidez con la que la cuestión de la influencia funciona en ambos sentidos.

El alcance de la seguridad ideológica

La advertencia de Aliyev fue más allá de la controversia sobre los uniformes escolares. Su respuesta consistió en reforzar la educación y el patriotismo y, con ellos, el control del Estado sobre cómo se interpretan su historia y sus victorias.

Turquía dispone de medios inusualmente potentes para llegar a ese público: la televisión, las redes sociales, las universidades, las redes religiosas, la cultura popular, las empresas y las instituciones del mundo turco en general. Esas conexiones han ayudado a mantener la alianza. También pueden inquietar a Bakú cuando los debates políticos turcos comienzan a moldear las expectativas sobre el orden interno de Azerbaiyán.

El problema para Aliyev no es que la influencia turca sea uniformemente hostil. Es que incluso una influencia amistosa puede seguir desafiando la autoridad de un Gobierno para definir la identidad y la política nacionales. Su énfasis en la seguridad ideológica sugiere que pretende proteger esa autoridad incluso dentro de la asociación más estrecha de Azerbaiyán.

El lugar de Israel entre los aliados

La relación de Azerbaiyán con Israel añade otra fuente de tensión. Ankara ha condenado la guerra de Israel contra Gaza, mientras que Bakú ha mantenido estrechos vínculos en materia de seguridad y energía con Tel Aviv. Las armas israelíes han constituido una parte importante del arsenal de Azerbaiyán, y el crudo azerbaiyano ha seguido llegando a Israel a través del puerto de Ceyhan, en Turquía, a pesar de las restricciones comerciales declaradas por Ankara. The Cradle ha informado sobre la relación en materia de armas y petróleo y sobre los continuos flujos de petróleo.

El analista del Cáucaso Ahmad Kazemi no considera que las diferencias entre Ankara y Bakú sean lo suficientemente profundas como para amenazar su alianza. No obstante, cree que la confianza de Aliyev se basa en parte en el apoyo israelí.

Según la valoración de Kazemi, «si Bakú se viera obligada a elegir entre Ankara y Tel Aviv, elegiría a Israel». También sostiene que Bakú sabía que la presencia de su representante durante el discurso del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ante la ONU en septiembre desagradaría a Turquía. Un análisis de la Agencia Anadolu reveló que Turquía se sumó a la protesta contra el discurso, mientras que Azerbaiyán siguió estando representado.

Kazemi ve otra consecuencia para el Cáucaso. Sostiene que la preocupación compartida por Turquía e Irán respecto a la posición de Israel en Azerbaiyán podría acercar a Ankara y Teherán en algunas cuestiones, incluidos los corredores de transporte regionales. Dicha convergencia tendría que lidiar con la amplia cooperación estratégica y de defensa de Turquía con Bakú.

Haghpanah ofrece una interpretación más contundente del discurso pronunciado en el congreso:

«Aliyev pretendía con su discurso indicar a Turquía que Azerbaiyán es el principal aliado de Israel y que Ankara debería moderar su tono hacia Tel Aviv y evitar adoptar una postura dura contra este país. Predice que Turquía e Israel entrarán en conflicto por los recursos energéticos del mar Mediterráneo, así como por sus intereses geoeconómicos y geopolíticos».

Yalin interpreta de manera similar las referencias de Aliyev a la producción y venta de petróleo de Azerbaiyán como una respuesta a las críticas a su comercio con Israel. Esas observaciones por sí solas no permiten determinar las intenciones de Bakú. Por su parte, Dariush Safarnejad, un destacado experto en el Cáucaso, señala la relación «petróleo por armas», pero espera que la influencia israelí en Azerbaiyán se reduzca en cierta medida si la cooperación directa de Bakú con Washington se intensifica tras la iniciativa de paz con Armenia. También hace referencia al debate sobre unos lazos más estrechos con la OTAN.

Los demás socios de Bakú

Aliyev aprovechó el congreso para describir a China y a EE. UU. como las dos superpotencias mundiales y para destacar las alianzas estratégicas de Azerbaiyán con ambas. El esfuerzo de Bakú por establecer vínculos con centros de poder rivales le proporciona alternativas a la dependencia de un único socio, ya sea turco, ruso, chino u occidental.

Sus comentarios sobre Armenia y Rusia encajan en ese contexto. Yalin llama la atención sobre la afirmación de Aliyev de que Armenia reconoció la integridad territorial de Azerbaiyán en octubre de 2022, con el consiguiente reconocimiento de la soberanía azerbaiyana sobre Karabaj.

Aliyev presentó el restablecimiento del control azerbaiyano como un logro conseguido frente a la presión de las grandes potencias. Yalin considera que esto forma parte del intento de Bakú de reposicionarse tras la guerra.

Azerbaiyán y Armenia rubricaron un borrador de acuerdo de paz en Washington en agosto de 2025, aunque aún no se ha firmado el tratado definitivo. Safarnejad sostiene que unos lazos más estrechos con Washington podrían dar a Bakú más margen para tratar directamente con EE. UU. y, con el tiempo, reducir su dependencia de Israel.

Hermandad sin un socio dominante

Ninguno de los cinco analistas sugiere que sea inminente una ruptura entre Ankara y Bakú. Safarnejad destaca la profundidad de su interdependencia: la cooperación militar, las infraestructuras energéticas, los corredores de transporte, la inversión, las industrias de defensa y las instituciones culturales confieren a la alianza una base sólida.

La OTS refuerza esos lazos. En septiembre, funcionarios turcos y azerbaiyanos seguían debatiendo una cooperación más profunda en materia de defensa y seguridad.

Azerbaiyán sigue queriendo a Turquía a su lado en materia de seguridad, comercio y diplomacia regional. Aliyev marca el límite en lo que respecta a la influencia de Ankara sobre la política religiosa de Bakú, sus vínculos con Israel y sus relaciones exteriores en general. Para él, el lema «una nación, dos Estados» otorga a Azerbaiyán la última palabra sobre sus propios asuntos.

Hasta qué punto Bakú podrá hacer valer esa reivindicación dependerá, en parte, de la política interna de Turquía tras Erdogan, de la durabilidad de la relación de Azerbaiyán con Israel y de su capacidad para gestionar las relaciones con Washington, Moscú, Pekín y Teherán sin perder el apoyo de Ankara.

Para Irán, un Bakú más seguro de su independencia pero más dependiente de Israel difícilmente resultaría tranquilizador. La alianza puede perdurar; la discusión sobre quién establece sus límites ya está en marcha.

Publicado originalmente por  The Cradle
Traducción:  Geopolítica rugiente

Meta Is Gifting AI Glasses to Blind Veterans: 'I Got My Independence Back'

19 October 2026 at 11:00
Two men sitting on a bench with one of them wearing Meta glasses | Photo: Meta

Two hundred years ago, the invention of Braille allowed blind people to read and write. By the 1930s, recorded sound made "talking books" possible. Developments in text-to-speech technology in the 1980s made reading more accessible and widespread. Then came personal computers, screen readers, smartphones, cameras, GPS, voice assistants, and myriad other technological advancements that gave blind people more independence.

Now a pair of sunglasses can read your mail, describe the person in front of you, tell you what is on a restaurant menu, and help you find your way home. Meta, the parent company of Facebook, is using artificial intelligence to turn glasses into a hands-free companion. For any person, this technology is impressive. For the approximately 700,000 Americans who are blind, it is potentially life-changing.

In June, Meta announced that every single blind veteran in the United States could receive its AI glasses free of charge. According to the Department of Veterans Affairs (V.A.), approximately 130,000 American veterans are legally blind, and over 1 million veterans have vision impairment that makes performing daily activities difficult. Don Overton, a blind veteran and former executive director of the Blinded Veterans Association, told Meta that he had "lost [his] independence" after losing his eyesight in a bunker explosion. "The moment I put on my Ray-Ban Meta glasses," he said, "I got my independence back."

The V.A. has a history of failing to fully support blind veterans. In 2022, the V.A.'s Office of Inspector General found that claims processors were instructed to contact visually impaired veterans by telephone, but 87 percent of claims showed no evidence of these calls ever happening. A 2022 investigation by the Senate's Special Committee on Aging found that "roughly 90 percent" of V.A. websites were not compliant with federal accessibility requirements. "We feel we've been abandoned by the agency that is tasked with providing our care and services for us," Overton told The Washington Post in 2022.

Meta's AI glasses have come under fire due to their privacy risks. The company was sued in March after Swedish publications Svenska Dagbladet and Göteborgs-Posten reportedly found that Meta's contractors in Kenya were accessing videos by users of their AI glasses. "We see everything, from living rooms to naked bodies," one worker noted.

Users should be aware of those risks. Still, for blind veterans, companies such as Meta have stepped up to fill a gap that the government has failed to address.

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Artificial Intelligence Runs an Entire Café in Stockholm

19 October 2026 at 09:13
While drinks may be prepared by human hands, an artificial intelligence system is in full control of an experimental café in the Swedish capital, Stockholm, the Associated Press reported in late July. San Francisco-based startup Andon Labs has placed an AI-powered agent named “Mona” at the helm of a café in Stockholm. The system, built […]

Policing only deepfakes, Israel leaves chatbot-trusting voters exposed to real AI threat

19 October 2026 at 06:04
While authorities keep eye on fake videos, experts warn electorate more vulnerable to chatbots like ChatGPT and Gemini, which can sway opinions, suppress turnout and be used to bolster claims against legitimacy of vote

Could AI really kill us all?

By: A A
17 October 2026 at 19:10

By Katie FORSTER

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STARK warnings from artificial intelligence researchers that advanced forms of the technology could wipe out humanity have raised questions over whether governments are moving fast enough to regulate it.

What are the potential dangers of “superintelligent” computer systems, and should we be worried?

AI experts have long described the threat as critical.

In 2023, hundreds of AI scientists and industry figures, including the heads of top US labs, signed a “statement on AI extinction risk” calling for the issue to be treated as seriously as pandemics or nuclear war.

If an out-of-control future AI deems that humans are obstructing its goals, it could use robots to “synthesise and spread novel pathogens”, said Stuart Russell, computer science professor at the University of California, Berkeley.

Or it could “convince people to initiate nuclear war, including by hacking into early warning systems”, Russell, a prominent voice on AI safety, said.

Such existential fears do not concern current AI systems, he said. But as the technology improves, it could take lethal action beyond our understanding, such as by removing oxygen from the atmosphere.

“We are less intelligent than superintelligent AI. If you ask chimpanzees how humans could wipe them out, they probably wouldn’t be able to give you all the right answers.”

In the meantime, “in the next year or two, I think the risk is higher from human misuse”, Russell added, such as an AI-enabled terror attack.

“The stakes are well-understood,” Jacob Coxon, a 27-year-old researcher, wrote on X last week, announcing his resignation from US AI startup Anthropic.

“But they are locked in a race to get there first,” he added, saying that Anthropic “believes no one else will act responsibly, so they must do it themselves”.

Anthropic this year removed a pledge from its safety charter to halt development of its models if it failed to control their risks.

It argued that if it unilaterally paused its work, its less cautious rivals would dominate the industry, making it less safe overall.

“The people building AI earnestly believe that it could kill us all by the end of the decade,” said Coxon, who previously worked at ChatGPT maker Open-AI.

He accused both companies of “gambling with our lives” as they strive to develop AI models capable of self-improvement.

Fears are heightened over rogue AI after OpenAI technology operating outside human supervision hacked into Hugging Face, a repository of AI models.

“We really do earnestly believe AI could kill all humans!” Anthropic safety executive Evan Hubinger chimed in on X, estimating the risk at more than 10 per cent over the next decade.

It’s important to remember that doom-laden percentage predictions are “absolutely unscientific”, said Hussein Abbass, a computing professor at UNSW Canberra.

“The situation is still controllable, and it can be managed,” Abbass said.

But governments should not sit on their hands when it comes to regulating AI, he added, urging an “agile” approach as AI development accelerates.

Both Anthropic and OpenAI are expected to go public soon, and some sceptics say scary warnings make AI appear powerful and worthy of large investments.

Others argue that focusing on the risk of extinction distracts from more pressing problems caused by AI, from job losses to machines discriminating against minorities.

In July, more than 1,000 tech employees, including Anthropic’s CEO, called on Washington to support a coordinated slowdown in the development of the most advanced AI systems.

OpenAI halted training of its latest models for two weeks in August before resuming it under tighter controls.

The United States has been firmly against global regulation of the sector that could stifle innovation.

But the hacking capabilities of the most cutting-edge models have given Washington pause, with recent Anthropic and OpenAI releases delayed over national security concerns.

Even then, “we don’t want to restrict them where all of a sudden we come in second to China”, President Donald Trump has said.

“Maybe it will take a massive, Chernobyl-scale disaster to get governments to act,” Russell said, urging them to establish a licensing regime for AI, as exists with aviation, medicine or water supply.

“Perhaps at some point governments will remember that their voters prefer not to be dead.”

Original article:  www.nst.com.my

Weak Links Start to Show in A.I. Borrowing

Debt trouble at CoreWeave, Oracle and SoftBank raises questions about whether there are broader problems with the data center build-out.

© Ivan Pierre Aguirre for The New York Times

The site where Project Jupiter, an artificial intelligence data center, is under construction in Santa Teresa, N.M. Oracle is having trouble obtaining state permits for its energy needs.

Corporate Tax Revenue Falls Even as Profits Soar Under Trump

17 October 2026 at 10:02
The annual decline was about $70 billion. Companies are writing off billions in A.I. investments, taking advantage of tax cuts that President Trump signed into law.

© Haiyun Jiang/The New York Times

A law signed by President Trump last year lets companies claim larger deductions in the year they make new investments.

Intelligenza Umana, Intelligenza Artificiale e il futuro della guerra algoritmica

By: A A
17 October 2026 at 16:30

La tecnologia può stabilire come un’arma raggiunge il bersaglio, mentre spetta all’umanità decidere se quel bersaglio debba essere colpito. La domanda che si cela dietro a tutto ciò è chi, concretamente, eserciti quell’umanità, con quali strumenti di conoscenza e dentro quali istituzioni.

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Dalla persona al bersaglio

Che cosa ne è dell’umanità quando la tecnologia diventa capace di riconoscere, classificare, seguire e infine uccidere esseri umani senza che chi colpisce li abbia mai visti? Se lo è chiesto l’amico Mohammad Reza Dehshiri e la sua risposta ha una formula efficace. Il pericolo, scrive, non è l’intelligenza artificiale ma l’inumanità artificiale, cioè la possibilità che le macchine diventino più accurate proprio mentre gli uomini smettono di sentirsi responsabili di ciò che quelle macchine fanno in loro nome.

Con questo articolo apro una serie che parte dalla diagnosi di Dehshiri e prova a spingersi oltre. Se il problema è l’inumanità artificiale, la risposta non può consistere in un’IA «più etica», come se l’etica fosse un modulo da installare a valle di un sistema già progettato. Bisogna recuperare una categoria che il lessico tecnologico ha reso quasi impronunciabile: l’intelligenza umana, intesa non come un residuo da proteggere nelle pieghe dell’automazione, ma come una forma di conoscenza con prerogative proprie, che nessun aumento della potenza di calcolo può surrogare.

La chiamerò Human Intelligence, e l’ambiguità è voluta. Nel gergo dei servizi di informazione, HUMINT designa la più antica delle discipline informative: quella che passa per le persone, le fonti, le lingue, la frequentazione paziente dei luoghi. Nel lessico filosofico l’espressione indica la facoltà di comprendere. La tesi di questo primo contributo è che i due significati oggi convergono, e che la loro convergenza ha una portata geopolitica che va ben oltre il dibattito sull’etica delle armi.

Possiamo descrivere la catena operativa della guerra contemporanea in sette passaggi: rilevare, identificare, classificare, predire, ordinare per priorità, designare, colpire. Ogni anello può essere tecnicamente raffinato senza che la sequenza, presa nel suo insieme, lo sia sul piano morale. Il fenomeno che ne risulta viene chiamato «datificazione della vita umana»: l’individuo ridotto a un’identità, a una posizione, a uno schema di comportamento, a un punteggio di minaccia.

Non si tratta di un’astrazione. Nell’aprile 2024 un’inchiesta di Yuval Abraham per +972 Magazine e Local Call ha descritto Lavender, un sistema impiegato dalle forze armate israeliane a Gaza per attribuire a decine di migliaia di persone una probabilità di affiliazione ai gruppi armati. Secondo le fonti interne citate dall’inchiesta, la verifica umana di ciascun nominativo si riduceva spesso a una ventina di secondi, il tempo necessario per accertare che il bersaglio fosse di sesso maschile. Le forze armate israeliane hanno contestato questa ricostruzione e hanno descritto Lavender come una banca dati di supporto agli analisti. Anche accettando la versione ufficiale, però, il nodo resta intatto: un operatore umano era presente, e la sua presenza non bastava a trasformare la raccomandazione del sistema in un giudizio.

La psicologia cognitiva ha un nome per questo fenomeno, automation bias: la tendenza di chi lavora con un sistema automatizzato a trattarne le indicazioni come sostituto della propria verifica, e a non cercare le informazioni che potrebbero smentirle. Nel 1976 Joseph Weizenbaum, che aveva costruito uno dei primi programmi conversazionali della storia, distingueva già tra la capacità di calcolare e quella di giudicare, e sosteneva che vi sono compiti che non andrebbero affidati a un calcolatore anche se il calcolatore fosse in grado di svolgerli. Mezzo secolo dopo la distinzione è diventata più urgente. Il calcolo lavora su ciò che è già stato tradotto in dato. Il giudizio deve decidere se quella traduzione è stata fedele.

Dehshiri fissa il punto con quattro distinzioni: la precisione tecnica non è precisione etica, l’accuratezza non è giustizia, l’automazione non è responsabilità, la superiorità tecnologica non è superiorità morale. Ne aggiungerei una quinta, di ordine epistemico, da cui dipendono le altre: la correlazione non è comprensione. Un sistema di apprendimento automatico riconosce regolarità statistiche in un insieme di dati. Non sa che cosa sia una scuola, perché non sa che cosa sia un bambino, e non sa nemmeno di non saperlo.

L’iraniano prende un caso studio interessante: Il 28 febbraio 2026, nelle prime ore della guerra, la scuola elementare Shajareh Tayyebeh di Minab, nella provincia di Hormozgan, fu colpita più volte durante l’orario di lezione. Le cifre fornite dalle autorità iraniane oscillano tra 150 e 175 morti, in grande maggioranza bambine, con decine di insegnanti e alcuni genitori; il procuratore della contea ha indicato un bilancio definitivo di 156 vittime. Washington non ha mai riconosciuto direttamente la propria responsabilità né pubblicato le conclusioni dell’indagine del Pentagono. Amnesty International ha parlato, nella migliore delle ipotesi, di un grave fallimento dell’intelligence.

C’è un dettaglio, emerso dalle immagini satellitari, che sposta l’analisi dal piano morale a quello conoscitivo. Secondo i media occidentali, la scuola sorgeva accanto a una base navale dei Guardiani della Rivoluzione e in passato ne aveva fatto parte; tra le spiegazioni circolate negli ambienti statunitensi c’è quella di dati di puntamento non aggiornati. Se l’ipotesi venisse confermata, Minab non sarebbe il caso di una macchina che sbaglia, ma di un archivio che ha smesso di corrispondere alla realtà. L’edificio era cambiato. Il dato no.

Nessun algoritmo di classificazione, per quanto sofisticato, può accorgersi che un vecchio fabbricato militare è diventato una scuola se nessuno ha registrato il cambiamento. Lo sapeva chiunque vivesse a Minab: i genitori che ogni mattina accompagnavano le figlie, il conducente dello scuolabus, gli insegnanti. È esattamente il tipo di sapere che la HUMINT raccoglie e che la guerra a distanza tende a considerare superfluo, perché lento, costoso, difficile da scalare. Allo stato delle fonti pubbliche, la responsabilità statunitense appare altamente probabile, mentre la dinamica resta indeterminata e la confidenza su questo punto è bassa: errore della banca dati, errore di classificazione, oppure accettazione consapevole del rischio. Le tre ipotesi, però, convergono sulla stessa domanda. Chi, prima del lancio, ha verificato se in quell’edificio ci fossero persone?

Oltre il “human-in-the-loop”

Il dibattito internazionale si è a lungo accontentato del principio del human-in-the-loop, l’essere umano inserito nel circuito decisionale.

La formula è insufficiente: un uomo può essere presente nel circuito e limitarsi a ratificare la raccomandazione dell’algoritmo. Propone di sostituirla con un principio più esigente, che chiama humanity-in-command: la capacità effettiva di mettere in discussione, respingere, scavalcare e arrestare il processo automatizzato.

La storia della Guerra fredda offre due esempi che chiariscono che cosa significhi in concreto. Il 26 settembre 1983 il sistema sovietico di allerta precoce Oko segnalò il lancio di cinque missili balistici dagli Stati Uniti. L’ufficiale di turno, Stanislav Petrov, classificò l’allarme come un errore e non lo trasmise come attacco in corso, ragionando che un primo colpo americano non sarebbe mai consistito in cinque missili soltanto. Aveva ragione: il satellite aveva scambiato per lanci i riflessi del sole sulle nubi. Ventuno anni prima, il 27 ottobre 1962, nelle acque dei Caraibi, il sottomarino sovietico B-59, isolato e bersagliato da cariche di profondità di segnalazione, fu sul punto di impiegare un siluro a testata nucleare. Il lancio richiedeva il consenso dei tre ufficiali superiori a bordo, e Vasilij Archipov lo negò.

In nessuno dei due casi l’uomo approvò una raccomandazione del sistema. La contraddisse. E non lo fece perché disponeva di più dati: i dati, anzi, erano il problema. Lo fece perché seppe porsi una domanda che nessuna procedura gli imponeva, cioè se ciò che vedeva avesse senso rispetto a tutto il resto che sapeva del mondo. Petrov conosceva la dottrina nucleare americana; Archipov conosceva la differenza tra un attacco e un’intimidazione. È questa capacità di confrontare il segnale con l’insieme, il particolare con il plausibile, che chiamo Human Intelligence. Vale la pena notare che il Dena è stato affondato da un sottomarino. Non sappiamo che cosa sia stato chiesto ai suoi ufficiali, né quali margini di valutazione avessero.

La proposta va precisata, perché il rischio è di ridurla a un appello umanistico generico. La Human Intelligence, così come la intendo, si articola su tre piani distinti, ciascuno dei quali segna un limite strutturale, e non contingente, dell’intelligenza artificiale.

Il primo piano è epistemico. La tradizione scolastica distingueva tra intellectus, l’atto con cui la mente coglie in modo immediato una verità, e ratio, il procedere discorsivo da un elemento all’altro: per Tommaso d’Aquino (Summa Theologiae, I, q. 79, a. 8) le due non sono facoltà diverse ma momenti di un unico intelletto, in cui il ragionamento parte da una comprensione e a una comprensione ritorna. I sistemi attuali di apprendimento automatico realizzano una ratio di potenza inaudita, capace di inferire, combinare, predire su scale inaccessibili alla mente umana. Manca loro il momento dell’intellectus, cioè la presa sul senso di ciò che elaborano. È una tesi filosofica e va presentata come tale, ma ha conseguenze operative precise: un sistema privo di comprensione non può sapere quando il proprio modello del mondo è diventato falso.

Il secondo piano è pratico. La prudentia, nella definizione tomista, è la retta ragione applicata all’agire, e il suo compito specifico consiste nel portare il principio universale fino al caso singolare. La macchina generalizza: il suo valore sta nel ricondurre il singolo caso a una classe. La prudenza fa l’opposto, perché deve riconoscere ciò che, in questo caso, sfugge alla classe. La guerra, che è il regno del singolare e dell’imprevisto, è il terreno in cui la differenza pesa di più. La nota vaticana Antiqua et nova del gennaio 2025 ha ripreso questa linea, insistendo sul carattere incarnato e relazionale dell’intelligenza umana e sulla sua irriducibilità a una funzione di elaborazione.

Il terzo piano è relazionale, ed è qui che il significato filosofico incontra quello dei servizi. Sherman Kent, che negli Stati Uniti del dopoguerra fondò di fatto gli studi sull’intelligence, la definiva prima di tutto come conoscenza, prima ancora che come organizzazione o attività. La HUMINT è la forma di questa conoscenza che passa attraverso l’altro come persona: chi parla la sua lingua, conosce le sue abitudini, sa leggere un quartiere, distingue una festa da un raduno. Negli ultimi tre decenni le grandi potenze hanno progressivamente spostato risorse verso le discipline tecniche, dalla raccolta di segnali all’osservazione satellitare, fino alle piattaforme di fusione dei dati. Minab mostra il prezzo di questo squilibrio.

Nulla di tutto questo implica un rifiuto della tecnologia. La Human Intelligence non si oppone all’IA come il manuale si oppone al meccanico. Ne stabilisce la gerarchia: l’algoritmo come strumento ordinato a un giudizio che non può produrre da sé. E ne ricava un principio, che Dehshiri formula e che merita di diventare criterio operativo: quanto più la tecnica allontana chi agisce dalle conseguenze del proprio atto, tanto più deve crescere la responsabilità cosciente di chi decide, non diminuire.

Geopoliticamente parlando

Fin qui la questione potrebbe sembrare di filosofia morale. Non lo è soltanto. La distribuzione della capacità di guerra algoritmica è una distribuzione di potere, e le regole che la governeranno saranno scritte, se mai lo saranno, da chi ha interesse a limitarle il meno possibile.

Lo stato del diritto internazionale lo conferma. Il gruppo di esperti governativi istituito nell’ambito della Convenzione su certe armi convenzionali discute dei sistemi d’arma autonomi letali dal 2017 senza essere approdato a uno strumento vincolante. Gli Stati Uniti hanno promosso nel novembre 2023 una dichiarazione politica sull’uso militare responsabile dell’IA, per definizione non vincolante; nel dicembre dello stesso anno l’Assemblea generale delle Nazioni Unite ha adottato la prima risoluzione dedicata a questi sistemi, mentre il Comitato internazionale della Croce Rossa chiede dal 2021 il divieto dei sistemi autonomi imprevedibili e di quelli progettati per colpire esseri umani. Nel giugno 2024, intervenendo al G7 di Borgo Egnazia, Papa Francesco aveva chiesto che nessuna macchina sia mai messa nelle condizioni di decidere della vita di una persona. Il divario tra queste posizioni e la pratica dei teatri di guerra del 2026 si misura in vittime.

C’è poi un’asimmetria più profonda. Chi controlla i dati decide chi è un bersaglio, e le vittime della guerra algoritmica si trovano in larga parte fuori dall’Occidente: a Gaza, in Iran, nel Sahel, nello Yemen. Per gli Stati che non producono le piattaforme e non ne controllano gli archivi, la Human Intelligence diventa allora una questione di sovranità. Un Paese che mantiene competenze linguistiche, conoscenza regionale, reti umane di informazione conserva un’autonomia di giudizio; un Paese che affida la propria visione del mondo a sistemi progettati altrove, spesso da imprese private, la cede insieme ai dati. In un ordine che tende al multipolarismo, questa differenza separerà gli attori che giudicano da quelli che vengono giudicati.

Ne discende una proposta concreta, che svilupperò nei prossimi contributi. Accanto al principio generale del controllo umano significativo, il diritto internazionale umanitario potrebbe codificare un obbligo specifico di verifica umana dello status civile per ogni infrastruttura fissa inserita in una lista di obiettivi, con una data di validità oltre la quale l’informazione decade e va rinnovata con fonti dirette. È una norma minima. Applicata a Minab, avrebbe imposto a qualcuno di chiedersi se quell’edificio fosse ancora ciò che l’archivio diceva.

La tecnologia può stabilire come un’arma raggiunge il bersaglio, mentre spetta all’umanità decidere se quel bersaglio debba essere colpito. La domanda che si cela dietro a tutto ciò è chi, concretamente, eserciti quell’umanità, con quali strumenti di conoscenza e dentro quali istituzioni. A Minab qualcuno avrebbe dovuto sapere che c’era una scuola. Il fatto che nessuno lo sapesse, o che nessuno lo abbia chiesto, è il punto da cui ricominciare.

China says it will curb tech exports, including AI, citing national security risks

The proposal came as China and the U.S. made progress in dialogues over AI safety and governance and on the setting up of a notification mechanism between the two superpowers for AI incidents that could threaten national security.

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