A.I. Fortunes Could Bring Critical Funds to Global Health. The Scramble Is On.

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Beijing has proposed banning exports of the technology used to make next-generation solar cells, a move that could complicate United States technology guru Elon Musk’s plan to expand into space solar power. The ban, which covers production technology for perovskite and tandem solar cell modules, is part of a proposal by China’s Ministry of Commerce […]
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On Monday, the Brazilian Superior Electoral Tribunal gave the technology company Meta a 24-hour deadline to demonstrate that the campaigns of the two presidential candidates, Luiz Inacio Lula da Silva and Flavio Bolsonaro, are receiving equal treatment on Facebook, Instagram and WhatsApp.
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Magistrate Marco Aurelio Bellizze warned that if Meta does not demonstrate that it has complied with the equity measures previously ordered, the court will double the planned daily fine to about US$185,000 until the end of the runoff that will take place on Oct. 25.
His decision comes after both campaigns went to court to denounce that their political content is being harmed by Meta’s platforms and to accuse the company of favoring its rival.
This discriminatory treatment has been particularly notable against the campaign of President Lula da Silva, according to denunciations by militants of the Workers’ Party.
More generally, Brazilians have confirmed that Meta-controlled social networks have imposed limitations on the advertising boost of the leftist candidacy and have selectively restricted the dissemination of posts linked to Lula and his supporters.
Esto es un escándalo por el que tendría que responder Zuckerberg
— Julián Macías Tovar (@JulianMaciasT) October 14, 2026
La periodista Daniela Lima muestra en directo como la IA de Meta favorece la campaña de Bolsonaro creando imágenes de "Flavio 22", y con las mismas instrucciones se niega a hacerlas de "Lula 13". pic.twitter.com/SGb5NjStcR
The text reads, “This is a scandal for which Zuckerberg would have to answer. Journalist Daniela Lima shows live how Meta’s AI favors Bolsonaro’s campaign by creating images of ‘Flavio 22,’ and with the same instructions refuses to make images of ‘Lula 13’.”
Last week, Judge Bellizze determined that Meta offer equal treatment to both candidates in a decision that was endorsed on Friday by the entire electoral tribunal.
In Monday’s decision, the magistrate stated that there are still not enough elements to conclude that Meta deliberately manipulated the distribution of content, but he considered that the multinational has not satisfactorily demonstrated compliance with all previous orders.
Bellizze also questioned that Meta has assumed the authority to modify the deadlines set by the Court, since it requested more time to comply.
Among the court’s demands on Meta are explanations about recommendation systems, the review of ads from both candidacies, the identification of those responsible for political advertising and the measures adopted against possible networks of inauthentic profiles.
The new decision comes after Meta last week denied any interference in the Brazilian elections and rejected accusations of favoring a candidate. The company attributed the problems denounced by the Lula campaign to technical incidents and assured that its systems do not classify or distribute content based on political ideology.
teleSUR/ JF
Source: EFE
Ehsan MOVAHEDIAN
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La advertencia de Aliyev contra la influencia extranjera llega en medio de una disputa con los círculos políticos turcos sobre la religión, Karabaj y las relaciones de Azerbaiyán con Israel.
En el octavo congreso del Partido del Nuevo Azerbaiyán, celebrado en Bakú el 2 de octubre, el presidente Ilham Aliyev ofreció una descripción inusualmente directa de lo que denominó la «seguridad ideológica» de Azerbaiyán. Era tan importante como la seguridad física, afirmó, ya que las amenazas ideológicas podían traspasar las fronteras a través de Internet, los ciberataques y la inteligencia artificial (IA).
Hizo un llamamiento a la educación y al patriotismo para defender el espacio político del país, al tiempo que insistió en que Azerbaiyán no necesitaba «ayuda ni patrocinio» extranjeros. Añadió que otros Estados no debían interferir en sus asuntos ni decirle cómo vivir.
Estas declaraciones las realizó el presidente y líder del partido gobernante en un congreso en el que se definió su rumbo político. Aliyev situó el control de la esfera ideológica de Azerbaiyán al mismo nivel que el poder militar, la independencia económica y la toma de decisiones soberana.
No mencionó a Turquía como fuente de ninguna amenaza. Sin embargo, sus palabras se produjeron en medio de críticas en los círculos políticos y mediáticos turcos hacia las políticas internas de Azerbaiyán, especialmente su trato a las estudiantes que llevan hiyab. El 26 de septiembre, el Consejo de Medios de Comunicación y Radiodifusión de Azerbaiyán acusó a círculos no identificados de llevar a cabo una campaña contra el país en los medios turcos y en las redes sociales.
Ese enfrentamiento agudiza aún más la fórmula «una nación, dos Estados». La proximidad política nunca ha eliminado las diferencias en los intereses nacionales. A medida que Ankara y Bakú se han ido acercando, la cuestión de quién define su identidad común —y qué influencia permite— se ha vuelto más difícil de eludir.
Los analistas que hablaron con The Cradle consideran que el discurso de Aliyev es un intento de renegociar la relación, más que de romperla. Azerbaiyán no tiene ninguna intención aparente de renunciar a su asociación militar, económica y cultural con Turquía. Sin embargo, Bakú quiere dejar claro que el parentesco no otorga a Ankara ninguna autoridad sobre la política interna azerbaiyana.
Una advertencia que se ha escuchado en Ankara
Hazel Yalin, investigadora especializada en las relaciones turco-rusas, interpreta que el discurso estaba dirigido, en gran medida, al Gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan. El analista turco Aydin Sezer también percibe un mensaje diplomático indirecto. Según Sezer, Aliyev se dirigió a varios públicos, entre ellos Occidente, Armenia, Rusia e Irán, pero es posible que Ankara se encontrara entre sus principales destinatarios.
El contexto inmediato es la controversia sobre la religión en las escuelas de Azerbaiyán. Una enmienda de septiembre a las normas de vestimenta de las escuelas públicas prohíbe prendas adicionales consideradas incompatibles con la educación laica. La decisión no menciona el hiyab por su nombre, pero las noticias de que se ha impedido a algunas niñas asistir a clase por llevar pañuelo en la cabeza han suscitado objeciones por parte de críticos turcos.
Ankara no ha abordado públicamente el tema con Bakú. Sezer interpreta la exhortación de Aliyev a que otros países se ocupen de sus propios asuntos como una advertencia contra convertir el lenguaje de la hermandad en un derecho a supervisar a Azerbaiyán.
La propia alianza reconoce este límite. La Declaración de Shusha de 2021 celebra «una nación, dos Estados» y formaliza una amplia cooperación, pero también compromete a Ankara y Bakú a respetar la soberanía y la no injerencia en los asuntos internos de la otra parte. La disputa actual ha puesto en contacto esas dos partes de la declaración.
Si los actores políticos turcos reclaman voz en la política religiosa y educativa de Azerbaiyán alegando una nacionalidad compartida, el margen de soberanía ideológica de Bakú se reduce. Si esas cuestiones pertenecen exclusivamente a Azerbaiyán, el lema sigue siendo una expresión de afinidad cultural y solidaridad política, sin otorgar a ninguna de las dos capitales un mandato sobre la otra.
¿A quién pertenece la victoria en Karabaj?
Yalin afirma que los canales de noticias y las cuentas en redes sociales pro-Erdogan han acusado a Bakú de presionar a los musulmanes en materia de prácticas y organización religiosas. Algunos también han presentado la victoria de Azerbaiyán en la Segunda Guerra de Karabaj como algo que debía a Turquía, calificando las políticas laicas de Aliyev de ingratas y exigiendo respeto por las sensibilidades religiosas turcas.
«Este argumento también se ha esgrimido basándose en el lema “dos Estados, una nación”: si los turcos y los azerbaiyanos son miembros de la misma nación, entonces, según este razonamiento, el Gobierno azerbaiyano también debería tener en cuenta la voz de esa nación».
El discurso de Aliyev en el congreso apuntaba en la dirección opuesta. Afirmó en repetidas ocasiones que Azerbaiyán había actuado por su cuenta, había pagado sus armas y se había impuesto sin ningún patrocinador externo. Esta fue su interpretación política de la guerra; no debe interpretarse como una conclusión de que el apoyo turco no desempeñó ningún papel.
De hecho, la Declaración de Shusha recoge explícitamente el agradecimiento de Bakú por el apoyo moral y político de Turquía. La controversia gira en torno a quién puede atribuirse el mérito político del resultado y qué derechos podría otorgarles ese mérito para exigir algo posteriormente.
Para Aliyev, la victoria militar forma parte de un proyecto más amplio de construcción del Estado. Describió la independencia, la fortaleza económica, el poderío militar y la confianza en las capacidades azerbaiyanas como la línea de actuación duradera de su Gobierno. Cuanto más se convierte esa narrativa en el eje central de su legitimidad, menos margen queda para que otra capital se presente como la artífice del éxito de Azerbaiyán.
La implicación es significativa: no se puede permitir fácilmente que un actor externo —ni siquiera uno amigo— se convierta en el artífice político del éxito de Azerbaiyán.
Jafar Haghpanah, profesor de la Universidad de Teherán, sostiene que Bakú ya no quiere ser tratado como un socio subordinado de Turquía. Yalin identifica tres elementos en la postura de Aliyev.
El primero es la preocupación por la presión ideológica: según la interpretación de Yalin, el intento de golpe de Estado de 1995 contra el padre de Aliyev, Heydar Aliyev, dejó una advertencia duradera sobre las posibles consecuencias de la actividad política vinculada a Turquía.
El segundo es la resistencia a las descripciones nacionalistas turcas de Azerbaiyán como un «hermano pequeño». El tercero es la creciente confianza de Aliyev en que Azerbaiyán puede ejercer su propia influencia política en toda la región. Las acusaciones relativas a figuras turcas en el episodio de 1995 no deben confundirse con la responsabilidad por parte del actual Gobierno turco.
Bakú tiene ahora un mayor peso militar y económico que a principios de la década de 2000. La Compañía Estatal de Petróleo de la República de Azerbaiyán (SOCAR) ha ampliado el alcance energético de Azerbaiyán; el país ha establecido profundos lazos con Israel, relaciones estratégicas con China y Estados Unidos, y ocupa un lugar destacado en la Organización de Estados Turcos (OTC). Esas conexiones le dan más margen para rechazar una jerarquía dentro de su alianza más estrecha.
Yalin cita el respaldo de Sinan Ogan a Erdogan en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Turquía de 2023 como ejemplo de cómo la influencia azerbaiyana podría convertirse en un tema de debate en la política turca. A Ogan se le preguntó si Aliyev había influido en su decisión y lo negó explícitamente, afirmando que Aliyev no le había llamado. La acusación no puede demostrar que Bakú dirigiera su elección. No obstante, su difusión muestra la rapidez con la que la cuestión de la influencia funciona en ambos sentidos.
El alcance de la seguridad ideológica
La advertencia de Aliyev fue más allá de la controversia sobre los uniformes escolares. Su respuesta consistió en reforzar la educación y el patriotismo y, con ellos, el control del Estado sobre cómo se interpretan su historia y sus victorias.
Turquía dispone de medios inusualmente potentes para llegar a ese público: la televisión, las redes sociales, las universidades, las redes religiosas, la cultura popular, las empresas y las instituciones del mundo turco en general. Esas conexiones han ayudado a mantener la alianza. También pueden inquietar a Bakú cuando los debates políticos turcos comienzan a moldear las expectativas sobre el orden interno de Azerbaiyán.
El problema para Aliyev no es que la influencia turca sea uniformemente hostil. Es que incluso una influencia amistosa puede seguir desafiando la autoridad de un Gobierno para definir la identidad y la política nacionales. Su énfasis en la seguridad ideológica sugiere que pretende proteger esa autoridad incluso dentro de la asociación más estrecha de Azerbaiyán.
El lugar de Israel entre los aliados
La relación de Azerbaiyán con Israel añade otra fuente de tensión. Ankara ha condenado la guerra de Israel contra Gaza, mientras que Bakú ha mantenido estrechos vínculos en materia de seguridad y energía con Tel Aviv. Las armas israelíes han constituido una parte importante del arsenal de Azerbaiyán, y el crudo azerbaiyano ha seguido llegando a Israel a través del puerto de Ceyhan, en Turquía, a pesar de las restricciones comerciales declaradas por Ankara. The Cradle ha informado sobre la relación en materia de armas y petróleo y sobre los continuos flujos de petróleo.
El analista del Cáucaso Ahmad Kazemi no considera que las diferencias entre Ankara y Bakú sean lo suficientemente profundas como para amenazar su alianza. No obstante, cree que la confianza de Aliyev se basa en parte en el apoyo israelí.
Según la valoración de Kazemi, «si Bakú se viera obligada a elegir entre Ankara y Tel Aviv, elegiría a Israel». También sostiene que Bakú sabía que la presencia de su representante durante el discurso del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ante la ONU en septiembre desagradaría a Turquía. Un análisis de la Agencia Anadolu reveló que Turquía se sumó a la protesta contra el discurso, mientras que Azerbaiyán siguió estando representado.
Kazemi ve otra consecuencia para el Cáucaso. Sostiene que la preocupación compartida por Turquía e Irán respecto a la posición de Israel en Azerbaiyán podría acercar a Ankara y Teherán en algunas cuestiones, incluidos los corredores de transporte regionales. Dicha convergencia tendría que lidiar con la amplia cooperación estratégica y de defensa de Turquía con Bakú.
Haghpanah ofrece una interpretación más contundente del discurso pronunciado en el congreso:
«Aliyev pretendía con su discurso indicar a Turquía que Azerbaiyán es el principal aliado de Israel y que Ankara debería moderar su tono hacia Tel Aviv y evitar adoptar una postura dura contra este país. Predice que Turquía e Israel entrarán en conflicto por los recursos energéticos del mar Mediterráneo, así como por sus intereses geoeconómicos y geopolíticos».
Yalin interpreta de manera similar las referencias de Aliyev a la producción y venta de petróleo de Azerbaiyán como una respuesta a las críticas a su comercio con Israel. Esas observaciones por sí solas no permiten determinar las intenciones de Bakú. Por su parte, Dariush Safarnejad, un destacado experto en el Cáucaso, señala la relación «petróleo por armas», pero espera que la influencia israelí en Azerbaiyán se reduzca en cierta medida si la cooperación directa de Bakú con Washington se intensifica tras la iniciativa de paz con Armenia. También hace referencia al debate sobre unos lazos más estrechos con la OTAN.
Los demás socios de Bakú
Aliyev aprovechó el congreso para describir a China y a EE. UU. como las dos superpotencias mundiales y para destacar las alianzas estratégicas de Azerbaiyán con ambas. El esfuerzo de Bakú por establecer vínculos con centros de poder rivales le proporciona alternativas a la dependencia de un único socio, ya sea turco, ruso, chino u occidental.
Sus comentarios sobre Armenia y Rusia encajan en ese contexto. Yalin llama la atención sobre la afirmación de Aliyev de que Armenia reconoció la integridad territorial de Azerbaiyán en octubre de 2022, con el consiguiente reconocimiento de la soberanía azerbaiyana sobre Karabaj.
Aliyev presentó el restablecimiento del control azerbaiyano como un logro conseguido frente a la presión de las grandes potencias. Yalin considera que esto forma parte del intento de Bakú de reposicionarse tras la guerra.
Azerbaiyán y Armenia rubricaron un borrador de acuerdo de paz en Washington en agosto de 2025, aunque aún no se ha firmado el tratado definitivo. Safarnejad sostiene que unos lazos más estrechos con Washington podrían dar a Bakú más margen para tratar directamente con EE. UU. y, con el tiempo, reducir su dependencia de Israel.
Hermandad sin un socio dominante
Ninguno de los cinco analistas sugiere que sea inminente una ruptura entre Ankara y Bakú. Safarnejad destaca la profundidad de su interdependencia: la cooperación militar, las infraestructuras energéticas, los corredores de transporte, la inversión, las industrias de defensa y las instituciones culturales confieren a la alianza una base sólida.
La OTS refuerza esos lazos. En septiembre, funcionarios turcos y azerbaiyanos seguían debatiendo una cooperación más profunda en materia de defensa y seguridad.
Azerbaiyán sigue queriendo a Turquía a su lado en materia de seguridad, comercio y diplomacia regional. Aliyev marca el límite en lo que respecta a la influencia de Ankara sobre la política religiosa de Bakú, sus vínculos con Israel y sus relaciones exteriores en general. Para él, el lema «una nación, dos Estados» otorga a Azerbaiyán la última palabra sobre sus propios asuntos.
Hasta qué punto Bakú podrá hacer valer esa reivindicación dependerá, en parte, de la política interna de Turquía tras Erdogan, de la durabilidad de la relación de Azerbaiyán con Israel y de su capacidad para gestionar las relaciones con Washington, Moscú, Pekín y Teherán sin perder el apoyo de Ankara.
Para Irán, un Bakú más seguro de su independencia pero más dependiente de Israel difícilmente resultaría tranquilizador. La alianza puede perdurar; la discusión sobre quién establece sus límites ya está en marcha.
Two hundred years ago, the invention of Braille allowed blind people to read and write. By the 1930s, recorded sound made "talking books" possible. Developments in text-to-speech technology in the 1980s made reading more accessible and widespread. Then came personal computers, screen readers, smartphones, cameras, GPS, voice assistants, and myriad other technological advancements that gave blind people more independence.
Now a pair of sunglasses can read your mail, describe the person in front of you, tell you what is on a restaurant menu, and help you find your way home. Meta, the parent company of Facebook, is using artificial intelligence to turn glasses into a hands-free companion. For any person, this technology is impressive. For the approximately 700,000 Americans who are blind, it is potentially life-changing.
In June, Meta announced that every single blind veteran in the United States could receive its AI glasses free of charge. According to the Department of Veterans Affairs (V.A.), approximately 130,000 American veterans are legally blind, and over 1 million veterans have vision impairment that makes performing daily activities difficult. Don Overton, a blind veteran and former executive director of the Blinded Veterans Association, told Meta that he had "lost [his] independence" after losing his eyesight in a bunker explosion. "The moment I put on my Ray-Ban Meta glasses," he said, "I got my independence back."
The V.A. has a history of failing to fully support blind veterans. In 2022, the V.A.'s Office of Inspector General found that claims processors were instructed to contact visually impaired veterans by telephone, but 87 percent of claims showed no evidence of these calls ever happening. A 2022 investigation by the Senate's Special Committee on Aging found that "roughly 90 percent" of V.A. websites were not compliant with federal accessibility requirements. "We feel we've been abandoned by the agency that is tasked with providing our care and services for us," Overton told The Washington Post in 2022.
Meta's AI glasses have come under fire due to their privacy risks. The company was sued in March after Swedish publications Svenska Dagbladet and Göteborgs-Posten reportedly found that Meta's contractors in Kenya were accessing videos by users of their AI glasses. "We see everything, from living rooms to naked bodies," one worker noted.
Users should be aware of those risks. Still, for blind veterans, companies such as Meta have stepped up to fill a gap that the government has failed to address.
The post Meta Is Gifting AI Glasses to Blind Veterans: 'I Got My Independence Back' appeared first on Reason Magazine.



© Tamara Porras for The New York Times

© The New York Times
The White House’s artificial intelligence task force adopted its charter Thursday, opening a 120-day window to advise on how much of an oversight role Washington should take.
The post White House AI Task Force Adopts Charter, Starts 120-Day Clock appeared first on Breitbart.
By Katie FORSTER
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STARK warnings from artificial intelligence researchers that advanced forms of the technology could wipe out humanity have raised questions over whether governments are moving fast enough to regulate it.
What are the potential dangers of “superintelligent” computer systems, and should we be worried?
In 2023, hundreds of AI scientists and industry figures, including the heads of top US labs, signed a “statement on AI extinction risk” calling for the issue to be treated as seriously as pandemics or nuclear war.
If an out-of-control future AI deems that humans are obstructing its goals, it could use robots to “synthesise and spread novel pathogens”, said Stuart Russell, computer science professor at the University of California, Berkeley.
Or it could “convince people to initiate nuclear war, including by hacking into early warning systems”, Russell, a prominent voice on AI safety, said.
Such existential fears do not concern current AI systems, he said. But as the technology improves, it could take lethal action beyond our understanding, such as by removing oxygen from the atmosphere.
“We are less intelligent than superintelligent AI. If you ask chimpanzees how humans could wipe them out, they probably wouldn’t be able to give you all the right answers.”
In the meantime, “in the next year or two, I think the risk is higher from human misuse”, Russell added, such as an AI-enabled terror attack.
“The stakes are well-understood,” Jacob Coxon, a 27-year-old researcher, wrote on X last week, announcing his resignation from US AI startup Anthropic.
“But they are locked in a race to get there first,” he added, saying that Anthropic “believes no one else will act responsibly, so they must do it themselves”.
Anthropic this year removed a pledge from its safety charter to halt development of its models if it failed to control their risks.
It argued that if it unilaterally paused its work, its less cautious rivals would dominate the industry, making it less safe overall.
“The people building AI earnestly believe that it could kill us all by the end of the decade,” said Coxon, who previously worked at ChatGPT maker Open-AI.
He accused both companies of “gambling with our lives” as they strive to develop AI models capable of self-improvement.
Fears are heightened over rogue AI after OpenAI technology operating outside human supervision hacked into Hugging Face, a repository of AI models.
“We really do earnestly believe AI could kill all humans!” Anthropic safety executive Evan Hubinger chimed in on X, estimating the risk at more than 10 per cent over the next decade.
It’s important to remember that doom-laden percentage predictions are “absolutely unscientific”, said Hussein Abbass, a computing professor at UNSW Canberra.
“The situation is still controllable, and it can be managed,” Abbass said.
But governments should not sit on their hands when it comes to regulating AI, he added, urging an “agile” approach as AI development accelerates.
Both Anthropic and OpenAI are expected to go public soon, and some sceptics say scary warnings make AI appear powerful and worthy of large investments.
Others argue that focusing on the risk of extinction distracts from more pressing problems caused by AI, from job losses to machines discriminating against minorities.
In July, more than 1,000 tech employees, including Anthropic’s CEO, called on Washington to support a coordinated slowdown in the development of the most advanced AI systems.
OpenAI halted training of its latest models for two weeks in August before resuming it under tighter controls.
The United States has been firmly against global regulation of the sector that could stifle innovation.
But the hacking capabilities of the most cutting-edge models have given Washington pause, with recent Anthropic and OpenAI releases delayed over national security concerns.
Even then, “we don’t want to restrict them where all of a sudden we come in second to China”, President Donald Trump has said.
“Maybe it will take a massive, Chernobyl-scale disaster to get governments to act,” Russell said, urging them to establish a licensing regime for AI, as exists with aviation, medicine or water supply.
“Perhaps at some point governments will remember that their voters prefer not to be dead.”
Original article: www.nst.com.my

© Ivan Pierre Aguirre for The New York Times