Julian Barnes, premio de las Letras: "Quiero pensar que Flaubert veneró a Cervantes y que Voltaire no sintió desdén por Shakespeare"
El escritor británico Julian Barnes, galardonado en esta 46ª edición de los Princesa de Asturias en la categoría de Letras, ha sido el encargado de dar voz a las personas reconocidas este año, en primer lugar, antes de la entrega por parte del rey y de la princesa Leonor de los premios propiamente dichos.
El británico, que ha anunciado estos días en Asturias que no volverá a escribir (su último libro ha sido Despedidas, Anagrama) ha hecho un recorrido por la importancia de las artes y ha 'corregido' a autores que pusieron en duda la calidad de sus contemporáneos.
"Cuando yo era joven y empezaba a adquirir conocimientos sobre libros, arte y música, daba por sentado sin la menor duda que cada una de las artes, a lo largo de los siglos, evidenciaba un progreso inevitable".
Mi presunción estaba basada en el hecho de que todo lo demás en el mundo también había progresado: la ciencia, la tecnología, la sociedad, la política...
"Era una presunción tácita, basada en el hecho de que todo lo demás en el mundo también había progresado: la ciencia, la tecnología, la sociedad, la política... Y lo mismo tenía que haber sucedido con las artes. Nos las enseñaban cronológicamente, y la mera cronología implicaba un avance: primitivismo, clasicismo, romanticismo, realismo, naturalismo, impresionismo, simbolismo y al final, el modernismo, el posmodernismo, etcétera. Y más novedoso significaba claramente mejor".
Barnes ha recurrido a sus lecturas desgranar por qué unos autores han alimentado el talento de otros. "Cuando yo tenía unos veinte años leí que Voltaire desdeñaba a Shakespeare: reconocía su genio, pero lamentaba que no tuviese la más ínfima chispa de buen gusto, ni la más mínima comprensión de las normas dramáticas; además, su influencia en el teatro británico había sido desastrosa. Pero por la misma época leí un libro titulado Shakespeare Our Contemporary (Shakespeare, nuestro Contemporáneo) del crítico polaco Jan Kott en donde explicaba la claridad y la autoridad con que el dramaturgo había comprendido, descrito -y predicho- el mundo moderno".
Renoir visitó España y acortó su estancia por la razón siguiente: 'Cuando miras a Velázquez te das cuenta de que todo está dicho'
" Esto, como poco, era un tanto confuso, pero solucionable. Las artes pueden dar la impresión de progreso, aunque a menudo expresan versiones nuevas de verdades antiguas. Cuando el impresionismo estaba en boga en París, Renoir visitó España y acortó su estancia por la razón siguiente: 'Cuando miras a Velázquez te das cuenta de que todo ya está dicho'", subrayó.
El princesa de Asturias de las Letras se posó en la obra magna de Cervantes: "Y la mayoría de los escritores y artistas han tenido percepciones tan aleccionadoras como la suya en algún momento de su vida. Yo, en mi caso, tuve una similar la primera vez en que leí el Quijote y descubrí uno de mis pasajes favoritos de la literatura universal.
El narrador se detuvo a detallar cómo le han influido las figuras del Quijote y Sancho. "Como ustedes saben, la primera parte del Quijote se publicó en 1605 y la segunda en 1615, pero poco antes había aparecido una segunda parte apócrifa y pirata. En la segunda parte auténtica Don Quijote y Sancho topan con gentes que han leído cosas acerca de ellos no solo en la primera parte original, sino también en la segunda parte, la apócrifa. Caballero y escudero oyen que esas gentes les desprecian cuando hablan de ellos, y en un momento dado les aborda un individuo que hasta se permite tachar de impostor en las barbas del propio Quijote porque afirma que él había conocido al auténtico. ¿Qué diríamos de episodios semejantes? ¿Que son lúdicos, posmodernos, autorreferenciales, intertextuales, metaficciones?"
Ya no pienso que las artes sean progresivas y que cada evolución mejore la precedente. Prefiero pensar que todos estamos sentados a una enorme mesa redonda, quizás en una venta manchega, hablando entre nosotros de nuestro trabajo en el curso de los siglos
"Así que ya no pienso que las artes sean progresivas y que cada evolución mejore la precedente. Prefiero pensar que todos estamos sentados a una enorme mesa redonda, quizás en una venta manchega, hablando entre nosotros de nuestro trabajo en el curso de los siglos: imagino que Renoir le pregunta a Velázquez cómo demonios pintó sus cuadros, que Voltaire rectifica el desdén que profesaba antaño a Shakespeare, que Flaubert (que se describe a sí mismo como 'un viejo romántico') manifiesta su veneración por Cervantes y también, quizá, pone mala cara a ese inglés, sentado ahí en un taburete, que tuvo la insolencia y la locura, un siglo después de muerto el autor francés, de escribir un libro titulado El loro de Flaubert.
Este libro referente suyo fue la tercera que escribió y donde ya flotaba el estilo prodigioso del autor, premiado precisamente por el manejo de una técnica narrativa depurada y exquisita, que maneja la ficción con hechos reales.
