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Un cura misionero ingresa durante años 80.000 euros a un peruano que le acusa de haber abusado de él cuando tenía 14 años

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Eduardo Martín Clemens, en una imagen de la Archidiócesis de Sevilla.
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Arabia Saudí reaviva su guerra sectaria en Yemen

Riad vuelve a tender la mano a las fuerzas religiosas cuya influencia MbS se pasó años frenando.

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En unas imágenes difundidas desde Dhubab, al oeste de Adén, un vehículo blindado atropella a unos hombres identificados como combatientes capturados de las fuerzas de Saná. Las imágenes, relacionadas con las movilizaciones de las Brigadas Salafistas de los Gigantes y difundidas por medios afines a Arabia Saudí, han despertado en Yemen el temor a una vuelta a los métodos de los grupos takfiri, que tachan a otros musulmanes de infieles. Reuters verificó las imágenes de vehículos arrollando a combatientes, entre ellos hombres desarmados, e informó de que las Brigadas de los Gigantes habían abierto una investigación.

Las imágenes se producen mientras las formaciones respaldadas por Arabia Saudí pierden terreno ante una ofensiva lanzada por Saná bajo el lema coránico «Y Alá es más poderoso y más severo en el castigo».

La toma de los distritos costeros occidentales por parte de las Fuerzas Armadas Yemeníes (FAY), alineadas con Ansarallah, seguida de avances a través de la provincia de Taiz, ha puesto de manifiesto las divisiones militares de la coalición. Las FAY calculan que su control territorial ronda el 95 % del territorio de la provincia. La respuesta de Riad ha recurrido cada vez más a un instrumento habitual de su guerra en Yemen: la movilización de la hostilidad sectaria contra Ansarallah.

Recurrir a las dos ciudades sagradasDesde el verano de 2026, en medio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, Riad ha reavivado la incitación sectaria contra Ansarallah con la ayuda de grupos salafistas que ocupan un lugar destacado entre las fuerzas combatientes de la coalición. Tras pasar del patrocinio emiratí al saudí, estas formaciones ofrecen al reino una base de apoyo cuya hostilidad doctrinal hacia los zaidíes puede canalizarse hacia el campo de batalla.

Arabia Saudí se ha mostrado cada vez más decidida a dotar a sus políticas de legitimidad religiosa. Su versión de un ataque con drones cerca de La Meca el 15 de septiembre de 2026, seguida de afirmaciones de que se interceptó un misil de crucero en la región de Medina el 15 de octubre, proporcionó material para campañas que invocaban la defensa de las ciudades sagradas del islam. Las fuerzas yemeníes negaron haber atacado los lugares sagrados y rechazaron la acusación sobre Medina calificándola de invención. Los yemeníes también celebraron una manifestación masiva en Saná «en defensa de La Meca y los lugares sagrados».

Los medios de comunicación saudíes promovieron las acusaciones, y los medios del Golfo y yemeníes alineados con la coalición se hicieron eco de ellas. Las campañas resultantes buscaban desacreditar a Ansarallah, cuya popularidad había aumentado gracias a su campaña militar en apoyo de Gaza, y replantear el enfrentamiento como una defensa de los lugares sagrados musulmanes frente a un enemigo sectario.

Fatwas a la carta

Paralelamente a estas acusaciones, Arabia Saudí movilizó a sus predicadores contra Ansarallah mediante fatwas emitidas «a la carta». Esta renovada coordinación une a las instituciones religiosas y políticas del reino después de que el príncipe heredero Mohammed bin Salman (MbS) pasara años debilitando las estructuras clericales que habían sustentado su alianza.

El gran muftí Saleh al-Fawzan, que asumió el cargo en octubre de 2025, emitió un comunicado en el que condenaba directamente a Ansarallah y otorgaba autoridad religiosa a la campaña en su contra. Su intervención situó al máximo cargo religioso del reino del lado de las fuerzas que se enfrentan a Saná, presentando su misión como la defensa de los lugares sagrados musulmanes y la obediencia a los gobernantes legítimos.

La declaración de Fawzan también asoció a Ansarallah con Satanás y presentó la resistencia a su dominio como un deber sancionado por Dios.

El muftí fue nombrado por recomendación de MbS y tiene un historial de posturas hostiles hacia los Hermanos Musulmanes y los chiitas. En abril de 2026, los medios árabes informaron de que ya no se podía acceder a su página web ni a su archivo de fatwas, lo que suscitó especulaciones sobre la eliminación o revisión del material acumulado a lo largo de décadas. Su última intervención contra Ansarallah otorga a esa autoridad religiosa un papel destacado en el renovado esfuerzo bélico de Riad.

El 25 de septiembre, el clérigo saudí afirmó: «El grupo hutí se fundó sobre la corrupción en el credo y la corrupción en el enfoque, por lo que se rebeló contra sus gobernantes y dividió al país y a su pueblo». Lo describió como «una secta descarriada y un grupo desviado que declara infieles a los Compañeros, considera lícito derramar sangre musulmana y permite la demolición y destrucción de sus mezquitas». Restablecer la seguridad en Yemen bajo su liderazgo reconocido, declaró, era «uno de los deberes más imperativos».

Predicación para el frente

La alineación entre los predicadores salafistas de Yemen y el discurso wahabí saudí es evidente en el uso de dictámenes religiosos para legitimar la guerra contra Ansarallah. Ahmed bin Hassan al-Muallim, presidente de la Asociación de Eruditos Yemeníes, hizo un llamamiento a la movilización como deber religioso y nacional. El diputado de Islah y portavoz de la asociación, Mohammed Nasser al-Hazmi al-Idrisi, también desempeñó un papel en la incitación a la lucha contra Ansarallah al adoptar una retórica religiosa que legitima enfrentarse a ellos y apoya la búsqueda de ayuda de Arabia Saudí.

A medida que las fuerzas de Saná avanzan por Taiz, fuentes de alto nivel vinculadas a sus negociaciones con tribus y formaciones armadas informan a The Cradle de que Arabia Saudí está trabajando intensamente para explotar las divisiones sectarias en la provincia. Dichas negociaciones tienen como objetivo evitar enfrentamientos y derramamiento de sangre, mientras que Riad busca movilizar a las fuerzas que se resisten al avance de Saná.

Las fuentes describen una escalada de la incitación en el interior de las mezquitas por parte del partido Islah, afiliado a los Hermanos Musulmanes, y de grupos salafistas, que utilizan una retórica sectaria para fomentar la lucha contra Ansarallah. En este contexto, Ali al-Imad, miembro del buró político de Ansarallah, advirtió de que Arabia Saudí estaba movilizando a grupos takfiri bajo designaciones militares.

Múltiples fuentes locales informan a The Cradle de que una retórica similar se ha extendido por las mezquitas y las escuelas religiosas de las provincias del sur. En Lahj, los anuncios de reclutamiento obtenidos por The Cradle convocan a una brigada salafista para apoyar la guerra del reino contra las fuerzas de Saná.

Uno de ellos exige a los solicitantes que sigan un «enfoque salafista» y describe el reclutamiento para una «Brigada Tawhid» contra la «marea hutí rafidí», utilizando un término despectivo para referirse a los chiitas. Las fuentes locales califican la formación propuesta de takfiri y inspirada en el ISIS.

La compra del frente sur

Arabia Saudí también ha proporcionado apoyo financiero a comandantes militares salafistas leales en el sur de Yemen, con el objetivo de reforzar sus formaciones y ampliar su papel en el campo de batalla. Según fuentes locales, estas formaciones incluyen a miembros de organizaciones takfiri a quienes Riad ha enviado a los frentes tras la extensión del control de Saná a lo largo de la costa occidental hasta Bab al-Mandab.

Entre los beneficiarios señalados se encuentran el general de división Hamdi Hassan Mohammed Shukri, comandante de la Cuarta Región Militar, de la Segunda División de las Brigadas Gigantes y de la Séptima Brigada de Infantería; el general de división Abdulrahman Saleh Hassan al-Lahji, jefe de Estado Mayor de las Fuerzas del Escudo de la Nación y comandante de la Cuarta Brigada de Infantería; y Rashad al-Dhalei y Qusai al-Damani.

Abyan Today, citando fuentes políticas, informó de que estos comandantes y otros recibieron alrededor de 600 millones de riales saudíes del «Comité Especial» saudí. Según la misma información, el Eje de Taiz, afiliado a Islah, quedó excluido, lo que pone de manifiesto las divisiones dentro del bando respaldado por Arabia Saudí y las recriminaciones por las retiradas y la rendición.

El esfuerzo por comprar lealtades militares va acompañado de una expansión de las redes religiosas que pueden ayudar a sostener las formaciones sobre el terreno. Además de reforzar las Brigadas Gigantes bajo el mando de Abdulrahman al-Muharrami, conocido como Abu Zara, el activista yemení Adel al-Hasani afirma que Riad estableció 62 centros religiosos durante la tregua, que se extienden desde Bab al-Mandab hasta Mahra.

Otro informe sobre sus acusaciones señala al oficial saudí Falah al-Shahrani y al embajador Mohammed al-Jaber como responsables de supervisar la red. Según se informa, muchos de ellos están dirigidos por seguidores del predicador salafista Yahya al-Hajuri y se basan en autoridades religiosas como Rabee al-Madkhali.

Desde que el enfrentamiento entre Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos se intensificó a finales de 2025, Riad ha acelerado sus esfuerzos por reorganizar las formaciones armadas del sur y ganarse a sus comandantes, aprovechando el declive de la influencia militar emiratí tras la derrota, en enero de 2026, de las fuerzas respaldadas por Abu Dabi.

En febrero se informó de que el reino había destinado casi 3.000 millones de dólares al pago de los salarios de militares y civiles yemeníes, incluidos aproximadamente 1.000 millones de dólares para los combatientes del sur a los que antes pagaban los Emiratos Árabes Unidos.

Un bando salafista dividido

Los reveses sufridos por las formaciones respaldadas por Arabia Saudí reflejan un liderazgo fragmentado y objetivos políticos contradictorios, además de las pérdidas en el campo de batalla. Dentro del movimiento salafista yemení, algunos líderes han rechazado el intento de Riad de avivar las divisiones internas.

Personalidades del norte, entre ellas el jeque Mohammed al-Imam, han considerado la guerra contra Ansarallah como un conflicto entre musulmanes y han firmado acuerdos de coexistencia y distensión en zonas como Saada, Dhamar y Mabar.

Esos acuerdos contribuyeron a mantener a grupos de combatientes al margen de los combates. Su negativa a considerar el enfrentamiento como una obligación religiosa ha complicado el rumbo que Riad pretendía imponer a otras formaciones salafistas, financiándolas y armándolas antes de empujarlas al combate.

Las divisiones atraviesan las redes religiosas de las que depende el reino, así como las formaciones militares que ha puesto bajo su patrocinio. Para aquellos líderes salafistas que firmaron acuerdos locales, la coexistencia con Ansarallah ha supuesto una forma de mantener a sus comunidades al margen de los combates, lo que entra en conflicto directo con la movilización que Riad está fomentando en otros lugares.

Entre las fuerzas alineadas con Abu Dabi, voces vinculadas al Consejo de Transición del Sur (STC, en inglés) también han advertido de que la renovada dependencia de Riad respecto a los combatientes del sur refleja sus dificultades militares más que un cambio en su postura política.

Temen ser utilizados hasta que la amenaza inmediata remita, para luego volver a ser marginados. En su opinión, los llamamientos saudíes a las fuerzas del sur no ofrecen ninguna garantía de que el reino vaya a atender sus demandas políticas una vez que esos combatientes hayan cumplido su propósito militar inmediato.

Saná ha ampliado sus contactos tribales y ha aprovechado las divisiones entre sus oponentes, en paralelo a su campaña militar. Los informes sugieren que estas negociaciones, las infiltraciones de seguridad y los ataques contra depósitos de armas han contribuido a debilitar a las formaciones enemigas y a preparar el terreno para nuevos avances.

El investigador y analista político Ahmed al-Hasani describe el sectarismo como una de las principales herramientas de movilización de Arabia Saudí en Yemen. Sin embargo, distingue entre las escuelas salafistas vinculadas a Riad, otras ligadas a Abu Dabi y aquellas que conservan cierta independencia.

La escuela del imán de Dhamar considera la guerra como un conflicto interno, explica, mientras que Arabia Saudí sigue cortejando a figuras de la escuela Fuyush de Adén sin haberlas involucrado aún en la batalla, a pesar de las fatwas de los clérigos saudíes —incluida la de Fawzan—.

Hasani afirma a The Cradle que la predicación incendiaria se ha extendido por las mezquitas, mientras que los grupos takfiri más cercanos al ISIS operan al margen de las estructuras tradicionales de las mezquitas y las escuelas religiosas. Se concentran en zonas rurales y en torno a las líneas del frente, combatiendo en frentes como los de Bayda y Marib.

Las Fuerzas del Escudo de la Nación siguen desplegadas a lo largo de las líneas de contacto en Marib, Jawf, Shabwa, Bayhan y Abyan, en alerta frente a Ansarallah, pero sin que actualmente se estén llevando a cabo ofensivas de gran envergadura en esos sectores.

Reclutamiento más allá de Yemen

A medida que sus formaciones aliadas pierden posiciones estratégicas, Riad ha buscado refuerzos en el extranjero. Axios informó de conversaciones entre Arabia Saudí y Siria sobre el envío de tropas a Yemen, en medio de informes independientes sobre esfuerzos para reclutar combatientes takfiri que lucharon en Siria.

Estas medidas coincidieron con la activación del Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca entre Arabia Saudí, Turquía y Pakistán. A pesar de los informes sobre la concentración de soldados pakistaníes cerca de la frontera con Yemen, Islamabad afirmó que sus fuerzas no cruzarían a Yemen y que su misión se limitaba a defender el territorio saudí.

La movilización religiosa también se ha extendido más allá de Yemen. Páginas sirias y relatos procedentes de Damasco, Idlib y Hama han seguido de cerca los combates, mientras que fuentes yemeníes declararon a Al-Akhbar que se estaba trasladando a combatientes desde Siria a través de territorio saudí, con la ayuda de Turquía para que algunos llegaran a los frentes de Marib, Jawf, Adén y Hadramaut.

El exministro del Interior iraquí Baqir Jabr al-Zubaidi afirmó que se había organizado un puente aéreo para trasladar a combatientes sirios a Yemen tras el fracaso de las campañas militares del Golfo.

La Asociación de Eruditos Musulmanes de Irak, una organización clerical suní, emitió un comunicado en el que pedía apoyo político, mediático, ideológico y en el campo de batalla para los combatientes contrarios a Ansarallah. También condenó la matanza de hombres que habían depuesto las armas, describiendo el incidente como una grave violación religiosa y exigiendo medidas correctivas contra los responsables.

Hadi Qubaisi, director del Centro Ufeed de Investigación y Estudios e investigador especializado en asuntos políticos e islam político, sostiene que:

«La apuesta por traer combatientes de Siria a Yemen se basa principalmente en aprovechar el número, más que en reactivar un proyecto yihadista capaz de atraer a grandes masas. Si se tratara de una auténtica movilización yihadista, sus ecos habrían llegado hasta Trípoli y los campos palestinos. Pero el atractivo de este discurso ha disminuido, sobre todo tras la guerra de Gaza y la brecha que esta puso de manifiesto entre las consignas y las posturas prácticas».

Arabia Saudí ha perdido parte de su capacidad de movilización religiosa, añade Qubaisi a The Cradle, mientras que las autoridades sirias controlan el discurso religioso y están reformando los planes de estudios. Por lo tanto, enviar un número limitado de combatientes difiere de lanzar una amplia campaña de reclutamiento.

En Yemen, Islah y sus aliados también han utilizado la retórica religiosa y takfiri en su enfrentamiento con Ansarallah. Su capacidad para traducir esa predicación en un reclutamiento generalizado ha seguido siendo limitada, a pesar de los esfuerzos por presentar la participación en los combates como un deber religioso.

Qubaisi considera que el traslado de combatientes a Yemen se enfrenta a obstáculos sustanciales, desde el escaso atractivo del campo de batalla y la ausencia de incentivos económicos que se ofrecen en otros lugares hasta las divisiones y las luchas internas entre las fuerzas armadas del sur.

Publicado originalmente por  Geopolítica rugiente

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Charles Darwin and the origin of agnosticism

Darwin wasn’t an agnostic by conviction – he was an atheist who rejected Christianity as immoral.

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Friends were surprised when I described Darwin as the only major scientist who was unequivocally an atheist, given that he considered himself an agnostic. I confess that I tend to erase this label in my memory, because the formal distinction presumed by it—to wit, the idea that an agnostic does not know whether God exists, while an atheist knows that God does not—does not correspond to reality. I am not aware of a single prominent atheist who claims to be able to prove the non-existence of the divine. Even Dawkins, the most stereotypical atheist in the media, does not suggest that this is possible. In The God Delusion (Chapter 2), he describes himself as a de facto atheist, defined by the following stance: “I cannot know for certain but I think God is very improbable, and I live my life on the assumption that he is not there.” Thus, if we apply the traditional distinction, the world’s most famous atheist is not an atheist, but an agnostic.

Bertrand Russell held a similar position, as illustrated by his famous “celestial teapot” analogy. Can we prove that there is a teapot orbiting the planet? No. But we have no reason to believe that such a teapot exists. God is like that teapot: while it is impossible to prove that he does not exist, it is not reasonable to believe that he does. For this reason, Russell considered himself an agnostic in theory and an atheist in practice.

Darwin

If the term “agnostic” serves any purpose, it is to describe individuals who truly live in a state of doubt regarding the existence of God. Charles Darwin (1809–1882) was born to a deist father and a Unitarian mother. Deism entails the rejection of all institutionalized religion and the assertion that God exists, but takes no interest in humanity. As an 18th-century Englishman, Darwin’s father most likely believed in the Great Architect of Newton and the Freemasons. Unitarianism is a new flavor of Arianism, as it denies the divinity of Jesus, viewing him instead as a great moral reformer—comparable to Socrates. Unitarians took control of Harvard in the 19th century, and Newton was, in fact, a secret Arian. We might say, then, that Darwin did not grow up in a strictly Christian home; yet, he seriously considered becoming an Anglican priest and married a devout Christian woman. Undoubtedly, Darwin experienced crises of faith, which rendered him an agnostic, in the sense that the term describes a psychological state.

As far as we know, the first time he described himself as an agnostic was in 1879, at the age of 70, in a private letter to John Fordyce. According to some accounts, in 1881 he told a group of freethinkers that he had not abandoned Christianity until he was forty (which would have been in 1849). Did he abandon Christianity, adopt his father’s beliefs, and then eventually abandon those as well? I do not know the answer, but it is a vital question for Darwin’s scientific trajectory, since, by today’s labels, Newton would be a creationist or an intelligent design advocate.

The most illuminating account is found in his autobiography, written between 1876 and 1881 for his family. I quote James Moore from “Myth 16: That Evolution Destroyed Darwin’s Faith in Christianity—until He Reconverted on His Deathbed”: “Unwilling to give up Christianity, he had tried to ‘invent evidence’ to confirm the Gospels, which prolonged his indecision. Just as his clerical career had died a slow ‘natural death,’ so his faith withered gradually. But there was no turning back once the deathblow struck. His dithering crystallized into a moral conviction so strict that he could not see how anyone—even [his wife] Emma—‘ought to wish Christianity to be true.’ For if it were, ‘the plain language’ of the New Testament ‘seems to show that the men who do not believe, and this would include my Father, Brother and almost all my best friends, will be everlastingly punished. And this is a damnable doctrine.’ In later years, the residual theism evident in the Origin of Species became worn down, and now with ‘no assured and ever present belief in the existence of a personal God or of a future existence with retribution and reward,’ Darwin felt he must be ‘content to remain an Agnostic.’” Darwin’s father, a pivotal figure in his crisis of faith, died in 1848, a year before Darwin himself turned forty.

Darwin did not die in a state of indecision; he died firmly convinced that Christianity was immoral because it would condemn his loved ones to hell. If the term “agnosticism” applies here, it denotes a state of unknowing that follows the rejection of God as understood within the Abrahamic religions. Darwin knows that the Bible is wrong and that its God does not exist. But as for what God actually is, or what the truth may be—that, he does not know. Certainly, determining Darwin’s final state of mind is not enough to uncover the impact that his shifting religious convictions had on his thinking, given that the writing of On the Origin of Species (1859) spanned two decades.

The origin of the term “agnosticism”

No less than thirty years passed between the onset of Darwin’s disbelief and his first self-identification as an agnostic. A simple reason why he did not use this term earlier is that it had not yet been invented. It is rarely mentioned, but “agnosticism” is a term with a specific inventor and date of origin: in 1869, when Darwin was already 60 years old, Thomas Henry Huxley (known as “Darwin’s Bulldog,” and grandfather to both Aldous, the writer who advocated for opening the mind through drugs, and Julian, the eugenicist who founded the WWF and served as the first head of UNESCO) coined the term during a meeting of the Metaphysical Society, a somewhat secretive group open only to invited members. Darwin was not a member. The aforementioned Bertrand Russell had a deist relative who was a member: Lord Arthur Russell, nephew of Earl John Russell (Bertrand’s grandfather). Arthur Balfour, of the Balfour Declaration, was also a member. I could not have been there because I had not yet been born, but the Encyclopædia Britannica states that the term was coined under these circumstances, so I take believe it.

A public definition of agnosticism by the grandpa Huxley was first presented to the public in 1889, in the magazine Popular Science (or Pop Science), which still exists today. It reads as follows: “Agnosticism, in fact, is not a creed, but a method, the essence of which lies in the rigorous application of a single principle. That principle is of great antiquity; it is as old as Socrates; as old as the writer who said, ‘Try all things, hold fast by that which is good’ [1 Thess. 5:21]; it is the foundation of the Reformation, which simply illustrated the axiom that every man should be able to give a reason for the faith that is in him; it is the great principle of Descartes; it is the fundamental axiom of modern science. Positively the principle may be expressed: In matters of the intellect, follow your reason as far as it will take you, without regard to any other consideration. And negatively: In matters of the intellect, do not pretend that conclusions are certain which are not demonstrated or demonstrable. That I take to be the agnostic faith, which if a man keep whole and undefiled, he shall not be ashamed to look the universe in the face, whatever the future may have in store for him.”

Based on this definition, there is no obvious connection to a stance regarding the question of divine existence; however, the text as a whole implies a negative position: throughout, Huxley distinguishes himself from Comte, and agnosticism from the Comtian “Religion of Humanity.” He finds it necessary to differentiate himself because they share a disbelief in an Abrahamic God, an adherence to scientism, and a triumphalism akin to the “End of History.” The differences are that Comte and the positivists were mediocre scientists who created a church with a structure inspired by Catholicism, whereas the 19th-century English agnostics were brilliant and had no intention of founding a church.

It is worth noting the Unitarian flavor of this rhetoric, which seeks to trace a rationalist and contrarian lineage—beginning with Socrates, running through the Bible, and reaching its pinnacle in the present day—stripped of any supernatural elements. Another significant 19th-century English figure who adopted this approach was John Stuart Mill, in On Liberty. His wife and collaborator was a Unitarian.

And, of course, we see here an opposition—perhaps historically unprecedented—between possessing a scientific spirit and believing in God. We can say that Darwin’s Bulldog, during Darwin’s lifetime, ostracized Deism from science, since Evolution was presented as a refutation the Newtonian Architect’s existence.

A Matter of Terminology

Ultimately, Thomas Huxley was what we would today call an atheist—as was likely Darwin, given that he chose the term coined by his friend to describe his own position. Curiously, even Comte did not call himself an atheist. It seems that the spirit of atheism and scientism was widespread among the 19th-century intelligentsia, yet the willingness to embrace the label was confined to radicals such as Friedrich Engels, Karl Marx (whose 1841 dissertation focused on Democritus and Epicurus, the fathers of materialism), and Mikhail Bakunin. In that era, the distinction between the terms “atheist” and “agnostic” likely amounted to little more than one’s willingness to shock society. Neither the French positivists nor the English evolutionists sought to shock; the communists and anarchists, however, did.

Over time, by the 21st century, being an atheist no longer shocks anyone; in more intellectual circles, it is the norm. Hence the tendency to discard the term “agnostic,” or to reserve it exclusively for those who are in a state of genuine doubt. Another semantic issue concerns what we mean by “God.” Some people say things like, “For me, God is energy”—which leads one to wonder: does it make sense to claim that God is the very same thing that makes my electric fan spin and subsequently shows up on my utility bill? In the United States, one of the few Western nations where declaring oneself an atheist can still cause a stir, it is common for people to label themselves “spiritual, but not religious.” Such individuals often gravitate toward esoteric practices—crystals, horoscopes, Zen meditation, gurus who are as ugly as they are hungry for sex, and so on—without committing to any specific religion. This is likely a legacy of deism; after all, Freemasonry played a significant role in the nation’s founding and is rooted in deism. It is no coincidence that this 21st-century deism can, much like its Renaissance precedents, the libertins, become blurred with atheism. Sam Harris himself, for instance, is an atheist who embraces New Age ideas.

It is a historical irony, then, that one of the coiners of the term “psychedelia” (Greek for “revelation of the mind”) happens to be the grandson of the man who coined the term “agnosticism.” It seems that a segment of humanity cannot relinquish the pursuit of ecstatic experiences and revelations, even after abandoning the notion of divine transcendence—leading them, instead, to seek such experiences within the material realm. The distinction between a “sober” atheist and a New Age atheist appears to be more a matter of temperament than of philosophy—much like the distinction between an atheist and an agnostic in the 19th century.

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‘What are you implying?’: El-Sayed confronts critics head-on as attacks ramp up

Against a backdrop of rising Islamophobia, Michigan Senate hopeful has challenged premise of repeated questions on Muslim Brotherhood, Israel and faith

As a candidate positioned at the center of what researchers say are the worst Islamophobic attacks seen since the aftermath of 9/11, many would expect Abdul El-Sayed to simply defend himself and move on.

Instead, the Democratic candidate for US Senate in Michigan has repeatedly demanded those who question his positions on Israel, the Muslim Brotherhood, and his faith, explain the premise of their enquiry. Rather than let others put his loyalties on trial, he has tried to put their assumptions on trial.

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© Photograph: Chip Somodevilla/Getty Images

© Photograph: Chip Somodevilla/Getty Images

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Study of 1,678 Children’s Past-Life Claims Finds a Pattern That Skeptical Families Show Most Strongly

What do you make of a young child who says they remember being someone else? A team at the University of Virginia has not tried to answer that. It has measured something more concrete: how much time passed between the death of the person the child “remembers” and the child’s own birth. The gap tends […]

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Un estudio sobre niños que dicen recordar vidas pasadas analiza 1.678 casos y encuentra un patrón sorprendente en los informes de “reencarnación”

Según la investigadora Saeedeh Sadeghi, muchos de los niños que dicen recordar una vida anterior describen una muerte traumática. Un nuevo análisis de la Universidad de Virginia ha medido algo más concreto: cuánto tiempo pasó entre la muerte de la persona «recordada» y el nacimiento del niño. El resultado es que ese intervalo tiende a […]

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Mamá, soy rebelde: cómprame una virgen

Llevar una virgen colgada del cuello es de ser moderna y de ser joven. El catholic-core, la estética de lo sagrado, está de moda y es la razón por la que las adolescentes se adornan la pechera con vírgenes, rosarios e imágenes de santos. Una feminidad que a las mayores nos parece antigua pero que se ha vuelto rebelde. ¿Y de dónde sacan tanta virgen? Pues de los cajones de sus madres y abuelas, de los regalos de primera comunión (las que la hicieron) y ahora también de los centros comerciales que venden rosarios como si fueran Sonny Angels. No hace falta ser católica para colgarse una virgen pero sí un poco rebelde.

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© evdokiageorgieva (GETTY IMAGES) (EL PAÍS)

Una mujer joven llevando un crucifijo.


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