Parece difícil meter un trozo de ecosistema dentro de un laboratorio para estudiar a escala real su resistencia a tormentas extremas, pero eso es justamente lo que han conseguido investigadores de Países Bajos. En un estudio publicado este miércoles en la prestigiosa revista Nature, científicos de diferentes universidades y centros de investigación neerlandeses demostraron que las marismas salinas ayudan a frenar fuertes temporales en la costa. Lo hicieron trasladando 306 metros cuadrados de este hábitat intacto a uno de los canales de olas más grandes del mundo, el Delta Flume de Deltares, en la localidad de Delft (Holanda).
La carrera por liderar la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha comenzado. Entre los siete candidatos propuestos por los países para sustituir a Tedros Adhanom Ghebreyesus como director general de este organismo de la ONU está la española María Neira. Esta médica fue durante años directora del Departamento de Salud Pública y del Medio Ambiente de la OMS y ha centrado una parte importante de su labor en poner el foco en los vínculos entre la salud y el medio ambiente.
Un hilo rojo de miles de kilómetros une los rescates desesperados en helicóptero en Valencia tras el paso de la dana Adam con el informe que acaba de publicar el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), con sede en Nairobi. La ONU reconoce por primera vez en este documento que la barrera de los 1,5 grados Celsius de calentamiento se va a superar irremediablemente. Rebasar ese umbral significa olas de calor todavía más mortíferas, además de sequías destructivas y más lluvias violentas como las que han golpeado ahora la Comunidad Valenciana. En el caso de esta última dana, cada décima de calentamiento global supone elevar la temperatura del Mediterráneo y, cuando llegan las cíclicas gotas frías, estas se vuelven más severas porque el mar está más caliente y hay más energía para alimentar la tormenta.
Los meteorólogos no daban crédito a lo que veían sus ojos: lluvias torrenciales sin una perturbación atmosférica como fuente de inestabilidad que las causara. No había detonante. No había dana. No había vaguada. No había un culpable. Y, sin embargo, visto desde el satélite, en el torbellino de nubes se estaba formando un monstruo: un sistema que se asemejaba a una tormenta tropical en ciernes. Para más pruebas, el radar mostró un viento que podía corresponder a un giro ciclónico cerca de la costa. Si se le hubiera enseñado a un experto en huracanes de EE UU, habría jurado que era un ciclón tropical. El problema es que no estaba gestándose en el mar Caribe, sino en el Mediterráneo, frente a las costas de Cataluña, a 7.000 kilómetros del lugar donde suelen ocurrir.
Tras años de alertar de que se estaba cerrando la ventana de oportunidad para cumplir con el objetivo del Acuerdo de París más ambicioso —y seguro para la humanidad—, el área de medio ambiente de la ONU ha terminado por asumir este miércoles una “dura realidad”: la posibilidad de mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 grados Celsius respecto a los niveles preindustriales se ha esfumado. Lo hace por primera vez en el informe de referencia que desde 2010 presenta para analizar los planes climáticos de los países y las trayectorias que se deben seguir para cumplir con los acuerdos internacionales. En las anteriores entregas se señalaba que todavía había “una oportunidad” si se hacía “un esfuerzo hercúleo”, recuerda Inger Andersen, directora ejecutiva del Pnuma (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente). “Ahora está claro que ese esfuerzo hercúleo no se hizo; procrastinamos con el clima. Y, en consecuencia, ahora decimos que esta ventana se ha cerrado”.
Este martes salió unas horas el sol en Barcelona después de dos días lloviendo. Y no pocas personas sin techo lo aprovecharon para tender mantas o tiendas de campaña mojadas. Maria Elena, en el paseo de Sant Joan, colgó una manta mojada sobre un banco, y ropa de abrigo bajo una sombrilla. En la parte peatonal de Consell de Cent alguien dejó sus cosas en un aparcamiento de bicis y lo cubrió con una tienda de campaña empapada. En la puerta del Caprabo de la calle de Provença también había una bicicleta y un carro al sol, con sacos de dormir encima. Con tantísima lluvia, a Josep Maria se le han mojado la ropa y las almohadas, pero también documentación con teléfonos de albergues, comedores o recursos municipales y de entidades. “No te quitas la humedad de encima”, decía a primera hora de la mañana Josep Maria, con las calles todavía mojadas y después de pasar la noche “con otros cuatro” en el porche de la entrada de una escuela del Eixample. Un poco más allá, Saliou, guineano que recoge chatarra, explicaba que por las mañanas deja la tienda y sus cosas en la nave donde entrega la mercancía, y la recoge cuando anochece. “Ha habido noches que hemos hecho guardia con mi hermano: uno durmiendo y el otro vigilando que no entrara agua en la tienda. El frío, horrible”, dice hablando medio en francés.
Cascadas atronadoras. Glaciares inquebrantables. Nubes más colosales que las montañas que envuelven. Los paisajes desmesurados de Sebastião Salgado (1944-2025), en rotundo blanco y negro, son de un pasado mucho más cercano de lo que pueda parecer. Y de gran actualidad en un mundo que afronta los efectos del cambio climático. En las series Aqua Mater y Glaciares, el agua es la protagonista absoluta. La comisaria Lélia Wanick Salgado, viuda del fotógrafo brasileño y figura fundamental en su vida y obra, cuenta que Salgado no buscaba el agua, la encontraba. Rastreando el archivo, aparecía una y otra vez en todas sus formas: nubes, nieve, hielo, lagos, océanos.
Poco después de que la Aemet lanzara el pasado viernes el primer aviso sobre la llegada de una dana a la que bautizó como Adam, la Generalitat Valenciana publicó un post en las redes para recordar a la población qué pasos tenía que seguir en caso de que en los siguientes días recibieran un ES-Alert en sus móviles: “Deja el coche en zonas seguras. No atravieses calles llenas de agua. Evita desplazamientos. Infórmate siempre por canales oficiales”. Eran las 14.27 del 16 de octubre y los primeros efectos del temporal en la región valenciana no llegarían hasta dos días después. En esas 48 horas, el Gobierno autonómico actualizó constantemente en sus redes el temporal e incluso envió un mensaje masivo a los teléfonos para anunciar con un día de antelación el riesgo de inundaciones en el litoral norte e interior sur de Valencia. El resto de publicaciones y Es-Alert han sido precisos, insistiendo a la población en que se subiera a plantas altas en zonas inundables.
Dos vecinos achican el agua de una zona residencial inundada en la localidad alicantina de Els Poblets.
Bomberos rescatan a una mujer en Oliva (Valencia), tras las inundaciones provocadas por la dana 'Adam' en una imagen distribuida por el Consorcio Provincial de Bomberos de Valencia.
Patrulla del puesto de Moraira (Alicante) rescata en Partida Manigues de localidad de Oliva (Valencia) a una persona de 90 años con movilidad reducida de una vivienda anegada
Captura de video que muestra el reconocimiento de vehículos por parte del GEAS de la Guardia Civil en la localidad de Pego,Alicante, para verificar que no hay personas en su interior.
Vecinos intentan achicar el agua de una zona residencial inundada a consecuencia del paso de la dana 'Adam' en la localidad alicantina de Dénia, este lunes.
Vista del Barranco de Beniopa, barrio que fue completamente anegado por las inundaciones de 1987, cuyo cauce está lleno debido al temporal de lluvias intensas que afecta a Gandía este lunes.
La playa de las Américas es una mezcla imposible entre centro comercial, parque temático y resort de lujo. Los peatones se mueven con la cadencia lenta de las chanclas, en los bares se sirven pintas y sangría y los escaparates muestran siempre la temporada de verano. En el centro de este lugar hay una enorme pirámide escalonada rodeada de columnas de apariencia barata y helénica. No es el tipo de lugar donde uno imaginaría la celebración de apasionantes debates sobre la ontología de la verdad. Y sin embargo, es justo lo que sucedió ayer.
Christiana Figueres, Geoffrey Hinton (segundo por la izquierda), y Steven Pinker (segundo por la derecha) durante la mesa redonda sobre la verdad, este lunes en el Festival Starmus que se celebra en Tenerife.
Las extinciones de abejas en Europa en los últimos 100 años se pueden contar con los dedos de las manos. Pero ese buen dato, uno de los resultados de un gran trabajo recién publicado en la revista científica PNAS (Historical trends show more declining than increasing species among European pollinators; Entre los polinizadores europeos hay más especies en declive que especies en aumento), se ve oscurecido por una drástica reducción: su ocupación ha venido encogiéndose desde 1921. Su retirada ha sido más acusada en la fachada atlántica y en Centroeuropa. En la región mediterránea, el descenso sería incipiente. Solo las áreas montañosas, con un clima cada vez más cálido por el cambio climático, han visto aumentar su presencia. Para los autores del estudio, liderado por científicos españoles, se está a tiempo de revertir la pérdida de una de las bases de los ecosistemas tanto agrarios como naturales: la polinización.
Entre las especies en declive están las especialistas. Es el caso de la 'Flavipanurgus venustus', una abeja solitaria endémica de la península ibérica.
Un equipo de investigación liderado por C. Kotsakis, del Departamento de Geodesia y Topografía de la Universidad Aristóteles de Tesalónica (Grecia), ha desarrollado un método para medir cómo cambia la forma de la Tierra utilizando los datos de movimiento vertical del suelo que registran las estaciones GNSS (los sistemas de satélites de navegación como el […]
Un equipo internacional de investigadores ha publicado un estudio que cuestiona una de las teorías más extendidas sobre la desaparición de los neandertales. Según sus conclusiones, el cambio climático y la consiguiente fragmentación de los hábitats no jugaron un papel decisivo en la extinción de esta especie humana, que ocurrió hace aproximadamente 40.000 años. El […]
En estos años en los que el cambio climático ocupa buena parte de la conversación pública, conviene mirar atrás y recordar que el planeta ya vivió, hace poco más de dos siglos, un vuelco climático repentino y devastador, aunque de origen muy distinto al actual. Ocurrió en 1816, un año que los cronistas de la […]