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Francia en medio de protestas, incendios y algo más que una deriva estratégica

By: A A
4 October 2026 at 16:30

Francia lamentablemente se sumerge en días de oscuridad a medida que el reinado de Emmanuel Macron atraviesa sus últimos momentos.

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Estos días de decaimiento y desorden evidentes, es, en gran parte, una responsabilidad del formato de gobernanza de Macron y, en todo el país, se tiene como una verdad máxima que Macron y la decadencia son como el cuerpo y la sombra.

Un Macron que muchos presagiaban, allá por el 2017, que sería un símil de Napoleón Bonaparte, diez años después -afirman millones de ciudadanos franceses- se visibiliza como un arlequín de las peores y trágicas comedias que tiene la historia de Francia.

Ya, en legiones, analistas, académicos y periodistas hablan, sin exageración, de que el estado francés se tornó incapaz, incompetente, sin darle ni siquiera una sola solución al pueblo. Los sociólogos ven que hoy, respecto de 2017, la sociedad está más dividida, enfrentada y desgobernada.

Los informes serios señalan que si no hay un cambio central de los acontecimientos, el país no podrá salir de la deriva en la cual se encuentra.

Esta tendencia de desvío no sólo es estratégica, sino que es fundamentalmente existencial.

Le Fígaro subrayó, el 1 de octubre, que el giro y la escalada del movimiento estudiantil de los institutos tambalean al Ejecutivo, informando que, el jueves, se multiplicaron los disturbios -con o a partir de los estudiantes- en 900 establecimientos y que la policía detuvo 1949 personas.

Este periódico enfatizó que, en estos incidentes, se identificaron tres tipos de actores: el altamente politizado, el meramente estudiantil y el barrial representado por los sectores marginales.

Otros reportes de la prensa, indicaron que gente afín a La France insoumise, o que antes estuvieron orgánicamente en esa estructura, fueron señalados como participantes de la ola de revueltas e incidentes que se produjeron en todo el país.

Uno de estos partes periodísticos, mencionaron el nombre de Ritchy Thibault, que fue asesor parlamentario de una diputada de izquierda y que también estuvo en los Chalecos Amarillos. Thibault se halla entre las casi 2000 personas que fueron detenidas el jueves. Vamos a levantar barricadas. Vamos a prender fuego al Palacio del Elíseo. Vamos a iniciar una revolución, dijo esa persona en un video que grabó el mismo para incentivar, según la policía, a la generación de disturbios.

En las redes sociales, proliferan, junto a los mensajes de los participantes de la revuelta, publicaciones de ciudadanos y líderes de espectros políticos diferentes de la izquierda llamando a la calma y que el orden sea restablecido.

Entre estos pronunciamientos, están los que distinguen las protestas de los bomberos -sin caos ni violencia- con las de los estudiantes y sus aliados u oportunistas de los barrios donde la delincuencia predomina como sistema de vida.

Algunas versiones ponen el foco en que, aparentemente, Macron también estaría utilizando estos hechos de violencia para terminar represaliando a los auténticos disidentes.

Cabe consignar que, este tipo de opinión, suele aparecer frecuentemente, desde hace, por lo menos, una década en ciertos foros políticos frente a entornos como el que hoy vive Francia.

Publicado originalmente por Geopolítica rugiente

Amenaza de EE.UU a empresarios argentines

By: A A
3 October 2026 at 16:58

La Embajada de los Estados Unidos en Argentina envió una advertencia a la Cooperativa CALF, principal distribuidora de energía eléctrica de la Patagonia: amenazó con la revocación o denegación de las visas de ingreso a EE. UU. a un total de 18 directivos de la entidad (16 integrantes del consejo de administración y dos síndicos).

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El mensaje de la diplomacia norteamericana busca interrumpir las negociaciones entre la cooperativa neuquina y la tecnológica china Huawei para construir un data center regional con equipamiento de esa firma.

Según trascendió, la intromisión de Washington responde a cuestiones de seguridad nacional y geoestrategia, debido a que la administración de Donald Trump considera a Huawei una amenaza ligada al Partido Comunista y al Ejército del gigante asiático, susceptible de ser utilizada para espionaje. A esto se le agrega la proximidad a Vaca Muerta. Temen que la posibilidad del crecimiento de la infraestructura tecnológica china impacte sobre el yacimiento, donde operan inversores estadounidenses como Chevron y Continental Resources…

Publicado originalmente por  Pagina12

Se prevé que se desate el caos para finales de Septiembre

By: A A
2 October 2026 at 14:44

Período de máximo riesgo: del 30 de septiembre al 3 de noviembre. Asia Occidental está a punto de estallar.

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El presidente sociópata de Estados Unidos hizo caso omiso por completo de la solución china para poner fin al drama iraní, presentada en persona en la Casa Blanca por el presidente Xi Jinping el pasado jueves.

En esencia, Xi le dijo a Trump que la salida está justo frente a él: volver al «gato muerto» asesinado en serie, el memorando de entendimiento (MoU), firmado y luego destrozado por Trump. China, dijo Xi, está lista para apoyar plenamente este regreso a la diplomacia.

Como era de esperarse, el sociópata rechazó no solo la oferta de Xi, sino también la propuesta iraní de siete días, paso a paso, para volver a las negociaciones, presentada por el ministro de Relaciones Exteriores Araghchi en Nueva York.

En realidad, esta combinación debería considerarse como la propuesta China-Irán: un conjunto de Términos Finales, cuidadosamente ajustados por Araghchi y Wang Yi en dos reuniones sucesivas, primero en la cumbre del BRICS en Nueva Delhi y luego en Pekín.

Trump no solo rechazó la oferta de paz, sino que se jactó —ante las carcajadas del mundo entero— de que Estados Unidos tiene «control total» del «Estrecho de Trump».

El desaire de Trump ha molestado profundamente tanto a Wang Yi como al presidente Xi. En la cultura asiática, eso se traduce en la peor forma de perder prestigio: el rechazo de una recomendación formulada oficialmente por el más alto nivel del gobierno.

Así que cabe esperar que la respuesta china sea tan virulenta como un trozo de seda empapado en veneno. Pekín apoyará a Teherán ahora con aún más ferocidad, en más de un sentido.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), por su parte, respondió cerrando aún más el estrecho de Ormuz. En cuestión de 48 horas, Irán incendió nada menos que 19 petroleros que intentaban cruzar sin seguir los procedimientos de la Armada del IRGC y la PGSA, cuotas incluidas.

Eso generó un chiste que se volvió viral en toda Asia Occidental: que alguien le diga a Trump quién manda en el estrecho.

Teherán jugó sus cartas diplomáticas en Nueva York con extrema delicadeza. No solo obligaron al neo-Craso/neo-Calígula/Goldfinger a rechazar públicamente una oferta de paz, sino que lo convencieron de que anunciara un “Remix del bombardeo a Irán” después de las elecciones de mitad de período; ahora todo el planeta tiene claro que al sociópata le importa un comino la avalancha superpuesta de crisis globales económicas, de combustible y de alimentos. De hecho, él es su autor.

A esto se suma una actuación impecable del presidente Pezeshkian, no solo en el podio de la ONU, sino también en la reunión con los directores de los centros de estudios estadounidenses y los editores de los principales periódicos en un hotel de Nueva York. Pezeshkian ganó la guerra mediática justo en la guarida del enemigo: esa es una hazaña para la historia.

Trump cierra la puerta que Teherán abrió, pero el reloj sigue corriendo

El bloqueo de Ormuz tiene tantas fugas como si no hubiera un mañana. Gran parte del tráfico pasa por petroleros saudíes e iraquíes, con toneladas de petro-yuanes cambiando de manos.

El contrabando es rampante incluso en el corredor de Omán, teóricamente controlado por Estados Unidos, donde el petróleo iraní se traslada tanto a petroleros oficiales como a los de los jeques petroleros en la sombra.

Nadie supera a los persas en lo que respecta a estrategias de contrabando y supervivencia tras 47 años de sanciones. Todo eso mantiene a bordo a los clientes de energía: China, el sudeste asiático e incluso Corea del Sur.

Este miércoles se cumple el plazo de 45 días establecido por Teherán el 16 de agosto para que termine el bloqueo naval de Trump. O de lo contrario. El 30 de septiembre también es, casualmente, la fecha límite establecida por los iraquíes para que Estados Unidos se retire definitivamente de Irak.

Y todo eso se superpone con la reciente fecha límite de 4 a 5 días fijada por Mohsen Rezaee, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional (SNSC) y número dos de facto en Irán, para que los estadounidenses pongan fin al bloqueo. Esa fecha cae en lunes, hoy.

En resumen: mientras Washington cerraba la puerta que Teherán había abierto, el reloj de Teherán siguió corriendo. Se confirmó a nuestro canal Transition Protocol que los altos mandos políticos y del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) ya han decidido qué vendrá después.

Mantendrán el rumbo hasta este miércoles. Y si no hay un camino hacia una resolución en los términos que el presidente Xi le expuso a Trump en el Despacho Oval, Teherán está listo para tomar cinco medidas cruciales:

1).Ampliar el campo de batalla más allá de Ormuz hasta el Océano Índico. 2.) Reservarse el derecho de atacar a cualquier buque de la Armada estadounidense que imponga el bloqueo. 3.) Colaborar con Ansarallah para extender el bloqueo hasta Bab al-Mandab. 4.) Actuar de manera preventiva contra las concentraciones militares que considere amenazantes. 5.) Restringir la aviación de cualquier nación que se sume al bloqueo aéreo.

Sin límites. Literalmente.

Así que, por el momento, tenemos una ominosa advertencia sobre el Océano Índico; una amenaza confirmada contra todos los centros de despliegue de EE. UU. si Washington ataca; y una doctrina de ataque preventivo declarada.

Lo que aún no tenemos es una orden para atacar directamente a los buques estadounidenses.

En el frente aéreo, Irán apostará por la reciprocidad; no por misiles.

La postura de los líderes iraníes respecto a las sanciones secundarias de EE. UU. contra prácticamente cualquier aeropuerto del mundo que reciba vuelos iraníes es bastante clara:

Si nuestros aviones no despegan, entonces los suyos tampoco lo harán».

Así lo expresó el asesor del Líder Supremo, Mohammad Mokhber. El sábado, Mohsen Rezaee dijo que Irán no responderá a la prohibición de manera militar; que está negociando con los Estados involucrados; y que cuenta con «múltiples opciones no militares» para algunos aeropuertos.

Además de las grandes potencias, China y Rusia, varios países —entre ellos Turquía, Malasia, Vietnam, Uzbekistán, Tayikistán y Kazajistán— están ignorando por completo el asedio aéreo imperialista contra Persia.

Luego está el caso extraordinario de Irak.

La Resistencia iraquí fue la primera en dar un paso al frente para declarar que atacaría los aeropuertos del CCG. Luego, varios clérigos de alto rango en Nayaf y Karbala protestaron al unísono y le quitaron la legitimidad al gobierno títere de Bagdad.

Enormes protestas también sacudieron a Basora —la capital de la riqueza petrolera de Irak, donde habitan tribus beduinas chiitas armadas hasta los dientes (las recuerdo con cariño, de principios de la década de 2000)—.

Uno de sus jeques le dio a Bagdad 48 horas para poner fin a su complicidad con el asedio de Estados Unidos contra Irán. Así que, al final, podría haber una excepción para los vuelos entre Irán y Nayaf —que básicamente transportan peregrinos—.

El reloj de Irán y el reloj de EE. UU.: la Ventana de Riesgo Supremo

Ahora, pasemos al frente del Mar Rojo.

Esa insignificante «coalición de los dispuestos» —los jefes de Estado Mayor de Arabia Saudita, Turquía y Pakistán, reunidos en Riad el viernes pasado como miembros de la Alianza de Defensa de La Meca— pasó de las palabras vacías a tal vez un intento de acuerdos operativos, aunque no anunciaron ataques conjuntos contra Yemen.

Ansarallah no está precisamente temblando de miedo. Lanzaron drones hacia Riad y misiles hacia Khamis Mushait, calificando sus operaciones de «ensayo» para una escalada a gran escala.

Solo hay que esperar la próxima tormenta yemení.

Yemen hierve de rabia después de que los saudíes bombardearan un mercado abarrotado en Taiz, matando e hiriendo al menos a 50 personas, entre ellas mujeres y niños, según un recuento preliminar. Esto tuvo que haber contado con información directa de inteligencia y ISR (Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento) del CENTCOM y del «culto de la muerte».

Según fuentes yemeníes en Saná, Ansarallah podría estar a punto de imponer un embargo aéreo a Arabia Saudita. Riad ya se está sumiendo en un «agujero negro», lo que incluye obligar a Google y a los satélites occidentales a censurar la evidencia de la infraestructura petrolera destruida y los sitios en Riad, Jizan, Abha y Najran.

Por lo tanto, sigue siendo alta la probabilidad de que Irán y/o Ansarallah emprendan acciones significativas contra los activos navales de EE. UU., las rutas marítimas más amplias o el desvío saudí hacia Yanbu, hasta el final de esta semana.

Sin embargo, el resultado más probable sigue siendo un estancamiento ultrarmado en el que Teherán envíe señales en lugar de lanzar ataques el 30 de septiembre.

Hecho comprobado: el lapso entre el reloj de Irán y el de Washington —del 30 de septiembre al 3 de noviembre— es ahora la Ventana de Riesgo Supremo.

Los verdaderos polos de la civilización árabe frente a los pastores de camellos ignorantes

Y eso nos lleva a una revelación clave de una fuente con acceso a la sala de la alianza de alto nivel entre China, Pakistán e Irán.

La fuente confirmó que, tras la visita de Xi a EE. UU., Wang Yi y el ministro de Relaciones Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar, mantuvieron una conversación directa y de alto secreto.

Pekín se dio por vencido con respecto a Washington y ahora está volviendo a jugar su carta a través de Islamabad, encargando abiertamente a los más altos niveles del gobierno que contengan la crisis.

A los pakistaníes se les ha encomendado intervenir en nombre de Pekín y Teherán tanto ante Trump como ante MbS antes de que la escalada alcance una etapa crítica esta semana.

Lo que esto implica es que, sin duda, Pakistán —nadie sabe qué pasará con Turquía— no apoyará a Arabia Saudita en su supuesta ofensiva masiva planeada contra Yemen.

Esto lo confirmó otra fuente de alto nivel en Islamabad; el gobierno pakistaní ciertamente ha hecho sus cálculos y sabe que ayudar a salvar a la insalvable Casa de Saud enterrará el papel de Pakistán como mediador entre Irán y EE. UU.: quedará tan muerto como el memorando de entendimiento de Islamabad, que ya no sirve para nada.

Nunca está de más recordar que, durante siglos, Bagdad, Damasco, El Cairo y Saná constituyeron los verdaderos polos civilizatorios de los árabes sufíes cosmopolitas.

Nada que ver con los estúpidos pastores de camellos que componen la espantosa Casa de Saud.

Y eso se relaciona con los dos imperativos categóricos principales del Sindicato de Epstein.

Quieren la destrucción de Persia —el genocidio nuclear anunciado desde la tribuna de la ONU por el sociópata presidente de los Estados Unidos—. Eso debería ir acompañado de la destrucción del Eje Árabe de Resistencia —en el Líbano, Irak y Yemen—.

Y luego, también la destrucción de los estúpidos jeques petroleros del CCG, porque seguirían siendo demasiado ricos, influyentes y posiblemente impredecibles una vez que el Eje de Resistencia haya dejado de existir.

Entra en escena el líder del culto a la muerte en Asia Occidental, quien el domingo voló «en secreto» en un avión privado a Abu Dabi para reunirse con MbZ.

Pasó todo el día en los Emiratos. No hubo ninguna filtración sobre la reunión. Esto ocurrió justo después de que el líder del culto a la muerte demonizara una vez más a Irán en la ONU.

Ahora está claro que Yemen y Persia vienen en un mismo paquete: los dos frentes privilegiados del escenario de Asia Occidental.

Presten atención a las consecuencias de esta reunión «secreta» entre el culto a la muerte y los sionistas árabes. Asia Occidental está a punto de arder hasta llegar a los cielos.

Traducción:  Observatoriode trabajador@s en lucha

¿Qué está pasando realmente en Venezuela?

By: A A
1 October 2026 at 13:00

¿Hasta dónde más está dispuesta a llegar Delcy Rodríguez? He ahí la cuestión.

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El año 2026 está pasando rápido. De hecho, no falta mucho para que termine. Aun así, recordamos muy bien cómo se abrió este año: el 3 de enero los EE.UU. realizaron una operación militar en Caracas, en la cual secuestraron al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa, Lícia Flores. Durante esa operación, buena parte de los guardaespaldas de Maduro perdió la vida. Maduro estaba cerca de un búnker, pero no logró llegar y sellar la puerta a tiempo antes de ser capturado.

En su lugar, asume Delcy Rodríguez, apoyada por su hermano Jorge Rodríguez, que preside la Asamblea Nacional, por el Ministro del Interior Diosdado Cabello, y por Vladimir Padrino López, que controla a los militares. Lejos de apostar por “elecciones libres y democráticas”, los EE.UU. refrendaron la continuidad política bolivarianista, manteniendo a Delcy Rodríguez en el poder. Maria Corina Machado, sucesora de Juan Guaidó en el proyecto de “revolución de color” venezolana, ya cayó en el olvido.

¿Qué realmente aconteció cuando el secuestro de Maduro? Las circunstancias nunca quedaron suficientemente bien explicadas y seguimos nadando entre rumores y chismes. Ocasionalmente, emergen informaciones inverificables de que algunos elementos del equipo de seguridad de Maduro lo habrían vendido a cambio de compensación financiera, nunca pagada por los EE.UU. De hecho, el gobierno interino de Venezuela hizo diversas alteraciones en la guardia presidencial después del secuestro, incluso mientras niega que haya habido cualquier traición.

Pero la gran duda es qué pasó con todo el equipo militar ruso y chino adquirido por Venezuela. ¿Por qué no fue usado el 3 de enero? Estamos hablando, por ejemplo, de radares chinos JY-27A, JYL-1 y JY-11, algunos de los cuales tienen capacidad anti-stealth, así como de cazas rusos Sukhoi Su-30 y de sistemas antiaéreos rusos como el S300 y el Buk-M2. Nada de eso parece haber sido utilizado durante el ataque de los EE.UU. ¿Falta de mantenimiento? ¿Falta de preparación de los soldados venezolanos? No se sabe.

Desde entonces, Delcy Rodríguez ha sido extremadamente criticada, por antiimperialistas extranjeros, por su postura conciliacionista con los EE.UU. Siempre que aparecen noticias de una reunión de la presidente interina de Venezuela con algún representante de los EE.UU., tal como Dan Caine del Estado Mayor Conjunto de los EE.UU., con Marco Rubio o, tal como recientemente, con Donald Trump, abundan las críticas. Lo mismo cuando el gobierno venezolano emite sus ya ahora típicas notas oficiales celebrando la “colaboración” con los EE.UU., la “mejora en las relaciones”, las “oportunidades de inversiones”, y así sucesivamente.

Ahora, en alguna medida, es bastante fácil criticar al gobierno interino de Venezuela estando fuera de Venezuela y sin tener que lidiar con el mismo tipo de presión. En un sentido práctico y material, ¿de qué opciones dispone Venezuela hoy? ¿En qué medida puede desafiar directa y abiertamente a los EE.UU.?

La versión ofrecida por los partidarios del actual gobierno venezolano es que la prioridad de Delcy Rodríguez es preservar el sistema político bolivariano y conseguir la devolución de Nicolás Maduro. La soberanía económica puede, hasta cierto punto, ser sacrificada en el corto plazo; la estructura de poder no, ya que esta es más difícil de reconstruir o recuperar si deja de existir. En este sentido, Delcy Rodríguez estaría ofreciendo concesiones a los EE.UU. con el objetivo de ganar tiempo, aguardando hasta que cambios políticos dentro de los EE.UU. – como una derrota de Trump en las midterms o, tal vez, en las próximas elecciones presidenciales – traigan algún escenario más favorable.

La narrativa es plausible y, sinceramente, en el lugar de Delcy Rodríguez yo haría lo mismo. No parece haber muchas otras opciones, en este momento, para Venezuela, además del control de daños.

Pero ¿cuánto es posible ceder?

En apenas 1 año vimos el retorno de la Embajada de los EE.UU. a Caracas, así como el establecimiento de una oficina de la CIA en el país y la restauración de las relaciones con el Estado de Israel.

En el plano económico, los EE.UU. pasaron a acercarse a la recaudación de aproximadamente 1 millón de barriles diarios exportados, cuyo valor es apenas parcialmente devuelto al gobierno venezolano para la realización de inversiones y gastos autorizados por los EE.UU. Buena parte del valor permanece con el gobierno de los EE.UU., y Trump se refirió directamente a este valor como botín de guerra.

Poco después, Venezuela concedió a la empresa estadounidense Trafigura el derecho de comprar y exportar oro venezolano para ser refinado en el exterior, con aproximadamente 400 kg de oro por mes siendo transferidos a los EE.UU.

Y más recientemente, Venezuela cedió a los EE.UU. control mayoritario sobre reservas venezolanas aún no exploradas y que equivaldrían, en teoría, a 65 mil millones de barriles de petróleo. Se trata de áreas en las cuales los EE.UU. harían inversiones de 100 mil millones de dólares para extraer petróleo por 25 años, lo que rendiría 200 mil millones de dólares en ingresos para Venezuela, pero mucho más para las empresas involucradas y para el gobierno de los EE.UU.

¿Hasta dónde más está dispuesta a llegar Delcy Rodríguez? He ahí la cuestión.

Finalmente, es temerario creer que un cambio en la Casa Blanca de un gobierno republicano a un gobierno demócrata representaría un vuelco de suerte para Venezuela. En temas estratégicos, hay una sorprendente continuidad de política exterior entre diferentes gobiernos, lo que nos indica que tal vez no sea la Casa Blanca la que dicta las directrices realmente. Además, no cuesta nada recordar que fue bajo Barack Obama que el cerco contra Venezuela realmente se inició, intensificándose con cada presidencia subsequente, fuese republicana o demócrata.

Xi dada le explica las realidades de la vida a un sociópata

By: A A
30 September 2026 at 16:45

Xi estableció, de hecho, el marco sobre cómo China y Estados Unidos deberían competir en términos de «beneficio mutuo».

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GUANGZHOU – El presidente chino, Xi Jinping, planteó la petición directamente en el Despacho Oval. El presidente «decisivo» —quien está sopesando si llevar a cabo un genocidio nuclear contra Irán, tal como reveló en el podio de la ONU— no dijo que sí.

Xi le dijo directamente a Trump que China está a favor de que Estados Unidos regrese de inmediato al Memorando de Entendimiento (MoU) de Islamabad —sí, el famoso «gato muerto». Las negociaciones deberían reanudarse «tan pronto

como sea posible», lo que conduciría a un acuerdo integral que incluya el tema nuclear.

Sin embargo, no hubo avances significativos. La Casa Blanca no emitió ningún comunicado por su cuenta. Trump eludió todas las preguntas sobre el contenido de su reunión de tres horas con Xi. Es fascinante cómo el explosivo tema de Irán se mantuvo al margen de la cumbre en lugar de ser parte de ella.

Al mismo tiempo, lo que podríamos llamar el «canal de Nueva York» sobrevivió y podría estar convergiendo en un acuerdo comercial por etapas.

Los negociadores están explorando una salida por etapas: Irán reabre el Estrecho de Ormuz; Estados Unidos levanta simultáneamente el bloqueo naval de Trump; y luego deberían liberarse los activos congelados. Teherán trasladaría entonces su exigencia de tarifas de tránsito a un anexo paralelo. No es precisamente una idea brillante, considerando los gánsteres con los que están lidiando.

Al menos ahora todo está claro. Ninguna de las partes cederá primero su ventaja.

El problema adicional es que Teherán podría haber abierto un segundo frente contra su propio negociador. Los legisladores de Teherán presentaron una moción de destitución contra el ministro de Relaciones Exteriores Araghchi, acusándolo de hablar con funcionarios estadounidenses sin autorización.

A los críticos que arremetieron contra Araghchi por no contar con la aprobación del Consejo Supremo de Seguridad Nacional (SNSC), un alto funcionario iraní respondió que la delegación tenía «plena autoridad».

Esto refleja el serio debate interno entre los reformistas y el sector más radical del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC). La cuestión ya no es solo qué ofrecerá Irán, sino quién en Teherán debe autorizar la oferta.

No hay duda de que, en última instancia, debería ser Mohsen Rezaee, secretario del SNSC y representante personal del líder Mojtaba Jamenei. Cualquier concesión diplomática deberá contar con su aprobación.

El presidente iraní Pezeshkian volvió a confirmar al primer ministro de Pakistán, Sharif, en una reunión bilateral en Nueva York, que el memorando de entendimiento «del gato muerto» sigue siendo «totalmente aceptable».

Mientras tanto, la escalada se intensificó incluso mientras avanzaba la diplomacia.

Un asesor de alto rango del líder Mojtaba confirmó que la guerra podría llegar al Océano Índico si Estados Unidos ataca nuevamente: «Nuestras fuerzas armadas… han preparado sus propios planes para los peores escenarios». Varias fuentes militares iraníes reiteran: «Tenemos el dedo en el gatillo».

Todo ello mientras Ansarallah lanzaba seis misiles balísticos hacia Yanbu y Taif —es decir, directamente contra la ruta alternativa saudí al Estrecho de Ormuz—. El Brent se mantiene por encima de los 100 dólares el barril.

¿Qué pasará después, durante el fin de semana? Una mezcla de contactos mediados y una continua presión económica. Aunque, con suerte, no habrá nuevos ataques aéreos de EE. UU.

La Casa Blanca está haciendo creer, como era de esperarse, que Trump «tiene todas las cartas» y se conforma con dejar que la presión surta efecto.

Trump, sin embargo, ha planteado una especie de “acuerdo” para después de las elecciones intermedias del 3 de noviembre. Esto significa que la vía de salida está trazada. Pero nadie tiene ni la autoridad ni el incentivo para dar el primer paso hacia ella.

¿Quieren las clases dominantes de EE. UU. una “relación constructiva”?

Si el concepto operativo ahora fuera la navegación por Ormuz para aliviar el bloqueo, por etapas, eso sería un enorme paso adelante. Sin embargo, la Casa Blanca insiste en ser un lastre, argumentando que Trump no tiene necesidad de negociar y que no se dejará «manipular». Hablamos de una disonancia cognitiva intergaláctica.

En cuanto al bloqueo aéreo, se filtró precisamente donde más importa. Los datos de seguimiento de vuelos confirmaron que Mahan Air aterrizó en Guangzhou, y que los vuelos a Nayaf, en Irak, operaron con normalidad. No hubo ninguna acción de Estados Unidos contra los aeropuertos chinos ni contra los operadores de tierra.

Los riesgos abundan a medida que avanzamos. Si Ansarallah inmoviliza totalmente Yanbu, eso significará el colapso de la única gran ruta alternativa al estrecho de Ormuz, lo que elevará aún más el precio del Brent y avivará la notoria impaciencia del sociópata antes de las elecciones de mitad de mandato.

Podría haber un veto interno iraní: algo así como una desautorización del Consejo de Seguridad Nacional (SNSC) que congele el único canal —diplomático— que está generando avances.

Podría haber un ataque desesperado de la administración de Trump contra Pickaxe Mountain, o una acción preventiva iraní contra movimientos que interprete como preparativos, lo que colapsaría catastróficamente el canal diplomático de inmediato.

Ahora volvamos a Trump y Xi. La lista de invitados a la cena de Estado fue impresionante: era como tener a la mayor parte de la economía de EE. UU. en una sola sala. Elon, Jensen Huang, Zuckerberg, Tim Cook, Bezos, Sundar Pichai, Jamie Dimon, Larry Fink, además de tres jueces de la Corte Suprema, el presidente de la Reserva Federal y la mitad del gabinete. En la mesa principal, junto a ambos presidentes, estaban Elon, Nvidia y Apple.

China publicó su comunicado de prensa oficial sobre la reunión de tres horas entre Xi y Trump en la Casa Blanca. Al momento de escribir este artículo, no había noticias de Estados Unidos

Xi estableció de facto el marco de cómo China y Estados Unidos deberían competir sobre una base de «ganar-ganar». En materia de comercio: cooperar. En inteligencia artificial: competir, pero cooperar. En cuanto a Taiwán: respetar las líneas rojas.

En conjunto, eso es lo que Xi —y los líderes de Pekín— entienden por una «relación constructiva de estabilidad estratégica».

El espíritu debe ser de igualdad y respeto mutuo. Solo así el beneficio mutuo se convierte en algo concreto.

¿Se comprometerán las clases dominantes de EE. UU. —Trump no es más que un estafador, un simple mensajero—? Nadie tiene muchas esperanzas.

Traducción:   Observatoriode trabajador@s en lucha

Groenlandia no está en venta: la ‘Doctrina Donroe’ de Trump y el imperialismo estadounidense

23 September 2026 at 19:50

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La campaña de Donald Trump para poner a Groenlandia bajo el control de los Estados Unidos a menudo se ha descartado como pura fanfarronería. Eso es un error. Detrás del lenguaje de un acuerdo inmobiliario se esconde un intento serio de revivir un antiguo principio imperial: que Washington pueda decidir el futuro político y económico de todo el hemisferio occidental. Groenlandia, estratégicamente ubicada entre América del Norte y Europa, se ha convertido en una prueba de esa afirmación – y de si la soberanía de una pequeña nación indígena cuenta cuando entra en conflicto con las ambiciones de una gran potencia.

Trump planteó la idea de comprar Groenlandia durante su primer mandato presidencial en 2019. Tras su reelección, la propuesta se volvió más agresiva. En diciembre de 2024 declaró que la “propiedad y el control” de Groenlandia por parte de los Estados Unidos eran una “necesidad absoluta”. El 7 de enero de 2025, se negó a descartar la coacción militar o económica contra Groenlandia y el Canal de Panamá, afirmando: “Necesitamos Groenlandia por motivos de seguridad nacional”. Posteriormente, insistió en que los Estados Unidos se haría con la isla “de una forma u otra”. Esta afirmación combinaba varios argumentos: Groenlandia es vital para la defensa antimisiles; Rusia y China amenazan el Ártico; los yacimientos de tierras raras de Groenlandia tienen un valor estratégico; y, supuestamente, los groenlandeses acogerían con agrado el dominio estadounidense.

Esta última afirmación resultó ser demostrablemente falsa. Una encuesta de enero de 2025, realizada tanto en groenlandés como en danés, reveló que el 85% de la población de Groenlandia se oponía a abandonar el reino danés para unirse a los Estados Unidos, mientras que solo el 6% lo apoyaba. Sin embargo, la misma encuesta mostró que una mayoría estaba a favor de una eventual independencia. Esa distinción es fundamental. El deseo de los groenlandeses de poner fin a la tutela colonial danesa no puede interpretarse como un consentimiento a la anexión estadounidense.

Una relación militar sin anexión

El argumento de seguridad a favor de la propiedad estadounidense es engañoso, ya que Washington ya goza de amplios derechos militares en Groenlandia. La relación comenzó durante la Segunda Guerra Mundial. Con Dinamarca ocupada por la Alemania nazi, su embajador en Washington firmó un acuerdo de 1941 que permitía a los Estados Unidos defender Groenlandia y construir instalaciones allí. Dinamarca solicitó la retirada estadounidense después de la guerra, pero prevaleció la estrategia de la Guerra Fría.

El Acuerdo de Defensa de Groenlandia de 1951, celebrado en el marco del Tratado del Atlántico Norte, autorizó a los Estados Unidos a establecer y operar “zonas de defensa”. Esto permitió la rápida construcción de la Base Aérea de Thule – rebautizada como Base Espacial de Pituffik en 2023 – en un lugar ideal para las rutas aéreas y de misiles más cortas entre la Unión Soviética y América del Norte. En el apogeo de la Guerra Fría, los Estados Unidos operaba numerosas instalaciones en toda Groenlandia. Hoy en día, Pituffik, la base militar más septentrional de Washington, desempeña funciones de alerta de misiles, defensa antimisiles y vigilancia espacial.

El acuerdo ofrece a Washington una amplia libertad operativa. Una enmienda de 2004 – el Acuerdo de Igaliku – reconoció al Gobierno autónomo de Groenlandia, estableció a Pituffik como la única zona de defensa existente y exigió la consulta previa antes de realizar cambios significativos o crear nuevas zonas de defensa. También estableció la cooperación en temas económicos, técnicos y ambientales. En otras palabras, si los Estados Unidos considera que se necesitan más radares, puertos, aeródromos o personal, ya existe un mecanismo legal para negociarlo con Dinamarca y Groenlandia. La soberanía, por lo tanto, no es un requisito militar.

La historia de las bases también explica por qué “seguridad” no es un término neutral en Groenlandia. En 1953, las autoridades danesas ordenaron a 116 inughuit – 27 familias – que abandonaran la recién fundada Qaanaaq, mientras que el resto se reubicó en asentamientos en otras partes del distrito. Camp Century se construyó bajo el hielo entre 1959 y 1960 y estaba vinculado a la propuesta secreta del Proyecto Iceworm, que contemplaba una extensa red de bases de lanzamiento de misiles nucleares.

En 1968, un B-52 estadounidense que transportaba cuatro bombas de hidrógeno se estrelló sobre el hielo marino en la Base Aérea de Thule, lo que provocó contaminación por plutonio y otras sustancias. El accidente puso de manifiesto la inconsistencia entre la política declarada públicamente por Dinamarca en contra de las armas nucleares en territorio danés en tiempos de paz y los permisos secretos otorgados por el Gobierno danés a los Estados Unidos para almacenar armas nucleares en Groenlandia. Las instalaciones abandonadas dejaron combustible, desechos y otros contaminantes. Los reportajes de Groenlandia continúan cuestionando quién pagará por las futuras limpiezas. La relación militar protegió los intereses estratégicos de los Estados Unidos, mientras que los costos humanos y ambientales recayeron de manera desproporcionada sobre los groenlandeses.

Groenlandia dejó de ser formalmente una colonia en 1953, obtuvo autonomía en 1979 y amplió su autogobierno en 2009. La Ley de Autogobierno reconoce a los groenlandeses como un pueblo con derecho a la autodeterminación y establece un camino hacia la independencia. Washington reabrió su consulado en Nuuk en 2020, y la cooperación se intensificó en materia de comercio, educación, minería e investigación. Los gobiernos de Groenlandia (desde Kuupik Kleist hasta Jens-Frederik Nielsen) han acogido con beneplácito los vínculos económicos con Washington, pero rechazan la tendencia de este último a exigir cada vez más a la isla para satisfacer sus necesidades militares.

De Monroe a Donroe

La exigencia de Trump respecto a Groenlandia forma parte de una política hemisférica más amplia. La Doctrina Monroe de 1823 advertía a las potencias europeas contra nuevas intervenciones coloniales en las Américas. Presentada como anticolonial, se transformó en una reivindicación de la supremacía estadounidense. El corolario de Theodore Roosevelt de 1904 afirmaba el derecho de intervención en América Latina, proporcionando una justificación ideológica para ocupaciones, cambios de régimen y el control de activos estratégicos.

Los partidarios de Trump rebautizaron su última versión como la “Doctrina Donroe”. Esta denominación vincula la presión sobre Groenlandia con las exigencias relativas al Canal de Panamá, las amenazas contra Cuba y Colombia, las reivindicaciones sobre Canadá y la intervención de los Estados Unidos en Venezuela. A finales de 2025, la Casa Blanca proclamó formalmente un Corolario  Trump a la Doctrina de Monroe, en el que se afirmaba el liderazgo de los Estados Unidos en todo “nuestro hemisferio”. Groenlandia queda arrastrada a esta esfera porque geográficamente forma parte de América del Norte, aunque esté vinculada políticamente a Dinamarca y su pueblo inuit posea su propio derecho a la autodeterminación. Esta doctrina contiene una contradicción reveladora. Trump denuncia el control europeo sobre Groenlandia como un anacronismo, al tiempo que exige que la isla sea transferida a los Estados Unidos. El colonialismo no se ha abolido; simplemente cambia el colonizador propuesto. Las referencias de Trump a los minerales, las rutas marítimas y la geografía militar reducen a Groenlandia a un activo y a sus 56.000 habitantes a un obstáculo en una transacción entre potencias.

Una crisis dentro de la alianza occidental

Las amenazas de Trump provocaron una ruptura extraordinaria entre los Estados Unidos y Europa. Dinamarca no es un adversario, sino un aliado de la OTAN cuyas tropas lucharon junto a los soldados estadounidenses en Afganistán. La amenaza de arrebatar territorio a un aliado por la fuerza ataca la premisa misma de la alianza. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen advirtió que un ataque de los Estados Unidos contra otro país de la OTAN pondría fin al orden de seguridad de la posguerra. Los gobiernos europeos se unieron en torno al principio de que las fronteras no pueden modificarse mediante la coacción, un principio que invocan contra Rusia en Ucrania.

La crisis puso de manifiesto la dependencia de Europa. La OTAN no cuenta con un procedimiento claro para defender a un miembro frente a su miembro más poderoso. Los Estados europeos dependen en gran medida del poderío militar de los Estados Unidos, al tiempo que se les pide que resistan la coacción estadounidense. Copenhague respondió con una diplomacia cautelosa, un mayor gasto militar en el Ártico y la insistencia en que las decisiones corresponden a Groenlandia y a Dinamarca. Francia, Alemania, los países nórdicos y la Unión Europea expresaron su solidaridad, pero el episodio intensificó los llamado a la autonomía estratégica europea. También dañó la pretensión de Washington de liderar una alianza de democracias contra el revisionismo autoritario.

El 18 de septiembre de 2026, Trump anunció un nuevo acuerdo trilateral de seguridad tras meses de negociaciones, reivindicando el “control permanente” sobre la seguridad de Groenlandia. Los líderes daneses y groenlandeses lo describieron en términos más limitados: una ampliación de la cooperación militar con los Estados Unidos que preserva la soberanía y la autodeterminación de Groenlandia. El texto completo aún debe firmarse y aprobarse. Si su versión es correcta, el resultado confirma lo que era evidente desde el principio: los Estados Unidos podría obtener acuerdos de seguridad adicionales sin llegar a ser dueño de Groenlandia. Sin embargo, la presión que precedió al acuerdo sigue siendo una advertencia sobre las negociaciones llevadas a cabo bajo amenazas.

Groenlandia habla por sí misma

La respuesta de Groenlandia ha combinado rechazo, unidad y complejidad política. Kalaallit Nunaat – el nombre groenlandés del país – se convirtió en el centro de las declaraciones de que Groenlandia pertenece a su pueblo y no está en venta. En marzo de 2025, grandes manifestaciones en Nuuk, Sisimiut y Qaanaaq marcharon bajo la bandera roja y blanca de Erfalasorput. Los manifestantes le pidieron a Trump que respetara a los inuit, a su país y a su nacionalidad. Los partidos políticos de Groenlandia, a pesar de profundos desacuerdos sobre el ritmo y las condiciones económicas de la independencia, condenaron conjuntamente la presión externa. El Parlamento prohibió las donaciones políticas extranjeras y anónimas, defendiendo explícitamente la integridad de la democracia groenlandesa en medio del interés de las grandes potencias.

El colonialismo danés dejó profundas heridas: asimilación forzada, ingeniería social, desarrollo desigual y decisiones tomadas en Copenhague sobre la tierra y el pueblo groenlandeses (toda la cuarta temporada de la popular serie de televisión Borgen, en 2022, se centró en un conflicto entre Copenhague y Nuuk por el descubrimiento de un nuevo yacimiento de petróleo con implicaciones de China y Rusia). Muchos groenlandeses desean la independencia, y algunos ven el creciente interés de los Estados Unidos como una ventaja para atraer inversiones y lograr una relación más equitativa con Dinamarca.

Groenlandia revela el verdadero contenido de la Doctrina Donroe: una afirmación del siglo XXI de que la geografía otorga a Washington derechos superiores sobre los pueblos vecinos. La respuesta de Groenlandia es igualmente moderna y universal. La ubicación estratégica no anula la soberanía popular, los minerales no borran la identidad nacional, y ninguna gran potencia adquiere un país simplemente por declarar que lo necesita.

Vijay Prashad es un historiador y periodista indio. Es autor de cuarenta libros, entre los que se incluyen Balas de Washington, Una estrella roja sobre el Tercer Mundo, Las naciones oscuras: una historia del Tercer Mundo; Las naciones pobres: una posible historia del Sur Global y How the International Monetary Fund Suffocates Africa, escrito con Grieve Chelwa. Es el director ejecutivo de Tricontinental: Instituto de Investigación Social, corresponsal jefe de Globetrotter, y el editor jefe de LeftWord Books (Nueva Delhi). También ha hecho apariciones en las películas Shadow World (2016) y Two Meetings (2017).

Este artículo fue elaborado por Globetrotter.

Una pequeña victoria frente a los mapas que sitúan al Norte Global en el centro y empequeñecen a África.

18 September 2026 at 19:31

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La semana pasada, el 4 de septiembre, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una propuesta africana para un nuevo mapa mundial, que muestra el tamaño real de los países en relación con los demás. Su objetivo es corregir la visión del mundo moldeada por el mapa mundial ampliamente utilizado basado en la proyección de Mercator, creada por Gerardus Mercator, un cartógrafo flamenco del siglo XVI. El problema con el mapa de Mercator es bien conocido; por ejemplo, muestra a la isla de Groenlandia con el mismo tamaño que el continente africano, ¡a pesar de que África es 14 veces más grande que Groenlandia! En pocas palabras, los mapas de Mercator exageran enormemente el norte del mundo —los Estados Unidos y Europa— mientras que reducen África y la mayor parte de Asia. Tampoco trata con benevolencia al resto del hemisferio sur. Sudamérica, que tiene casi tres veces el tamaño de Europa, parece comparable a esta en un mapa típico de Mercator.

Aunque no existe ninguna razón geográfica por la que el hemisferio sur deba ser más pequeño que el hemisferio norte, los cartógrafos lo hicieron significativamente más pequeño porque tenía muy poca masa continental más allá de los 40 grados y, por lo tanto, se recortó. Esto significó que, en la mayoría de los mapas de Mercator, debido a que los cartógrafos occidentales recortaron gran parte del hemisferio sur, el ecuador quedó significativamente desplazado hacia abajo. El doble efecto de comprimir las zonas ecuatoriales, donde se encuentra gran parte de África, y desplazar el ecuador hacia abajo hizo que el norte del mundo, particularmente Europa y América del Norte, parecieran mucho más grandes de lo que realmente son. Por lo general, en la mayoría de los mapas de Mercator, el hemisferio norte parece el doble del tamaño del hemisferio sur, aunque ambos hemisferios son idénticos en tamaño.

Cualquier mapa, ya sea de Mercator o de cualquier otra proyección, presenta el problema de que se puede ser fiel al tamaño o a la forma, pero no a ambos. Se trata de un problema fundamental que surge al proyectar una superficie tridimensional sobre una hoja de papel bidimensional. No hay forma de hacerlo sin distorsiones. Solo un globo terráqueo puede representar fielmente la Tierra tridimensional. Pero entonces, ¿qué hacemos cuando queremos reproducir detalles geográficos para nuestros lectores en libros o artículos?

Las distorsiones evidentes de la proyección de Mercator y su enfoque eurocéntrico dieron lugar a varias alternativas, particularmente entre los cartógrafos de la izquierda amplia o progresista. Otros, especialmente en los Estados Unidos y Europa, se han opuesto a ella, argumentando que el tamaño no importa y que no les molesta que se les muestre mucho más grandes de lo que realmente son. Sin embargo, muchos discreparon e intentaron desarrollar proyecciones alternativas. La proyección de Gall-Peterson, que contó con el respaldo del gobierno socialdemócrata alemán de Willy Brandt, es una de esas proyecciones. La proyección de Hobo Dyer, que se encuentra en el dominio público global —lo que significa que cualquiera puede usarla sin pagar regalías—, es otra. Finalmente, las Naciones Unidas han puesto fin a las guerras de los mapas, con una victoria rotunda a favor de la moción presentada por las naciones africanas para utilizar mapas de área igual. La votación fue de 164 a favor de la moción, con los Estados Unidos como único voto en contra.

El objetivo del mapa de Mercator era facilitar la navegación de los barcos en mar abierto, donde ya no es posible orientarse reconociendo diversas características topológicas, como ríos, colinas, aldeas, pueblos, etc. En mar abierto, si identificamos nuestra ubicación en un mapa de Mercator y el destino al que deseamos llegar, podemos viajar en línea recta, tal como se muestra en el mapa. Conserva la dirección, lo que significa que, si trazamos un rumbo en un mapa de Mercator, podemos fijar nuestro rumbo según él. Es por eso que los países marítimos utilizaban proyecciones de Mercator para la navegación cuando contaban con pocos instrumentos, más allá de la brújula y el sextante, para determinar su ubicación con respecto a su destino.

Es importante señalar que la dirección que se muestra en el mapa no es la ruta más corta entre el punto de partida y el destino.

El camino más corto entre dos puntos en la superficie del globo terráqueo es el arco del gran círculo que va desde su ubicación hasta su destino. Una línea recta en un mapa bidimensional puede parecer la distancia más corta, pero no lo es, ya que no toma en cuenta la curvatura de la Tierra. En pocas palabras, el precio que pagamos por convertir una superficie curva en una plana y bidimensional es que distorsionamos la forma de la superficie. Estiramos ciertas áreas y encogemos otras. En una Tierra plana, la distancia más corta sería la que indica su brújula, pero no así en una esfera.

Anteriormente, los barcos utilizaban las estrellas y el sol del mediodía para estimar dónde se encontraban y hacia dónde debían dirigirse. Fijar un rumbo hacia su destino utilizando un mapa de Mercator y una brújula resultaba mucho más sencillo que tratar de adivinar dónde se encontraba en un océano desierto, sin puntos de referencia, y cambiar constantemente de rumbo en busca de una ruta más corta. La línea constante en el mapa se denominaba “línea de rumbo”, y seguirla ayudaba enormemente a los navegantes. Los mapas de Mercator eran populares en Europa, particularmente en Europa occidental, ya que, aparte de los árabes, eran las principales naciones marítimas.

Mientras que los árabes se enfocaban en el comercio, particularmente en el Océano Índico, los europeos occidentales se dedicaban no solo a la pesca, sino también, fuera de temporada, a la piratería, las incursiones y el saqueo de otras naciones. Los vikingos, importantes figuras románticas en Hollywood, eran particularmente brutales, ya que combinaban el saqueo con el comercio de esclavos. Por supuesto, como todos los piratas, una vez que se alcanza el poder, se puede convertir ese poder marítimo en conquista. Los hombres del norte, o nórdicos, conquistaron Francia y más tarde Inglaterra, y son conocidos por nosotros como normandos. No muy diferentes de las Compañías Holandesa y Británica de las Indias Orientales, que comenzaron con el comercio y la piratería y más tarde establecieron imperios coloniales.

No es de extrañar que los reinos marítimos de Europa occidental, para quienes la guerra, la pesca para alimentarse y la caza de focas, morsas, etc., con el fin de obtener grasa y pieles, constituían las principales fuentes de riqueza, se centraran mucho más en la navegación y la construcción naval. Esto significaba que los barcos construidos para el agitado Océano Atlántico contaban con ciertos avances de los que carecían los barcos árabes e indios, aunque la brújula, el astrolabio, los mapas astronómicos y otros instrumentos náuticos procedían todos de Asia.

Los barcos de Europa occidental contaban con cañones montados en cubierta, lo que les permitía disparar “andanadas”, es decir, disparar múltiples cañones simultáneamente, a diferencia de los cañones montados en la proa y la popa. Esa es una de las principales razones por las que un puñado de países de Europa occidental pudo aprovechar los océanos para, primero, hacerse con el comercio marítimo y, más tarde, construir sus imperios coloniales. A diferencia de los fuertes fijos, los barcos actuaban como fuertes flotantes, lo que proporcionaba a los europeos una movilidad en las guerras navales de la que carecían las fortificaciones terrestres estáticas.

Como muestra la monumental obra de Needham sobre la ciencia y la tecnología chinas, muchos avances náuticos en la construcción naval y la navegación procedían de China. Los siete viajes de los barcos de Zheng He en el siglo XV (1405-1443), que partieron de China, el sudeste asiático y la India, y recorrieron la costa árabe hasta África, demostraron que los chinos habían construido enormes barcos y una poderosa armada. En aquella época, se encontraban muy por delante de Europa y de los árabes, tanto en la construcción naval como en los buques de guerra. Las diferencias internas entre la aristocracia terrateniente y los comandantes navales condujeron a la destrucción de la armada y a la prohibición de construir cualquier buque de alta mar.

Aunque la India suministraba a los árabes la madera necesaria para la construcción naval y en algún momento contó con una poderosa armada, cedió el comercio de alta mar a los comerciantes árabes. Ni China, ni la India, ni los árabes consideraban que la armada tuviera importancia militar. Como dijo un emperador mogol: “Los océanos son para los comerciantes, no para nosotros, los guerreros”. Las divisiones de castas en la India también llevaron, en un momento dado, a prohibir a las castas superiores emprender viajes oceánicos. La travesía del Kala Pani, siempre prohibida por los brahmanes, no se respetó de manera estricta. La India experimentó una gran expansión marítima en el período budista, no a través de la guerra, sino mediante el comercio y la labor de proselitismo de los monjes budistas. Tras el resurgimiento del hinduismo en el sur, el tabú que prohibía a las castas superiores viajar a través de los océanos se aplicó de manera más estricta, dejando los océanos en manos de comerciantes y mercenarios. Por ejemplo, las principales flotas de los reyes indios – ya fuera el rey de Calicut, también conocido como Samundri o Zamorin, o Shivaji – dependían de comandantes navales y buques mercenarios, muchos de ellos al mando de árabes.

Como demuestra la historia, los mapas, el comercio marítimo y la guerra están íntimamente relacionados. Los viajes marítimos y las guerras navales confieren a los mapas una importancia estratégica. No es simplemente la ubicación de las fronteras de cada país lo que importa, sino también su visión estratégica del mundo. Podemos observar cómo esto se está manifestando actualmente en Bab el Mandeb y en el Golfo Pérsico. Un vistazo rápido a un mapa habría convencido a los líderes estadounidenses de que Irán cuenta con una clara ventaja estratégica en el Estrecho de Ormuz, al igual que los hutíes en el Mar Rojo y el paso hacia el Canal de Suez. Descuidar los océanos repite los errores que cometió Asia en una época diferente, errores de los que ha aprendido. Debemos tener esto presente también hoy en día.

Prabir Purkayastha es el editor fundador de Newsclick.in, una plataforma de medios digitales. Es activista en favor de la ciencia y del software libre.

Este artículo fue elaborado por Globetrotter.

Cumbre del BRICS+: entre promesas y contradicciones

18 September 2026 at 18:37

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La 18va Cumbre del BRICS, celebrada en Nueva Delhi del 12 al 13 de septiembre, tuvo lugar en medio de una intensificación excepcional de las contradicciones internacionales. Las guerras en Asia Occidental, las sanciones unilaterales, las barreras arancelarias y el uso de las finanzas y la tecnología como armas han puesto de manifiesto el carácter fundamentalmente desigual del orden internacional dominado por el imperialismo. En este contexto, la continua expansión del BRICS refleja el deseo de los países en desarrollo de alcanzar una mayor autonomía estratégica y un sistema más democrático de gobernanza global. Al mismo tiempo, la cumbre demostró que el BRICS+ sigue siendo una agrupación heterogénea cuyos miembros difieren sustancialmente en sus alineamientos políticos e intereses económicos.

La Declaración de Nueva Delhi, resultado de la cumbre, reiteró la exigencia de una reforma de las Naciones Unidas, las instituciones financieras internacionales y el sistema comercial multilateral. Se opuso a las sanciones unilaterales no autorizadas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y abogó por un mayor comercio en monedas nacionales. La declaración también respaldó una mayor representación de los países en desarrollo en instituciones cuyas normas siguen siendo determinadas principalmente por los Estados Unidos y sus aliados. Estas posturas tienen una importancia objetiva en un momento en que Washington recurre cada vez más a sanciones, aranceles, controles a la exportación y control sobre los sistemas de pago para disciplinar a los países que se niegan a aceptar sus dictados.

Ambigüedad

Sin embargo, el lenguaje cuidadosamente negociado de la declaración también reveló las limitaciones de la formación ampliada. El BRICS+ incluye ahora a países sometidos a una presión occidental sostenida, como Rusia e Irán, así como a los Emiratos Árabes Unidos y otros Estados que mantienen amplios vínculos económicos y de seguridad con Occidente. En consecuencia, el consenso solo puede mantenerse mediante formulaciones que reconozcan los conflictos sin identificar siempre sus causas políticas. Esta ambigüedad fue especialmente evidente en el tratamiento que se dio en la cumbre a la guerra cada vez más extensa en Asia Occidental y a la postura adoptada por Irán.

El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, aprovechó la cumbre para denunciar las sanciones unilaterales y la guerra de agresión contra Irán llevada a cabo por los Estados Unidos e Israel. Destacó acertadamente que la resiliencia económica no puede separarse de la paz, la soberanía y la seguridad. Irán también abogó por el comercio en monedas nacionales, un mayor uso del Nuevo Banco de Desarrollo y la construcción de corredores independientes de transporte y energía (tal como ya lo ha hecho a través de Pakistán, que ha proporcionado seis rutas terrestres para que las mercancías chinas y rusas ingresen a Irán). Para un país sometido a décadas de sanciones, a la exclusión de las redes financieras occidentales y a repetidas amenazas de cambio de régimen, la pertenencia al BRICS+ representa una importante oportunidad diplomática y económica.

La postura de Irán, sin embargo, presenta una marcada ambigüedad. Teherán presenta al BRICS+ como un instrumento para resistir el unilateralismo y defender la soberanía. Al mismo tiempo, debe buscar un acuerdo con los estados vecinos del Golfo, varios de los cuales están profundamente integrados con el capital occidental y los acuerdos de seguridad.

Irán firmó una declaración en la que se pedía moderación y desescalada, al tiempo que acusaba a los Estados Unidos e Israel de agresión y defendía sus propias acciones de represalia. Su postura combativa frente a la presión hiperimperialista se combina, por lo tanto, con un esfuerzo pragmático por evitar el aislamiento regional, asegurar el alivio de las sanciones y preservar los canales de negociación.

Esto no debe interpretarse simplemente como una inconsistencia. Irán se enfrenta a una coalición militar y financiera muy superior y debe maniobrar dentro de severas limitaciones. Pero también ilustra el problema más amplio al que se enfrenta el BRICS+. La oposición a la dominación occidental no genera automáticamente un programa antiimperialista coherente. Los Estados participantes son Estados capitalistas que persiguen sus respectivos intereses nacionales. Sus clases dominantes pueden resistirse a aspectos particulares de la hegemonía estadounidense, al tiempo que se mantienen dispuestas a llegar a acuerdos con las finanzas globales o con potencias reaccionarias regionales. En consecuencia, el BRICS+ es un escenario de lucha dentro del orden mundial en transformación, no una alternativa ya constituida al hiperimperialismo.

Socios

El acontecimiento político más trascendental de la cumbre para Asia fue la reunión entre el primer ministro Narendra Modi y el presidente chino Xi Jinping. La primera visita de Xi a la India en siete años confirmó la mejora gradual de las relaciones desde los acuerdos de retirada militar iniciados en 2024. Los dos líderes coincidieron en que la India y China deben considerarse socios en lugar de rivales y abordar las relaciones bilaterales desde una perspectiva estratégica a largo plazo. También discutieron la cuestión fronteriza, el comercio, el acceso a los mercados y los problemas de la cadena de suministro.

Cualquier mejora duradera en las relaciones entre la India y China debe ser bienvenida. La prolongada confrontación tras el enfrentamiento en el valle de Galwan de 2020 perjudicó a ambos países, aumentó el gasto militar y fortaleció los esfuerzos de los Estados Unidos por incorporar a la India a su estrategia indopacífica. Washington ha buscado constantemente convertir a la India en un contrapeso estratégico frente a China a través del Quad y la expansión de la cooperación militar y tecnológica. Por lo tanto, una confrontación continua entre la India y China beneficia mucho más a la estrategia de los Estados Unidos que a los intereses de los pueblos indio o chino.

La paz y la tranquilidad a lo largo de la Línea de Control Efectivo siguen siendo indispensables. Los acuerdos sobre la retirada deben ir seguidos de un compromiso sostenido a nivel diplomático y militar, la aclaración de las zonas en disputa y la observancia estricta de los acuerdos existentes. No se debe permitir que ni la retórica nacionalista ni la construcción competitiva de infraestructura desencadenen otra confrontación. Las diferencias sobre la frontera no pueden ignorarse, pero pueden y deben gestionarse sin subordinar toda la relación a una rivalidad militarizada.

Las relaciones económicas presentan una contradicción igualmente difícil. China es uno de los mayores socios comerciales de la India y una importante fuente de maquinaria, componentes electrónicos, productos químicos, equipos de energía renovable y otros insumos industriales. Sin embargo, el enorme déficit comercial de la India con China refleja tanto la debilidad del sector manufacturero indio como los obstáculos que enfrentan las exportaciones indias en el mercado chino. Para abordar este desequilibrio se requiere un mejor acceso al mercado, inversión china en condiciones transparentes y, sobre todo, una política industrial india capaz de desarrollar la capacidad productiva nacional. Durante los últimos seis meses, el comercio bilateral se ha disparado.

El enfoque del Gobierno de Modi ha alternado entre la dependencia de las importaciones chinas y las restricciones, motivadas políticamente, a la inversión y la tecnología chinas. Su retórica de “China más uno” no puede ocultar el fracaso de sus propias políticas para generar una industrialización de base amplia. Tampoco una alineación estratégica más estrecha con los Estados Unidos puede proporcionar a la India una base manufacturera independiente. Los Estados Unidos busca un acceso privilegiado al mercado indio, al tiempo que recurre a aranceles, restricciones tecnológicas y presión política cada vez que las políticas indias se apartan de sus intereses. La incoherencia del Gobierno de Modi se pone de manifiesto, sobre todo, en su incapacidad para elaborar realmente una agenda nacional de desarrollo que aproveche el dinamismo de la economía china y se distancie de unos Estados Unidos más orientados hacia el nacionalismo económico.

China, por su parte, debe reconocer que unas relaciones estables requieren sensibilidad ante las preocupaciones legítimas de la India. Entre ellas se encuentran la cuestión fronteriza sin resolver, el acceso desigual al mercado y el desequilibrio comercial. La considerable asimetría entre las dos economías hace que la reciprocidad sea particularmente importante. El llamado de Pekín a la colaboración solo cobrará sentido cuando vaya acompañado de medidas prácticas que permitan el ingreso de bienes y servicios indios al mercado chino y eviten que las tensiones fronterizas acaben repetidamente por opacar el diálogo político.

La cooperación entre la India y China otorgaría al BRICS+ un peso mucho mayor en la lucha por la democratización del orden internacional. Juntos, ambos países representan más de un tercio de la humanidad.

Su cooperación podría impulsar la reforma de las instituciones internacionales, el financiamiento climático, el intercambio de tecnología, las iniciativas de salud pública y un sistema comercial más justo. Por el contrario, una nueva confrontación paralizaría al BRICS+ y permitiría que potencias externas se aprovecharan de las divisiones en toda Asia. Por lo tanto, la India debe seguir una política exterior independiente basada en la coexistencia pacífica, y no participar en un proyecto estadounidense destinado a contener a China.

La cumbre de Nueva Delhi generó propuestas para la continuidad institucional, una cooperación financiera más sólida y una mayor resiliencia entre las economías en desarrollo. Sin embargo, las declaraciones tendrán un valor limitado a menos que se traduzcan en acuerdos concretos. El Nuevo Banco de Desarrollo debe ampliar los préstamos en monedas nacionales y dar prioridad a la infraestructura socialmente necesaria, en lugar de reproducir las condiciones y la orientación corporativa del Banco Mundial. Los mecanismos de pago transfronterizos deben desarrollarse de manera transparente, sin crear nuevas formas de dominación por parte de las economías más fuertes del BRICS. Las enérgicas declaraciones en apoyo de la Revolución Cubana y de las aspiraciones de autodeterminación del pueblo palestino deberán tener una aplicación práctica. ¿Encontrará el BRICS+ una manera de romper el cruel e ilegal embargo de Estados Unidos contra Cuba, y brindará el BRICS+ apoyo para la reactivación de la vida política palestina?

El BRICS+ encarna tanto el movimiento hacia un nuevo equilibrio mundial como todas las contradicciones de ese movimiento. El cauteloso acercamiento entre India y China es un ejemplo de dicha contradicción, ya que combina el reconocimiento de la dependencia mutua con una desconfianza estratégica sin resolver. El futuro del BRICS+ dependerá de si dichas contradicciones se gestionan de manera pacífica y de si la cooperación genera beneficios tangibles para los trabajadores, en lugar de limitarse a ampliar el margen de maniobra de las clases dominantes nacionales.

Para la India, el camino a seguir es claro: restablecer relaciones normales y pacíficas con China, resistirse a ser incorporada a la estrategia militar de los Estados Unidos, oponerse a la agresión y a las sanciones unilaterales contra Irán, y trabajar por un orden multilateral genuinamente democrático. Solo habrá un nuevo equilibrio mundial cuando se restrinja la dominación hiperimperialista y se amplíen la soberanía y las posibilidades de desarrollo de los pueblos. La cumbre de Nueva Delhi marcó un paso más en esa transición controvertida, pero la dirección y el contenido social del orden emergente siguen siendo objeto de lucha política.

Vijay Prashad es un historiador y periodista indio. Es autor de cuarenta libros, entre los que se incluyen Balas de Washington, Una estrella roja sobre el Tercer Mundo, Las naciones oscuras: una historia del Tercer Mundo; Las naciones pobres: una posible historia del Sur Global y How the International Monetary Fund Suffocates Africa, escrito con Grieve Chelwa. Es el director ejecutivo de Tricontinental: Instituto de Investigación Social, corresponsal jefe de Globetrotter, y el editor jefe de LeftWord Books (Nueva Delhi). También ha hecho apariciones en las películas Shadow World (2016) y Two Meetings (2017).

Este artículo fue elaborado por Globetrotter.

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