El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los mayores problemas económicos y sociales de España, con precios que alejan cada vez más a los jóvenes de la posibilidad de comprar una casa y dificultades crecientes para encontrar un alquiler asequible. En este escenario, Óscar Vara, economista y profesor de Teoría Económica e Historia Económica de la Universidad Autónoma de Madrid, considera que la solución al problema de la vivienda exige un pacto de Estado, más suelo urbanizable y menos trabas burocráticas. En esta entrevista analiza los desafíos del mercado laboral en España, el papel de la inmigración, la evolución de los salarios y las medidas necesarias para facilitar el acceso a la vivienda.
Pregunta: ¿El problema de la vivienda en España tiene solución a corto y medio plazo? ¿Qué medidas deberían llevarse a cabo para resolverlo? ¿Es necesario un pacto de Estado?
Respuesta: Claramente, se necesita un pacto de Estado y reconocer que el problema tiene muchas causas y que no existe una solución mágica. Para que los jóvenes puedan comprar una vivienda, es necesario que haya más suelo urbanizable, que los planes urbanísticos se tramiten con mayor agilidad y que se reduzca al máximo la burocracia relacionada con la construcción de casas.
Pero esto no es lo único que hay que intentar. También se podría abordar el problema por la vía fiscal. Tenemos dos problemas adicionales que constituyen cuellos de botella para el sector. En primer lugar, ya no tenemos suficientes trabajadores especializados. Desde la crisis de 2008 se produjo una desbandada de personas que trabajaban en la construcción, porque prácticamente desapareció. Desde entonces, los oficiales de primera y de segunda son una ‘rara avis’. Hay que empezar a formar a personas para que sepan construir.
También se ha producido un encarecimiento de los materiales. Por todo ello, no basta con decir que hay que buscar viviendas vacías para solucionar el problema. La solución depende de las tres administraciones —central, autonómica y local— y de su cooperación. Tienen que colaborar para que la iniciativa privada pueda satisfacer las necesidades de la población, con el apoyo de la iniciativa pública.

P: ¿En España se ha politizado el tema de la vivienda?
R: El problema de la vivienda se ha politizado absolutamente, porque, además, se ha usado para polarizar a la opinión pública, y esto es muy peligroso. El Gobierno, que lleva ocho años en el poder y podría haber tomado medidas para tratar de solucionar el problema, ha adoptado, sin embargo, medidas populistas que lo han empeorado. Es decir, ha provocado que quienes querían poner sus casas en el mercado del alquiler dejaran de tener incentivos para hacerlo.
Esto ha generado que en muchas ciudades desaparezcan los pisos en alquiler. Darse golpes de pecho presumiendo de que se ha controlado el crecimiento de los alquileres mediante un control de precios, cuando al mismo tiempo eso ha reducido el número de propietarios que alquilan sus viviendas, no es de recibo, no es admisible.
La vivienda se ha politizado porque constituye una bandera electoral muy importante y, además, servía para tapar lo que yo creo que han sido errores en las políticas aplicadas. Es decir, se ha tratado de ocultar esos errores señalando como culpables a los fondos buitre y a los grandes tenedores. Creo que los datos que conocemos y los informes que se han elaborado desmienten esa explicación.
Por su parte, la oposición, que gobierna en comunidades autónomas y ayuntamientos, también podría haber sacado terreno al mercado para construir y urbanizar, y tampoco lo he visto. Parece que las tres administraciones —central, autonómica y local— no están intentando dar una solución seria al problema de la vivienda.

Macroeconomía vs finanzas personales
P: España es el país europeo que más ha crecido en los últimos cuatro años. Sin embargo, muchas familias no llegan a fin de mes. ¿A qué se debe esta contradicción?
R: En el crecimiento de España ha tenido un papel muy importante el incremento de la población extranjera y del número de trabajadores afiliados a la Seguridad Social. Este es uno de los grandes éxitos de nuestra economía: absorber mucha mano de obra, aunque, en general, se trata de trabajadores con salarios muy bajos. Es verdad que esto contribuye al producto interior bruto: hay más consumo y más actividad económica. Sin embargo, la participación por trabajador, es decir, lo que cada trabajador se lleva, y la productividad, entendida como la cantidad de producto que se genera por hora trabajada, apenas han cambiado. Y eso sí es un baldón para nuestra situación económica.
Además, hemos gastado mucho dinero de los fondos Next Generation de la Unión Europea, que se podría haber invertido de forma más productiva. El problema de que la mejora económica en España no se vea reflejada en los bolsillos de los ciudadanos es que ese crecimiento no se basa en la generación de valor añadido ni en que cada trabajador sea capaz de producir más. Somos más trabajadores, pero producimos lo mismo que antes.
P: ¿Por qué los beneficios, en muchos casos históricos, que están obteniendo muchas empresas no se reflejan en subidas salariales para los trabajadores?
R: El problema de la economía española en términos salariales es una cuestión de productividad. Hay sectores en nuestra economía en los que resulta complicado incrementarla. Son actividades muy importantes, como la hostelería, los servicios de almacenamiento o el turismo, que aportan al país unos ingresos equivalentes al producto interior bruto de Hungría. Para mejorar la productividad, necesitamos invertir más en bienes de capital y en formación.

Un aumento de la productividad debería reflejarse en una subida de los salarios. En los sectores en los que se produce más, los trabajadores aportan más y deberían, por lo tanto, recibir una mayor parte de los ingresos que obtienen las empresas. Lo que ocurre es que hemos registrado una llegada muy importante de trabajadores extranjeros. La competencia que se ha producido entre trabajadores, muchos de ellos sin contrato o trabajando de forma irregular, ha generado un efecto de depresión salarial.
P: ¿Cómo puede afectar a esta situación la regularización extraordinaria de migrantes aprobada por el Gobierno?
R: Una regularización masiva como la que se ha realizado ayudará a que los sindicatos puedan defender mejor los derechos de los trabajadores. Yo, que soy un economista bastante liberal, siempre he abogado por un nivel alto de sindicación, debido a que el poder de mercado de trabajadores y empresarios, obviamente, no es el mismo. Es bueno que los trabajadores se agrupen en sindicatos para tener mayor poder de negociación dentro de sus respectivos sectores.
En esa interlocución entre empresarios y sindicatos, las condiciones salariales y el reparto de los ingresos —lo que los economistas llamamos distribución de la renta— pueden ser más justos y corresponderse con lo que aporta cada uno.