En busca del oro del Ártico: así trabajan las recolectoras del plumón con el que Occidente se abriga cada invierno


María Sierra Burgos ya sabe asistir a una cabra en un aborto. “Lo pasé regular porque empaticé con ella”, reconoce la rondeña de 29 años. “Ni caso, lo hizo estupendamente”, le replica a su vera su mentor, el pastor José Miguel Sánchez. La última lección, llegada de forma espontánea no hace ni un día, se suma a una larga ristra de saberes aprendidos en apenas seis meses. “También sé arreglar alambrados, injertar un árbol o trenzar cuerdas”, explica la joven, maestra de Infantil de formación. Por eso Sierras se rebela cuando su familia o amistades le preguntan, cargados de condescendencia, qué hace de aprendiz en el campo teniendo estudios: “Estoy harta. Siempre contesto que no es sinónimo de no saber. Aquí hay menos estrés y la gente es más friendly”.
