Barcelona pondrá en marcha en 2028 su primer depósito pluvial en 15 años
En el subsuelo de Barcelona no solo pasa el metro o hay refugios de la Guerra Civil o restos arqueológicos. En lugares estratégicos -y lejos del imaginario popular- la ciudad esconde varios depósitos pluviales destinados a desaguar las calles y aliviar el alcantarillado barcelonés. Actualmente, la ciudad cuenta con 15 infraestructuras de este tipo que tienen la función de acumular el agua de la lluvia para evitar inundaciones en episodios de precipitaciones torrenciales. Con los actuales, Barcelona tiene una capacidad conjunta de 447.000 metros cúbicos de agua.
De hecho, en estas tres últimas semanas, el litoral catalán se ha visto azotado por diversos temporales con aguaceros y trombas de agua, y ha quedado patente que el subsuelo de Barcelona está mejor preparado que el de ciudades de su entorno para poder absorber grandes cantidades de agua.
A diferencia de ciudades como L'Hospitalet, Sitges, Granollers o Sant Cugat, en Barcelona no se vieron calles anegadas y coches flotando, y, aunque si que quedó afectada la movilidad ferroviaria y hubo inundaciones en vías como las rondas, estos depósitos "permitieron que la ciudad aguantara", ha asegurado este jueves la primera teniente de Alcaldía, Laia Bonet, durante una visita al depósito pluvial de Joan Miró.
En 2028 se pondrá en marcha el primero en 15 años
Bonet ha defendido acelerar la construcción de los depósitos por su eficacia y ha detallado que el consistorio ya trabaja en la construcción de cuatro depósitos más: Prim, Sagrera, Vallcarca y Bac de Roda. De hecho, ha explicado que en 2028 entrará en funcionamiento el de Prim, que será el primero que se construya en 15 años, ya que desde 2013 no se ha puesto en marcha ninguno.
Además, la teniente ha detallado que ya han reservado suelo bajo tierra para construir 29 más. De esta forma, la ciudad aumentará la retención de agua de lluvia en más de 1 millón de metros cúbicos. En total, el gobierno municipal ha invertido 200 millones de euros este mandato.
"Es un récord histórico de inversión", aseguró el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, en la segunda edición del evento 'Ciudades 20minutos: Barcelona a fondo'. De hecho, puso en valor la construcción de estas infraestructuras en los últimos años en la capital catalana.
"Hace solo 15 o 20 años eran inusuales en la parte baja de la ciudad", señaló. Asimismo, insistió en la importancia de preparar Barcelona para hacer frente a los fenómenos meteorológicos cada vez más extremos que traerá el cambio climático.
Los depósitos se llenaron dos veces y media
Pese a que los depósitos permitieron que "la ciudad aguantara" durante el fuerte episodio de lluvias de principios de octubre, los episodios fueron tan fuertes que se registraron cantidades de agua que la ciudad no veía desde hacía 60 años.
De hecho, los depósitos de la capital catalana se llenaron dos veces y media en 48 horas. Y es que, en solo cuatro días —el 16 y el 29 de septiembre y el 3 y el 4 de octubre— cayeron 280 litros por metro cuadrado en la capital catalana. Esto es prácticamente la mitad de lo que cae en un año en la ciudad, lo que provocó incidencias en el transporte público.
26 millones para limpiar y reparar los daños de la lluvia
Bonet también desveló que los costes de revertir los destrozos que provocaron los episodios de lluvias del pasado 16 y 29 de septiembre y los días 3, 4 y 5 de octubre tendrán un coste de 26 millones. Concretamente, 20 se destinarán a las 104 incidencias detectadas, 4 para asegurar dos torrentes, uno en la Font del Gos y otro en el ámbito de la Ronda de Dalt, y los 2 restantes para tareas de limpieza, de elementos como barro.
¿Cómo funcionan?
Cuando llueve con mucha intensidad, los depósitos almacenan miles de litros de agua, ayudando a evitar inundaciones en las calles y evitando que el agua sucia llegue al mar. Durante la visita, el director general de Barcelona Cicle de l'Aigua, Alejandro Ortiz, ha explicado cómo funciona la ciudad subterránea que salva a Barcelona de las inundaciones.
Cuando llueve, las alcantarillas comienzan a llenarse hasta entrar en "carga", un momento crítico porque es cuando el agua puede desbordarse hacia la superficie e inundar las calles. Antes de que eso ocurra, el agua entra en el depósito, que permite recogerla y retenerla mientras dura la precipitación o el episodio más intenso de lluvia. Mientras sigue lloviendo, el depósito se va llenando. Primero se ocupa un nivel inicial y, si las precipitaciones son muy intensas, el agua supera ese primer nivel y empieza a caer a un segundo nivel, más profundo.
Una vez finalizado el episodio de lluvia, el agua comienza a liberarse del depósito para vaciarlo. Una parte vuelve a la red mediante unas compuertas, mientras que la que ha quedado almacenada en el nivel más profundo, muy por debajo de la superficie, debe extraerse mediante bombas de agua. El agua que regresa a la red se conduce a través de los colectores hasta una depuradora y una parte de ella acaba ya limpia en el mar.
















