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¿Es posible una guerra entre Europa y Rusia?

By: A A
14 October 2026 at 15:00

Escrito por Mehmet Perinçek en United World International. Traducción por el Dr. Enrique Refoyo.

El enfrentamiento entre la OTAN y Rusia desde la perspectiva de Turquía

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El profesor asociado Mehmet Perinçek, autor de la UWI, historiador y politólogo, participó como invitado en directo en el canal turco Ulusal Kanal para analizar el aumento de las tensiones entre Europa y Rusia y las razones que las subyacen.

Compartimos el programa con nuestros lectores.

La «amenaza rusa» como pretexto para la agresión

La «amenaza rusa» se está convirtiendo cada vez más en un tema de debate político en Europa. ¿Qué está ocurriendo y qué hay detrás de ello?

El discurso en Europa sobre una «amenaza rusa» no se ajusta a la realidad. Europa está inventando una supuesta amenaza rusa con el fin de ocultar su propia agresión hacia Eurasia y Rusia. Si echamos la vista atrás a Hitler y a la Segunda Guerra Mundial, ¿qué dijo Hitler cuando actuó contra Checoslovaquia? Las vidas de los alemanes en Checoslovaquia estaban en peligro, y Alemania tuvo que enviar tropas y ocupar Checoslovaquia para protegerlos. Afirmó que el comunismo se estaba extendiendo y que Alemania tenía que eliminar esa amenaza de raíz. Así pues, incluso la Alemania de Hitler intentó disimular sus ambiciones imperialistas y agresivas y fabricar un pretexto para justificarlas.

Observamos cómo resurgen tendencias similares en la Europa actual, con Merz, Macron y otras figuras destacadas del panorama europeo. Cuando analizamos los hechos, lo que realmente vemos no es a Rusia avanzando hacia Europa, sino a Europa y al bloque atlántico avanzando hacia Rusia.

La expansión de la OTAN: hacia Rusia y los demás

A principios de la década de 1990, cuando la Unión Soviética se desmoronaba, los dirigentes soviéticos, bajo el liderazgo de Gorbachov, afirmaron en esencia: disolveremos el Pacto de Varsovia, pero la OTAN no debe expandirse hacia el este. Los dirigentes occidentales dieron garantías verbales en ese sentido. Sin embargo, no cumplieron esas promesas. Por el contrario, la OTAN se expandió hacia el este, en dirección a Rusia, en seis ocasiones y, finalmente, llegó a las fronteras rusas.

Este intento de rodear a Rusia tiene paralelismos en otros lugares: en el Mediterráneo oriental y la cuestión de Chipre, en la cuestión de Taiwán, en el estrecho de Ormuz y en Yemen. En todas estas regiones, observamos intentos por parte de las mismas fuerzas de rodear, contener y asfixiar a Irán, China y Turquía.

«No se puede descartar la posibilidad de una guerra a gran escala»

Así pues, lo que usted está diciendo es que no hay fundamento alguno en esa afirmación de que Rusia no está preparando realmente un ataque. Por el contrario, usted sostiene que el bloque atlántico está tratando de traspasar las líneas rojas de Rusia y expandirse hacia el este, en dirección a Rusia. Entonces, permítame plantear la pregunta de otra manera. ¿Dispone Rusia actualmente de la capacidad militar y los recursos necesarios para abrir un segundo frente contra la OTAN?

No se puede descartar la posibilidad de tal guerra o enfrentamiento. Es necesario subrayar esto.

Alemania, Gran Bretaña, Francia y Polonia también deberían incluirse aquí, ya que vemos que se están preparando para una posible guerra con Rusia. Se están rearmando rápidamente. Están aumentando sus presupuestos militares y de defensa. Al mismo tiempo, están llevando a cabo campañas de propaganda y otras actividades destinadas a preparar a la sociedad para la guerra. Están diciendo a los jóvenes europeos que deben estar preparados para la guerra. La industria europea también se está orientando cada vez más en esa dirección.

Los principales fabricantes de automóviles y otras grandes empresas occidentales están empezando a invertir en la industria de la defensa. Volkswagen, por ejemplo, se ha puesto en contacto con el ejército alemán con propuestas para fabricar equipamiento militar. La francesa Renault se ha lanzado a la producción de drones. Añadimos a esta lista a Rheinmetall y otras grandes empresas. Esto demuestra claramente que Europa y las potencias atlantistas se están preparando para la guerra. Por lo tanto, la posibilidad de una guerra de este tipo sí existe.

Simulaciones de guerra por parte de EE. UU.

Si se produjera un conflicto de este tipo, también habría que señalar que la fuerza militar de Europa y su capacidad militar general son bastante débiles. Europa no está preparada para una guerra de este tipo. Y esta no es meramente nuestra valoración. Los propios expertos militares occidentales, los funcionarios occidentales e incluso algunas de las fuerzas que abogan por la confrontación reconocen que Europa no está realmente en condiciones de hacer frente a Rusia en el ámbito militar.

Tampoco, desde el punto de vista social, está la población europea preparada para la guerra. Además, por supuesto, está el hecho de que Rusia es una potencia nuclear. Asimismo, se han llevado a cabo numerosas simulaciones de guerra en EE. UU., incluidas aquellas realizadas o encargadas por el propio Gobierno estadounidense. Estas simulaciones han concluido que, en una guerra convencional no nuclear, EE. UU. sería derrotado por Rusia y China.

Hay otro factor que debemos tener en cuenta. En cualquier enfrentamiento armado con Rusia, especialmente en caso de una intervención militar dirigida contra Rusia, también existe la posibilidad de que se vean implicados los aliados y países amigos de Rusia.

Una posible guerra que se extienda desde Rusia y la OTAN

¿Qué quiere decir exactamente con eso? ¿Podría explicarlo con más detalle?

Una guerra entre Rusia y la OTAN significaría, en efecto, el inicio de una guerra mundial. No se limitaría a Rusia y la OTAN, sino que daría lugar a un conflicto mucho más amplio que abarcaría el mundo entero. En un enfrentamiento de tal magnitud, los países del lado euroasiático también se verían involucrados. Al igual que existe solidaridad económica entre ellos, países como Irán y otros no permanecerían indiferentes ante una guerra de esta magnitud. Inevitablemente surgirían otros frentes.

Como he dicho antes, la guerra en Ucrania y la cuestión de Taiwán no pueden separarse realmente entre sí. Tampoco pueden separarse la cuestión de Taiwán y el estrecho de Ormuz o el Mediterráneo oriental.

Por eso podemos afirmar que Europa, con su actual potencia y capacidades militares, no está preparada para hacer frente a Rusia. Una vez más, son los propios responsables occidentales quienes lo afirman.

Guerra justa e injusta

Existe otro factor: la distinción entre una guerra justa y una guerra injusta. No creo que un joven europeo, o por ejemplo un trabajador turco que viva en Europa, esté especialmente dispuesto a ir a morir al frente ruso en defensa de los intereses imperiales de Alemania. Los jóvenes rusos, por su parte, lucharían con una motivación mucho mayor si creyeran que están defendiendo su propia patria.

Así pues, el principal problema al que se enfrenta Europa hoy en día no es la afirmación de que Rusia esté a punto de atacar. Más bien, Europa carece de un enfoque político común y de un mecanismo de seguridad común capaz de gestionar tal confrontación o de librar una guerra contra Rusia u otro país. ¿Es eso lo que está diciendo?

Sí. Y están intentando crear ese mecanismo y la legitimación necesaria para ello. Pero se enfrentan a una fuerte oposición dentro de sus propios países. Lo hemos visto reflejado en las recientes elecciones en Alemania. En Suiza se están celebrando referéndums sobre la cuestión de la neutralidad. Macron se acerca al final de su carrera política, mientras que Le Pen y Mélenchon están ganando terreno.

El enfrentamiento entre la OTAN y Rusia desde la perspectiva de Turquía

Usted argumentó que, si estallara una guerra entre la OTAN y Rusia, esta no se limitaría a esas dos partes, sino que se extendería. Y mencionó algunos países. Esto nos lleva a la perspectiva de Turquía.

Cuando las potencias atlánticas intentan rodear a Rusia a través de Ucrania y el Mar Negro, también están rodeando a Turquía. Sus planes en el Mar Negro no pueden separarse de sus planes en el Mediterráneo Oriental ni de aquellos destinados a socavar la soberanía de la República Turca del Norte de Chipre (RTNC).

Del mismo modo, el sistema de dominación basado en el dólar que pretenden imponer a Turquía es similar al que pretenden imponer a Rusia. Por lo tanto, los intereses objetivos de Turquía la sitúan claramente en el bando opuesto al bloque atlántico. Si el bloque atlántico se fortaleciera y lograra llevar a cabo sus planes, ello también perjudicaría la soberanía de la TRNC. Debilitaría a Turquía en el equilibrio de fuerzas del Mediterráneo Oriental y fortalecería al bando contrario.

Un bloque atlántico más fuerte también implica un mayor apoyo a Israel. Significaría un aumento de la presión y las amenazas dirigidas por Israel contra Turquía, Siria, Palestina, el mundo árabe, el mundo islámico e Irán. Esto nos lleva de vuelta a lo que dije al principio: el Mar Negro y el Mediterráneo Oriental forman parte del mismo frente estratégico. La cuestión de Taiwán y el estrecho de Ormuz también forman parte de ese mismo frente más amplio. Desde ese punto de vista, los intereses objetivos de Turquía residen en oponerse al bloque atlántico.

La posición y la alineación adecuadas para Turquía

Pero hay algo que añadir aquí: existe una forma de evitar esta escalada. El mundo no tiene por qué encaminarse hacia una gran guerra. Si Turquía adopta la posición adecuada y se establece una alineación estratégica entre Turquía, Rusia, China e Irán, el poder económico creado por dicha agrupación, la disuasión militar que podría generar y la red más amplia de alianzas internacionales que podría atraer contribuirían a evitar tal guerra.

El bloque atlántico ya se encuentra en declive económico. Cada día que pasa pierde legitimidad a nivel internacional. Además, está cada vez más dividido internamente. Acontecimientos como el auge de la AfD en Alemania, el creciente apoyo a Le Pen y Melenchon en Francia, y las contradicciones entre Europa y EE. UU. lo demuestran. Todo el mundo es testigo de su fracaso en Irán y Palestina.

En ese sentido, la cuestión principal para Turquía, tanto para resolver sus propios problemas económicos y de seguridad como para ayudar a evitar que el mundo se vea arrastrado a otra gran guerra, es construir esta alianza. Dicha alianza también permitiría a Turquía establecer relaciones con Occidente sobre una base más equilibrada y sólida.

Ataques ucranianos contra buques y oleoductos turcos

Y me gustaría plantearle una última pregunta. ¿Cómo afectarán las tensiones entre Europa y Rusia al campo de batalla en Ucrania? Se acerca el invierno. ¿Seguirán los países occidentales y europeos prestando apoyo militar a Ucrania? A corto plazo, ¿hacia dónde cree que se dirige la guerra?

El apoyo occidental va a continuar. Sin embargo, el ejército ucraniano no ha podido avanzar y, de hecho, se ha visto obligado a retroceder. Por eso estamos asistiendo a un aumento de los ataques con drones y de los atentados terroristas en el interior de Rusia, dirigidos contra objetivos civiles. Estos ataques están ejerciendo presión sobre Rusia para que responda con mayor dureza, tal vez incluso hasta el punto de plantearse el uso de armas nucleares a escala limitada y táctica. La intensificación de los ataques tras las líneas del frente se debe a que fracasan en el campo de batalla.

Creo que cabe esperar que la intensidad de la guerra aumente en el próximo período, si tenemos en cuenta los preparativos que está llevando a cabo Occidente.

Debo señalar un aspecto relativo a Turquía. Los buques turcos y algunos de los proyectos energéticos más importantes de Turquía, entre ellos TurkStream y Blue Stream, también han sido objeto de ataques por parte de Ucrania. Debemos reconocerlo. Rusia no es el único objetivo en este contexto. Fíjese en el mar Negro hoy en día: el comercio se ha paralizado prácticamente por completo. Los barcos ya no navegan de un lado a otro de la costa opuesta como solían hacerlo. Los tomates cultivados por los agricultores turcos y la maquinaria fabricada por los fabricantes turcos ya no pueden llegar a Rusia como antes. Del mismo modo, las materias primas y otros bienes que Turquía necesita ya no llegan desde la otra orilla del mar Negro como antes.

Por lo tanto, no podemos considerar esta guerra como algo que no tenga una repercusión directa en Turquía. Y el coste del conflicto para Turquía aumenta con cada día que pasa.

Publicado originalmente por  Geopolítica rugiente

La inteligencia humana, lainteligencia artificial y el futuro de la guerra algorítmica

By: A A
13 October 2026 at 16:06

Cuanto más aleja la tecnología al actor, más debe aumentar su responsabilidad.

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De persona a objetivo

¿Qué será de la humanidad cuando la tecnología sea capaz de reconocer, clasificar, rastrear y, en última instancia, matar a seres humanos sin que quienes ejecutan los ataques los hayan visto jamás?

Mi amigo Mohammad Reza Dehshiri planteó precisamente esta pregunta, y su respuesta es contundente.

El peligro, escribe, no es la inteligencia artificial, sino la inhumanidad artificial; es decir, la posibilidad de que las máquinas se vuelvan más precisas precisamente cuando los humanos dejen de sentirse responsables de lo que esas máquinas hacen en su nombre.

Con este artículo, inicio una serie que toma el análisis de Dehshiri como punto de partida e intenta llevarlo más allá. Si el problema es la «inhumanidad artificial», la respuesta no puede estar en una IA «más ética», como si la ética fuera un módulo que se instalara a posteriori en un sistema que ya ha sido diseñado.

Necesitamos recuperar una categoría que la jerga tecnológica ha vuelto casi innombrable: la inteligencia humana, entendida no como un vestigio que hay que proteger en medio de las complejidades de la automatización, sino como una forma de conocimiento con características propias y distintivas, que ningún aumento en la potencia computacional puede reemplazar.

La llamaré Inteligencia Humana, y la ambigüedad es deliberada. En la jerga de los servicios de inteligencia, HUMINT se refiere a la más antigua de las disciplinas de inteligencia: aquella que se basa en las personas, las fuentes, los idiomas y la visita paciente y frecuente a distintos lugares.

En terminología filosófica, la expresión denota la facultad de comprender. La tesis de esta primera contribución es que estos dos significados ahora convergen, y que su convergencia tiene implicaciones geopolíticas que se extienden mucho más allá del debate sobre la ética de las armas.

Podemos describir la cadena operativa de la guerra contemporánea en siete etapas: detectar, identificar, clasificar, predecir, priorizar, seleccionar el objetivo, atacar.

Cada eslabón puede perfeccionarse técnicamente sin que la secuencia, tomada en su conjunto, se perfeccione moralmente. El fenómeno resultante se denomina «dataficación de la vida humana»: el individuo reducido a una identidad, una ubicación, un patrón de comportamiento, un índice de amenaza.

Esto no es una abstracción. En abril de 2024, una investigación de Yuval Abraham para +972 Magazine y Local Call describió a «Lavender», un sistema utilizado por las fuerzas armadas israelíes en Gaza para asignar a decenas de miles de personas una probabilidad de afiliación a grupos armados.

Según fuentes internas citadas en la investigación, la verificación humana de cada nombre a menudo no duraba más de veinte segundos: el tiempo necesario para determinar que el objetivo era un hombre.

Las Fuerzas de Defensa de Israel han refutado este relato y han descrito a «Lavender» como una base de datos diseñada para apoyar a los analistas.

Sin embargo, incluso si se acepta la versión oficial, el meollo del asunto sigue siendo el mismo: había un operador humano presente, y su presencia no fue suficiente para transformar la recomendación del sistema en un juicio.

La psicología cognitiva tiene un nombre para este fenómeno, el sesgo de automatización: la tendencia de quienes trabajan con un sistema automatizado a tratar sus recomendaciones como un sustituto de su propia verificación y a no buscar la información que pudiera contradecirlas.

Ya en 1976, Joseph Weizenbaum —quien había creado uno de los primeros programas conversacionales de la historia— ya distinguía entre la capacidad de calcular y la capacidad de juzgar, y argumentaba que hay tareas que no deberían confiarse a una computadora, incluso si esta fuera capaz de realizarlas. Medio siglo después, esta distinción se ha vuelto aún más apremiante. La computación trabaja con lo que ya se ha traducido en datos. El juicio debe decidir si esa traducción ha sido fiel.

Dehshiri deja claro este punto con cuatro distinciones: la precisión técnica no es precisión ética; la exactitud no es justicia; la automatización no es responsabilidad; la superioridad tecnológica no es superioridad moral.

Yo agregaría una quinta, de naturaleza epistémica, de la que dependen las demás: la correlación no es comprensión. Un sistema de aprendizaje automático reconoce patrones estadísticos en un conjunto de datos. No sabe qué es una escuela, porque no sabe qué es un niño, y ni siquiera sabe que no sabe esto.

L’iraniano cita un interesante estudio de caso: el 28 de febrero de 2026, en las primeras horas de la guerra, la escuela primaria Shajareh Tayyebeh en Minab, en la provincia de Hormozgan, fue alcanzada varias veces durante el horario escolar.

Las cifras proporcionadas por las autoridades iraníes oscilan entre 150 y 175 muertos, la gran mayoría de los cuales eran niñas, junto con docenas de maestros y algunos padres; el fiscal del distrito fijó el número total de muertos en 156.

Washington nunca ha reconocido directamente su responsabilidad ni ha publicado los resultados de la investigación del Pentágono. Amnistía Internacional ha descrito el incidente, en el mejor de los casos, como un grave fallo de inteligencia.

Hay un detalle, revelado por imágenes satelitales, que traslada el análisis del plano moral al fáctico.

Según los medios occidentales, la escuela se encontraba junto a una base naval perteneciente a la Guardia Revolucionaria y anteriormente había formado parte de ella; entre las explicaciones que circulan en los círculos estadounidenses se encuentra la de datos de selección de objetivos desactualizados.

Si se confirmara esta hipótesis, Minab no sería un caso de una máquina que cometió un error, sino de una base de datos que había dejado de corresponder a la realidad. El edificio había cambiado. Los datos, no.

Ningún algoritmo de clasificación, por muy sofisticado que sea, puede detectar que un antiguo edificio militar se ha convertido en una escuela si nadie ha registrado el cambio. Todos los que vivían en Minab lo sabían: los padres que llevaban a sus hijas a la escuela cada mañana, el conductor del autobús escolar, los maestros.

Este es precisamente el tipo de información que recopila el HUMINT y que la guerra a distancia tiende a considerar superflua, porque es lenta, costosa y difícil de ampliar. Con base en fuentes de dominio público, la responsabilidad de EE. UU. parece altamente probable, aunque las circunstancias exactas siguen sin estar claras y el nivel de certeza en este punto es bajo: un error en la base de datos, un error de clasificación o una aceptación consciente del riesgo.

Sin embargo, las tres hipótesis convergen en la misma pregunta. ¿Quién, antes del ataque, verificó si había personas en ese edificio?

Más allá del «human-in-the-loop»

El debate internacional se ha conformado durante mucho tiempo con el principio de human-in-the-loop, según el cual un ser humano forma parte del ciclo de toma de decisiones.

Esta fórmula es insuficiente: una persona puede estar presente en el ciclo y, sin embargo, limitarse a dar el visto bueno a la recomendación del algoritmo.

Él propone sustituirlo por un principio más exigente, al que denomina humanity-in-command: la capacidad efectiva de cuestionar, rechazar, anular y detener el proceso automatizado.

La historia de la Guerra Fría ofrece dos ejemplos que aclaran lo que esto significa en la práctica. El 26 de septiembre de 1983, el sistema soviético de alerta temprana Oko señaló el lanzamiento de cinco misiles balísticos desde Estados Unidos.

El oficial de guardia, Stanislav Petrov, descartó la alarma como una falsa alarma y no la reportó como un ataque en curso, razonando que un primer ataque estadounidense nunca consistiría en solo cinco misiles.

Tenía razón: el satélite había confundido el reflejo del sol en las nubes con lanzamientos de misiles.

Veintiún años antes, el 27 de octubre de 1962, en el mar del Caribe, el submarino soviético B-59, aislado y bajo fuego de cargas de profundidad, estaba a punto de lanzar un torpedo con ojiva nuclear. El lanzamiento requería el consentimiento de los tres oficiales de mayor rango a bordo, y Vasily Arkhipov se negó a darlo.

En ninguno de los dos casos el hombre aprobó una recomendación del sistema. La contradijo. Y no lo hizo porque tuviera más datos: de hecho, los datos eran el problema.

Lo hizo porque sabía plantearse una pregunta que ningún procedimiento le exigía hacer, a saber, si lo que estaba viendo tenía sentido en el contexto de todo lo demás que sabía sobre el mundo.

Petrov estaba familiarizado con la doctrina nuclear estadounidense; Arkhipov sabía la diferencia entre un ataque y una amenaza. Es esta capacidad de comparar la señal con el panorama general, el detalle con lo que es plausible, lo que yo denomino Inteligencia Humana. Vale la pena señalar que el Dena fue hundido por un submarino. No sabemos qué se les preguntó a sus oficiales, ni qué margen de discreción tenían para tomar decisiones.

Esta propuesta debe aclararse, ya que existe el riesgo de reducirla a un llamado humanista genérico. La Inteligencia Humana, tal como yo la entiendo, se estructura en tres niveles distintos, cada uno de los cuales marca un límite estructural —más que contingente— de la inteligencia artificial.

El primer nivel es epistémico. La tradición escolástica distinguía entre intellectus, el acto mediante el cual la mente capta inmediatamente una verdad, y ratio, el proceso discursivo de pasar de un elemento a otro: para Tomás de Aquino (Summa Theologiae, I, q. 79, a. 8), ambos no son facultades distintas, sino aspectos de un único intelecto, en el que el razonamiento comienza con una comprensión y regresa a una comprensión. Los sistemas actuales de aprendizaje automático logran una ratio de una potencia sin precedentes, capaz de inferir, combinar y predecir a escalas inaccesibles para la mente humana.

Carecen del aspecto del intellectus, es decir, de la comprensión del significado de lo que procesan. Esta es una tesis filosófica y debe presentarse como tal, pero tiene consecuencias prácticas precisas: un sistema desprovisto de comprensión no puede saber cuándo su propio modelo del mundo se ha vuelto falso.

El segundo aspecto es práctico. La Prudentia, según la definición tomista, es la razón recta aplicada a la acción, y su tarea específica consiste en aplicar el principio universal al caso particular. La máquina generaliza: su valor radica en asignar el caso individual a una clase.

La prudencia hace lo contrario, porque debe reconocer qué es lo que, en este caso particular, queda fuera de la clase. La guerra, que es el ámbito de lo singular y lo imprevisto, es el escenario donde esta diferencia tiene mayor peso.

La nota Antiqua et nova del Vaticano, de enero de 2025, retomó esta línea de pensamiento, haciendo hincapié en la naturaleza encarnada y relacional de la inteligencia humana y su irreducibilidad a una mera función de procesamiento.

El tercer nivel es relacional, y es aquí donde el significado filosófico se encuentra con el de los servicios de inteligencia. Sherman Kent, quien de hecho fundó el campo de los estudios de inteligencia en los Estados Unidos de la posguerra, lo definió ante todo como conocimiento, incluso antes que como organización o actividad.

El HUMINT es la forma de este conocimiento que pasa a través del otro como persona: alguien que habla su idioma, conoce sus costumbres, sabe interpretar un barrio y puede distinguir una fiesta de una manifestación.

Durante las últimas tres décadas, las grandes potencias han ido desviando progresivamente recursos hacia disciplinas técnicas, desde la inteligencia de señales hasta la vigilancia satelital, pasando por las plataformas de fusión de datos. Minab ilustra el costo de este desequilibrio.

Nada de esto implica un rechazo a la tecnología. La inteligencia humana no se opone a la IA de la misma manera que un manual se opone a un mecánico. Establece una jerarquía: el algoritmo como herramienta subordinada a un juicio que no puede producir por sí mismo. Y de ahí se deriva un principio, formulado por Dehshiri, que merece convertirse en un criterio operativo: cuanto más aleja la tecnología al actor de las consecuencias de sus propias acciones, más debe aumentar —y no disminuir— la responsabilidad consciente de quien toma la decisión.

Desde el punto de vista geopolítico

Hasta ahora, el tema podría parecer una cuestión de filosofía moral. No es solo eso. La distribución de la capacidad de guerra algorítmica es una distribución de poder, y las reglas que la rigen serán redactadas —si es que llegan a redactarse— por aquellos que tienen interés en limitarlas lo menos posible.

El estado del derecho internacional lo confirma. El grupo de expertos gubernamentales establecido en virtud de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales ha estado discutiendo los sistemas de armas autónomas letales desde 2017 sin haber llegado a un instrumento vinculante.

En noviembre de 2023, Estados Unidos promovió una declaración política sobre el uso militar responsable de la IA, que por definición no es vinculante; en diciembre del mismo año, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la primera resolución dedicada a estos sistemas, mientras que el Comité Internacional de la Cruz Roja ha venido pidiendo desde 2021 la prohibición de los sistemas autónomos impredecibles y de aquellos diseñados para atacar a seres humanos.

En junio de 2024, en su intervención en la cumbre del G7 en Borgo Egnazia, el papa Francisco pidió que nunca se le permitiera a una máquina decidir sobre la vida de una persona. La brecha entre estas posturas y la realidad en los campos de batalla de 2026 se mide en víctimas.

También existe una asimetría más profunda. Quienes controlan los datos deciden quién es un objetivo, y las víctimas de la guerra algorítmica se encuentran en su mayoría fuera de Occidente: en Gaza, Irán, el Sahel y Yemen.

Para los Estados que no producen las plataformas ni controlan sus bases de datos, la inteligencia humana se convierte así en una cuestión de soberanía.

Un país que cuenta con pericia lingüística, conocimiento regional y redes de inteligencia humana conserva su autonomía de juicio; un país que confía su visión del mundo a sistemas diseñados en otros lugares —a menudo por empresas privadas— la cede junto con sus datos. En un orden que tiende hacia la multipolaridad, esta distinción separará a los actores que juzgan de aquellos que son juzgados.

Esto conduce a una propuesta concreta, que desarrollaré en futuros artículos. Junto con el principio general de una supervisión humana significativa, el derecho internacional humanitario podría codificar una obligación específica de verificación humana del estatus civil de cada infraestructura fija incluida en una lista de objetivos, con una fecha de vencimiento más allá de la cual la información se vuelve inválida y debe renovarse utilizando fuentes directas. Esta es una norma mínima.

Aplicada a Minab, habría requerido que alguien preguntara si ese edificio seguía siendo lo que los registros indicaban que era.

La tecnología puede determinar cómo un arma llega a su objetivo, mientras que le corresponde a la humanidad decidir si ese objetivo debe ser atacado. La pregunta subyacente a todo esto es quién, en términos prácticos, ejerce esa humanidad, con qué herramientas de conocimiento y dentro de qué instituciones.

En Minab, alguien debería haber sabido que había una escuela allí. El hecho de que nadie lo supiera, o de que nadie preguntara, es el punto desde el cual debemos volver a empezar.

Traducción:  Observatoriode trabajador@s en lucha

Cuelga tú – ¡no! ¡Cuelga tú! – Y al final los dos colgaron… también a Zelensky y a la Unión Europea

By: A A
12 October 2026 at 14:00

No fue la venta de ese diésel lo que le interesaba a Putin, pero no sabemos bien todavía qué.

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“Pero les diré que es raro tener conversaciones tan largas en las que ninguno de ellos quisiera terminar la conversación, ninguno de ellos quería colgar el teléfono si se puede decir así”

Yuri Ushakov. Asesor de la Presidencia rusa, 19 de mayo de 2025

“Fue una conversación muy intensa y amistosa. Nadie quería ser el primero en colgar”, reveló Ushakov, quien destacó el ambiente cordial del diálogo entre ambos mandatarios.

Yuri Ushakov. Asesor de la Presidencia rusa, 9 de octubre de 2026

El día 9 de octubre un desesperado Donald Trump -que no había extendido como gesto cordial y diplomático una felicitación por el cumpleaños de su homólogo ruso el 7 de octubre- llamó al Kremlin y entabló un acuerdo para nada modesto: habilitó la venta de petróleo y diésel rusos, mismo que había vetado apenas en septiembre con aranceles del 100% a quien comerciara con Moscú.

De esta forma:

…acordaron que Rusia suministrará inmediatamente más de 300.000 toneladas de combustible diésel a los mercados estadounidense y mundial. Según detalló, Moscú entregará otras 500.000 toneladas durante el mes de noviembre y un millón de toneladas adicionales inmediatamente después, así como otros tres millones de toneladas en un corto período de tiempo, dependiendo del estado de las refinerías rusas.

La noticia cayó mal en Kiev y en Europa e incluso congeló la conversación que mantenían una comitiva ucraniana con Kushner y Witkoff en Miami, terminándola un día antes de lo previsto.

La Europa desconcertada empezó a tener comunicaciones con Zelensky para mostrar de nuevo el apoyo a esta demencial apuesta por la guerra en donde Ucrania pone los muertos y los europeos endeudan a los ucranianos que quedan vivos.

Sin embargo, los vaivenes del presidente estadounidense no son nuevos y mucho menos en lo que tiene que ver con suministro energético. Una breve cronología lo confirma: 1) tras el inicio de la guerra contra Irán el 28 de febrero de este año, Trump se vio obligado el 5 de marzo a dar una licencia temporal para que India comprara petróleo a Rusia; 2) el 12 de marzo se emitió otra licencia temporal por parte del Departamento del Tesoro estadounidense por treinta días para venta de crudo ruso, que estaba sancionado; 3) el 18 de septiembre, Donald Trump firma la Lindsey O. Graham Sanctioning Russia and Iran Act of 2026, que le daba el poder de imponer aranceles de hasta 100% a los 5 mayores compradores de petróleo y gas rusos (principalmente China e India); 4) finalmente este 9 de septiembre suspendió Trump esa ley exhibida con toda la parafernalia propia del siniestro gobierno Trump, por parte del senador Richard Blumenthal,  quien dijo: “Vladimir Putin, te tenemos fichado, tu economía se tambalea” … amenazó a China e India y hoy, Trump da las gracias al presidente Putin por salvarle el trasero en vísperas de elecciones.

Y así, como un Déjà vu, Yuri Ushakov volvió a decir las mismas palabras del año anterior: ninguno de los dos quería colgar. Y bueno esta vez colgaron a Zelensky y a la Unión Europea, la pregunta es: ¿cuándo volverá a dar otro bandazo Trump? ¿Cuándo volverá a ser amigo de von der Leyen, mentor de Zelensky y enemigo de Putin?

La Unión Europea, ridículo completo

Es sabido por ellos y por varios analistas esta cruda verdad: Trump no quiere a los europeos, a penas los soporta, siempre ha querido sacar las tropas de esa zona, siempre quiso salir de la OTAN, les puso en ridículo desde las primeras reuniones, les dijo que estaban muriendo las buenas costumbres con una Europa llena de migración desordenada y grupos LGBTI+Q por todo lado, hombres en competencias de mujeres y etc. etc. El propio J.D. Vance les dijo que había una caída moral de Europa y a eso se debía su crisis.

No siendo esto poco, Úrsula von der Leyen se comprometió en nombre de la UE a comprar 750.000 millones de dólares en energía a EE.UU. (gas natural licuado, petróleo y productos nucleares) hasta 2028. Además, se comprometió a realizar inversiones adicionales por 600.000 millones de dólares en Estados Unidos. Y a cambio, Estados Unidos fijó un arancel general del 15% sobre la mayoría de productos europeos, en lugar del 30%.

Y ahora, luego de tanto ir y venir, Estados Unidos le sigue comprando petróleo a Rusia, además de uranio y otros materiales que luego revende a Europa más caro. Ya los precios de gas están reventando al ciudadano común y mientras Trump viola las sanciones occidentales que pretenden asfixiar a Rusia, Europa tiene que pagar por tratos leoninos con EE.UU., invertir en la guerra en Ucrania y exprimir al poco Estado de Bienestar que les queda y del cual ya se ven revueltas nuevamente por vivienda, educación o empleo en Francia, España, Alemania, Portugal y Bélgica.

Este nuevo pacto comercial, que va hasta abril de 2027 ridiculiza a Europa, la pone en el lugar que le corresponde: el de una civilización – collage en decadencia. Europa anhela el regreso de los halcones demócratas para retornar a una presión unánime sobre Rusia y en franca escalada bélica como la llevaba ‘sleepy’ Biden. Esto no pasará. El nuevo rumbo estadounidense es Asia Oriental.

Rusia y sus socios, actores globales

Si bien esta venta es un golpe no sólo económico sino reputacional a favor del presidente Putin y Rusia, también deja abiertos otros aspectos no menos relevantes.

Por un lado, China mira con celo cualquier acercamiento entre Rusia y USA en este baile de tres potencias globales. Los chinos son los principales socios comerciales de los rusos y muy seguramente de mantenerse la restricción al diésel ruso, chinos e indios lo comprarían. Entonces, ¿qué ganó y condicionó Vladímir Putin en la llamada con Trump? Los rusos tienen acuerdos comerciales y han aprendido a maniobrar en medio de más de treinta mil sanciones así que este trato fue un guiño a Trump ante su SOS.

Es claro que no le cae mal esto a Rusia que ahora puede poner un precio no por debajo de los costos -de haberlo tenido que vender con restricciones por sanciones- pero quien marcó el teléfono fue Trump no Putin.

Por otro lado, Irán no creo que esté cómodo con esto. Con claridad Trump quiere no sólo estar bien con los precios y abastecimiento de combustible en su país, sino estar lo suficientemente seguro de que se mantiene un flujo nada modesto de diésel en el mercado mundial para atacar a Irán sin problemas o no tantos. Por cierto, hay que ser una potencia para decir sin duda alguna: ‘cuente señor Trump con tres millones de toneladas de diésel’. Sin lastimar su consumo interno, lo hace Rusia.

Además, la ruta por el Ártico plantea una alternativa a los cierres de Ormuz y Bab el-Mandeb que derivan de las resistencias al imperio y al sionismo por parte de Irán y Yemen. Lo que implica que como de costumbre EE.UU. celebra comerciar por Alaska con Rusia.

De tal suerte que, si Irán lleva a su manera una presión mediante la diplomacia y el cierre estratégico del flujo de petróleo, fertilizantes y mercancías con lo cual busca desgastar a los estadounidenses y una salida de la guerra en sus términos, el guiño del Kremlin a Trump no le favorece. Fortalece a su enemigo, quien gana tiempo y sin desesperar puede atacarlo de mejor manera. No implica una derrota de Irán, implica un cambio en los cálculos de presión, si en abril se extiende el plazo y si Trump decide atacar antes.

Finalmente, hay un socio que los propios rusos lo señalan como valioso. Cuba. La Isla, país que apoyó a millones de personas en el mundo de diversas formas y cuando sucedió en 1986 la catástrofe de Chernóbil en la URSS hace cuarenta años, en pleno Periodo Especial, Cuba recibió a 26 mil niños de Rusia, Bielorrusia, Moldavia y Ucrania para darles tratamiento y los adoptó como hijos propios. Esa Cuba amiga incondicional y solidaria no recibe petróleo desde hace un año largo y en septiembre la Guardia Costera de EE.UU. devolvió el buque Grace con combustible.

Sobre Cuba se teje un genocidio. No le llega combustibles ni mercancías. ¿Se habrá acordado el presidente Putin de la Isla, patria del más grande antiimperialista del siglo XX en todo occidente cuando negoció con Trump salvando el trasero a su enemigo, este republicano vetusto? Si Trump permitió liberar de sanciones el combustible para todo el mundo, ¿Ese ‘todo el mundo’ incluirá a Cuba?

Potencias: sin amigos y sin engaños

Es claro que cuando el asesor presidencial, Ushakov, señala que la conversación fue amable y llego a un punto de: ‘cuelga tú, ¡no!, ¡cuelga tú!’ entre los dos mandatarios, sólo desea crear una sobrecarga de cortisol en la UE y los ucronazis y seguro logró tal efecto. Esto no significa que crean que están tratando con la esperanza de una amistad. Por el contrario, sólo un pragmatismo puro y duro tiene las tripas para llegar a estos acuerdos.

Qué pasaría si el presidente Putin le dice a Trump: no te daré un gramo de diésel. No lo sabremos, pero seguro ofende a este tarado mental y lo pone del lado de Europa y Ucrania.

Es el mismo hombre que respaldó a Marco Rubio, su secretario de Estado, cuando hace unos meses celebraba los bombardeos sobre colegios de infantes en Rusia señalando que era válida la máxima presión. Es el mismo hombre que autoriza la entrega de datos de la CIA y el Pentágono a los ucronazis para atacar las mismas refinerías que condena que Zelensky ataque.

Esto también es claro, como nota al pie. El propio neonazi Volodómir Zelensky, presidente ilegítimo de Ucrania hace dos años y asesino de su pueblo, tiene razón al criticar la acción de Trump y hasta de tildarlo de débil. “La paz nunca llega gracias a la debilidad”, señaló. Trump salió a decir que era ya necesario cambiar de presidente por alguien que deseara negociar, que Zelensky perdió más de un millón de ciudadanos y 30% del territorio.

Y lo que diga la UE al respecto tiene su parte de verdad, así como de ingenuidad, como señaló el presidente eslovaco Robert Fico. Pero nadie está seguro con lo que se pacte con Trump ni con ningún gringo. Nunca han mantenido la palabra. Quizá la excepción es Kennedy en la crisis de los misiles.

Siempre los más pequeños saldrán lastimados en los acuerdos entre potencias, pero no aprenden no leen la historia. Le pasó a Cuba en 1962 en la crisis de los misiles. Le pasó a Libia, cuando decidió no tener armas nucleares y europeos y estadounidenses acordaron robarla. Europa todavía era algo fuerte. Hay más ejemplos.

Lo clave es que en este intempestivo acuerdo hay más de enemistad que de amistad. EE.UU. no desea salvar ni ayudar a Rusia. No le interesa la paz, se limpió el trasero con el acuerdo del Anchorage, sólo vela por su bienestar, el de su élite. Por su parte Putin sabe que le desean muerto, que, durante una llamada en 2025, mientras hablaba con Trump caían drones en una de sus residencias.

La diferencia sustancial radica en que Putin juega a largo aliento, tiene calculadas las contingencias. No fue la venta de ese diésel lo que le interesaba, pero no sabemos bien todavía qué. Mientras, Trump lleva una política de mentiras apalancada en el poder de los medios y el peso de la información salida de la boca del presidente de una potencia, con la cual improvisa, salva, ataja, corrige, omite y salta a otra cosa.

Lo cierto es que por ahora -y sin saber cómo despertará mañana, pensando o deseando el frustrado candidato auto propuesto a Nobel de paz- felizmente al terminar la llamada, los presidentes, además de colgar sus teléfonos, colgaron a Zelensky y a la Unión Europea.

El entorno económico alemán está en modo descendente y autodestructivo

By: A A
11 October 2026 at 15:00

Según revela Instituto Alemán de Economía (IW), durante la primera mitad de la década de 2020-2025, la economía germana creció un 0,2% anual y esa tasa se debió mayormente al gasto público, el cual, solamente en el segundo trimestre del 2026, fue superior a la media anual de 2019.

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Lo que significa que se diluye la “Alemania como motor económico europeo” de la que tanto se habló en el último medio siglo.

El empresariado invirtió muy poco en estos años y en el entorno productivo y de realce económico nacional ha caído drásticamente.

El mismo gobierno federal reconoció, a principios de este mes, que la situación de crecimiento es “precaria” y, en los círculos cerrados del empresariado escasean los vaticinios halagueños para el 2027 y 2028.

Creditreform informó que 1 de cada 3 empresas está muy endeudada y que las inversiones retrocedieron a su rango de 2013.

Durante el pasado mes de abril, más de 2 mil empresas quebraron, destacándose entre estas empresas las abocadas al transporte, la logística, la hotelería y la cervecería.

Klaus Wohlrabe, jefe de estudios del Instituto Ifo de Investigación Económica, declaró que todavía no se vislumbra una recuperación real para el mercado laboral y “Los despidos continúan en la industria manufacturera y el comercio”.

Por su parte, Rolf Bürkl, experto en consumo del NIM, dijo que “La mayoría de los hogares prevé que los altos precios de la energía reduzcan su poder adquisitivo” y, en consecuencia, “se muestran más escépticos sobre sus perspectivas de ingresos para los próximos doce meses”.

El agricultor e influencer, Hannes Kuhnwald («Landwirt aus MV»), pronosticó que se avecina una crisis en la agricultura ya que “Cada vez cierran más explotaciones. Y las pequeñas son las primeras en verse afectadas. Ahora, las grandes empresas se benefician de ello. Y muchas corporaciones también”, afirmando que las explotaciones pequeñas y medianas no pueden competir con las compañías grandes y que, por lo tanto, la clase política debería aplicar medidas sensatas para proteger de la pauperización, la quiebra y la exclusión económica a los pequeños y medianos productores agrícolas.

Dentro de la misma Alemania hay quienes se quejan de la forma en que llegan los fondos provenientes de la UE, pidiendo, como una de las soluciones más rápidas, que dichos fondos lleguen hacia abajo de una forma más equitativa.

Simultáneamente, se produce, en esta segunda mitad del 2026, un descenso pronunciado en las ventas del sector minorista, cuyos niveles son, según consignas las estadísticas más fiables, de mayor caída en los últimos cinco años.

Hay negocios de los más consolidados que, debido a la situación, están llegando al límite.

El Grupo Theo Müller -líder de la industria alimentaria- anunció, en esta semana, que cerrará dos de sus plantas más importantes con la consecuencia de cientos de empleados que serán despedidos.

Asimismo, en entorno de Volkswagen seguirá convulso en lo que resta de este año y en 2027.

Publicado originalmente por  Geopolítica rugiente

Aitana Sánchez-Gijón: “Ya están aquí. Censurando, denunciando, ganando. Y nos lo estamos comiendo”

11 October 2026 at 04:40

El domingo 27 de septiembre, cuando las primeras tiendas de campaña de la madrileña Puerta del Sol no llevaban ni 24 horas levantadas, Aitana Sánchez-Gijón visitó la acampada naciente. Repartió kilos de plátanos y empanadas a los jóvenes que no pensaban moverse de ahí en los próximos días. Saludó a su hijo mayor, el cantante Teo Lucadamo, quien había pernoctado con ellos. Grabó un vídeo para sus redes sociales: “Si estáis por Madrid, en vuestras ciudades, organizaos, acampad y haceos oír. Todas y todos juntos creo que podemos conseguir grandes cosas”, pidió a sus seguidores. Y se fue a trabajar, a Alcalá de Henares, donde esos días representaba la obra Malquerida, actualmente de gira. Mientras actuaba, el vídeo se viralizó y su visita se convirtió en uno de los momentos más comentados de aquel primer día de acampada. Lo que estaba sucediendo en Sol, esa rabia acumulada, no era solo cosa de jóvenes.

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Estilismo:

Beatriz Machado

Maquillaje y peluquería:

Alba Esteban (TEN Agency)

Manicura:

Lucero Hurtado para OPI

Producción:

Cristina Serrano

Asistentes de fotografía:

Maitane Huidobro y Ayub El Kadmiri

Asistente de estilismo:

Paloma Gutiérrez

Asistente de producción:

Marina Marco

© Pablo Zamora (EL PAÍS)

Aitana Sánchez-Gijón viste con abrigo de Sportmax, camiseta de American Vintage, vaquero de Zara, zapatillas de Veja y anillo de Helena Rohner.

Ucrania esta perdiendo, y Europa se niega a verlo

By: A A
10 October 2026 at 15:15

El exanalista de la CIA especializado en Rusia, George Beebe, ha lanzado una advertencia que las cancillerías europeas pretenden ignorar: Kiev está perdiendo la guerra, y los líderes occidentales, incapaces de admitir el fracaso de su estrategia, podrían convertir la derrota en una catástrofe nuclear.

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George Beebe no es un adversario declarado de Occidente. Exanalista de la CIA especializado en Rusia y actual director de estrategia global del Instituto Quincy, conoce la situación rusa desde dentro. Su análisis, publicado por Greater Eurasia, merece aún más atención porque proviene de una fuente incuestionablemente sesgada a favor de Moscú.

Su diagnóstico es inequívoco: la narrativa oficial de una Rusia «estratégicamente derrotada» se está desmoronando sobre el terreno. El ejército ucraniano se encuentra bajo una presión creciente, especialmente por la campaña aérea rusa. Esta realidad militar crea un doble problema para los gobiernos europeos: no solo su estrategia se está volviendo insostenible, sino que además está generando consecuencias políticas internas cada vez más graves.

George Beebe es categórico: una guerra convencional directa entre Europa y Rusia pondría al descubierto profundas debilidades estructurales. Los países europeos carecen de fuerzas terrestres suficientes y presentan importantes deficiencias en logística, transporte, defensa aérea e inteligencia en el campo de batalla. La mayor parte de la infraestructura militar europea depende de Estados Unidos, especialmente en materia de inteligencia y selección de objetivos.

«Si Estados Unidos se mantuviera al margen de una guerra convencional europea con Rusia, Europa se enfrentaría a importantes desventajas militares. Sin embargo, si Estados Unidos interviniera directamente, el peligro sería fundamentalmente diferente, ya que un conflicto directo entre la OTAN y Rusia podría convertirse rápidamente en nuclear. Un conflicto de este tipo sería extraordinariamente destructivo y no tendría vencedor».

Esta ecuación es ineludible: Europa no puede defenderse sola ni soportar las consecuencias de una intervención estadounidense. Está atrapada por su propia dependencia.

El núcleo del análisis de George Beebe reside en lo que él denomina la «trampa rusa»: un sesgo cognitivo occidental que transforma una espiral de seguridad en una profecía autocumplida.

Occidente considera a Rusia una potencia expansionista que debe ser contenida mediante una creciente presión militar. Pero si el conflicto es en realidad una espiral de escalada donde cada bando interpreta las acciones del otro como una amenaza, entonces una mayor presión produce mecánicamente una mayor escalada. Más armas, más despliegues, una retórica más agresiva conducen a respuestas rusas, que a su vez exigen más medidas occidentales.

«El peligro reside en que una política occidental destinada a disuadir a Rusia en realidad exacerbe el problema de seguridad subyacente».

geopoliticarugiente.com

Ya es demasiado tarde para salvar a Europa: Lo que me dijeron Putin, Lavrov,Oreshkin y Karaganov en la cumbre de Valdai de 2026

By: A A
9 October 2026 at 15:00

Si la puerta que, según Moscú, está abierta, en realidad está cerrada, es por este lado; y no fue Roma quien la cerró por iniciativa propia.

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Una cumbre de Valdai fuera de la sede

Lo que voy a compartir en este artículo es menos técnico y más personal de lo habitual. Se trata de la información recopilada a lo largo de varios días de diálogo, debate y, al parecer, una pregunta «escandalosa» que se convirtió en una sensación mediática en Europa, porque le pregunté al presidente de la Federación Rusa, Vladimir Vladimirovich Putin, qué será de Europa.

Puedes encontrar el video completo del discurso de Vladimir Putin en el Foro de Valdai aquí.

Puedes encontrar mis comentarios y las respuestas de Putin aquí.

Este año, el Foro de Valdai no se reunió en Sochi. Las invitaciones enviadas en el verano aún indicaban esa ciudad del Mar Negro como sede, pero luego, a finales de agosto, los organizadores anunciaron el traslado a la región de Moscú.

Según el FT, el Servicio Federal de Protección exigió el traslado, preocupado por la amenaza de los drones ucranianos tras un verano de ataques contra refinerías costeras. Este detalle logístico tiene su propia importancia.

La guerra —que en Valdai siempre se discute en términos del sistema internacional— ahora también está influyendo en la organización práctica del foro.

La 23.ª Reunión Anual se llevó a cabo del 28 de septiembre al 1 de octubre bajo un título que, para un europeo, suena casi como una pregunta personal: «Responsabilidad por el futuro: ¿Los límites de lo posible o posibilidades ilimitadas?».

La inauguración contó con la presentación del informe anual del Club, Keep Calm. El Estado y la responsabilidad por el futuro, que los autores presentan —con un guiño a Kubrick— como un manual para dejar de preocuparse y aprender a amar el caos. A esto le siguieron nueve sesiones temáticas, una sesión especial y, el último día, la sesión plenaria con el presidente.

Llegué como italiano y como europeo, sabiendo que en esos salones ambas identidades tienen un peso diferente. A lo largo de la semana, hablé, en particular, con cuatro interlocutores de alto nivel: Sergey Karaganov, Maksim Oreshkin, Sergey Lavrov y, durante la sesión plenaria, Vladimir Putin.

Las tres primeras conversaciones tuvieron lugar al margen de las sesiones, y las relato a partir de mis notas —en esencia, no palabra por palabra—. El cuarto intercambio es público y está documentado mediante una transcripción, de la cual cito directamente.

Tomados uno por uno, los cuatro diálogos transmiten cosas con las que ya está familiarizado cualquiera que siga el debate ruso. Sin embargo, cuando se observan en secuencia, pintan un panorama más claro: una evaluación compartida de Europa y cuatro formas diferentes de sacar conclusiones de ella. Y, sobre todo, un futuro que de ninguna manera es prometedor.

Karaganov: Europa como fuente del mal

Sergei Karaganov es uno de los fundadores del Club Valdai, presidente honorario del Consejo de Política Exterior y de Defensa, y desde hace años ha sido la voz más radical del realismo ruso.

Con él, la conversación comenzó de inmediato con el punto más polémico. Europa, dijo, es la raíz de todos los males. Si fuera destruida, nadie la extrañaría. Un conflicto nuclear táctico en su territorio no involucraría a otros actores.

Los europeos han tenido tiempo de sobra para encontrar una solución a sus propios problemas; ahora que han optado por prepararse para la guerra contra Rusia, es demasiado tarde para ofrecerles otra oportunidad.

Debo ser honesto: nunca he sido admirador de Karaganov; a menudo he considerado que sus puntos de vista son demasiado radicales y anticuados.

Pero a partir de un café juntos después del almuerzo —y a lo largo de una semana de discusiones— descubrí que pensamos de manera muy similar y que sus puntos de vista no son en absoluto triviales.

Cualquiera que haya leído sus declaraciones recientes reconocerá esta línea de pensamiento.

En junio de 2023, Karaganov había argumentado públicamente que Rusia debería bajar el umbral para el uso de armas nucleares a fin de restaurar la credibilidad de su disuasión e inducir a Occidente a retirarse del conflicto en Ucrania.

Parte de ese enfoque se incorporó posteriormente a documentos oficiales: los Fundamentos de la política estatal de la Federación Rusa en el ámbito de la disuasión nuclear, actualizados en noviembre de 2024, tratan un ataque por parte de un Estado no nuclear, llevado a cabo con la participación o el apoyo de una potencia nuclear, como un ataque conjunto.

Sus palabras, sin embargo, contienen tres afirmaciones distintas, y vale la pena diferenciarlas.

La primera es un juicio histórico y civilizatorio: Europa como fuente de las grandes catástrofes de la modernidad, desde las guerras mundiales hasta el colonialismo. Se trata de una tesis que Karaganov ha defendido desde hace tiempo y que puede ser cuestionada, pero que pertenece al ámbito de la interpretación.

La segunda —que nadie lloraría la pérdida de Europa— es una predicción sobre las reacciones de los demás; por lo que observé durante esos días, encuentra eco en una parte significativa de los participantes asiáticos, africanos y latinoamericanos.

La tercera es una hipótesis estratégica que sustenta todo lo demás: una escalada nuclear en Europa se mantendría confinada a Europa.

Sobre este punto, la literatura sobre la disuasión lleva setenta años debatiendo y —afortunadamente— carece de evidencia empírica. El factor que complica esta hipótesis se encuentra dentro de la propia Europa.

Francia y el Reino Unido poseen arsenales nacionales, y en marzo de 2025, París abrió formalmente el debate sobre la dimensión europea de su propia disuasión.

Un conflicto nuclear «exclusivamente europeo» presupone que dos potencias nucleares europeas se quedarían de brazos cruzados. Esta es la suposición más débil de todo el argumento, independientemente de cómo se evalúen las otras dos.

También cabe señalar que Karaganov no habla en nombre del gobierno. En el Foro de Valdai, representa al ala del debate ruso que empuja al Kremlin hacia posiciones más definitivas, y una de sus funciones es precisamente ampliar los límites de lo que se puede decir. Visto así, su «demasiado tarde» es un indicio de una tendencia más que de una doctrina.

Oreshkin: El mercado que ya no existe

Con Maksim Oreshkin, el tono ha cambiado por completo. Subjefe de la Administración Presidencial, exministro de Desarrollo Económico y posteriormente asesor económico del presidente, Oreshkin razona en términos de flujos de efectivo y balances.

Su evaluación fue contundente: Europa está acabada. Ya no existe una competencia viable en el mercado energético, porque China e India ocupan ahora los primeros lugares entre los clientes de Rusia.

Y no hay razón para invertir en un rescate europeo, ya que los europeos, hasta la fecha, no han mostrado interés en encontrar una solución pacífica y razonable.

La pregunta que le había planteado durante la reunión con los participantes de Valdai fue: «Dado que el gasoducto Nord Stream 2 ya no está disponible —porque fue saboteado—, ¿pretende encontrar un nuevo sistema de transporte de energía, suponiendo que Europa se reconcilie y la situación diplomática mejore?». Su respuesta directa —y tal vez brutal— es como una daga de verdad clavada en la conciencia de cada europeo.

«Se acabó» debe entenderse en un sentido técnico. Oreshkin no se refería directamente a la civilización europea, sino a Europa como socio comercial: un mercado que ha dejado de ser fundamental para Rusia y que, por lo tanto, no justifica concesiones políticas para recuperarlo.

A partir de 2022, el petróleo crudo ruso encontró a sus principales compradores en China y la India, mientras que Bruselas, mediante el acuerdo entre el Consejo y el Parlamento Europeo de diciembre de 2025, se comprometió a eliminar gradualmente las importaciones de gas ruso —incluido el gas por gasoducto y el GNL— para 2027. La interdependencia energética que había mantenido unidas a Europa y Rusia durante medio siglo —incluso en los peores momentos de la Guerra Fría— ha sido desmantelada por ambas partes.

El razonamiento de Oreshkin resume la consecuencia más simple de esto: quien ya no es el cliente principal, ya no tiene influencia. Estas son las leyes del mercado, y ni en Londres, ni en Berlín, ni en Bruselas quedan políticos o grupos de poder que puedan decirle a Rusia «qué hacer» .

La otra cara de la moneda también es bien conocida en Moscú. Un mercado dominado por dos grandes compradores les permite exigir descuentos, y sustituir a Europa por Asia tiene un costo en términos de precio y acceso a la tecnología.

Pero según la lógica que me presentaron, la pregunta ya no es si Europa le conviene a Rusia. Es cuánto costaría hacer que vuelva a ser beneficiosa, y la respuesta implícita es que los europeos deben asumir ese costo.

Lavrov: la puerta cerrada a «este» orden

Con Serguéi Lavrov, la discusión pasó de la economía a la diplomacia, sin cambiar la conclusión.

Europa, dijo, tuvo muchas oportunidades para restablecer un diálogo con Rusia y, en cambio, optó por avivar la confrontación directa. Ahora es demasiado tarde para dar marcha atrás: se han cruzado todos los límites y, con el orden europeo actual, no hay forma de volver a las relaciones anteriores.

Me gustaría que hiciéramos una pausa por un momento para reflexionar sobre el peso de estas palabras.

Quienes conocen a Lavrov saben que es un político capaz de sopesar cada palabra con gran inteligencia, incluso en entornos más relajados como la Cumbre de Valdai. «Se han sobrepasado los límites». Sería inútil enumerar estos límites, porque son tan obvios para todo el mundo que simplemente sería una pérdida de tiempo.

Pero la mirada en los ojos de Lavrov mientras hablaba de Europa… eso nunca lo olvidaré. Me he reunido con él muchas otras veces, pero en esta ocasión hubo algo diferente.

El ministro cuenta con un historial de acontecimientos a los que la diplomacia rusa hace referencia con regularidad: los acuerdos de Minsk, los borradores de tratados sobre garantías de seguridad presentados a Estados Unidos y a la OTAN el 17 de diciembre de 2021, y las negociaciones de Estambul en la primavera de 2022.

La interpretación rusa de cada uno de estos acontecimientos es controvertida y es cuestionada en Europa. Lo que me interesa aquí es otro elemento: una salvedad que, al releerla después de la sesión plenaria, resultó ser la clave de toda la semana.

Un regreso es imposible bajo este marco europeo. No con Europa, en su forma actual —es decir, la UE y la OTAN—. El rechazo se refiere a una clase dirigente y a una arquitectura institucional, no a los países que forman parte de ella.

Me pregunto: ¿hasta qué punto se ha abusado de la paciencia rusa para llegar al punto de decir tales cosas? La literatura clásica rusa nos ofrece ejemplos admirables de cómo los políticos rusos son capaces de dar largas, ignorar y ser pacientes.

Y no se puede negar que esta ha sido sistemáticamente la actitud de la clase dirigente rusa durante los últimos años de conflicto.

Llegar al punto de decir que se ha sobrepasado el límite —algo que Putin reiteraría más tarde en la sesión plenaria de la cumbre— significa que ya no hay más recursos que desperdiciar en una espera paciente; significa que el Oso ha sido despertado de su hibernación en el momento equivocado; significa que las consecuencias de estas acciones tendrán una importancia trascendental.

Lavrov agregó una cosa más:

Estamos listos para atacar a Europa de manera ejemplar, no como lo hicimos en Ucrania».

Tomen nota de estas palabras, queridos amigos europeos. Vuelvan a leerlas y reflexionen sobre su peso. No hace falta decir nada más.

Un profesor italiano le hace una pregunta a Putin

Llegamos ahora a uno de los momentos más peligrosos de mi carrera. La sesión plenaria se llevó a cabo, como es tradicional, con la presencia del presidente ruso y con Fyodor Lukyanov como moderador. Tomé la palabra y formulé una pregunta de dos partes:

Vengo de Italia, un país que actualmente no tiene buenas relaciones con Rusia. Como europeo, me gustaría preguntarle: ¿Qué condiciones establecerá Rusia para desarrollar un nuevo sistema de seguridad para los países europeos? Y, si imaginamos una Europa post-Unión Europea, ¿la considerará parte de una gran asociación euroasiática o, en su opinión, Estados Unidos y Rusia siempre estarán compitiendo por estos territorios?

Putin comenzó con la segunda parte, y el orden no es una coincidencia:

Italia se encuentra, de hecho, en Europa, y yo estoy hablando de una alianza euroasiática: por lo tanto, no hace falta decir que consideraremos —y ya consideramos— a Italia también como un socio euroasiático.

Inmediatamente después, aclaró que el destino de la Unión Europea, y la permanencia de Italia en ella, «no es asunto nuestro». Moscú ni siquiera tiene la intención de discutirlo, porque cualquier comentario al respecto se interpretaría como un intento de desintegrar a la UE, «mientras que nosotros no queremos desintegrar nada en absoluto. Solo queremos construir y cooperar».

Sobre las condiciones para un nuevo sistema de seguridad, la respuesta fue clara:

No tenemos condiciones previas». El obstáculo, en su opinión, está del otro lado. Algunos políticos europeos consideran inaceptable que un solo país entable un diálogo con Rusia, y Putin ha calificado esta exigencia como un dictado aún más severo que el de la era soviética. La comparación fue cuidadosamente elaborada: la URSS era un Estado unitario y altamente centralizado, cuyas repúblicas formaban parte de una única estructura estatal; la Unión Europea, en teoría, no lo es, pero en la práctica se comporta como si lo fuera. «Nadie nos lo prohíbe; estamos listos».

En ese momento, Lukyanov intervino con un comentario provocativo típico de un moderador experimentado: dado que Bruselas lo prohíbe, ¿no sería mejor contribuir un poco a la desintegración de la UE, para que sea más fácil tratar con los países individualmente? La respuesta llegó sin vacilar: «Pero no hay necesidad: se desmoronarán por sí solos».

Entonces Putin se dirigió directamente a mí. «Nuestro colega italiano sabe esto mejor que nosotros», dijo, y comenzó a dar las cifras: la deuda pública italiana en el 140 %, el déficit en torno al 3 %, y en otros países europeos cerca del 5 %. Las cifras estaban redondeadas, pero no muy lejos de la realidad.

Según Istat y Eurostat, a finales de 2024, la deuda pública de Italia se situaba en el 135,3 % del PIB y su endeudamiento neto en el 3,4 %. Sin embargo, el punto central de ese pasaje no eran los decimales.

Todos los problemas comienzan con la economía: el nivel de vida baja, el desempleo aumenta y los ciudadanos de las principales economías europeas lo sienten en carne propia; y esto, dijo,

también socava los cimientos mismos de la Unión Europea. Pero eso no es asunto nuestro; no nos entrometemos.

Concluyó reiterando la oferta de manera equilibrada: diálogo con la Unión en su conjunto, si así lo desea la Unión, o con países individuales, sin condiciones previas. «Pero tampoco debe haber condiciones previas por parte de Europa».

Tratar de comprender la magnitud de estas palabras, el equilibrio político que revelan y la fortaleza de un estadista que se preocupa no solo por el bien de su propio país, sino también por el de todo un continente, es una verdadera lección sobre lo que significa la política.

Escucha el discurso completo de Putin y comprenderás cómo, en menos de cinco minutos, es posible captar el declive de toda Europa, en todas sus facetas, al tiempo que se reitera con nostalgia que Rusia ha hecho todo lo que estaba a su alcance para ofrecer su ayuda.

Pero las decisiones de los europeos son suyas, sea cual sea la bandera que enarbolen. Rusia respeta y siempre respetará los principios fundamentales de su política exterior y su tradición política. Nada de mesianismo milagroso, nada de salvadores improvisados.

Europa —o más bien, los europeos de esta Europa—: ¿qué pretenden hacer?

Releyendo mis notas de viaje

Al releer mis notas a mi regreso, lo primero que llama la atención es la convergencia de puntos de vista.

El estratega, el economista, el ministro de Relaciones Exteriores y el presidente han expresado, cada uno con sus propias palabras, la misma evaluación: la Europa actual ha agotado su crédito ante Moscú. Lo segundo que llama la atención es que cada uno saca una conclusión diferente de ese diagnóstico.

Para Karaganov, la conclusión es coercitiva y toma un tono casi escatológico: Europa ha tenido su oportunidad, y lo que siga ya no es asunto de la diplomacia.

Para Oreshkin, es una cuestión de cálculo frío y duro: Europa no vale la inversión necesaria para recuperarla.

Para Lavrov, se trata de un retroceso diplomático limitado, centrado en la estructura política más que en la gente.

Por último, para Putin, la puerta sigue abierta —pero hacia los estados individuales, no hacia Bruselas—, acompañada de la expectativa de que la erosión económica hará el resto.

La aparente contradicción entre la postura de «ya es demasiado tarde» de los tres primeros y la postura de «sin condiciones previas» del cuarto se resuelve precisamente en la caracterización de Lavrov.

El resultado es una línea coherente, que yo llamaría «bilateralización»: Moscú no tratará con la Unión como entidad política mientras su liderazgo actual permanezca en el poder; ofrece a los estados miembros individuales canales sin condiciones previas y deja que las dificultades internas de Europa hagan que esos canales resulten atractivos.

La referencia a Italia como socio euroasiático «ya hoy» debe entenderse dentro de este marco: no es una cortesía; es una indicación de qué interlocutor prefiere Moscú.

Ciertamente no puedo afirmar que los cuatro interlocutores excepcionales hubieran llegado a un acuerdo —eso no hace falta decirlo—, pero esta convergencia me pareció verdaderamente «profética».

Valdai siempre ha sido el escenario donde se muestra la amplitud del debate ruso ante una audiencia extranjera. Puedo afirmar que estas perspectivas son compatibles y se refuerzan mutuamente: la postura firme de Karaganov hace que la oferta de Putin parezca moderada; las cifras de Oreshkin dan credibilidad a la idea de que Moscú no necesita hacer concesiones; y la fórmula de Lavrov equilibra la firmeza con la apertura.

La crisis de la deuda soberana de 2010–2012 dio lugar al Mecanismo Europeo de Estabilidad y a la unión bancaria; la pandemia condujo a Next Generation EU y a la primera deuda común a gran escala. Dentro de la Unión, las crisis han generado al menos tanta centralización como fragmentación.

Por lo tanto, «se desmoronarán por sí solos» es una apuesta, no una observación —aunque la apuesta les cueste poco a quienes la hacen—: si la UE se mantiene unida, Moscú al menos ha ofrecido diálogo; si se derrumba, ya cuenta con canales bilaterales establecidos.

Los indicadores a los que hay que prestar atención durante los próximos doce a dieciocho meses son bastante claros.

El primero se refiere a las visitas bilaterales a Moscú de los jefes de gobierno de la UE, además de las visitas previas de Viktor Orbán en julio de 2024 y Robert Fico en mayo de 2025.

El segundo es si se mantiene la unanimidad durante las renovaciones semestrales de las sanciones, donde un solo veto basta para abrir una grieta.

El tercero se refiere a las exenciones nacionales del cronograma para la eliminación gradual del gas ruso.

El cuarto —y el más significativo para nosotros— es la posible apertura de un canal estructurado por parte de una capital importante, incluida Roma.

¿Qué concluyo de todo esto? Como italiano, la frase que me quedo no es la que habla de desintegración; es la otra: «Ya consideramos a Italia también un socio euroasiático».

Contiene tanto una oferta como una observación dirigida a nosotros. Si la puerta que Moscú dice que está abierta en realidad está cerrada, está cerrada por este lado —y no fue Roma quien la cerró por su propia cuenta.

¿Cuánto tiempo puede permitirse un país con una deuda que supera el 135 % del PIB dejar que otros decidan quién puede hablar con quién?

Nadie en Moscú me preguntó eso. Es una pregunta que me traje a casa por mi cuenta. Y todo italiano de buena conciencia, todo europeo que aún tenga corazón, conoce la respuesta.

Traducción:  Observatoriode trabajador@s en lucha

La marea furiosa en Brasil y las luchas que se avecinan

8 October 2026 at 23:00

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Las elecciones generales de Brasil del 4 de octubre representaron una severa advertencia para la izquierda. Flávio Bolsonaro, el candidato presidencial del Partido Liberal (PL), superó al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, con aproximadamente un 47% frente a un 45%. Ninguno de los dos obtuvo la mayoría, lo que los llevará a una segunda vuelta el 25 de octubre. Más preocupante que este estrecho margen presidencial fue el avance del bolsonarismo en el Congreso. Las elecciones han fortalecido un movimiento político cuyas ambiciones van más allá de derrotar a Lula para llegar a remodelar las instituciones que obstaculizan su ejercicio del poder.

El encarcelamiento (arresto domiciliario) y la exclusión electoral de Jair Bolsonaro no han disuelto su movimiento. Su hijo Flávio lleva su estandarte presidencial, mientras que otros miembros de la familia han obtenido escaños en el Congreso. Michelle Bolsonaro, esposa de Jair, y Carlos Bolsonaro, su hijo, ingresan al Senado; Jair Renan, otro de sus hijos, y Renato, hermano de Jair, ingresan a la Cámara de Diputados. Nepobolsonarismo es un nombre apropiado para la expansión de esta familia a través del Estado. Sin embargo, la familia es solo la expresión más visible de un proyecto más amplio, arraigado en poderosos intereses económicos y en una política reaccionaria profundamente organizada.

Una contienda presidencial con implicaciones continentales

Lula sigue siendo el principal obstáculo para el regreso de este proyecto a la presidencia. Su derrota afectaría a los trabajadores y campesinos de todo Brasil, pero también a las posibilidades de cooperación regional y de una política exterior latinoamericana independiente. El tamaño de Brasil, su capacidad industrial, sus minerales en bruto (como los minerales críticos), sus recursos agrícolas y su alcance diplomático otorgan a su orientación política una importancia continental. Un gobierno que subordine estos activos a las prioridades de Washington debilitaría el espacio disponible para los países vecinos que buscan sus propios caminos de desarrollo.

La distribución geográfica de la primera vuelta pone de manifiesto tanto la fortaleza de Lula como sus dificultades. Mantuvo una posición dominante en el Noreste, mientras que Flávio lideró en las otras cuatro regiones. El enorme electorado de São Paulo proporcionó una ventaja particularmente importante a la derecha. Estas divisiones no pueden explicarse mediante una oposición entre una población ilustrada y otra ignorante. Requieren un análisis de las diferentes condiciones laborales, la organización de la vida política y la capacidad de los movimientos rivales para interpretar las frustraciones de la gente.

Lula llega a la segunda vuelta con un historial social sustancial. El desempleo cayó al 5,3% en el trimestre que finalizó en agosto, la tasa más baja para ese período en la serie estadística que comienza en 2012. Estas mejoras son de enorme importancia para las familias para quienes un salario regular supone un alivio frente a la incertidumbre cotidiana. Sin embargo, un indicador nacional mejorado no zanja la discusión política. El empleo puede coexistir con desplazamientos agotadores, viviendas costosas, servicios públicos inadecuados y la inseguridad que genera la deuda. La brecha entre la mejora estadística y la experiencia vivida sigue siendo un terreno en el que opera la derecha.

El bolsonarismo, o la extrema derecha brasileña de un tipo especial, traduce estas frustraciones en resentimiento contra la izquierda, todas las instituciones públicas y los sectores vulnerables de la sociedad. Su promesa de orden ofrece un lenguaje inmediato para el miedo, al tiempo que oculta los mecanismos económicos que generan inseguridad.

La izquierda no puede responder a esto simplemente promocionando los logros del gobierno. Debe vincular esos logros a un programa creíble para cambiar la vida cotidiana y explicar qué intereses impiden nuevos avances. Un trabajador que lucha contra las deudas necesita algo más que la seguridad de que la economía va bien. Este ha sido el problema de Lula, cuyo programa para el futuro no parece prometer más de lo que se ha logrado hasta ahora.

El Senado: una lucha por el poder institucional

Las elecciones al Senado son particularmente trascendentales porque se disputaron 54 de sus 81 escaños. Los senadores tienen mandatos de ocho años, por lo que los resultados marcarán la política nacional mucho más allá de la próxima administración presidencial. El PL obtuvo 19 escaños y contará con 28 en el nuevo Senado, lo que lo convierte en el partido más grande. El PT tendrá nueve. Los bolsonaristas han establecido, por lo tanto, una posición formidable, aunque el propio PL sigue sin alcanzar la mayoría y deberá negociar con otros partidos.

Michelle Bolsonaro y Bia Kicis obtuvieron los dos escaños del Distrito Federal, mientras que Carlos Bolsonaro y Carol de Toni ganaron los dos escaños de Santa Catarina. Estas victorias demuestran la capacidad del movimiento para organizar campañas coordinadas y concentrar el apoyo en torno a sus candidatos. Hubo éxitos importantes para la izquierda: Rui Costa y Jaques Wagner ganaron en Bahía, Humberto Costa conservó su representación en Pernambuco y Marília Campos ganó en Minas Gerais. Estos resultados preservan puntos de resistencia dentro de una cámara cada vez más hostil. La importancia del Senado va más allá de la legislación ordinaria. Los bolsonaristas han convertido su enfrentamiento con la Corte Suprema Federal en un objetivo político central, lo que incluye demandas para destituir a sus magistrados. Su representación reforzada aumenta su capacidad para llevar adelante ese enfrentamiento e influir en la elección del presidente del Senado. Las predicciones de una mayoría automática a favor del juicio político deben tomarse con cautela: la afiliación partidaria, las declaraciones de campaña y los votos en un procedimiento específico son cosas distintas. No obstante, el peligro de utilizar el poder legislativo para intimidar al poder judicial ha aumentado claramente.

Esto forma parte de una lucha por las condiciones bajo las cuales la extrema derecha puede gobernar. Los procesos judiciales contra Jair Bolsonaro no han eliminado a las fuerzas sociales que lo respaldan. Esas fuerzas buscan ahora una mayor influencia sobre las instituciones capaces de frenarlas. Para la izquierda, la defensa del espacio democrático debe, por lo tanto, ir de la mano de la lucha por ampliar los derechos sociales. Las organizaciones de trabajadores no pueden permitirse perder las libertades a través de las cuales se organizan, educan y se enfrentan al capital.

Diputados federales: la derecha avanza, la izquierda encuentra oportunidades

Este año se renovaron los 513 escaños de la Cámara de Diputados. El PL obtuvo 121, consolidando su posición como el partido más grande tanto en esta cámara como en el Senado. La federación del Partido de los Trabajadores, el Partido Comunista de Brasil y el Partido Verde ganó 88 escaños, de los cuales el propio PT obtuvo 70. El crecimiento de la federación es significativo, pero deja a los aliados de Lula lejos de alcanzar la mayoría. Los partidos de la derecha cuentan con 303 escaños, mientras que la izquierda parlamentaria en sentido amplio tiene 124.

El resultado fortalece a una extrema derecha de carácter particular dentro de una legislatura ya dominada por intereses conservadores. También debilita a algunos intermediarios tradicionales del poder parlamentario, como el centrão, la coalición de partidos que intercambia apoyo legislativo por influencia en los nombramientos y los recursos públicos, aunque sigue siendo indispensable para la formación de mayorías. Las negociaciones que se lleven a cabo dentro del centrão ahora se desarrollarán junto a un PL más grande y más asertivo. Si Lula gana en la segunda vuelta, se enfrentará a una resistencia sustancial en el Congreso; pero si gana Flávio, ese mismo Congreso podría facilitar un programa reaccionario.

Sin embargo, la elección también llevó a la Cámara a importantes representantes de una izquierda combativa. Jones Manoel, el historiador comunista elegido por el PSOL en Pernambuco, obtuvo 249.077 votos y quedó en primer lugar en Recife. Elias Jabbour, el geógrafo comunista, fue elegido por el PCdoB en Río de Janeiro. Sus victorias sugieren que existe un público receptivo a la educación política y a los argumentos socialistas, incluso en medio del avance de la derecha. Ofrecen recursos para reconstruir la confianza entre las personas que se han impacientado ante las ambiciones cada vez más limitadas de la política parlamentaria.

Jones Manoel ya se ha ofrecido a colaborar en la campaña de la segunda vuelta de Lula, incluida su comunicación digital, al tiempo que propone prestar mayor atención a demandas como el transporte público gratuito. Este es un ejemplo útil de claridad política: la crítica a las limitaciones del gobierno puede coexistir con una movilización activa contra una extrema derecha de un tipo especial. Dicha unidad no requiere que los trabajadores renuncien a sus demandas. Se fortalece cuando esas demandas aportan energía y dirección a la campaña.

La tarea antes del 25 de octubre

La segunda vuelta no se puede ganar únicamente mediante negociaciones entre los líderes de los partidos. Requiere una actividad organizada en los lugares de trabajo, los barrios, las universidades y las comunidades rurales, con un programa que la gente pueda reconocer en sus propias vidas. El transporte, los salarios, la vivienda, la deuda, la salud pública y el tiempo dedicado al trabajo deben convertirse en la esencia de una campaña democrática. La defensa de la soberanía se vuelve tangible cuando se vincula con la capacidad de utilizar la riqueza de Brasil para satisfacer las necesidades de su pueblo.

La marea furiosa ha avanzado, pero no ha arrastrado a los millones de personas que aún buscan otro Brasil. Los nuevos diputados comunistas, las organizaciones de masas que han sobrevivido (especialmente los trabajadores sin tierra del MST) y la enorme base electoral de Lula constituyen los cimientos de la resistencia. La tarea inmediata es derrotar a Flávio Bolsonaro. La tarea a más largo plazo es construir un poder popular lo suficientemente fuerte como para impedir que la oligarquía decida, elección tras elección, qué tan poco cambio se le permitirá a la mayoría.

AfD se institucionaliza: presidirá el parlamento regional de Sajonia-Anhalt

By: A A
8 October 2026 at 15:00

Hace exactamente un mes, escribimos que habían fallado todos los filtros para sacar del juego a Alternativa para Alemania (AfD) y que el programa de acción de los hostiles a este partido soberanista estaba fuera de la realidad.

En Sociedad

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Pues bien, ayer, 6 de octubre, se produjo otro hecho histórico para AfD y la política alemana ya que AfD consiguió la presidencia del parlamento de Magdeburgo, tal y como lo aseguramos que sucedería en otra nota del día del martes.

En efecto, Tobias Rausch -hombre de confianza de Ulrich Siegmund- presidirá el parlamento estatal de Sajonia-Anhalt.

Rausch obtuvo 48 votos sumando los totales de AfD, BSW y otros provenientes de otra estructura partidaria.

Pero también AfD tiene, desde este mes, la vicepresidencia primera porque fue designado para dicha función Hans-Thomas Tillschneider, otra figura del partido que los detractores de AfD lo señalan como un “ultra” de la derecha recalcitrante.

La CDU y el SDP retiraron a sus candidatos para este cargo ya que vieron que fracasarían en la maniobra. Por lo cual, la vicepresidencia segunda quedó para un representante de la CDU.

Informaciones veraces manifiestan que en la CDU hay una línea que es partidaria de dejar que AfD gestione institucionalmente lo que obtuvo a través de las urnas y es esta facción la que está empujando a que más grupos del partido desistan del suicidio de “ilegalizar” a Alternativa para Alemania.

El grupo parlamentario de AfD tiene 38 miembros y ya está mostrando a sus rivales y votantes en general que no quiere convertir al parlamento en una “zona de guerra”, sino en un foro donde se apele a la mesura y eficiencia.

En tanto, el líder principal de AfD en dicha región, Ulrich Siegmund, se transformó en un líder con una firme proyección de participación y gestión estatal del futuro…

De esa manera, en el ecosistema institucional político del país avanza el fenómeno de la diversidad de pensamiento en un desarrollo democrático porque AfD, que tiene el respaldo de más del 30% del electorado alemán, puede desempeñar funciones ejecutivas en precisos niveles de la gobernanza institucionalizada y, además, el pensamiento base del partido que es compartido por muchos alemanes forma parte del relieve de la política nacional.

Ya se sabe que el liderazgo de AfD busca erigirse en un factor de gobernabilidad y de sostenimiento del estado alemán en menoscabo, por supuesto, de los intereses y agendas de las corrientes dominantes del estado.

Publicado originalmente por Geopolítica rugiente

Ficciones belicistas: La teatralización de la guerra

By: A A
7 October 2026 at 15:00

Europa teatraliza la guerra con Rusia mientras su orden liberal se derrumba: un ritual de miedo sin promesa de redención, camino a la autodestrucción.

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MSIa Informa, 29 de septiembre de 2026.-En un arrebato de simulación, durante la Cumbre Europea del Ártico, realizada en Rovaniemi, Finlandia, líderes europeos se mostraron vistiendo ropas militares para transmitir claramente el mensaje de que estarían preparados para un enfrentamiento con Rusia. Mientras tanto, la maquinaria política y mediática de las principales capitales europeas repite, casi al unísono, la alerta contra la supuesta “amenaza rusa” representada por Vladímir Putin.

La propia declaración oficial de la Cumbre de Rovaniemi, realizada los días 13 y 14 de septiembre de 2026, acordó que la seguridad es el centro de las discusiones e insistió en la necesidad de fortalecer la presencia y la capacidad europeas en el Ártico, región considerada estratégica para la seguridad de todo el continente.

Pero hay algo profundamente más inquietante en esta escenificación. Esos dirigentes se disfrazan de portavoces de sociedades movilizadas para la guerra cuando gobiernan países profundamente divididos y desafían una creciente erosión de la confianza política. La distancia entre la retórica de los líderes y la disposición real de las sociedades que pretenden representar debería, por sí sola, recomendar prudencia. En lugar de eso, asistimos a la construcción de una atmósfera psicológica de choque. Y es justamente ahí donde comienza el peligro.

El riesgo real de autodestrucción

En primer lugar, simulan poder porque Europa no dispone hoy de todas las condiciones industriales necesarias para sostener autónomamente una movilización militar prolongada en la escala sugerida por la actual retórica de rearme. El propio esfuerzo europeo por reconstruir reservas, aumentar la producción de municiones y recuperar capacidad industrial demuestra hasta qué punto esa estructura ha sido reducida en las últimas décadas. Pero la cuestión más grave no es industrial. Es estratégica.

La Federación Rusa dispone de un enorme arsenal nuclear y ha desarrollado sistemas de ataques avanzados, incluso hipersónicos. Eso no significa que Rusia posea superioridad tecnológica en todos los campos, pero sí algo mucho más importante para esta reflexión: cualquier guerra directa entre la OTAN y Rusia involucraría fuerzas capaces de provocar una destrucción de escala civilizacional. Rusia y Estados Unidos siguen concentrando la abrumadora mayoría de las ojivas nucleares existentes, al mismo tiempo que los principales Estados nucleares modernizan sus arsenales y se debilitan los mecanismos de control de armas. Por lo tanto, tratar una confrontación directa entre Rusia y la OTAN como si fuera apenas una opción más de política exterior no es una demostración de valentía. Es jugar con una posibilidad cercana de autodestrucción.

Cuando se atraviesa cierto umbral, ya no existe garantía de que los acontecimientos permanezcan bajo el control de quienes los iniciaron. Éste es el punto que parece desaparecer de la actual teatralización belicista. Y hay algo todavía más perturbador. El lenguaje de la destrucción volvió a ser pronunciado abiertamente por los propios liderazgos occidentales.

En septiembre de 2026, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente Donald Trump llegó a advertir que Estados Unidos podría “aniquilar” a Irán si no se alcanzaba un acuerdo. Si una amenaza de esa naturaleza puede ser pronunciada ante las Naciones Unidas sin provocar una ruptura política proporcional a la enormidad de lo que se está diciendo, entonces algo profundamente grave está ocurriendo con la percepción occidental de los límites de la guerra. Porque la normalización del lenguaje de aniquilación no permanece necesariamente confinada al adversario contra el cual fue originalmente dirigida.

Hoy puede ser Irán. Mañana, en una espiral de escalada que nadie consiga ya controlar, podrían ser ciudades europeas. Es en este sentido que los actuales delirios belicistas dejan de ser una escenificación política y pasan a representar un peligro concreto de autodestrucción de la propia civilización europea. Europa, que durante siglos fue uno de los centros fundamentales de la civilización occidental, atravesó dos guerras mundiales y conoció directamente lo que significa transformar rivalidades políticas en guerras de aniquilación. Justamente por eso, cabría esperar que sus liderazgos fueran los primeros en comprender que una guerra entre potencias nucleares no ofrece una segunda oportunidad para corregir errores de cálculo.

Sin embargo, vemos dirigentes jugando con símbolos militares, discursos de movilización, enemigos existenciales y horizontes de confrontación como si aún estuviéramos en el mundo anterior a Hiroshima. La ficción consiste precisamente en eso: representar la guerra como un instrumento político todavía disponible sin enfrentar el final de aquello que semejante guerra podría significar. Y si la confrontación escapa al control, no serán solo gobiernos, partidos o alianzas militares quienes pagarán el precio. Podría ser la propia civilización que esos dirigentes afirman estar defendiendo.

¿Quién necesita la amenaza?

Entonces, preguntemos: ¿quién está detrás de toda esta falsedad? ¿Quién alimenta esta representación? ¿Quién necesita esta atmósfera permanente de amenaza? ¿Y por qué un orden político resquebrajado, sin legitimidad, parece encontrar en la perspectiva de la guerra una de las últimas coartadas para justificar su perennidad? La respuesta más ingenua consistiría en explicar esa patología en la tentativa de mantener regímenes impopulares bajo una imaginaria amenaza externa, al mismo tiempo que se condenan o reprimen fuerzas políticas emergentes, acusadas de “agentes externos” o instrumentos de una potencia enemiga; en este caso, vinculadas a la “bestia” rusa.

Hay, ciertamente, algo de eso. La historia registra numerosos ejemplos de gobiernos que recurren a la amenaza externa para reajustar cohesiones internas deterioradas, desacreditar adversarios y justificar medidas que, en circunstancias normales, encontrarían mayor resistencia. Pero esa explicación es insuficiente. Cuando hablamos de crisis, no nos referimos solamente a la legitimidad de un grupo de líderes europeos. La descomposición alcanza al propio sistema que los llevó al poder. Y es precisamente ese sistema el que se derrumba.

Desmoronamiento del orden liberal-financiero

El llamado “mundo basado en reglas”, la globalización financiera, el libre comercio elevado a dogma y la paulatina sustitución de la economía productiva por la intermediación financiera confrontan hoy el retorno del Estado nacional soberano. Este resurgimiento prioriza la política industrial, la seguridad energética, las cadenas productivas estratégicas y la defensa de los intereses económicos propios. Paradójicamente, dicho centralismo estatal podría mostrar también un camino para que Occidente recupere parte de sus raíces civilizatorias – esencialmente cristianas –, en las cuales el poder político no se concebía como algo absoluto, sino sometido a un orden moral superior.

En el fondo, detrás de estas quimeras se vislumbra una grieta aún más profunda: la crisis del modelo liberal-financiero articulado en torno a bancos centrales “independientes”. Esta lógica ha consolidado la creciente autonomía del capital frente a los Estados nacionales, impulsada por una concepción económica que, durante décadas, desplazó progresivamente el eje de la riqueza desde la producción real hasta llegar a la especulación rentista.

Las raíces de este entramado se remontan a la gestación del orden comercial angloholandés de los siglos XVII y XVIII, proyectado más tarde a escala global a través de la expansión imperial y bancaria británica. Con el paso del tiempo, ese modelo adquirió nuevas formas, pero conservó una característica esencial: la capacidad del poder financiero de proyectarse como una realidad exógena a la política y de presentar sus decisiones bajo la rúbrica de técnicas, neutrales e independientes de las elecciones soberanas de la sociedad. Es justamente esa arquitectura camuflada la que hoy comienza a ser cuestionada.

Una religión secular sin promesa de redención

El cerebro oculto de las oligarquías occidentales ha perdido la capacidad de generar ideas y proyectos capaces de movilizar a las sociedades hacia un horizonte prometedor. Esta esterilidad se refleja también en la mediocridad de gran parte de los liderazgos actuales, convertidos en meros administradores de un orden involutivo antes que en creadores de una nueva realidad política. Así, la política liberal se ha transformado en una especie de religión secular sin promesa de redención, siendo esta, tal vez, una de sus características más inquietantes.

Los grandes movimientos políticos de los siglos XIX y XX, incluso cuando condujeron a sociedades enteras hacia la catástrofe, todavía prometían alguna forma de redención histórica: la sociedad sin clases, la grandeza nacional, el imperio, la revolución, el hombre nuevo o un orden futuro supuestamente definitivo. En cambio, la religión secular del orden liberal en descomposición ya ni siquiera ofrece eso. Exige sacrificios sin presentar un paraíso futuro: demanda empobrecimiento en nombre de la estabilidad, pérdida de soberanía en nombre de las reglas, desindustrialización en nombre de la eficiencia y censura en nombre de la democracia. Finalmente, admite incluso el riesgo de la guerra para preservar un orden cuya finalidad ya no es capaz de explicar.

Ya no existe una verdadera promesa de redención. Existe solo la promesa de que el sistema seguirá existiendo. “Nosotros somos el jardín del Edén; el resto es la selva”. En ese punto, la política deja de defender a la sociedad y exige de la sociedad un sacrificio ciego para ¡defender el sistema! Es precisamente ahí donde una religión secular puede volverse autodestructiva: cuando la conservación del orden existente vale más que la conservación de quienes viven esclavizados bajo ese orden.

De la minoría creadora a la minoría dominante

Tal vez éste sea uno de los signos más profundos de agotamiento civilizatorio. Una élite deja de ser creadora cuando ya no consigue imaginar un futuro distinto de la simple continuación de sí misma, el gran historiador británico Arnold Toynbee percibió con enorme profundidad este fenómeno al distinguir la minoría creadora de la minoría dominante.

Una minoría creadora ejerce liderazgo porque ofrece respuestas capaces de inspirar adhesión. Su autoridad nace de su capacidad de responder a los desafíos históricos y producir nuevas formas de organización, cultura y de sentido del ser. Cuando esa capacidad desaparece, la antigua minoría creadora puede convertirse en una minoría dominante. Ya no conduce porque inspira. Se conserva porque controla. La persuasión es progresivamente sustituida por la disciplina; la imaginación, por la administración; el proyecto, por la propaganda; y la confianza, por el miedo. Es en ese momento cuando el sistema corre el riesgo de transformar su propia crisis en justificación para seguir existiendo. Cuanto más fracasa, más exige poder. Cuanto más pierde legitimidad, más necesita enemigos. Cuanto menos consigue imaginar un futuro, más dramáticamente necesita presentar el presente como una batalla existencial.

Cuando lo temporal ocupa el lugar de lo trascendente

Aquí es donde la reflexión del filósofo y politólogo germano-estadounidense Eric Voegelin (1901–1985) sobre las religiones políticas converge con la de Toynbee acerca de la desintegración de las civilizaciones. Cuando una sociedad pierde el referente de un orden trascendente, la necesidad humana de lo absoluto no se desvanece; simplemente se transfiere. La nación, la raza, la clase, el partido, la revolución, el mercado, las “reglas” o la democracia – entendida ya no en tanto régimen político, sino como categoría moral absoluta –: cualquier realidad temporal puede ser sacralizada y elevada a un estatus que no admite cuestionamiento. En este proceso, lo mundano usurpa el lugar de lo trascendente.

Sin embargo, existe una diferencia decisiva entre los antiguos movimientos políticos y esta potencial religión secular de un orden agotado. Los primeros prometían una redención futura, mientras que esta última parece exigir el sacrificio presente con el único fin de evitar el colapso del sistema. Se trata de una religión secular desprovista de escatología: sin paraíso, sin un hombre nuevo y sin un horizonte genuinamente inédito. Su único porvenir es la prolongación indefinida del presente.

Cuando el miedo sustituye a la imaginación

Tal vez sea exactamente esa ausencia de futuro la que explique la creciente importancia del miedo: al enemigo externo, a la ruptura, a la disidencia y a la pérdida de control. El temor a que aquello presentado durante décadas como inevitable deje súbitamente de serlo. Cuando un orden ya no consigue generar esperanza, se ve obligado a infundir pavor. Y si el terror sustituye a la imaginación, el conflicto puede convertirse en una vía de legitimación.

La guerra, entonces, deja de ser solo un instrumento externo de política para transformarse en una necesidad interna del sistema. Es justamente ahí donde los delirios belicistas contemporáneos adquieren una dimensión mucho más profunda que el debate cotidiano sobre Rusia, Ucrania, la OTAN o los gastos militares; la cuestión es civilizacional. Un orden que perdió la capacidad de proyectar su propio porvenir puede comenzar a aceptar riesgos que, en condiciones normales, parecerían impensables. Puede terminar confundiendo la continuidad de sus estructuras con la de la propia civilización.

Esta confusión es, tal vez, una de las más peligrosas que una élite pueda cometer. Las instituciones, los regímenes económicos y los esquemas políticos son históricos, mientras que las civilizaciones trascienden a todos ellos. Cuando un engranaje pasa a exigir que la humanidad se arriesgue para garantizar su propia supervivencia, la relación entre medios y fines se ha invertido por completo.

Las señales de un cambio de época

Es en este punto donde resulta posible hablar, verdaderamente, de autodestrucción. Una civilización puede comenzar a destruirse no por haber dejado de creer, sino porque transformó su propio orden histórico en un objeto de fe absoluta. Cuando los dirigentes dejan de proyectar un futuro diferente al que administran; cuando la guerra sustituye a la política y el miedo reemplaza al proyecto; cuando la conservación de las instituciones es más importante que las personas para quienes fueron creadas, no estamos solo ante una crisis política o económica. Nos enfrentamos a una profunda debacle civilizatoria.

El momento en que una élite pierde la capacidad de idear, crear y persuadir suele ser la señal premonitoria de que una época termina. Sin embargo, esto no significa necesariamente que la civilización esté condenada; puede implicar exactamente lo contrario. Indica que las estructuras incapaces de responder a los desafíos del presente están abriendo espacio para otras formas de organización, nuevas ideas y la recuperación de virtudes que parecían olvidados. Al fin y al cabo, el agotamiento creativo de un orden no agota la capacidad de invención humana. Cuando quienes gobiernan ya no conciben nada más allá de su propia perpetuación, quizá sea ese, precisamente, el primer indicio de que algo nuevo – completamente nuevo – está por llegar.

Las urnas electrónicas no son confiables

By: A A
6 October 2026 at 17:00

La paralización del recuento en Brasil revirtió la tendencia y salvó a Lula: las urnas electrónicas, opacas e inauditables, no son confiables.

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El escrutinio de los votos en la primera vuelta de las elecciones generales en Brasil fue motivo de gran controversia. Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, iba por delante de Lula en el recuento oficial, con un 49,6% contra un 42,2% para el presidente que busca su reelección.

Habían sido computadas el 64,8% de las secciones electorales hasta ese momento. Pero el recuento se paralizó por más de una hora. Extrañamente, los votos para gobernador, senador y diputados continuaron siendo contabilizados con normalidad. Solo el recuento presidencial se paralizó.

Y, aún más extrañamente, cuando el recuento presidencial se reanudó, la tendencia ascendente de Flávio Bolsonaro y la tendencia descendente de Lula se revirtieron. Los votos del candidato opositor cayeron, mientras que los del actual presidente aumentaron. Flávio Bolsonaro estaba a menos del 0,5% de la victoria que le otorgaría la banda presidencial. Perdió más de un 2%, terminando con un 47,03%, mientras que Lula ganó casi un 3%, terminando con un 45,16%.

Parecía que Flávio Bolsonaro destronaría a Lula ya en la primera vuelta. Pero, tras más de una hora de paralización en los recuentos, Lula logró recuperarse y la disputa se decidirá recién en la segunda vuelta.

El recuento se paralizó a las 19h06 (hora de Brasilia), con el 64,8% de las urnas escrutadas. Recién a las 20h08 se presentaron los nuevos resultados, ya con el 85% de las urnas escrutadas.

La justificación oficial fue dada por el presidente del Tribunal Superior Electoral (TSE), Kassio Nunes Marques, quien también es ministro del Supremo Tribunal Federal (STF). «Lo que ocurrió fue una congestión de datos. En cada elección, nos vemos sorprendidos por alguna contingencia, lo cual es natural para quien lida con sistemas complejos y tan variados», dijo. «A priori, no se sabe si esto fue derivado de otro problema. Lo que nuestra tecnología de la información constató fue un flujo [de datos] superior a lo normal, y esa congestión generó un atraso», completó.

Existe una propaganda violenta en Brasil, encabezada por la Justicia Electoral, para presentar a los ciudadanos que las elecciones son 100% limpias. El principal foco de esa propaganda son justamente las urnas electrónicas. Las instituciones judiciales y los medios de comunicación dan gran difusión a las palabras de la Justicia Electoral sobre la total confiabilidad de las urnas electrónicas, destacando, incluso, que son sometidas a pruebas antes del plebiscito y luego selladas para que nadie pueda acceder a ellas.

Entonces, ¿por qué las urnas sufrieron una especie de pánico, si habían sido rigurosamente examinadas? Pues, el sapientísimo TSE tiene pleno conocimiento del número de electores aptos para votar y del número de votos que pueden ser registrados en las urnas, incluso en cada sección electoral. La propaganda de la Justicia Electoral indica al público que las urnas están plenamente preparadas con anticipación para registrar y computar perfectamente los votos de los electores.

No debería ocurrir ningún flujo de datos «superior a lo normal» que llevara a la congestión del sistema, porque los datos y estadísticas más variados en relación con el registro de votos son conocidos y los cálculos son perfectamente realizables. La infalibilidad de las urnas electrónicas exige que todos los resultados posibles sean previsibles y que, por tanto, no haya ninguna anomalía.

¿Cómo es posible, entonces, que un sistema tan perfecto, como es el propagado por las instituciones del Estado brasileño, presente una falla que, después de ser supuestamente resuelta, haya modificado tan radicalmente la tendencia de los votos presidenciales?

Puede ser una coincidencia que Flávio Bolsonaro se haya desplomado y Lula haya subido después de la falla de las urnas. Pero, ¿quién sabe? El presidente del TSE reconoció que el sistema electrónico de votación es «complejo». Solo especialistas altamente capacitados, del propio TSE y de empresas de tecnología, consiguen acceder a él y comprenderlo, de acuerdo con la Justicia Electoral. Así pues, está en manos de esos especialistas —que son 150 técnicos desconocidos del público— el destino de un país entero para los próximos cuatro años. El cálculo de los votos que salen de las urnas es totalmente automatizado, no pasa por ningún ser humano. Un número aún más selecto de 22 funcionarios accede a la totalización automatizada de los votos.

Esto significa que 214 millones de brasileños necesitan confiar en esos 150 o 22 sacerdotes egipcios para interpretar esa ciencia oculta. Deben ser los seres más iluminados del planeta Tierra, 100% íntegros, honestos, inmaculados y vírgenes. Incluso los ministros del STF, presentados a lo largo de los últimos 15 años como individuos impecables, probos y castos, aparecen ahora envueltos en el mayor escándalo de corrupción de la historia reciente de Brasil, pero esos especialistas anónimos merecen la más absoluta confianza de los ciudadanos.

Fue por motivos así que la Corte Suprema de Alemania declaró el voto electrónico inconstitucional: «cada ciudadano debe ser capaz de comprender y verificar las etapas centrales de las elecciones de forma confiable y sin ningún conocimiento técnico previo especializado».

El veredicto, fechado en 2009, concluye:

«Un procedimiento electoral en el que el elector no pueda comprender, de manera confiable, si su voto fue registrado de forma infalsificable e incluido en el escrutinio del resultado de la elección, y cómo el total de los votos expresados es atribuido y computado, excluye elementos centrales del procedimiento electoral de la vigilancia pública y, por tanto, no cumple los requisitos constitucionales.»

El sistema judicial brasileño está sumido en su mayor crisis histórica y vive un verdadero western, con peleas partidistas interfiriendo en el funcionamiento de los trabajos. El partidismo, de hecho, contaminó a la mayor parte del poder judicial, incluido el TSE. En la recta final de estas elecciones, decisiones de la Justicia Electoral, apoyadas por el ala dominante en el STF, favorecieron a Lula.

Es evidente que esa ala dominante (representada por los ministros Alexandre de Moraes, Gilmar Mendes y Flávio Dino) no quiere la victoria del bolsonarismo, pues este es su enemigo político declarado. Esos ministros actuaron, en los últimos años, como verdaderos justicieros contra el bolsonarismo. Ahora que ellos mismos fueron sorprendidos en relaciones extremamente promiscuas con un banquero que corrompió a incontables altos funcionarios del Estado, su carrera burocrática está amenazada. La continuidad de Lula es una esperanza de salvación para estos señores, pues el presidente está comprometido con ellos y no puede romper ese compromiso sin arriesgar la propia cabeza, dado el nivel de dependencia que Lula contrajo en relación con los mandamases del STF. Ya una elección de Flávio Bolsonaro tendería a conducir a un choque con los cabezas de esas instituciones, aunque el propio candidato opositor no ha demostrado gran disposición a enfrentarlos, porque los que controlan las elecciones en Brasil (el capital financiero internacional) exigen moderación y pacificación; de lo contrario, dificultarán la vida de cualquiera que se elija presidente.

Y el pueblo es tratado como ganado, víctima de un sistema que no puede comprender, para perpetuar su explotación a través de la escenificación de la «fiesta de la democracia».

El discreto «desencanto» de ser nazi: Friedrich Merz camina por Kiev

By: A A
5 October 2026 at 13:35

Merz caminó por Kiev. Hay una foto de él andando por ahí en una calle. Pero no es sólo él. En sus zapatos resopla toda la frustración de toda la Alemania neonazi.

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No hay mejor tranquilizante que un Martini seco. Lo leí en una revista femenina. […] Desafortunadamente estos vasos no son los correctos, los estilos cambian.

Para un Martini seco, lo ideal es una copa en forma de cono.

Obispo: He oído que es un país magnífico: la Gran Cordillera, las pampas…
Embajador: La pampa está en Argentina, monseñor.
Obispo: La pampa. Por supuesto. […] Había fotos de tus antiguas pirámides.
Embajador: No tenemos pirámides en Miranda.

Luis Buñuel 1972 “El discreto encanto de la burguesía” Fragmentos.

Friedrich Merz, actual canciller alemán, con lazos y devociones por el nazismo, -como su abuelo paterno Josef Paul Sauvigny, quien fuera afiliado al Partido Nacionalsocialista Alemán (National Sozialistische Deutsche Arbeiter Partei NSDAP) del partido Nazi y que también estuvo en las S.A. (Sturmabteilung – sección de asalto) así como su padre, Joachim; soldado de la Wehrmacht- caminó por Kiev este pasado domingo cuatro de octubre, mismo día en que su país celebra ‘la unidad alemana’.

En un arrebato desesperado entre su propia realidad de fracaso en las urnas y el delirio de la revancha nazi que se le escapa de las manos en el frente ucraniano contra la Federación Rusa, heredera del triunfo soviético de 1945, Merz, uno de los peores políticos que riñe en mediocridad con otros como Macron, Meloni, Sánchez y los incontables primeros ministros ingleses, arribó a decirle a Zelensky que contara con Alemania, o sea, con el dinero de los alemanes en quiebra energética y que deben cumplir con el sagrado mandamiento dejado por Angela Merkel de pagar cuotas mensuales a migrantes africanos para que vivan mejor que los ciudadanos alemanes.

Pero, ¿contar con cuál Alemania? – se podría preguntar el propio Neonazi Zelensky. De hecho, de paso le dijo que solo podría entrar Ucrania a la Unión Europea en calidad de observador. Zelensky respondió que, o entran como socios con plenos derechos o no entran.

Merz viajó al menos dos veces como líder de la oposición a Kiev y tan pronto fue nombrado primer ministro -como lo hizo su par inglés, Andy Burnham- fue a Kiev en visita oficial a ofrecer más armas, dinero, cooperación industrial para desarrollo de drones y apoyo. Todo ello bajo el mantra de: ‘Rusia quiere invadir Europa’, o, ‘si no ayudamos a Ucrania, seremos los próximos’.

En otras ocasiones cuando iban de visita altos funcionarios europeos, Rusia mermaba las hostilidades y la capital ucraniana descansaba de los bombardeos; tal como señaló Zelensky durante la visita de Steve Witkoff y Jared Kushner en el mes de septiembre. Tales bombardeos intensificados como retaliación rusa a los ataques a civiles y centros energéticos en la Rusia profunda.

Es claro que los viajes a Ucrania de Merz, así como de otros europeos con herencias nazis, implica una peregrinación santa a esa punta de lanza que logrará, con la ayuda de las almas de todos los nazis bien muertos, sepultos e insepultos entre 1939 y 45, derrotar a los eslavos herederos soviéticos, a esos ‘orcos’ como suelen llamarles a los rusos.

Esta peregrinación es mística. Además, es el reto a ser un mártir por aniquilación de algún drone Geran, un misil Kinzhal, tal vez por un Skander M y por qué no, ser atomizado por un Oréshnik. Esto es una posibilidad latente. Los altos mandos rusos instaron a no viajar a Ucrania. Ya hay bombardeos a los puentes de Kiev. Quedará cerrada como una isla al otro lado del Dniéper. Es posible que esta sea la última vez que un europeo vaya a Kiev y salga vivo.

Así, Merz, un derrotado pronazi de hueso colorado se paseó una vez más por la capital ucraniana. La escena es tan absurda y cosmética como las escenas de la película de Buñuel, El discreto encanto de la burguesía, con las que inicio este escrito.

Aquella comedia hecha por un renombrado surrealista, utiliza la sátira y el refinamiento sobreactuado de burgueses que cada vez que intentan cenar juntos son interrumpidos por situaciones absurdas. Como señalan en el análisis crítico de la película:

Cada vez que están a punto de sentarse a la mesa, algo absurdo o inquietante interrumpe el acto: confusiones de horario, la muerte del dueño de un restaurante, un pelotón militar, un obispo que aparece de repente, sueños que se confunden con la realidad, etc.

La película no tiene una trama lineal clásica. Es una sucesión de intentos fallidos de cenar, intercalados con sueños de los personajes y situaciones cada vez más surrealistas. El acto de comer (símbolo de civilización, placer y status) se convierte en algo imposible. […]

Pero es precisamente esto lo que la obra señala en última instancia: la vida que llevan los individuos que forman parte de la alta burguesía es irreal, un espejismo, un islote en medio del océano de la verdadera realidad. A pesar de que su aislamiento propicia el empobrecimiento del resto del mundo, ni siquiera de este modo logran ser felices y esta frustración se ve reflejada en especial en la imposibilidad de conseguir lo que con más ímpetu desean, simbolizado aquí por la comida que no consiguen disfrutar nunca y por la inconveniencia de practicar sexo cuando y con quien desean.

Merz vive el discreto ‘desencanto’ de encarnar a un nazi de tercera generación sin chance de ganar lo que tampoco ganaron abuelo y padre. Merz es como una película que además de hablar de la mediocridad y la derrota, es de bajo presupuesto, reforzando por inercia la idea de derrota y mediocridad.

Se pasea por Kiev, una vez más, con el anhelo y el espejismo febril, nada discreto de triunfar sobre Rusia.

Lo que en la película es para los burgueses el deseo frustrado de ser felices en una cena, como hecho imposible lo es para Merz el no ser un nazi triunfando sobre un heredero de los padres y abuelos soviéticos. Además, Merz en realidad ha encarnado ya la personificación del desfase, de la ubicuidad errática: ¿Por qué sale de Alemania el día que allí celebran el día de la unidad alemana?

Merz sale de allí porque esa Alemania, esa que lo derrotó en las urnas hace unas semanas, no sustenta a la nación germana de su imaginación. Aquel campo onírico de Buñuel toma sentido en este ‘loco’ transeúnte por Kiev. Lo que danza en la amplia frente de Merz está hecho de esvásticas, columnas enormes, águilas imperiales, runas, antorchas, cuerpos esculpidos a imagen del ario que soñó su ídolo, Adolfo.

El día de la unidad alemana, habrá negros y musulmanes, quizá latinos, fornicando con las mujeres alemanas. Eso sí, a la luz de ‘antorchas’, debido a la crisis energética que asumieron Olaf Schulz y su gobierno de abyectos, al avalar el ‘Ka boom’ del Nord Stream.

Cada vez que quiere sentarse a la mesa con Zelensky, éste le recuerda que es el monstruo que creó la Unión Europea y EE.UU. y que le han subestimado como un simple histrión. Entonces, la cena fracasa. El ‘duende verde’ acosado por los neonazis de Azov sólo repite los mantras de ‘más dinero’, ‘pago a funcionarios’’, dinero para la guerra’, ‘escudo antimisiles’, ‘ingreso a la OTAN y a U.E.’ etc. La cena se frustra, pero es necesaria la esperanza para continuar con la trama, el anhelo por lograr la gran cena final: derrotar a Rusia.

Como en la descripción de la película, la vida de estos capitalistas, tecnócratas, burgueses neonazis empobrece a sus sociedades. Mientras, la cena anhelada que costará mucho dinero, se escapa entre el realismo de la incapacidad alemana por un rearme eficiente y donde sus jóvenes no desean prestar servicio militar, no hay dinero y su base industrial está rezagada al menos quince años detrás de la rusa.

Siempre que Merz se quiere sentar a cenar sabe que algo pasará y está pasando: Rusia sigue avanzando hacia occidente, para ubicarse allí, en esas calles donde aún él y el neonazi Volodómir caminan. Sólo queda un 9% del Donbás en manos de los ucronazis respaldados por la OTAN. El sueño húmedo de este nazi está por finalizar.

Al igual que la forma en que Buñuel dispuso ese ‘encanto’ burgués, la trama hecha por Merz, y toda su camarilla europea sufre de confusiones de horario, no linealidad y coherencia en el discurso, lo que deviene en la eterna frustración de no lograr lo que con tanto ímpetu desean.

Por ejemplo, el señor Friedrich ha señalado varias veces que Rusia es débil y va perdiendo la guerra y que por eso es clave apoyar a Ucrania. Por otro, dice que de ganar Rusia avanzará hacia Europa. Entonces, o es débil y puede ser derrotada o es fuerte y puede avanzar hacia Europa. No puede ser las dos cosas.

En cuestión de tiempos, tampoco le da o les da a los nazis y europeos colaboradores de éstos. No hace falta sino ver las más de treinta mil sanciones impuestas a Rusia para comprender cómo sus cálculos de tiempo sobre una Rusia que caerá, cada vez de manera definitiva, han fracasado. Más de veinte veces la cena surrealista, la cena antropofágica devoradora de rusos y Rusia se ha frustrado.

También han apostado a que, con el tiempo, el presidente Putin perdería apoyo de la sociedad y, por el contrario, su partido Rusia Unida, lideró y aumentó posiciones en la pasada jornada electoral, que fue acechada por drones y ataques ucronazis. De nuevo, el burgués nazi no comió.

Las declaraciones de Merz acerca de Rusia nunca han sido amables. El gobierno alemán se encuentra en pie de guerra con los puños apretados, impotente y alucinando. En la asamblea anual de Naciones Unidas, la parte alemana solicitó a los rusos una reunión. La misma duró veinte minutos, tiempo suficiente para insultar al canciller Lavrov y fijar ultimátum a Rusia:

El contenido de la conversación se centró en la guerra en Ucrania y las relaciones bilaterales. Wadephul exhortó al Kremlin a “abandonar la peligrosa senda de escalada frente a Alemania, Europa y la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte)”, citó una fuente alemana recogida por Reuters y AP. El ministro germano también insistió en que Rusia debe facilitar un acuerdo para reactivar las exportaciones de cereales por el mar Negro, afectadas por ataques a infraestructuras y barcos de ambos países.

No obstante, Lavrov aseguró que “no surgió nada nuevo” tras el diálogo, y posteriormente aprovechó su discurso ante la Asamblea General para reforzar la postura rusa sobre la guerra e intensificar las críticas contra Occidente, incluida Alemania. El ambiente previo al encuentro estuvo marcado por señalamientos bilaterales: Wadephul denunció crímenes de guerra rusos en Ucrania y abogó por incrementar la presión internacional sobre Moscú, al tiempo que expresó desconfianza sobre la voluntad real del Kremlin de negociar la paz.

Es una clara ofensa al canciller y el pueblo rusos, citar a éste a una reunión en donde le exige lo que se vio en los párrafos anteriores. Los alemanes neonazis quieren cenar y no pueden. Se frustran y explotan a su pueblo.

En contra eso sí de cualquier libreto surrealista de Luis Buñuel, quien no tuvo tanta creatividad o no conocía ni imaginaba este tipo de burgués, los alemanes mientras izan su brazo derecho con los dedos puestos como una saeta para saludar el alma de Hitler, de una esvástica o a la raza blanca superior, entregan los vientres de sus mujeres y los impuestos de sus ciudadanos a comensales no arios. Otra escena absurda de esta película de bajo presupuesto.

Merz caminó por Kiev. Hay una foto de él andando por ahí en una calle. Pero no es sólo él. En sus zapatos resopla toda la frustración de toda la Alemania neonazi; el discreto y terrible desencanto de ser perdedores, para fortuna del mundo una vez más en menos de cien años y nuevamente gracias a Rusia. Ojalá ahora desaparezcan para siempre. ‘Good Bye Merz’.

Francia en medio de protestas, incendios y algo más que una deriva estratégica

By: A A
4 October 2026 at 16:30

Francia lamentablemente se sumerge en días de oscuridad a medida que el reinado de Emmanuel Macron atraviesa sus últimos momentos.

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Estos días de decaimiento y desorden evidentes, es, en gran parte, una responsabilidad del formato de gobernanza de Macron y, en todo el país, se tiene como una verdad máxima que Macron y la decadencia son como el cuerpo y la sombra.

Un Macron que muchos presagiaban, allá por el 2017, que sería un símil de Napoleón Bonaparte, diez años después -afirman millones de ciudadanos franceses- se visibiliza como un arlequín de las peores y trágicas comedias que tiene la historia de Francia.

Ya, en legiones, analistas, académicos y periodistas hablan, sin exageración, de que el estado francés se tornó incapaz, incompetente, sin darle ni siquiera una sola solución al pueblo. Los sociólogos ven que hoy, respecto de 2017, la sociedad está más dividida, enfrentada y desgobernada.

Los informes serios señalan que si no hay un cambio central de los acontecimientos, el país no podrá salir de la deriva en la cual se encuentra.

Esta tendencia de desvío no sólo es estratégica, sino que es fundamentalmente existencial.

Le Fígaro subrayó, el 1 de octubre, que el giro y la escalada del movimiento estudiantil de los institutos tambalean al Ejecutivo, informando que, el jueves, se multiplicaron los disturbios -con o a partir de los estudiantes- en 900 establecimientos y que la policía detuvo 1949 personas.

Este periódico enfatizó que, en estos incidentes, se identificaron tres tipos de actores: el altamente politizado, el meramente estudiantil y el barrial representado por los sectores marginales.

Otros reportes de la prensa, indicaron que gente afín a La France insoumise, o que antes estuvieron orgánicamente en esa estructura, fueron señalados como participantes de la ola de revueltas e incidentes que se produjeron en todo el país.

Uno de estos partes periodísticos, mencionaron el nombre de Ritchy Thibault, que fue asesor parlamentario de una diputada de izquierda y que también estuvo en los Chalecos Amarillos. Thibault se halla entre las casi 2000 personas que fueron detenidas el jueves. Vamos a levantar barricadas. Vamos a prender fuego al Palacio del Elíseo. Vamos a iniciar una revolución, dijo esa persona en un video que grabó el mismo para incentivar, según la policía, a la generación de disturbios.

En las redes sociales, proliferan, junto a los mensajes de los participantes de la revuelta, publicaciones de ciudadanos y líderes de espectros políticos diferentes de la izquierda llamando a la calma y que el orden sea restablecido.

Entre estos pronunciamientos, están los que distinguen las protestas de los bomberos -sin caos ni violencia- con las de los estudiantes y sus aliados u oportunistas de los barrios donde la delincuencia predomina como sistema de vida.

Algunas versiones ponen el foco en que, aparentemente, Macron también estaría utilizando estos hechos de violencia para terminar represaliando a los auténticos disidentes.

Cabe consignar que, este tipo de opinión, suele aparecer frecuentemente, desde hace, por lo menos, una década en ciertos foros políticos frente a entornos como el que hoy vive Francia.

Publicado originalmente por Geopolítica rugiente

Amenaza de EE.UU a empresarios argentines

By: A A
3 October 2026 at 16:58

La Embajada de los Estados Unidos en Argentina envió una advertencia a la Cooperativa CALF, principal distribuidora de energía eléctrica de la Patagonia: amenazó con la revocación o denegación de las visas de ingreso a EE. UU. a un total de 18 directivos de la entidad (16 integrantes del consejo de administración y dos síndicos).

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El mensaje de la diplomacia norteamericana busca interrumpir las negociaciones entre la cooperativa neuquina y la tecnológica china Huawei para construir un data center regional con equipamiento de esa firma.

Según trascendió, la intromisión de Washington responde a cuestiones de seguridad nacional y geoestrategia, debido a que la administración de Donald Trump considera a Huawei una amenaza ligada al Partido Comunista y al Ejército del gigante asiático, susceptible de ser utilizada para espionaje. A esto se le agrega la proximidad a Vaca Muerta. Temen que la posibilidad del crecimiento de la infraestructura tecnológica china impacte sobre el yacimiento, donde operan inversores estadounidenses como Chevron y Continental Resources…

Publicado originalmente por  Pagina12

Se prevé que se desate el caos para finales de Septiembre

By: A A
2 October 2026 at 14:44

Período de máximo riesgo: del 30 de septiembre al 3 de noviembre. Asia Occidental está a punto de estallar.

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El presidente sociópata de Estados Unidos hizo caso omiso por completo de la solución china para poner fin al drama iraní, presentada en persona en la Casa Blanca por el presidente Xi Jinping el pasado jueves.

En esencia, Xi le dijo a Trump que la salida está justo frente a él: volver al «gato muerto» asesinado en serie, el memorando de entendimiento (MoU), firmado y luego destrozado por Trump. China, dijo Xi, está lista para apoyar plenamente este regreso a la diplomacia.

Como era de esperarse, el sociópata rechazó no solo la oferta de Xi, sino también la propuesta iraní de siete días, paso a paso, para volver a las negociaciones, presentada por el ministro de Relaciones Exteriores Araghchi en Nueva York.

En realidad, esta combinación debería considerarse como la propuesta China-Irán: un conjunto de Términos Finales, cuidadosamente ajustados por Araghchi y Wang Yi en dos reuniones sucesivas, primero en la cumbre del BRICS en Nueva Delhi y luego en Pekín.

Trump no solo rechazó la oferta de paz, sino que se jactó —ante las carcajadas del mundo entero— de que Estados Unidos tiene «control total» del «Estrecho de Trump».

El desaire de Trump ha molestado profundamente tanto a Wang Yi como al presidente Xi. En la cultura asiática, eso se traduce en la peor forma de perder prestigio: el rechazo de una recomendación formulada oficialmente por el más alto nivel del gobierno.

Así que cabe esperar que la respuesta china sea tan virulenta como un trozo de seda empapado en veneno. Pekín apoyará a Teherán ahora con aún más ferocidad, en más de un sentido.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), por su parte, respondió cerrando aún más el estrecho de Ormuz. En cuestión de 48 horas, Irán incendió nada menos que 19 petroleros que intentaban cruzar sin seguir los procedimientos de la Armada del IRGC y la PGSA, cuotas incluidas.

Eso generó un chiste que se volvió viral en toda Asia Occidental: que alguien le diga a Trump quién manda en el estrecho.

Teherán jugó sus cartas diplomáticas en Nueva York con extrema delicadeza. No solo obligaron al neo-Craso/neo-Calígula/Goldfinger a rechazar públicamente una oferta de paz, sino que lo convencieron de que anunciara un “Remix del bombardeo a Irán” después de las elecciones de mitad de período; ahora todo el planeta tiene claro que al sociópata le importa un comino la avalancha superpuesta de crisis globales económicas, de combustible y de alimentos. De hecho, él es su autor.

A esto se suma una actuación impecable del presidente Pezeshkian, no solo en el podio de la ONU, sino también en la reunión con los directores de los centros de estudios estadounidenses y los editores de los principales periódicos en un hotel de Nueva York. Pezeshkian ganó la guerra mediática justo en la guarida del enemigo: esa es una hazaña para la historia.

Trump cierra la puerta que Teherán abrió, pero el reloj sigue corriendo

El bloqueo de Ormuz tiene tantas fugas como si no hubiera un mañana. Gran parte del tráfico pasa por petroleros saudíes e iraquíes, con toneladas de petro-yuanes cambiando de manos.

El contrabando es rampante incluso en el corredor de Omán, teóricamente controlado por Estados Unidos, donde el petróleo iraní se traslada tanto a petroleros oficiales como a los de los jeques petroleros en la sombra.

Nadie supera a los persas en lo que respecta a estrategias de contrabando y supervivencia tras 47 años de sanciones. Todo eso mantiene a bordo a los clientes de energía: China, el sudeste asiático e incluso Corea del Sur.

Este miércoles se cumple el plazo de 45 días establecido por Teherán el 16 de agosto para que termine el bloqueo naval de Trump. O de lo contrario. El 30 de septiembre también es, casualmente, la fecha límite establecida por los iraquíes para que Estados Unidos se retire definitivamente de Irak.

Y todo eso se superpone con la reciente fecha límite de 4 a 5 días fijada por Mohsen Rezaee, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional (SNSC) y número dos de facto en Irán, para que los estadounidenses pongan fin al bloqueo. Esa fecha cae en lunes, hoy.

En resumen: mientras Washington cerraba la puerta que Teherán había abierto, el reloj de Teherán siguió corriendo. Se confirmó a nuestro canal Transition Protocol que los altos mandos políticos y del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) ya han decidido qué vendrá después.

Mantendrán el rumbo hasta este miércoles. Y si no hay un camino hacia una resolución en los términos que el presidente Xi le expuso a Trump en el Despacho Oval, Teherán está listo para tomar cinco medidas cruciales:

1).Ampliar el campo de batalla más allá de Ormuz hasta el Océano Índico. 2.) Reservarse el derecho de atacar a cualquier buque de la Armada estadounidense que imponga el bloqueo. 3.) Colaborar con Ansarallah para extender el bloqueo hasta Bab al-Mandab. 4.) Actuar de manera preventiva contra las concentraciones militares que considere amenazantes. 5.) Restringir la aviación de cualquier nación que se sume al bloqueo aéreo.

Sin límites. Literalmente.

Así que, por el momento, tenemos una ominosa advertencia sobre el Océano Índico; una amenaza confirmada contra todos los centros de despliegue de EE. UU. si Washington ataca; y una doctrina de ataque preventivo declarada.

Lo que aún no tenemos es una orden para atacar directamente a los buques estadounidenses.

En el frente aéreo, Irán apostará por la reciprocidad; no por misiles.

La postura de los líderes iraníes respecto a las sanciones secundarias de EE. UU. contra prácticamente cualquier aeropuerto del mundo que reciba vuelos iraníes es bastante clara:

Si nuestros aviones no despegan, entonces los suyos tampoco lo harán».

Así lo expresó el asesor del Líder Supremo, Mohammad Mokhber. El sábado, Mohsen Rezaee dijo que Irán no responderá a la prohibición de manera militar; que está negociando con los Estados involucrados; y que cuenta con «múltiples opciones no militares» para algunos aeropuertos.

Además de las grandes potencias, China y Rusia, varios países —entre ellos Turquía, Malasia, Vietnam, Uzbekistán, Tayikistán y Kazajistán— están ignorando por completo el asedio aéreo imperialista contra Persia.

Luego está el caso extraordinario de Irak.

La Resistencia iraquí fue la primera en dar un paso al frente para declarar que atacaría los aeropuertos del CCG. Luego, varios clérigos de alto rango en Nayaf y Karbala protestaron al unísono y le quitaron la legitimidad al gobierno títere de Bagdad.

Enormes protestas también sacudieron a Basora —la capital de la riqueza petrolera de Irak, donde habitan tribus beduinas chiitas armadas hasta los dientes (las recuerdo con cariño, de principios de la década de 2000)—.

Uno de sus jeques le dio a Bagdad 48 horas para poner fin a su complicidad con el asedio de Estados Unidos contra Irán. Así que, al final, podría haber una excepción para los vuelos entre Irán y Nayaf —que básicamente transportan peregrinos—.

El reloj de Irán y el reloj de EE. UU.: la Ventana de Riesgo Supremo

Ahora, pasemos al frente del Mar Rojo.

Esa insignificante «coalición de los dispuestos» —los jefes de Estado Mayor de Arabia Saudita, Turquía y Pakistán, reunidos en Riad el viernes pasado como miembros de la Alianza de Defensa de La Meca— pasó de las palabras vacías a tal vez un intento de acuerdos operativos, aunque no anunciaron ataques conjuntos contra Yemen.

Ansarallah no está precisamente temblando de miedo. Lanzaron drones hacia Riad y misiles hacia Khamis Mushait, calificando sus operaciones de «ensayo» para una escalada a gran escala.

Solo hay que esperar la próxima tormenta yemení.

Yemen hierve de rabia después de que los saudíes bombardearan un mercado abarrotado en Taiz, matando e hiriendo al menos a 50 personas, entre ellas mujeres y niños, según un recuento preliminar. Esto tuvo que haber contado con información directa de inteligencia y ISR (Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento) del CENTCOM y del «culto de la muerte».

Según fuentes yemeníes en Saná, Ansarallah podría estar a punto de imponer un embargo aéreo a Arabia Saudita. Riad ya se está sumiendo en un «agujero negro», lo que incluye obligar a Google y a los satélites occidentales a censurar la evidencia de la infraestructura petrolera destruida y los sitios en Riad, Jizan, Abha y Najran.

Por lo tanto, sigue siendo alta la probabilidad de que Irán y/o Ansarallah emprendan acciones significativas contra los activos navales de EE. UU., las rutas marítimas más amplias o el desvío saudí hacia Yanbu, hasta el final de esta semana.

Sin embargo, el resultado más probable sigue siendo un estancamiento ultrarmado en el que Teherán envíe señales en lugar de lanzar ataques el 30 de septiembre.

Hecho comprobado: el lapso entre el reloj de Irán y el de Washington —del 30 de septiembre al 3 de noviembre— es ahora la Ventana de Riesgo Supremo.

Los verdaderos polos de la civilización árabe frente a los pastores de camellos ignorantes

Y eso nos lleva a una revelación clave de una fuente con acceso a la sala de la alianza de alto nivel entre China, Pakistán e Irán.

La fuente confirmó que, tras la visita de Xi a EE. UU., Wang Yi y el ministro de Relaciones Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar, mantuvieron una conversación directa y de alto secreto.

Pekín se dio por vencido con respecto a Washington y ahora está volviendo a jugar su carta a través de Islamabad, encargando abiertamente a los más altos niveles del gobierno que contengan la crisis.

A los pakistaníes se les ha encomendado intervenir en nombre de Pekín y Teherán tanto ante Trump como ante MbS antes de que la escalada alcance una etapa crítica esta semana.

Lo que esto implica es que, sin duda, Pakistán —nadie sabe qué pasará con Turquía— no apoyará a Arabia Saudita en su supuesta ofensiva masiva planeada contra Yemen.

Esto lo confirmó otra fuente de alto nivel en Islamabad; el gobierno pakistaní ciertamente ha hecho sus cálculos y sabe que ayudar a salvar a la insalvable Casa de Saud enterrará el papel de Pakistán como mediador entre Irán y EE. UU.: quedará tan muerto como el memorando de entendimiento de Islamabad, que ya no sirve para nada.

Nunca está de más recordar que, durante siglos, Bagdad, Damasco, El Cairo y Saná constituyeron los verdaderos polos civilizatorios de los árabes sufíes cosmopolitas.

Nada que ver con los estúpidos pastores de camellos que componen la espantosa Casa de Saud.

Y eso se relaciona con los dos imperativos categóricos principales del Sindicato de Epstein.

Quieren la destrucción de Persia —el genocidio nuclear anunciado desde la tribuna de la ONU por el sociópata presidente de los Estados Unidos—. Eso debería ir acompañado de la destrucción del Eje Árabe de Resistencia —en el Líbano, Irak y Yemen—.

Y luego, también la destrucción de los estúpidos jeques petroleros del CCG, porque seguirían siendo demasiado ricos, influyentes y posiblemente impredecibles una vez que el Eje de Resistencia haya dejado de existir.

Entra en escena el líder del culto a la muerte en Asia Occidental, quien el domingo voló «en secreto» en un avión privado a Abu Dabi para reunirse con MbZ.

Pasó todo el día en los Emiratos. No hubo ninguna filtración sobre la reunión. Esto ocurrió justo después de que el líder del culto a la muerte demonizara una vez más a Irán en la ONU.

Ahora está claro que Yemen y Persia vienen en un mismo paquete: los dos frentes privilegiados del escenario de Asia Occidental.

Presten atención a las consecuencias de esta reunión «secreta» entre el culto a la muerte y los sionistas árabes. Asia Occidental está a punto de arder hasta llegar a los cielos.

Traducción:  Observatoriode trabajador@s en lucha

¿Qué está pasando realmente en Venezuela?

By: A A
1 October 2026 at 13:00

¿Hasta dónde más está dispuesta a llegar Delcy Rodríguez? He ahí la cuestión.

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El año 2026 está pasando rápido. De hecho, no falta mucho para que termine. Aun así, recordamos muy bien cómo se abrió este año: el 3 de enero los EE.UU. realizaron una operación militar en Caracas, en la cual secuestraron al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa, Lícia Flores. Durante esa operación, buena parte de los guardaespaldas de Maduro perdió la vida. Maduro estaba cerca de un búnker, pero no logró llegar y sellar la puerta a tiempo antes de ser capturado.

En su lugar, asume Delcy Rodríguez, apoyada por su hermano Jorge Rodríguez, que preside la Asamblea Nacional, por el Ministro del Interior Diosdado Cabello, y por Vladimir Padrino López, que controla a los militares. Lejos de apostar por “elecciones libres y democráticas”, los EE.UU. refrendaron la continuidad política bolivarianista, manteniendo a Delcy Rodríguez en el poder. Maria Corina Machado, sucesora de Juan Guaidó en el proyecto de “revolución de color” venezolana, ya cayó en el olvido.

¿Qué realmente aconteció cuando el secuestro de Maduro? Las circunstancias nunca quedaron suficientemente bien explicadas y seguimos nadando entre rumores y chismes. Ocasionalmente, emergen informaciones inverificables de que algunos elementos del equipo de seguridad de Maduro lo habrían vendido a cambio de compensación financiera, nunca pagada por los EE.UU. De hecho, el gobierno interino de Venezuela hizo diversas alteraciones en la guardia presidencial después del secuestro, incluso mientras niega que haya habido cualquier traición.

Pero la gran duda es qué pasó con todo el equipo militar ruso y chino adquirido por Venezuela. ¿Por qué no fue usado el 3 de enero? Estamos hablando, por ejemplo, de radares chinos JY-27A, JYL-1 y JY-11, algunos de los cuales tienen capacidad anti-stealth, así como de cazas rusos Sukhoi Su-30 y de sistemas antiaéreos rusos como el S300 y el Buk-M2. Nada de eso parece haber sido utilizado durante el ataque de los EE.UU. ¿Falta de mantenimiento? ¿Falta de preparación de los soldados venezolanos? No se sabe.

Desde entonces, Delcy Rodríguez ha sido extremadamente criticada, por antiimperialistas extranjeros, por su postura conciliacionista con los EE.UU. Siempre que aparecen noticias de una reunión de la presidente interina de Venezuela con algún representante de los EE.UU., tal como Dan Caine del Estado Mayor Conjunto de los EE.UU., con Marco Rubio o, tal como recientemente, con Donald Trump, abundan las críticas. Lo mismo cuando el gobierno venezolano emite sus ya ahora típicas notas oficiales celebrando la “colaboración” con los EE.UU., la “mejora en las relaciones”, las “oportunidades de inversiones”, y así sucesivamente.

Ahora, en alguna medida, es bastante fácil criticar al gobierno interino de Venezuela estando fuera de Venezuela y sin tener que lidiar con el mismo tipo de presión. En un sentido práctico y material, ¿de qué opciones dispone Venezuela hoy? ¿En qué medida puede desafiar directa y abiertamente a los EE.UU.?

La versión ofrecida por los partidarios del actual gobierno venezolano es que la prioridad de Delcy Rodríguez es preservar el sistema político bolivariano y conseguir la devolución de Nicolás Maduro. La soberanía económica puede, hasta cierto punto, ser sacrificada en el corto plazo; la estructura de poder no, ya que esta es más difícil de reconstruir o recuperar si deja de existir. En este sentido, Delcy Rodríguez estaría ofreciendo concesiones a los EE.UU. con el objetivo de ganar tiempo, aguardando hasta que cambios políticos dentro de los EE.UU. – como una derrota de Trump en las midterms o, tal vez, en las próximas elecciones presidenciales – traigan algún escenario más favorable.

La narrativa es plausible y, sinceramente, en el lugar de Delcy Rodríguez yo haría lo mismo. No parece haber muchas otras opciones, en este momento, para Venezuela, además del control de daños.

Pero ¿cuánto es posible ceder?

En apenas 1 año vimos el retorno de la Embajada de los EE.UU. a Caracas, así como el establecimiento de una oficina de la CIA en el país y la restauración de las relaciones con el Estado de Israel.

En el plano económico, los EE.UU. pasaron a acercarse a la recaudación de aproximadamente 1 millón de barriles diarios exportados, cuyo valor es apenas parcialmente devuelto al gobierno venezolano para la realización de inversiones y gastos autorizados por los EE.UU. Buena parte del valor permanece con el gobierno de los EE.UU., y Trump se refirió directamente a este valor como botín de guerra.

Poco después, Venezuela concedió a la empresa estadounidense Trafigura el derecho de comprar y exportar oro venezolano para ser refinado en el exterior, con aproximadamente 400 kg de oro por mes siendo transferidos a los EE.UU.

Y más recientemente, Venezuela cedió a los EE.UU. control mayoritario sobre reservas venezolanas aún no exploradas y que equivaldrían, en teoría, a 65 mil millones de barriles de petróleo. Se trata de áreas en las cuales los EE.UU. harían inversiones de 100 mil millones de dólares para extraer petróleo por 25 años, lo que rendiría 200 mil millones de dólares en ingresos para Venezuela, pero mucho más para las empresas involucradas y para el gobierno de los EE.UU.

¿Hasta dónde más está dispuesta a llegar Delcy Rodríguez? He ahí la cuestión.

Finalmente, es temerario creer que un cambio en la Casa Blanca de un gobierno republicano a un gobierno demócrata representaría un vuelco de suerte para Venezuela. En temas estratégicos, hay una sorprendente continuidad de política exterior entre diferentes gobiernos, lo que nos indica que tal vez no sea la Casa Blanca la que dicta las directrices realmente. Además, no cuesta nada recordar que fue bajo Barack Obama que el cerco contra Venezuela realmente se inició, intensificándose con cada presidencia subsequente, fuese republicana o demócrata.

Xi dada le explica las realidades de la vida a un sociópata

By: A A
30 September 2026 at 16:45

Xi estableció, de hecho, el marco sobre cómo China y Estados Unidos deberían competir en términos de «beneficio mutuo».

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GUANGZHOU – El presidente chino, Xi Jinping, planteó la petición directamente en el Despacho Oval. El presidente «decisivo» —quien está sopesando si llevar a cabo un genocidio nuclear contra Irán, tal como reveló en el podio de la ONU— no dijo que sí.

Xi le dijo directamente a Trump que China está a favor de que Estados Unidos regrese de inmediato al Memorando de Entendimiento (MoU) de Islamabad —sí, el famoso «gato muerto». Las negociaciones deberían reanudarse «tan pronto

como sea posible», lo que conduciría a un acuerdo integral que incluya el tema nuclear.

Sin embargo, no hubo avances significativos. La Casa Blanca no emitió ningún comunicado por su cuenta. Trump eludió todas las preguntas sobre el contenido de su reunión de tres horas con Xi. Es fascinante cómo el explosivo tema de Irán se mantuvo al margen de la cumbre en lugar de ser parte de ella.

Al mismo tiempo, lo que podríamos llamar el «canal de Nueva York» sobrevivió y podría estar convergiendo en un acuerdo comercial por etapas.

Los negociadores están explorando una salida por etapas: Irán reabre el Estrecho de Ormuz; Estados Unidos levanta simultáneamente el bloqueo naval de Trump; y luego deberían liberarse los activos congelados. Teherán trasladaría entonces su exigencia de tarifas de tránsito a un anexo paralelo. No es precisamente una idea brillante, considerando los gánsteres con los que están lidiando.

Al menos ahora todo está claro. Ninguna de las partes cederá primero su ventaja.

El problema adicional es que Teherán podría haber abierto un segundo frente contra su propio negociador. Los legisladores de Teherán presentaron una moción de destitución contra el ministro de Relaciones Exteriores Araghchi, acusándolo de hablar con funcionarios estadounidenses sin autorización.

A los críticos que arremetieron contra Araghchi por no contar con la aprobación del Consejo Supremo de Seguridad Nacional (SNSC), un alto funcionario iraní respondió que la delegación tenía «plena autoridad».

Esto refleja el serio debate interno entre los reformistas y el sector más radical del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC). La cuestión ya no es solo qué ofrecerá Irán, sino quién en Teherán debe autorizar la oferta.

No hay duda de que, en última instancia, debería ser Mohsen Rezaee, secretario del SNSC y representante personal del líder Mojtaba Jamenei. Cualquier concesión diplomática deberá contar con su aprobación.

El presidente iraní Pezeshkian volvió a confirmar al primer ministro de Pakistán, Sharif, en una reunión bilateral en Nueva York, que el memorando de entendimiento «del gato muerto» sigue siendo «totalmente aceptable».

Mientras tanto, la escalada se intensificó incluso mientras avanzaba la diplomacia.

Un asesor de alto rango del líder Mojtaba confirmó que la guerra podría llegar al Océano Índico si Estados Unidos ataca nuevamente: «Nuestras fuerzas armadas… han preparado sus propios planes para los peores escenarios». Varias fuentes militares iraníes reiteran: «Tenemos el dedo en el gatillo».

Todo ello mientras Ansarallah lanzaba seis misiles balísticos hacia Yanbu y Taif —es decir, directamente contra la ruta alternativa saudí al Estrecho de Ormuz—. El Brent se mantiene por encima de los 100 dólares el barril.

¿Qué pasará después, durante el fin de semana? Una mezcla de contactos mediados y una continua presión económica. Aunque, con suerte, no habrá nuevos ataques aéreos de EE. UU.

La Casa Blanca está haciendo creer, como era de esperarse, que Trump «tiene todas las cartas» y se conforma con dejar que la presión surta efecto.

Trump, sin embargo, ha planteado una especie de “acuerdo” para después de las elecciones intermedias del 3 de noviembre. Esto significa que la vía de salida está trazada. Pero nadie tiene ni la autoridad ni el incentivo para dar el primer paso hacia ella.

¿Quieren las clases dominantes de EE. UU. una “relación constructiva”?

Si el concepto operativo ahora fuera la navegación por Ormuz para aliviar el bloqueo, por etapas, eso sería un enorme paso adelante. Sin embargo, la Casa Blanca insiste en ser un lastre, argumentando que Trump no tiene necesidad de negociar y que no se dejará «manipular». Hablamos de una disonancia cognitiva intergaláctica.

En cuanto al bloqueo aéreo, se filtró precisamente donde más importa. Los datos de seguimiento de vuelos confirmaron que Mahan Air aterrizó en Guangzhou, y que los vuelos a Nayaf, en Irak, operaron con normalidad. No hubo ninguna acción de Estados Unidos contra los aeropuertos chinos ni contra los operadores de tierra.

Los riesgos abundan a medida que avanzamos. Si Ansarallah inmoviliza totalmente Yanbu, eso significará el colapso de la única gran ruta alternativa al estrecho de Ormuz, lo que elevará aún más el precio del Brent y avivará la notoria impaciencia del sociópata antes de las elecciones de mitad de mandato.

Podría haber un veto interno iraní: algo así como una desautorización del Consejo de Seguridad Nacional (SNSC) que congele el único canal —diplomático— que está generando avances.

Podría haber un ataque desesperado de la administración de Trump contra Pickaxe Mountain, o una acción preventiva iraní contra movimientos que interprete como preparativos, lo que colapsaría catastróficamente el canal diplomático de inmediato.

Ahora volvamos a Trump y Xi. La lista de invitados a la cena de Estado fue impresionante: era como tener a la mayor parte de la economía de EE. UU. en una sola sala. Elon, Jensen Huang, Zuckerberg, Tim Cook, Bezos, Sundar Pichai, Jamie Dimon, Larry Fink, además de tres jueces de la Corte Suprema, el presidente de la Reserva Federal y la mitad del gabinete. En la mesa principal, junto a ambos presidentes, estaban Elon, Nvidia y Apple.

China publicó su comunicado de prensa oficial sobre la reunión de tres horas entre Xi y Trump en la Casa Blanca. Al momento de escribir este artículo, no había noticias de Estados Unidos

Xi estableció de facto el marco de cómo China y Estados Unidos deberían competir sobre una base de «ganar-ganar». En materia de comercio: cooperar. En inteligencia artificial: competir, pero cooperar. En cuanto a Taiwán: respetar las líneas rojas.

En conjunto, eso es lo que Xi —y los líderes de Pekín— entienden por una «relación constructiva de estabilidad estratégica».

El espíritu debe ser de igualdad y respeto mutuo. Solo así el beneficio mutuo se convierte en algo concreto.

¿Se comprometerán las clases dominantes de EE. UU. —Trump no es más que un estafador, un simple mensajero—? Nadie tiene muchas esperanzas.

Traducción:   Observatoriode trabajador@s en lucha

Groenlandia no está en venta: la ‘Doctrina Donroe’ de Trump y el imperialismo estadounidense

23 September 2026 at 19:50

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La campaña de Donald Trump para poner a Groenlandia bajo el control de los Estados Unidos a menudo se ha descartado como pura fanfarronería. Eso es un error. Detrás del lenguaje de un acuerdo inmobiliario se esconde un intento serio de revivir un antiguo principio imperial: que Washington pueda decidir el futuro político y económico de todo el hemisferio occidental. Groenlandia, estratégicamente ubicada entre América del Norte y Europa, se ha convertido en una prueba de esa afirmación – y de si la soberanía de una pequeña nación indígena cuenta cuando entra en conflicto con las ambiciones de una gran potencia.

Trump planteó la idea de comprar Groenlandia durante su primer mandato presidencial en 2019. Tras su reelección, la propuesta se volvió más agresiva. En diciembre de 2024 declaró que la “propiedad y el control” de Groenlandia por parte de los Estados Unidos eran una “necesidad absoluta”. El 7 de enero de 2025, se negó a descartar la coacción militar o económica contra Groenlandia y el Canal de Panamá, afirmando: “Necesitamos Groenlandia por motivos de seguridad nacional”. Posteriormente, insistió en que los Estados Unidos se haría con la isla “de una forma u otra”. Esta afirmación combinaba varios argumentos: Groenlandia es vital para la defensa antimisiles; Rusia y China amenazan el Ártico; los yacimientos de tierras raras de Groenlandia tienen un valor estratégico; y, supuestamente, los groenlandeses acogerían con agrado el dominio estadounidense.

Esta última afirmación resultó ser demostrablemente falsa. Una encuesta de enero de 2025, realizada tanto en groenlandés como en danés, reveló que el 85% de la población de Groenlandia se oponía a abandonar el reino danés para unirse a los Estados Unidos, mientras que solo el 6% lo apoyaba. Sin embargo, la misma encuesta mostró que una mayoría estaba a favor de una eventual independencia. Esa distinción es fundamental. El deseo de los groenlandeses de poner fin a la tutela colonial danesa no puede interpretarse como un consentimiento a la anexión estadounidense.

Una relación militar sin anexión

El argumento de seguridad a favor de la propiedad estadounidense es engañoso, ya que Washington ya goza de amplios derechos militares en Groenlandia. La relación comenzó durante la Segunda Guerra Mundial. Con Dinamarca ocupada por la Alemania nazi, su embajador en Washington firmó un acuerdo de 1941 que permitía a los Estados Unidos defender Groenlandia y construir instalaciones allí. Dinamarca solicitó la retirada estadounidense después de la guerra, pero prevaleció la estrategia de la Guerra Fría.

El Acuerdo de Defensa de Groenlandia de 1951, celebrado en el marco del Tratado del Atlántico Norte, autorizó a los Estados Unidos a establecer y operar “zonas de defensa”. Esto permitió la rápida construcción de la Base Aérea de Thule – rebautizada como Base Espacial de Pituffik en 2023 – en un lugar ideal para las rutas aéreas y de misiles más cortas entre la Unión Soviética y América del Norte. En el apogeo de la Guerra Fría, los Estados Unidos operaba numerosas instalaciones en toda Groenlandia. Hoy en día, Pituffik, la base militar más septentrional de Washington, desempeña funciones de alerta de misiles, defensa antimisiles y vigilancia espacial.

El acuerdo ofrece a Washington una amplia libertad operativa. Una enmienda de 2004 – el Acuerdo de Igaliku – reconoció al Gobierno autónomo de Groenlandia, estableció a Pituffik como la única zona de defensa existente y exigió la consulta previa antes de realizar cambios significativos o crear nuevas zonas de defensa. También estableció la cooperación en temas económicos, técnicos y ambientales. En otras palabras, si los Estados Unidos considera que se necesitan más radares, puertos, aeródromos o personal, ya existe un mecanismo legal para negociarlo con Dinamarca y Groenlandia. La soberanía, por lo tanto, no es un requisito militar.

La historia de las bases también explica por qué “seguridad” no es un término neutral en Groenlandia. En 1953, las autoridades danesas ordenaron a 116 inughuit – 27 familias – que abandonaran la recién fundada Qaanaaq, mientras que el resto se reubicó en asentamientos en otras partes del distrito. Camp Century se construyó bajo el hielo entre 1959 y 1960 y estaba vinculado a la propuesta secreta del Proyecto Iceworm, que contemplaba una extensa red de bases de lanzamiento de misiles nucleares.

En 1968, un B-52 estadounidense que transportaba cuatro bombas de hidrógeno se estrelló sobre el hielo marino en la Base Aérea de Thule, lo que provocó contaminación por plutonio y otras sustancias. El accidente puso de manifiesto la inconsistencia entre la política declarada públicamente por Dinamarca en contra de las armas nucleares en territorio danés en tiempos de paz y los permisos secretos otorgados por el Gobierno danés a los Estados Unidos para almacenar armas nucleares en Groenlandia. Las instalaciones abandonadas dejaron combustible, desechos y otros contaminantes. Los reportajes de Groenlandia continúan cuestionando quién pagará por las futuras limpiezas. La relación militar protegió los intereses estratégicos de los Estados Unidos, mientras que los costos humanos y ambientales recayeron de manera desproporcionada sobre los groenlandeses.

Groenlandia dejó de ser formalmente una colonia en 1953, obtuvo autonomía en 1979 y amplió su autogobierno en 2009. La Ley de Autogobierno reconoce a los groenlandeses como un pueblo con derecho a la autodeterminación y establece un camino hacia la independencia. Washington reabrió su consulado en Nuuk en 2020, y la cooperación se intensificó en materia de comercio, educación, minería e investigación. Los gobiernos de Groenlandia (desde Kuupik Kleist hasta Jens-Frederik Nielsen) han acogido con beneplácito los vínculos económicos con Washington, pero rechazan la tendencia de este último a exigir cada vez más a la isla para satisfacer sus necesidades militares.

De Monroe a Donroe

La exigencia de Trump respecto a Groenlandia forma parte de una política hemisférica más amplia. La Doctrina Monroe de 1823 advertía a las potencias europeas contra nuevas intervenciones coloniales en las Américas. Presentada como anticolonial, se transformó en una reivindicación de la supremacía estadounidense. El corolario de Theodore Roosevelt de 1904 afirmaba el derecho de intervención en América Latina, proporcionando una justificación ideológica para ocupaciones, cambios de régimen y el control de activos estratégicos.

Los partidarios de Trump rebautizaron su última versión como la “Doctrina Donroe”. Esta denominación vincula la presión sobre Groenlandia con las exigencias relativas al Canal de Panamá, las amenazas contra Cuba y Colombia, las reivindicaciones sobre Canadá y la intervención de los Estados Unidos en Venezuela. A finales de 2025, la Casa Blanca proclamó formalmente un Corolario  Trump a la Doctrina de Monroe, en el que se afirmaba el liderazgo de los Estados Unidos en todo “nuestro hemisferio”. Groenlandia queda arrastrada a esta esfera porque geográficamente forma parte de América del Norte, aunque esté vinculada políticamente a Dinamarca y su pueblo inuit posea su propio derecho a la autodeterminación. Esta doctrina contiene una contradicción reveladora. Trump denuncia el control europeo sobre Groenlandia como un anacronismo, al tiempo que exige que la isla sea transferida a los Estados Unidos. El colonialismo no se ha abolido; simplemente cambia el colonizador propuesto. Las referencias de Trump a los minerales, las rutas marítimas y la geografía militar reducen a Groenlandia a un activo y a sus 56.000 habitantes a un obstáculo en una transacción entre potencias.

Una crisis dentro de la alianza occidental

Las amenazas de Trump provocaron una ruptura extraordinaria entre los Estados Unidos y Europa. Dinamarca no es un adversario, sino un aliado de la OTAN cuyas tropas lucharon junto a los soldados estadounidenses en Afganistán. La amenaza de arrebatar territorio a un aliado por la fuerza ataca la premisa misma de la alianza. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen advirtió que un ataque de los Estados Unidos contra otro país de la OTAN pondría fin al orden de seguridad de la posguerra. Los gobiernos europeos se unieron en torno al principio de que las fronteras no pueden modificarse mediante la coacción, un principio que invocan contra Rusia en Ucrania.

La crisis puso de manifiesto la dependencia de Europa. La OTAN no cuenta con un procedimiento claro para defender a un miembro frente a su miembro más poderoso. Los Estados europeos dependen en gran medida del poderío militar de los Estados Unidos, al tiempo que se les pide que resistan la coacción estadounidense. Copenhague respondió con una diplomacia cautelosa, un mayor gasto militar en el Ártico y la insistencia en que las decisiones corresponden a Groenlandia y a Dinamarca. Francia, Alemania, los países nórdicos y la Unión Europea expresaron su solidaridad, pero el episodio intensificó los llamado a la autonomía estratégica europea. También dañó la pretensión de Washington de liderar una alianza de democracias contra el revisionismo autoritario.

El 18 de septiembre de 2026, Trump anunció un nuevo acuerdo trilateral de seguridad tras meses de negociaciones, reivindicando el “control permanente” sobre la seguridad de Groenlandia. Los líderes daneses y groenlandeses lo describieron en términos más limitados: una ampliación de la cooperación militar con los Estados Unidos que preserva la soberanía y la autodeterminación de Groenlandia. El texto completo aún debe firmarse y aprobarse. Si su versión es correcta, el resultado confirma lo que era evidente desde el principio: los Estados Unidos podría obtener acuerdos de seguridad adicionales sin llegar a ser dueño de Groenlandia. Sin embargo, la presión que precedió al acuerdo sigue siendo una advertencia sobre las negociaciones llevadas a cabo bajo amenazas.

Groenlandia habla por sí misma

La respuesta de Groenlandia ha combinado rechazo, unidad y complejidad política. Kalaallit Nunaat – el nombre groenlandés del país – se convirtió en el centro de las declaraciones de que Groenlandia pertenece a su pueblo y no está en venta. En marzo de 2025, grandes manifestaciones en Nuuk, Sisimiut y Qaanaaq marcharon bajo la bandera roja y blanca de Erfalasorput. Los manifestantes le pidieron a Trump que respetara a los inuit, a su país y a su nacionalidad. Los partidos políticos de Groenlandia, a pesar de profundos desacuerdos sobre el ritmo y las condiciones económicas de la independencia, condenaron conjuntamente la presión externa. El Parlamento prohibió las donaciones políticas extranjeras y anónimas, defendiendo explícitamente la integridad de la democracia groenlandesa en medio del interés de las grandes potencias.

El colonialismo danés dejó profundas heridas: asimilación forzada, ingeniería social, desarrollo desigual y decisiones tomadas en Copenhague sobre la tierra y el pueblo groenlandeses (toda la cuarta temporada de la popular serie de televisión Borgen, en 2022, se centró en un conflicto entre Copenhague y Nuuk por el descubrimiento de un nuevo yacimiento de petróleo con implicaciones de China y Rusia). Muchos groenlandeses desean la independencia, y algunos ven el creciente interés de los Estados Unidos como una ventaja para atraer inversiones y lograr una relación más equitativa con Dinamarca.

Groenlandia revela el verdadero contenido de la Doctrina Donroe: una afirmación del siglo XXI de que la geografía otorga a Washington derechos superiores sobre los pueblos vecinos. La respuesta de Groenlandia es igualmente moderna y universal. La ubicación estratégica no anula la soberanía popular, los minerales no borran la identidad nacional, y ninguna gran potencia adquiere un país simplemente por declarar que lo necesita.

Vijay Prashad es un historiador y periodista indio. Es autor de cuarenta libros, entre los que se incluyen Balas de Washington, Una estrella roja sobre el Tercer Mundo, Las naciones oscuras: una historia del Tercer Mundo; Las naciones pobres: una posible historia del Sur Global y How the International Monetary Fund Suffocates Africa, escrito con Grieve Chelwa. Es el director ejecutivo de Tricontinental: Instituto de Investigación Social, corresponsal jefe de Globetrotter, y el editor jefe de LeftWord Books (Nueva Delhi). También ha hecho apariciones en las películas Shadow World (2016) y Two Meetings (2017).

Este artículo fue elaborado por Globetrotter.

Una pequeña victoria frente a los mapas que sitúan al Norte Global en el centro y empequeñecen a África.

18 September 2026 at 19:31

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La semana pasada, el 4 de septiembre, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una propuesta africana para un nuevo mapa mundial, que muestra el tamaño real de los países en relación con los demás. Su objetivo es corregir la visión del mundo moldeada por el mapa mundial ampliamente utilizado basado en la proyección de Mercator, creada por Gerardus Mercator, un cartógrafo flamenco del siglo XVI. El problema con el mapa de Mercator es bien conocido; por ejemplo, muestra a la isla de Groenlandia con el mismo tamaño que el continente africano, ¡a pesar de que África es 14 veces más grande que Groenlandia! En pocas palabras, los mapas de Mercator exageran enormemente el norte del mundo —los Estados Unidos y Europa— mientras que reducen África y la mayor parte de Asia. Tampoco trata con benevolencia al resto del hemisferio sur. Sudamérica, que tiene casi tres veces el tamaño de Europa, parece comparable a esta en un mapa típico de Mercator.

Aunque no existe ninguna razón geográfica por la que el hemisferio sur deba ser más pequeño que el hemisferio norte, los cartógrafos lo hicieron significativamente más pequeño porque tenía muy poca masa continental más allá de los 40 grados y, por lo tanto, se recortó. Esto significó que, en la mayoría de los mapas de Mercator, debido a que los cartógrafos occidentales recortaron gran parte del hemisferio sur, el ecuador quedó significativamente desplazado hacia abajo. El doble efecto de comprimir las zonas ecuatoriales, donde se encuentra gran parte de África, y desplazar el ecuador hacia abajo hizo que el norte del mundo, particularmente Europa y América del Norte, parecieran mucho más grandes de lo que realmente son. Por lo general, en la mayoría de los mapas de Mercator, el hemisferio norte parece el doble del tamaño del hemisferio sur, aunque ambos hemisferios son idénticos en tamaño.

Cualquier mapa, ya sea de Mercator o de cualquier otra proyección, presenta el problema de que se puede ser fiel al tamaño o a la forma, pero no a ambos. Se trata de un problema fundamental que surge al proyectar una superficie tridimensional sobre una hoja de papel bidimensional. No hay forma de hacerlo sin distorsiones. Solo un globo terráqueo puede representar fielmente la Tierra tridimensional. Pero entonces, ¿qué hacemos cuando queremos reproducir detalles geográficos para nuestros lectores en libros o artículos?

Las distorsiones evidentes de la proyección de Mercator y su enfoque eurocéntrico dieron lugar a varias alternativas, particularmente entre los cartógrafos de la izquierda amplia o progresista. Otros, especialmente en los Estados Unidos y Europa, se han opuesto a ella, argumentando que el tamaño no importa y que no les molesta que se les muestre mucho más grandes de lo que realmente son. Sin embargo, muchos discreparon e intentaron desarrollar proyecciones alternativas. La proyección de Gall-Peterson, que contó con el respaldo del gobierno socialdemócrata alemán de Willy Brandt, es una de esas proyecciones. La proyección de Hobo Dyer, que se encuentra en el dominio público global —lo que significa que cualquiera puede usarla sin pagar regalías—, es otra. Finalmente, las Naciones Unidas han puesto fin a las guerras de los mapas, con una victoria rotunda a favor de la moción presentada por las naciones africanas para utilizar mapas de área igual. La votación fue de 164 a favor de la moción, con los Estados Unidos como único voto en contra.

El objetivo del mapa de Mercator era facilitar la navegación de los barcos en mar abierto, donde ya no es posible orientarse reconociendo diversas características topológicas, como ríos, colinas, aldeas, pueblos, etc. En mar abierto, si identificamos nuestra ubicación en un mapa de Mercator y el destino al que deseamos llegar, podemos viajar en línea recta, tal como se muestra en el mapa. Conserva la dirección, lo que significa que, si trazamos un rumbo en un mapa de Mercator, podemos fijar nuestro rumbo según él. Es por eso que los países marítimos utilizaban proyecciones de Mercator para la navegación cuando contaban con pocos instrumentos, más allá de la brújula y el sextante, para determinar su ubicación con respecto a su destino.

Es importante señalar que la dirección que se muestra en el mapa no es la ruta más corta entre el punto de partida y el destino.

El camino más corto entre dos puntos en la superficie del globo terráqueo es el arco del gran círculo que va desde su ubicación hasta su destino. Una línea recta en un mapa bidimensional puede parecer la distancia más corta, pero no lo es, ya que no toma en cuenta la curvatura de la Tierra. En pocas palabras, el precio que pagamos por convertir una superficie curva en una plana y bidimensional es que distorsionamos la forma de la superficie. Estiramos ciertas áreas y encogemos otras. En una Tierra plana, la distancia más corta sería la que indica su brújula, pero no así en una esfera.

Anteriormente, los barcos utilizaban las estrellas y el sol del mediodía para estimar dónde se encontraban y hacia dónde debían dirigirse. Fijar un rumbo hacia su destino utilizando un mapa de Mercator y una brújula resultaba mucho más sencillo que tratar de adivinar dónde se encontraba en un océano desierto, sin puntos de referencia, y cambiar constantemente de rumbo en busca de una ruta más corta. La línea constante en el mapa se denominaba “línea de rumbo”, y seguirla ayudaba enormemente a los navegantes. Los mapas de Mercator eran populares en Europa, particularmente en Europa occidental, ya que, aparte de los árabes, eran las principales naciones marítimas.

Mientras que los árabes se enfocaban en el comercio, particularmente en el Océano Índico, los europeos occidentales se dedicaban no solo a la pesca, sino también, fuera de temporada, a la piratería, las incursiones y el saqueo de otras naciones. Los vikingos, importantes figuras románticas en Hollywood, eran particularmente brutales, ya que combinaban el saqueo con el comercio de esclavos. Por supuesto, como todos los piratas, una vez que se alcanza el poder, se puede convertir ese poder marítimo en conquista. Los hombres del norte, o nórdicos, conquistaron Francia y más tarde Inglaterra, y son conocidos por nosotros como normandos. No muy diferentes de las Compañías Holandesa y Británica de las Indias Orientales, que comenzaron con el comercio y la piratería y más tarde establecieron imperios coloniales.

No es de extrañar que los reinos marítimos de Europa occidental, para quienes la guerra, la pesca para alimentarse y la caza de focas, morsas, etc., con el fin de obtener grasa y pieles, constituían las principales fuentes de riqueza, se centraran mucho más en la navegación y la construcción naval. Esto significaba que los barcos construidos para el agitado Océano Atlántico contaban con ciertos avances de los que carecían los barcos árabes e indios, aunque la brújula, el astrolabio, los mapas astronómicos y otros instrumentos náuticos procedían todos de Asia.

Los barcos de Europa occidental contaban con cañones montados en cubierta, lo que les permitía disparar “andanadas”, es decir, disparar múltiples cañones simultáneamente, a diferencia de los cañones montados en la proa y la popa. Esa es una de las principales razones por las que un puñado de países de Europa occidental pudo aprovechar los océanos para, primero, hacerse con el comercio marítimo y, más tarde, construir sus imperios coloniales. A diferencia de los fuertes fijos, los barcos actuaban como fuertes flotantes, lo que proporcionaba a los europeos una movilidad en las guerras navales de la que carecían las fortificaciones terrestres estáticas.

Como muestra la monumental obra de Needham sobre la ciencia y la tecnología chinas, muchos avances náuticos en la construcción naval y la navegación procedían de China. Los siete viajes de los barcos de Zheng He en el siglo XV (1405-1443), que partieron de China, el sudeste asiático y la India, y recorrieron la costa árabe hasta África, demostraron que los chinos habían construido enormes barcos y una poderosa armada. En aquella época, se encontraban muy por delante de Europa y de los árabes, tanto en la construcción naval como en los buques de guerra. Las diferencias internas entre la aristocracia terrateniente y los comandantes navales condujeron a la destrucción de la armada y a la prohibición de construir cualquier buque de alta mar.

Aunque la India suministraba a los árabes la madera necesaria para la construcción naval y en algún momento contó con una poderosa armada, cedió el comercio de alta mar a los comerciantes árabes. Ni China, ni la India, ni los árabes consideraban que la armada tuviera importancia militar. Como dijo un emperador mogol: “Los océanos son para los comerciantes, no para nosotros, los guerreros”. Las divisiones de castas en la India también llevaron, en un momento dado, a prohibir a las castas superiores emprender viajes oceánicos. La travesía del Kala Pani, siempre prohibida por los brahmanes, no se respetó de manera estricta. La India experimentó una gran expansión marítima en el período budista, no a través de la guerra, sino mediante el comercio y la labor de proselitismo de los monjes budistas. Tras el resurgimiento del hinduismo en el sur, el tabú que prohibía a las castas superiores viajar a través de los océanos se aplicó de manera más estricta, dejando los océanos en manos de comerciantes y mercenarios. Por ejemplo, las principales flotas de los reyes indios – ya fuera el rey de Calicut, también conocido como Samundri o Zamorin, o Shivaji – dependían de comandantes navales y buques mercenarios, muchos de ellos al mando de árabes.

Como demuestra la historia, los mapas, el comercio marítimo y la guerra están íntimamente relacionados. Los viajes marítimos y las guerras navales confieren a los mapas una importancia estratégica. No es simplemente la ubicación de las fronteras de cada país lo que importa, sino también su visión estratégica del mundo. Podemos observar cómo esto se está manifestando actualmente en Bab el Mandeb y en el Golfo Pérsico. Un vistazo rápido a un mapa habría convencido a los líderes estadounidenses de que Irán cuenta con una clara ventaja estratégica en el Estrecho de Ormuz, al igual que los hutíes en el Mar Rojo y el paso hacia el Canal de Suez. Descuidar los océanos repite los errores que cometió Asia en una época diferente, errores de los que ha aprendido. Debemos tener esto presente también hoy en día.

Prabir Purkayastha es el editor fundador de Newsclick.in, una plataforma de medios digitales. Es activista en favor de la ciencia y del software libre.

Este artículo fue elaborado por Globetrotter.

Cumbre del BRICS+: entre promesas y contradicciones

18 September 2026 at 18:37

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La 18va Cumbre del BRICS, celebrada en Nueva Delhi del 12 al 13 de septiembre, tuvo lugar en medio de una intensificación excepcional de las contradicciones internacionales. Las guerras en Asia Occidental, las sanciones unilaterales, las barreras arancelarias y el uso de las finanzas y la tecnología como armas han puesto de manifiesto el carácter fundamentalmente desigual del orden internacional dominado por el imperialismo. En este contexto, la continua expansión del BRICS refleja el deseo de los países en desarrollo de alcanzar una mayor autonomía estratégica y un sistema más democrático de gobernanza global. Al mismo tiempo, la cumbre demostró que el BRICS+ sigue siendo una agrupación heterogénea cuyos miembros difieren sustancialmente en sus alineamientos políticos e intereses económicos.

La Declaración de Nueva Delhi, resultado de la cumbre, reiteró la exigencia de una reforma de las Naciones Unidas, las instituciones financieras internacionales y el sistema comercial multilateral. Se opuso a las sanciones unilaterales no autorizadas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y abogó por un mayor comercio en monedas nacionales. La declaración también respaldó una mayor representación de los países en desarrollo en instituciones cuyas normas siguen siendo determinadas principalmente por los Estados Unidos y sus aliados. Estas posturas tienen una importancia objetiva en un momento en que Washington recurre cada vez más a sanciones, aranceles, controles a la exportación y control sobre los sistemas de pago para disciplinar a los países que se niegan a aceptar sus dictados.

Ambigüedad

Sin embargo, el lenguaje cuidadosamente negociado de la declaración también reveló las limitaciones de la formación ampliada. El BRICS+ incluye ahora a países sometidos a una presión occidental sostenida, como Rusia e Irán, así como a los Emiratos Árabes Unidos y otros Estados que mantienen amplios vínculos económicos y de seguridad con Occidente. En consecuencia, el consenso solo puede mantenerse mediante formulaciones que reconozcan los conflictos sin identificar siempre sus causas políticas. Esta ambigüedad fue especialmente evidente en el tratamiento que se dio en la cumbre a la guerra cada vez más extensa en Asia Occidental y a la postura adoptada por Irán.

El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, aprovechó la cumbre para denunciar las sanciones unilaterales y la guerra de agresión contra Irán llevada a cabo por los Estados Unidos e Israel. Destacó acertadamente que la resiliencia económica no puede separarse de la paz, la soberanía y la seguridad. Irán también abogó por el comercio en monedas nacionales, un mayor uso del Nuevo Banco de Desarrollo y la construcción de corredores independientes de transporte y energía (tal como ya lo ha hecho a través de Pakistán, que ha proporcionado seis rutas terrestres para que las mercancías chinas y rusas ingresen a Irán). Para un país sometido a décadas de sanciones, a la exclusión de las redes financieras occidentales y a repetidas amenazas de cambio de régimen, la pertenencia al BRICS+ representa una importante oportunidad diplomática y económica.

La postura de Irán, sin embargo, presenta una marcada ambigüedad. Teherán presenta al BRICS+ como un instrumento para resistir el unilateralismo y defender la soberanía. Al mismo tiempo, debe buscar un acuerdo con los estados vecinos del Golfo, varios de los cuales están profundamente integrados con el capital occidental y los acuerdos de seguridad.

Irán firmó una declaración en la que se pedía moderación y desescalada, al tiempo que acusaba a los Estados Unidos e Israel de agresión y defendía sus propias acciones de represalia. Su postura combativa frente a la presión hiperimperialista se combina, por lo tanto, con un esfuerzo pragmático por evitar el aislamiento regional, asegurar el alivio de las sanciones y preservar los canales de negociación.

Esto no debe interpretarse simplemente como una inconsistencia. Irán se enfrenta a una coalición militar y financiera muy superior y debe maniobrar dentro de severas limitaciones. Pero también ilustra el problema más amplio al que se enfrenta el BRICS+. La oposición a la dominación occidental no genera automáticamente un programa antiimperialista coherente. Los Estados participantes son Estados capitalistas que persiguen sus respectivos intereses nacionales. Sus clases dominantes pueden resistirse a aspectos particulares de la hegemonía estadounidense, al tiempo que se mantienen dispuestas a llegar a acuerdos con las finanzas globales o con potencias reaccionarias regionales. En consecuencia, el BRICS+ es un escenario de lucha dentro del orden mundial en transformación, no una alternativa ya constituida al hiperimperialismo.

Socios

El acontecimiento político más trascendental de la cumbre para Asia fue la reunión entre el primer ministro Narendra Modi y el presidente chino Xi Jinping. La primera visita de Xi a la India en siete años confirmó la mejora gradual de las relaciones desde los acuerdos de retirada militar iniciados en 2024. Los dos líderes coincidieron en que la India y China deben considerarse socios en lugar de rivales y abordar las relaciones bilaterales desde una perspectiva estratégica a largo plazo. También discutieron la cuestión fronteriza, el comercio, el acceso a los mercados y los problemas de la cadena de suministro.

Cualquier mejora duradera en las relaciones entre la India y China debe ser bienvenida. La prolongada confrontación tras el enfrentamiento en el valle de Galwan de 2020 perjudicó a ambos países, aumentó el gasto militar y fortaleció los esfuerzos de los Estados Unidos por incorporar a la India a su estrategia indopacífica. Washington ha buscado constantemente convertir a la India en un contrapeso estratégico frente a China a través del Quad y la expansión de la cooperación militar y tecnológica. Por lo tanto, una confrontación continua entre la India y China beneficia mucho más a la estrategia de los Estados Unidos que a los intereses de los pueblos indio o chino.

La paz y la tranquilidad a lo largo de la Línea de Control Efectivo siguen siendo indispensables. Los acuerdos sobre la retirada deben ir seguidos de un compromiso sostenido a nivel diplomático y militar, la aclaración de las zonas en disputa y la observancia estricta de los acuerdos existentes. No se debe permitir que ni la retórica nacionalista ni la construcción competitiva de infraestructura desencadenen otra confrontación. Las diferencias sobre la frontera no pueden ignorarse, pero pueden y deben gestionarse sin subordinar toda la relación a una rivalidad militarizada.

Las relaciones económicas presentan una contradicción igualmente difícil. China es uno de los mayores socios comerciales de la India y una importante fuente de maquinaria, componentes electrónicos, productos químicos, equipos de energía renovable y otros insumos industriales. Sin embargo, el enorme déficit comercial de la India con China refleja tanto la debilidad del sector manufacturero indio como los obstáculos que enfrentan las exportaciones indias en el mercado chino. Para abordar este desequilibrio se requiere un mejor acceso al mercado, inversión china en condiciones transparentes y, sobre todo, una política industrial india capaz de desarrollar la capacidad productiva nacional. Durante los últimos seis meses, el comercio bilateral se ha disparado.

El enfoque del Gobierno de Modi ha alternado entre la dependencia de las importaciones chinas y las restricciones, motivadas políticamente, a la inversión y la tecnología chinas. Su retórica de “China más uno” no puede ocultar el fracaso de sus propias políticas para generar una industrialización de base amplia. Tampoco una alineación estratégica más estrecha con los Estados Unidos puede proporcionar a la India una base manufacturera independiente. Los Estados Unidos busca un acceso privilegiado al mercado indio, al tiempo que recurre a aranceles, restricciones tecnológicas y presión política cada vez que las políticas indias se apartan de sus intereses. La incoherencia del Gobierno de Modi se pone de manifiesto, sobre todo, en su incapacidad para elaborar realmente una agenda nacional de desarrollo que aproveche el dinamismo de la economía china y se distancie de unos Estados Unidos más orientados hacia el nacionalismo económico.

China, por su parte, debe reconocer que unas relaciones estables requieren sensibilidad ante las preocupaciones legítimas de la India. Entre ellas se encuentran la cuestión fronteriza sin resolver, el acceso desigual al mercado y el desequilibrio comercial. La considerable asimetría entre las dos economías hace que la reciprocidad sea particularmente importante. El llamado de Pekín a la colaboración solo cobrará sentido cuando vaya acompañado de medidas prácticas que permitan el ingreso de bienes y servicios indios al mercado chino y eviten que las tensiones fronterizas acaben repetidamente por opacar el diálogo político.

La cooperación entre la India y China otorgaría al BRICS+ un peso mucho mayor en la lucha por la democratización del orden internacional. Juntos, ambos países representan más de un tercio de la humanidad.

Su cooperación podría impulsar la reforma de las instituciones internacionales, el financiamiento climático, el intercambio de tecnología, las iniciativas de salud pública y un sistema comercial más justo. Por el contrario, una nueva confrontación paralizaría al BRICS+ y permitiría que potencias externas se aprovecharan de las divisiones en toda Asia. Por lo tanto, la India debe seguir una política exterior independiente basada en la coexistencia pacífica, y no participar en un proyecto estadounidense destinado a contener a China.

La cumbre de Nueva Delhi generó propuestas para la continuidad institucional, una cooperación financiera más sólida y una mayor resiliencia entre las economías en desarrollo. Sin embargo, las declaraciones tendrán un valor limitado a menos que se traduzcan en acuerdos concretos. El Nuevo Banco de Desarrollo debe ampliar los préstamos en monedas nacionales y dar prioridad a la infraestructura socialmente necesaria, en lugar de reproducir las condiciones y la orientación corporativa del Banco Mundial. Los mecanismos de pago transfronterizos deben desarrollarse de manera transparente, sin crear nuevas formas de dominación por parte de las economías más fuertes del BRICS. Las enérgicas declaraciones en apoyo de la Revolución Cubana y de las aspiraciones de autodeterminación del pueblo palestino deberán tener una aplicación práctica. ¿Encontrará el BRICS+ una manera de romper el cruel e ilegal embargo de Estados Unidos contra Cuba, y brindará el BRICS+ apoyo para la reactivación de la vida política palestina?

El BRICS+ encarna tanto el movimiento hacia un nuevo equilibrio mundial como todas las contradicciones de ese movimiento. El cauteloso acercamiento entre India y China es un ejemplo de dicha contradicción, ya que combina el reconocimiento de la dependencia mutua con una desconfianza estratégica sin resolver. El futuro del BRICS+ dependerá de si dichas contradicciones se gestionan de manera pacífica y de si la cooperación genera beneficios tangibles para los trabajadores, en lugar de limitarse a ampliar el margen de maniobra de las clases dominantes nacionales.

Para la India, el camino a seguir es claro: restablecer relaciones normales y pacíficas con China, resistirse a ser incorporada a la estrategia militar de los Estados Unidos, oponerse a la agresión y a las sanciones unilaterales contra Irán, y trabajar por un orden multilateral genuinamente democrático. Solo habrá un nuevo equilibrio mundial cuando se restrinja la dominación hiperimperialista y se amplíen la soberanía y las posibilidades de desarrollo de los pueblos. La cumbre de Nueva Delhi marcó un paso más en esa transición controvertida, pero la dirección y el contenido social del orden emergente siguen siendo objeto de lucha política.

Vijay Prashad es un historiador y periodista indio. Es autor de cuarenta libros, entre los que se incluyen Balas de Washington, Una estrella roja sobre el Tercer Mundo, Las naciones oscuras: una historia del Tercer Mundo; Las naciones pobres: una posible historia del Sur Global y How the International Monetary Fund Suffocates Africa, escrito con Grieve Chelwa. Es el director ejecutivo de Tricontinental: Instituto de Investigación Social, corresponsal jefe de Globetrotter, y el editor jefe de LeftWord Books (Nueva Delhi). También ha hecho apariciones en las películas Shadow World (2016) y Two Meetings (2017).

Este artículo fue elaborado por Globetrotter.

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