Presbyterian men cloak sexism in theology, calling women equal while denying them power


For decades, Southeast Asia has turned great-power rivalry to an economic advantage. By maintaining healthy ties with Washington and Beijing, ASEAN governments attracted investment, expanded trade and preserved room for diplomatic maneuver. The great-power race for artificial-intelligence dominance, however, is changing that bargain. As the United States and China build competing technology networks, neutrality may […]
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Ni soplan vientos alisios, que según la tradición de los antiguos mareantes que estudiaron en la universidad que ocupó el Palacio de San Telmo son, por su constancia y regularidad, los más favorables para las singladuras transoceánicas, ni en el horizonte se avista nada parecido a un remoto Cabo de Buena Esperanza. La nave de las izquierdas presenta varias vías de agua -todas ellas preocupantes- a menos de cuarenta días escasos para el 29-N.

I. Iba Cernuda por una calleja de Londres y una sombra lo seguía. El poeta sevillano acababa de llegar al exilio, ese mundo sin raíces lleno de cartas por escribir y recuerdos que llorar. Atrás quedaba su tierra sangrante y en ruinas mientras él se preguntaba qué puede el hombre contra la locura de todos.
En el interior de una frase se producen tensiones de carácter sintáctico, semántico, silábico, fonético, ortográfico… Una palabra tira de otra que a su vez depende de una tercera, mientras el verbo intenta dirigir el tráfico y los adjetivos tratan de hacerse notar porque son muy narcisos. La puntuación vigila el conjunto. Una coma mal puesta puede provocar una catástrofe gramatical y un punto prematuro romper el ritmo de la oración. Lo increíble es que no percibamos la actividad bárbara de todas esas fuerzas al leer el periódico o un libro o un pasquín o una receta de cocina. Una buena frase parece inmóvil, aunque sea el fruto de una descarga sentimental insoportable. La atraviesas como se cruza una habitación en la que cada mueble ocupa su lugar, sin considerar que el techo pesa toneladas ni que las paredes se sostienen gracias a un pacto milagroso entre energías de diferente signo. Si de pronto se oye un crujido, levantamos con susto la cabeza. También al leer levantamos la cabeza cuando el texto hace ruido.

© PhotoQuest (Getty Images)
Que la llegada de la derecha radical a los gobiernos democráticos pueda representar una amenaza para la cultura abierta y la libertad de creación ya no es solo una sospecha: el arte crítico y la memoria cívica se encuentran en la diana de los extremistas. Sucede en América y en Europa. Y también en algunos lugares de España. Desde los primeros acuerdos autonómicos con el PP, Vox tuvo como prioridad la derogación de las Leyes de Memoria Democrática. No fue casualidad que en la Comunidad Valenciana se cancelase la suscripción a diversas revistas en catalán en bibliotecas municipales. Ya en 2023 se escucharon tímidas advertencias de lo que estaba por venir. En vano. El sábado estaba previsto que se representase en Valladolid la obra Federico, centrada en la muerte de García Lorca, pero ha sido cancelada y la compañía Proyecto 43-2 ha denunciado a la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León, en manos de Vox, porque considera que dicha decisión obedece a motivos ideológicos. El episodio ha coincidido con la publicación el pasado día 9 de los requisitos que la Junta establece para solicitar subvenciones para la producción de películas y documentales: “No podrán destinarse los fondos públicos concedidos al amparo de esta convocatoria a actuaciones que impliquen adoctrinamiento ideológico”.

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El 25 de octubre Brasil tendrá ante sí una clara disyuntiva, entre el candidato de ultraderecha Flávio Bolsonaro y el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que ese día se medirán en la segunda vuelta de la elección presidencial.
Ojalá que los moros españoles pudiéramos vivir nuestras vida sin más, como simples seres humanos, sin la estrella amarilla de la mororidad, esa condición según la que somos culpables hasta cuando se demuestra lo contrario, hasta cuando estábamos a más de 600 kilómetros del delito cometido. Imagínate ser madre de un hijo que cumple con los rasgos raciales en los que se basa esa construcción y saber que la policía lo va a parar por la calle mucho más que a sus compañeros. Imagínate verlo crecer y darte cuenta de que la mororidad no solo no va a ser impugnada como sistema de discriminación, sino que encima se va a aplicar a quienes ya nacen españoles de hijos de españoles. Que no significa nada porque deberíamos ser tratados todos como personas independientemente de nuestra procedencia, de nuestra nacionalidad o nuestros rasgos físicos. Pero es que incluso para los que practican la persecución del moro por ser éste el extranjero, “el enemigo” perpetuo y principal, la alteridad demonizada, fantasma de guerras pasadas y pulsiones de Reconquista, incluso desde ese marco lo que se les ha hecho a Youssef Abraoui y Ahmed Benyahia es un crimen aberrante: difundir su imagen señalándolos como culpables del crimen atroz que acabó con la vida de una octogenaria en Burgos. Ojalá no ser siempre los primeros sospechosos de asesinatos de ancianas, de violaciones, de robos y agresiones. Incluso algunas webs que desmienten la noticia hablan de que no se trata de magrebíes sino de dos hombres “nacionalizados”. ¿Y eso qué más da? ¿por qué hay que hacer siquiera la distinción entre españoles cuando la nacionalidad se adquiere por nacimiento? ¿Cuántas generaciones de “nuevos” españoles tendrán que dar explicaciones por no encajar físicamente con lo que un patriotismo rancio y obsoleto considera que somos “nosotros”? El Imperial, parece que se llamaba la cuenta desde la que se difundió el bulo, lo cual es toda una declaración de intenciones porque no hay imperio sin racismo, no hay grandeza patria sin exterminio del “otro” construido justo para que pueda ser exterminado. Qué agallas, qué machos los cobardes que no saben articular una oposición que no esté basada en manipulaciones y maldades, qué rastreros y crueles matamoros que persiguen a chavales imberbes (no Abraoui y Benyahia, que son hombres adultos; hasta en eso equivocaron el tiro). Ese es el tipo de votantes a los que Alberto Núñez Feijóo dice que hay que respetar, a los crueles capaces de atizar el odio contra otros ciudadanos, tan españoles como ellos aunque les joda.

© Álvaro García
Las movilizaciones del sábado en Francia desencadenaron una violencia brutal. Los ayuntamientos de Marsella, Lille, Rennes, Grenoble o Limoges —este último terminó en llamas— fueron atacados; en Lyon los manifestantes quemaron una oficina de turismo; en Burdeos prefirieron romper los cristales de la Cámara de Comercio e Industria y asaltar la residencia del delegado del Gobierno; en Normandía la fachada y el tejado de la Universidad de Rouen quedaron parcialmente quemados; en París, en fin, ardieron contenedores, motos, coches y mobiliario urbano, los grupos más fanatizados asaltaron comercios, arrasaron cuanto encontraron a su alcance y estuvieron a punto de entrar en las Galerías Lafayette.

© Jack Taylor (REUTERS)
Las “cuentas curis” son perfiles anónimos de TikTok creados por alumnos para publicar memes y dibujos, entre los que retratan, ridiculizan o insultan a profesores. A veces con sus nombres e imágenes reales. Lo que empieza como una broma puede ser una humillación pública, con decenas de alumnos riéndose detrás de la pantalla. Vulnerar el honor y la imagen de un profesor puede tener consecuencias legales. Nos preocupa, con razón, el acoso escolar entre estudiantes. Pero un docente también puede ser víctima de ciberacoso. Ser profesor no te quita el derecho a la intimidad ni te convierte en un personaje público del que cualquiera pueda burlarse.

© SAMUEL SÁNCHEZ
“No puedo más, te lo juro”. Esta frase o una muy parecida lleva mucho tiempo ahí, instalada y escuchada a diario en el aire que respiramos. Insistimos en que no podemos más con la polarización, la pelea y el ruido; repetiremos y nos repetirán. Como si fueran otros y no nosotros los que pisamos de vez en cuando lo fregado de la vida diaria. Pero tranquilas, que pasará.

© Comunidad de Madrid (EFE)
Las redes sociales fueron recibidas hace 20 años como un gran espacio de libertad. Hoy en día ya sabemos que se han convertido en plataformas dedicadas a encubrir a delincuentes anónimos; en espacios que favorecen la mentira, la injuria y la calumnia, los mensajes de odio; que acogen los acosos sexuales y personales, la xenofobia, el machismo y el racismo, la pederastia, la pornografía infantil, los mensajes yihadistas; en lugares donde se permiten las suplantaciones de identidad (las últimas han sido las sufridas en cuentas del PP el pasado miércoles por los socialistas Begoña Gómez, José Luis Rodríguez Zapatero y José Luis Ábalos, entre otros). Por si fuera poco, su maquinaria utiliza algoritmos con sesgos polarizadores y sus directivos aplican ingenierías fiscales para evadir impuestos en los países donde obtienen los ingresos.

© Noah Berger (AP Photo / Lapresse) (EL PAÍS)
Llego al restaurante, un bar de menú de currantes normal y corriente, a eso de las tres, con hambre. Me asignan una mesa, pero antes de sentarme a comer, necesito usar el baño. Lo encuentro al fondo del local. Tras una puerta, aparecen un lavamanos solitario y un pequeño pasillo con dos puertas más. Tras la primera puerta hay un bodegón de urinario masculino, retrete salpicado y charco en el suelo. En la segunda puerta hay un cartel pegado con celo con un mensaje a boli que reza “la puerta no cierra”. En efecto, la puerta no tiene ni pomo, y no cierra. Queda entreabierta. Es el baño adaptado para personas con movilidad reducida, y también el de mujeres, una habitación cuadrada de tres metros por tres. No tengo el brazo lo suficientemente largo (ni yo ni nadie, supongo) para resolver la situación como lo he hecho otras veces en circunstancias similares, pero más estrechas: manteniendo la puerta cerrada apoyándome en ella con una mano extendida mientras meo en cuclillas y de puntillas con el bolso colgando del cuello para que no toque el suelo, porque no hay ni gancho ni taburete a la vista donde dejarlo. Mientras sopeso la situación aparece otra mujer con intención de usar el baño. Tras un par de vistazos y de escuetas deliberaciones nos organizamos para aguantar la puerta, montar guardia la una para la otra y mear por turnos.
Según afirma Diego Sánchez de la Cruz en The Objective, Pedro Sánchez, recién elegido secretario general del PSOE, comunicó a Sálvame su rechazo a la tauromaquia. «Nunca me verás en una corrida de toros», aseguró para subrayar luego que si algún día llegaba a presidente tomaría medidas contra la tauromaquia. Y así ha sido. En los ocho años de gestión sanchista se han suprimido las ayudas públicas del Gobierno a la fiesta nacional, perseguida con saña por Sánchez y el ministro Urtasun. La respuesta del mundo taurino ha sido espectacular. Los toros han corneado repetidas veces a Pedro Sánchez y a su ministro. En Madrid, Las Ventas cerró la temporada 2026 con 1.018.696 espectadores, el mayor registro de su historia. En 24 ocasiones, la plaza colgó el cartel de «no hay billetes». Y los abonados crecieron nada menos que el 36 por ciento.
En la Real Maestranza de Sevilla se manejaron cifras porcentuales todavía mejores. Y lo mismo en la Malagueta y en otras muchas plazas. Las retransmisiones audiovisuales en TeleMadrid, Canal Sur, CMMmedia, Aragón TV, A Punt y otras muchas conocieron cifras insospechadas de espectadores.
Enrique Múgica, gran líder del PSOE, se hubiera frotado las manos y con él los innumerables socialistas aficionados a los toros. Por otra parte, la consideración de la tauromaquia como forma de cultura se robusteció, encabezada por Francia, entre los intelectuales de todo el mundo. Ortega y Gasset, primera inteligencia del siglo XX español, afirmó en su día que no se podía entender al homo hispanus sin la significación taurina. El arte y la literatura se engrandecieron con los toros. Inolvidable la aportación de Goya. Y la del comunista Picasso. Y la del comunista Alberti. Y la de Federico García Lorca. Y la de Salvador Dalí. Y la de Mariano Benlliure. Y la de Mario Vargas Llosa. Y la de centenares de pintores, escultores, poetas, dramaturgos y filósofos, tan bien estudiados por Gonzalo Santonja. Desde el Rey hasta el más humilde campesino, todos piensan que los toros han integrado la cultura española. En la carta 531 de su Opus epistolarum (Alcalá, 1530) Pedro Mártir de Anglería da testimonio de que Fernando el Católico tomó un brebaje compuesto por testículos molidos de un toro con la esperanza de tener hijos de su segunda mujer Germana de Foix.


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Faltan todavía tres semanas para el comienzo legal de la campaña de las próximas elecciones y cada día que pasa aumenta la tensión. Unos de los últimos sucesos como ejemplo han sido las concentraciones de centenares de jóvenes de la ultra izquierda en la Plaza de María Pita en La Coruña al mediodía y en Avilés por la tarde. Convocados para intentar boicotear unos mítines con Santiago Abascal de protagonista, y que obligó a drásticas intervenciones de la Policía para disolverlos. Y por si no fuera suficiente la polarización nacional existente, ha venido el presidente argentino Javier Milei para aumentarla. Efectuando declaraciones con un contenido que no es el momento más oportuno para efectuarlas. Junto a esos ejemplos, la mera actividad ordinaria introduce novedades que mantienen el clima del debate político en grado elevado. Como ha sido la decisión del Tribunal Constitucional sobre el recurso presentado por el Defensor del Pueblo en relación al eventual voto de los “nietos”. Que ha significado -de momento- un acusado revés para la progresía sanchista. El que hasta Conde-Pumpido se haya opuesto a admitir a trámite el recurso, provocando un inaudito 10 a 2 contrario a su admisión, lo demuestra claramente. Si bien ello “todavía” no significa que esos “nuevos” españoles, no puedan votar el 29 N, como desea Sánchez. Aunque obviamente se aleja esa posibilidad, que estimula su celo por conseguirlo. Ya es lamentable, por decirlo suavemente, que la condición de español se adquiera por una disposición adicional 8ª de la ley de memoria democrática. Por parte de gran cantidad de miles de personas que nunca han estado en España, y que lo agrava la Instrucción de una fiscal “progresista” que lo generaliza. Interpretando a su voluntad lo que dice la ley y diluyendo la dignidad de la condición de ser natural español. Este debate ha abierto otro: el de si tener la condición legal de ciudadano español debe exigir tener derecho a votar en las elecciones. La experiencia avala al sentido común que niega esa afirmación con numerosas localidades españolas que tienen registrados más votantes en el extranjero que residentes en ellas. Lo que se puede extender a circunstancias como no tener actividad ninguna ni pagar impuestos, y desconocer de hecho la problemática española en todos sus ámbitos. Es decir, en el económico, cultural, social y político. De tal manera que pueden elegir al alcalde de esas localidades personas que las desconocen absolutamente. E incluso decidir el gobierno en igualdad de condiciones que cualquier auténtico ciudadano español: que en España vive, trabaja y paga sus impuestos.


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La protesta está en el origen mismo de la República francesa, pero los niveles de violencia callejera que se han alcanzado estos días han dejado a la nación en estado de shock. «Oscuridad en la ciudad de la luz» reza una pintada de los disturbios de París. Francia es hoy un país fuera de control en lo político, lo fiscal y lo social. La autoridad del presidente Emmanuel Macron, seriamente tocada desde el fracaso del adelanto de las legislativas de 2024, está calcinada junto al ayuntamiento de Limoges, un edificio del siglo XIX, incendiado por una turba de anarquistas el pasado fin de semana. El otrora dios Júpiter es ahora un presidente menguante, tan alejado de la realidad y de lo que ocurre en su entorno que pasó la víspera del 17 de octubre en un concierto de Céline Dion con su esposa, Brigitte Macron, mientras los violentos del Bloque Negro se preparaban para sembrar el pánico al día siguiente. Ajeno a nuevos episodios de furia que se prevén para el 24 de octubre, Macron se ha ido de gira por Oriente Medio. Quizás busque fuera la popularidad que hace tiempo perdió en casa. Quizás, también, se haya convencido de que poco puede hacer antes de las presidenciales de la próxima primavera. Macron ha exculpado a los estudiantes que protestan pacíficamente por el mal estado de las escuelas, la ausencia de profesores y las dificultades para acceder a la educación superior. Y ha culpado al partido de extrema izquierda de la Francia Insumisa de Jean Luc Mélenchon por alentar a los radicales y legitimar la violencia. Pero es el presidente quien tiene la obligación de garantizar la seguridad del país. El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, ha impuesto toques de queda en algunas zonas y prepara un dispositivo de seguridad sin precedentes para controlar la movilización de este sábado.
Una de las razones por las que el actual gobierno francés ha tenido dificultades para apaciguar la revuelta estudiantil es la falta de fondos. Macron destinó unos 11.000 millones de euros en ayudas para sofocar las protestas de los Chalecos Amarillos al inicio de su primer mandato entre 2018 y 2019. Esta vez, las arcas están vacías. El gobierno no solo no puede comprometerse a aumentar el gasto sino que tiene previsto hacer todo lo contrario. Debe realizar recortes y subidas de impuestos por valor de 43.000 millones de euros en el presupuesto de 2027.
A seis meses de las presidenciales, los disturbios han fortalecido a los extremos políticos de Francia. Jean Luc Mélenchon ha tratado de capitalizar el malestar generalizado presentándose como el candidato de los estudiantes y de los antisistema, pero el uso de la violencia por parte de sus «cachorros» podría pasarle factura en las urnas. La más beneficiada es Marine Le Pen. El diagnóstico de Agrupación Nacional de estar ante una presidencia «agotada, exhausta y desorientada» es difícil de rebatir. Para la extrema derecha, que se presenta como el partido de la seguridad y el orden, la sensación de descontrol es un regalo. Mientras tanto, el centro aparece desdibujado con un Édouard Philippe, peleando por una candidatura única, y lastrado por su conexión con un gobierno agotado. Como dijo Alexis de Tocqueville, Francia duerme sobre un volcán.


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