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They Are After Our Churches, Families and Children
Exiliados: España ha muerto
I. Iba Cernuda por una calleja de Londres y una sombra lo seguía. El poeta sevillano acababa de llegar al exilio, ese mundo sin raíces lleno de cartas por escribir y recuerdos que llorar. Atrás quedaba su tierra sangrante y en ruinas mientras él se preguntaba qué puede el hombre contra la locura de todos.
Peleas invisibles
En el interior de una frase se producen tensiones de carácter sintáctico, semántico, silábico, fonético, ortográfico… Una palabra tira de otra que a su vez depende de una tercera, mientras el verbo intenta dirigir el tráfico y los adjetivos tratan de hacerse notar porque son muy narcisos. La puntuación vigila el conjunto. Una coma mal puesta puede provocar una catástrofe gramatical y un punto prematuro romper el ritmo de la oración. Lo increíble es que no percibamos la actividad bárbara de todas esas fuerzas al leer el periódico o un libro o un pasquín o una receta de cocina. Una buena frase parece inmóvil, aunque sea el fruto de una descarga sentimental insoportable. La atraviesas como se cruza una habitación en la que cada mueble ocupa su lugar, sin considerar que el techo pesa toneladas ni que las paredes se sostienen gracias a un pacto milagroso entre energías de diferente signo. Si de pronto se oye un crujido, levantamos con susto la cabeza. También al leer levantamos la cabeza cuando el texto hace ruido.

© PhotoQuest (Getty Images)
Asedio a la cultura crítica
Que la llegada de la derecha radical a los gobiernos democráticos pueda representar una amenaza para la cultura abierta y la libertad de creación ya no es solo una sospecha: el arte crítico y la memoria cívica se encuentran en la diana de los extremistas. Sucede en América y en Europa. Y también en algunos lugares de España. Desde los primeros acuerdos autonómicos con el PP, Vox tuvo como prioridad la derogación de las Leyes de Memoria Democrática. No fue casualidad que en la Comunidad Valenciana se cancelase la suscripción a diversas revistas en catalán en bibliotecas municipales. Ya en 2023 se escucharon tímidas advertencias de lo que estaba por venir. En vano. El sábado estaba previsto que se representase en Valladolid la obra Federico, centrada en la muerte de García Lorca, pero ha sido cancelada y la compañía Proyecto 43-2 ha denunciado a la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León, en manos de Vox, porque considera que dicha decisión obedece a motivos ideológicos. El episodio ha coincidido con la publicación el pasado día 9 de los requisitos que la Junta establece para solicitar subvenciones para la producción de películas y documentales: “No podrán destinarse los fondos públicos concedidos al amparo de esta convocatoria a actuaciones que impliquen adoctrinamiento ideológico”.

© Thierry Monasse (Getty Images)
Brasil no puede permitirse los recortes de Bolsonaro
El 25 de octubre Brasil tendrá ante sí una clara disyuntiva, entre el candidato de ultraderecha Flávio Bolsonaro y el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que ese día se medirán en la segunda vuelta de la elección presidencial.
Mororidad y patria
Ojalá que los moros españoles pudiéramos vivir nuestras vida sin más, como simples seres humanos, sin la estrella amarilla de la mororidad, esa condición según la que somos culpables hasta cuando se demuestra lo contrario, hasta cuando estábamos a más de 600 kilómetros del delito cometido. Imagínate ser madre de un hijo que cumple con los rasgos raciales en los que se basa esa construcción y saber que la policía lo va a parar por la calle mucho más que a sus compañeros. Imagínate verlo crecer y darte cuenta de que la mororidad no solo no va a ser impugnada como sistema de discriminación, sino que encima se va a aplicar a quienes ya nacen españoles de hijos de españoles. Que no significa nada porque deberíamos ser tratados todos como personas independientemente de nuestra procedencia, de nuestra nacionalidad o nuestros rasgos físicos. Pero es que incluso para los que practican la persecución del moro por ser éste el extranjero, “el enemigo” perpetuo y principal, la alteridad demonizada, fantasma de guerras pasadas y pulsiones de Reconquista, incluso desde ese marco lo que se les ha hecho a Youssef Abraoui y Ahmed Benyahia es un crimen aberrante: difundir su imagen señalándolos como culpables del crimen atroz que acabó con la vida de una octogenaria en Burgos. Ojalá no ser siempre los primeros sospechosos de asesinatos de ancianas, de violaciones, de robos y agresiones. Incluso algunas webs que desmienten la noticia hablan de que no se trata de magrebíes sino de dos hombres “nacionalizados”. ¿Y eso qué más da? ¿por qué hay que hacer siquiera la distinción entre españoles cuando la nacionalidad se adquiere por nacimiento? ¿Cuántas generaciones de “nuevos” españoles tendrán que dar explicaciones por no encajar físicamente con lo que un patriotismo rancio y obsoleto considera que somos “nosotros”? El Imperial, parece que se llamaba la cuenta desde la que se difundió el bulo, lo cual es toda una declaración de intenciones porque no hay imperio sin racismo, no hay grandeza patria sin exterminio del “otro” construido justo para que pueda ser exterminado. Qué agallas, qué machos los cobardes que no saben articular una oposición que no esté basada en manipulaciones y maldades, qué rastreros y crueles matamoros que persiguen a chavales imberbes (no Abraoui y Benyahia, que son hombres adultos; hasta en eso equivocaron el tiro). Ese es el tipo de votantes a los que Alberto Núñez Feijóo dice que hay que respetar, a los crueles capaces de atizar el odio contra otros ciudadanos, tan españoles como ellos aunque les joda.

© Álvaro García
El Roto: la salida del mitin
Los pillos actúan en Francia
Las movilizaciones del sábado en Francia desencadenaron una violencia brutal. Los ayuntamientos de Marsella, Lille, Rennes, Grenoble o Limoges —este último terminó en llamas— fueron atacados; en Lyon los manifestantes quemaron una oficina de turismo; en Burdeos prefirieron romper los cristales de la Cámara de Comercio e Industria y asaltar la residencia del delegado del Gobierno; en Normandía la fachada y el tejado de la Universidad de Rouen quedaron parcialmente quemados; en París, en fin, ardieron contenedores, motos, coches y mobiliario urbano, los grupos más fanatizados asaltaron comercios, arrasaron cuanto encontraron a su alcance y estuvieron a punto de entrar en las Galerías Lafayette.

© Jack Taylor (REUTERS)
- El País
- Una lectora: “Ser profesor no te convierte en un personaje público del que cualquiera pueda burlarse”
Una lectora: “Ser profesor no te convierte en un personaje público del que cualquiera pueda burlarse”
Las “cuentas curis” son perfiles anónimos de TikTok creados por alumnos para publicar memes y dibujos, entre los que retratan, ridiculizan o insultan a profesores. A veces con sus nombres e imágenes reales. Lo que empieza como una broma puede ser una humillación pública, con decenas de alumnos riéndose detrás de la pantalla. Vulnerar el honor y la imagen de un profesor puede tener consecuencias legales. Nos preocupa, con razón, el acoso escolar entre estudiantes. Pero un docente también puede ser víctima de ciberacoso. Ser profesor no te quita el derecho a la intimidad ni te convierte en un personaje público del que cualquiera pueda burlarse.

© SAMUEL SÁNCHEZ
Tranquilas, que pasará
“No puedo más, te lo juro”. Esta frase o una muy parecida lleva mucho tiempo ahí, instalada y escuchada a diario en el aire que respiramos. Insistimos en que no podemos más con la polarización, la pelea y el ruido; repetiremos y nos repetirán. Como si fueran otros y no nosotros los que pisamos de vez en cuando lo fregado de la vida diaria. Pero tranquilas, que pasará.

© Comunidad de Madrid (EFE)
Huyan de las redes sociales: propuesta de objeción de conciencia
Las redes sociales fueron recibidas hace 20 años como un gran espacio de libertad. Hoy en día ya sabemos que se han convertido en plataformas dedicadas a encubrir a delincuentes anónimos; en espacios que favorecen la mentira, la injuria y la calumnia, los mensajes de odio; que acogen los acosos sexuales y personales, la xenofobia, el machismo y el racismo, la pederastia, la pornografía infantil, los mensajes yihadistas; en lugares donde se permiten las suplantaciones de identidad (las últimas han sido las sufridas en cuentas del PP el pasado miércoles por los socialistas Begoña Gómez, José Luis Rodríguez Zapatero y José Luis Ábalos, entre otros). Por si fuera poco, su maquinaria utiliza algoritmos con sesgos polarizadores y sus directivos aplican ingenierías fiscales para evadir impuestos en los países donde obtienen los ingresos.

© Noah Berger (AP Photo / Lapresse) (EL PAÍS)
Los baños de bares y restaurantes: el gran marrón
Llego al restaurante, un bar de menú de currantes normal y corriente, a eso de las tres, con hambre. Me asignan una mesa, pero antes de sentarme a comer, necesito usar el baño. Lo encuentro al fondo del local. Tras una puerta, aparecen un lavamanos solitario y un pequeño pasillo con dos puertas más. Tras la primera puerta hay un bodegón de urinario masculino, retrete salpicado y charco en el suelo. En la segunda puerta hay un cartel pegado con celo con un mensaje a boli que reza “la puerta no cierra”. En efecto, la puerta no tiene ni pomo, y no cierra. Queda entreabierta. Es el baño adaptado para personas con movilidad reducida, y también el de mujeres, una habitación cuadrada de tres metros por tres. No tengo el brazo lo suficientemente largo (ni yo ni nadie, supongo) para resolver la situación como lo he hecho otras veces en circunstancias similares, pero más estrechas: manteniendo la puerta cerrada apoyándome en ella con una mano extendida mientras meo en cuclillas y de puntillas con el bolso colgando del cuello para que no toque el suelo, porque no hay ni gancho ni taburete a la vista donde dejarlo. Mientras sopeso la situación aparece otra mujer con intención de usar el baño. Tras un par de vistazos y de escuetas deliberaciones nos organizamos para aguantar la puerta, montar guardia la una para la otra y mear por turnos.
Los toros cornean a Pedro Sánchez
Según afirma Diego Sánchez de la Cruz en The Objective, Pedro Sánchez, recién elegido secretario general del PSOE, comunicó a Sálvame su rechazo a la tauromaquia. «Nunca me verás en una corrida de toros», aseguró para subrayar luego que si algún día llegaba a presidente tomaría medidas contra la tauromaquia. Y así ha sido. En los ocho años de gestión sanchista se han suprimido las ayudas públicas del Gobierno a la fiesta nacional, perseguida con saña por Sánchez y el ministro Urtasun. La respuesta del mundo taurino ha sido espectacular. Los toros han corneado repetidas veces a Pedro Sánchez y a su ministro. En Madrid, Las Ventas cerró la temporada 2026 con 1.018.696 espectadores, el mayor registro de su historia. En 24 ocasiones, la plaza colgó el cartel de «no hay billetes». Y los abonados crecieron nada menos que el 36 por ciento.
En la Real Maestranza de Sevilla se manejaron cifras porcentuales todavía mejores. Y lo mismo en la Malagueta y en otras muchas plazas. Las retransmisiones audiovisuales en TeleMadrid, Canal Sur, CMMmedia, Aragón TV, A Punt y otras muchas conocieron cifras insospechadas de espectadores.
Enrique Múgica, gran líder del PSOE, se hubiera frotado las manos y con él los innumerables socialistas aficionados a los toros. Por otra parte, la consideración de la tauromaquia como forma de cultura se robusteció, encabezada por Francia, entre los intelectuales de todo el mundo. Ortega y Gasset, primera inteligencia del siglo XX español, afirmó en su día que no se podía entender al homo hispanus sin la significación taurina. El arte y la literatura se engrandecieron con los toros. Inolvidable la aportación de Goya. Y la del comunista Picasso. Y la del comunista Alberti. Y la de Federico García Lorca. Y la de Salvador Dalí. Y la de Mariano Benlliure. Y la de Mario Vargas Llosa. Y la de centenares de pintores, escultores, poetas, dramaturgos y filósofos, tan bien estudiados por Gonzalo Santonja. Desde el Rey hasta el más humilde campesino, todos piensan que los toros han integrado la cultura española. En la carta 531 de su Opus epistolarum (Alcalá, 1530) Pedro Mártir de Anglería da testimonio de que Fernando el Católico tomó un brebaje compuesto por testículos molidos de un toro con la esperanza de tener hijos de su segunda mujer Germana de Foix.


© Europa Press
La viñeta de Caín: 23 de octubre de 2026


© La Razón


© Caín
Con el Frente Popular puede pasar cualquier cosa en la campaña
Faltan todavía tres semanas para el comienzo legal de la campaña de las próximas elecciones y cada día que pasa aumenta la tensión. Unos de los últimos sucesos como ejemplo han sido las concentraciones de centenares de jóvenes de la ultra izquierda en la Plaza de María Pita en La Coruña al mediodía y en Avilés por la tarde. Convocados para intentar boicotear unos mítines con Santiago Abascal de protagonista, y que obligó a drásticas intervenciones de la Policía para disolverlos. Y por si no fuera suficiente la polarización nacional existente, ha venido el presidente argentino Javier Milei para aumentarla. Efectuando declaraciones con un contenido que no es el momento más oportuno para efectuarlas. Junto a esos ejemplos, la mera actividad ordinaria introduce novedades que mantienen el clima del debate político en grado elevado. Como ha sido la decisión del Tribunal Constitucional sobre el recurso presentado por el Defensor del Pueblo en relación al eventual voto de los “nietos”. Que ha significado -de momento- un acusado revés para la progresía sanchista. El que hasta Conde-Pumpido se haya opuesto a admitir a trámite el recurso, provocando un inaudito 10 a 2 contrario a su admisión, lo demuestra claramente. Si bien ello “todavía” no significa que esos “nuevos” españoles, no puedan votar el 29 N, como desea Sánchez. Aunque obviamente se aleja esa posibilidad, que estimula su celo por conseguirlo. Ya es lamentable, por decirlo suavemente, que la condición de español se adquiera por una disposición adicional 8ª de la ley de memoria democrática. Por parte de gran cantidad de miles de personas que nunca han estado en España, y que lo agrava la Instrucción de una fiscal “progresista” que lo generaliza. Interpretando a su voluntad lo que dice la ley y diluyendo la dignidad de la condición de ser natural español. Este debate ha abierto otro: el de si tener la condición legal de ciudadano español debe exigir tener derecho a votar en las elecciones. La experiencia avala al sentido común que niega esa afirmación con numerosas localidades españolas que tienen registrados más votantes en el extranjero que residentes en ellas. Lo que se puede extender a circunstancias como no tener actividad ninguna ni pagar impuestos, y desconocer de hecho la problemática española en todos sus ámbitos. Es decir, en el económico, cultural, social y político. De tal manera que pueden elegir al alcalde de esas localidades personas que las desconocen absolutamente. E incluso decidir el gobierno en igualdad de condiciones que cualquier auténtico ciudadano español: que en España vive, trabaja y paga sus impuestos.


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Oscuridad en la ciudad de la luz
La protesta está en el origen mismo de la República francesa, pero los niveles de violencia callejera que se han alcanzado estos días han dejado a la nación en estado de shock. «Oscuridad en la ciudad de la luz» reza una pintada de los disturbios de París. Francia es hoy un país fuera de control en lo político, lo fiscal y lo social. La autoridad del presidente Emmanuel Macron, seriamente tocada desde el fracaso del adelanto de las legislativas de 2024, está calcinada junto al ayuntamiento de Limoges, un edificio del siglo XIX, incendiado por una turba de anarquistas el pasado fin de semana. El otrora dios Júpiter es ahora un presidente menguante, tan alejado de la realidad y de lo que ocurre en su entorno que pasó la víspera del 17 de octubre en un concierto de Céline Dion con su esposa, Brigitte Macron, mientras los violentos del Bloque Negro se preparaban para sembrar el pánico al día siguiente. Ajeno a nuevos episodios de furia que se prevén para el 24 de octubre, Macron se ha ido de gira por Oriente Medio. Quizás busque fuera la popularidad que hace tiempo perdió en casa. Quizás, también, se haya convencido de que poco puede hacer antes de las presidenciales de la próxima primavera. Macron ha exculpado a los estudiantes que protestan pacíficamente por el mal estado de las escuelas, la ausencia de profesores y las dificultades para acceder a la educación superior. Y ha culpado al partido de extrema izquierda de la Francia Insumisa de Jean Luc Mélenchon por alentar a los radicales y legitimar la violencia. Pero es el presidente quien tiene la obligación de garantizar la seguridad del país. El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, ha impuesto toques de queda en algunas zonas y prepara un dispositivo de seguridad sin precedentes para controlar la movilización de este sábado.
Una de las razones por las que el actual gobierno francés ha tenido dificultades para apaciguar la revuelta estudiantil es la falta de fondos. Macron destinó unos 11.000 millones de euros en ayudas para sofocar las protestas de los Chalecos Amarillos al inicio de su primer mandato entre 2018 y 2019. Esta vez, las arcas están vacías. El gobierno no solo no puede comprometerse a aumentar el gasto sino que tiene previsto hacer todo lo contrario. Debe realizar recortes y subidas de impuestos por valor de 43.000 millones de euros en el presupuesto de 2027.
A seis meses de las presidenciales, los disturbios han fortalecido a los extremos políticos de Francia. Jean Luc Mélenchon ha tratado de capitalizar el malestar generalizado presentándose como el candidato de los estudiantes y de los antisistema, pero el uso de la violencia por parte de sus «cachorros» podría pasarle factura en las urnas. La más beneficiada es Marine Le Pen. El diagnóstico de Agrupación Nacional de estar ante una presidencia «agotada, exhausta y desorientada» es difícil de rebatir. Para la extrema derecha, que se presenta como el partido de la seguridad y el orden, la sensación de descontrol es un regalo. Mientras tanto, el centro aparece desdibujado con un Édouard Philippe, peleando por una candidatura única, y lastrado por su conexión con un gobierno agotado. Como dijo Alexis de Tocqueville, Francia duerme sobre un volcán.


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La propaganda no construye casas
Los datos son tozudos. Desde que Pedro Sánchez gobierna España, el precio de metro cuadrado en compraventa de vivienda se ha incrementado un 85 por ciento y el del alquiler un 40 por ciento. En paralelo, la oferta inmobiliaria se ha hundido un 38 por ciento en la venta y un 44 por ciento en el alquiler. Además, con unas economías domésticas que no levantan cabeza, cosidas a impuestos, los desahucios se cuentan por decenas de miles cada año, ante la imposibilidad de muchas familias de hacer frente a unos precios disparados, y el alquiler de habitaciones, en malas condiciones de salubridad, ha dejado de ser la excepción, especialmente, entre el colectivo de los inmigrantes. Tras ocho años de propaganda gubernamental, en los que no se ha cumplido ninguna de las promesas realizadas por el inquilino de La Moncloa en materia de vivienda y en los que las políticas de urgencia impulsadas por la extrema izquierda no han hecho más que contraer el mercado, no es de extrañar que la odisea de encontrar un techo decente bajo el que vivir se haya convertido en el primer problema de los españoles, cuando antes del regreso de los socialistas al poder ocupaba el puesto 17. Coexisten muchos factores en el drama de la vivienda, pero la causa principal, el nexo de todos ellos, hay que buscarlo en la proverbial incompetencia de los gobiernos sanchistas. Ahora bien, si algo hay que reconocerle a los ejecutivos de la coalición social comunista es el olfato para la propaganda y la creación de realidades alternativas, como en el caso del desahucio de Maricarmen, uno entre los 20.000 que se producen en España anualmente desde que gobierna Sánchez, pero que, desafortunadamente, no pueden sustituir a una buena política de vivienda social. La propaganda puede crear efectos instantáneos entre la parte más desavisada de la opinión pública, pero una correcta planificación urbanística para fomentar el mercado inmobiliario ni se improvisa ni suele llegar a tiempo para dar resultados electoralistas. Se argüirá, y es cierto, que el Ejecutivo central carece de competencias directas en vivienda, transferidas a las comunidades autónomas, pero también es cierto que el Gobierno sanchista ha preferido la confrontación con las autonomías, esencialmente, las gobernadas por el Partido Popular, en lugar de procurar acuerdos institucionales, apoyados por la financiación europea, que desarrollaran los programas de vivienda social que reclamaba el enorme crecimiento de la población, tras la sucesivas oleadas de inmigración registradas en España. Baste señalar, como paradigma de la falta de previsión gubernamental, que la población residente ha pasado de 46.937.060 habitantes en 2018 a 49.801.559 entre 2018 y 2026, incremento que se debe atribuir exclusivamente a la llegada de extranjeros, puesto que el crecimiento vegetativo de la población de origen español ha sido negativo. Pero a la izquierda no se le ocurrió pensar que habría que proporcionarles casas.


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Paciencia histórica
También esta semana podría, perfectamente, pasar a la historia. Para empezar, 15 años han pasado ya desde que ETA colgó las armas y sus herederos entraron en las instituciones para blanquearse y acabar aburguesándose, como los demás partidos. Incluso han llegado a convertirse en socios preferentes de este Gobierno, con Arnaldo Otegi al frente como «hombre de paz», mientras él y sus colegas presumen de sus políticas ecologistas y sueñan con la Lehendakaritza. Bildu, ya con casi todos sus presos excarcelados, no ha condenado aún -oficialmente- la violencia de ETA. ¿En qué situación estarán los líderes del Procés dentro de 3 lustros? Queda claro que, en este país nuestro, no hay imposibles que valgan.
Esta también ha sido la semana en la que se ha amnistiado definitivamente a todos los impulsores de lo que pasó en Cataluña en 2017, y hemos visto regresar a dos de ellos, Puig y Comín, fugados hace 9 años y recibidos ahora como héroes por los suyos. ¡Qué cara la de Toni Comín prometiendo la Constitución española en el mismísimo Congreso de los Diputados, en Madrid! Quién se lo iba a decir a él... Lo mismo habrá pensado el ex presidente Felipe González. ¿Cómo iba él a barruntar siquiera que su PSOE iba a ir mutando hasta convertirse en un partido 100% sanchista? También, por tanto, recordaremos estos días en los que González confirmó públicamente que no votará a Pedro, que votará en blanco el 29N (y a ver quién se atreve a expulsarle).
Esta semana, en la que Javier Milei ha venido por séptima vez a España desde que es presidente de Argentina, hemos comprobado que en Ferraz, sobre todo, se le ha recibido a lo grande, con lona gigante y vídeos trabajados de zurdos y orgullosos. El ruido y las protestas que genera Milei en la ultraizquierda se ha mezclado con un par de manifestaciones agresivas contra los mítines de VOX. Y esos mítines, con las acampadas, con las protestas de los estudiantes, con unas calles que se calientan más y más mientras los sindicatos policiales culpan de semejante caos a los delegados de Gobierno, por permitirlo.
Y entretanto, la Moncloa con sus martes sociales, convertidos en mítines salpicados de decretos de efímera vida, mientras Ferraz sigue negándose a ofrecerle al juez Pedraz la lista de los abogados contratados por el PSOE para poder avanzar en el caso «Cloacas» (Leire Díez es la llave y la clave de todo lo cloaquero, lo veremos tras las elecciones).
Hemos llegado al histórico día de hoy con Ceuta aún en el limbo, sumida en la anormalidad, con los precios de los combustibles disparados y con el resto de nuestros problemas cotidianos ahí, esperando a ser resueltos. Señor, danos paciencia.


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Graullera, un servidor público
El éxito del pacífico cambio de régimen en España se debió a un puñado de abnegados servidores públicos que contribuyeron silenciosamente a ello. Entre estos merece lugar destacado José Luis Graullera, que acaba de morir a los 87 años. Valenciano, abogado e interventor del Estado, embajador de España, amigo personal y hombre de confianza de Adolfo Suárez, ejerció un papel decisivo, desde la Secretaría de Estado de Administraciones Públicas, en la transición administrativa, que él consideraba tan importante como la transición política. Antes, en su papel de interventor, como protector de los recursos públicos, evitó las corrupciones en los principales organismos del Estado, desde RTVE al CSIC o el Consejo de Estado. Como servidor público ejerció su papel pacificador en Guinea Ecuatorial, por encargo del presidente Suárez, en un momento delicado, recién lograda la independencia.
En la transición administrativa, conducida por él, se procuró, como me confesó en «Secretos de la Transición», «respetar todo lo positivo del antiguo régimen eliminando lo negativo». Facilitó las cosas el hecho de que «en el régimen anterior, a falta de legitimidad, había un axioma: el principio de legalidad que se respetaba escrupulosamente». Todos los funcionarios del Movimiento que no tenían funciones políticas, incluidos los de los sindicatos verticales, encontraron cobijo en la nueva Administración. Un día se presentó en el despacho de Graullera, en Castellana, 3, Pilar Primo de Rivera, delegada nacional de la Sección Femenina, a entregarle un dinero que la Sección Femenina tenía en efectivo y que no figuraba en ninguna cuenta. Una indudable prueba de honradez. «¿Qué va a ser de mis chicas?», le preguntó con insistencia. «No te preocupes, Pilar, -le respondió-, las haremos funcionarias». José Luis Graullera me confesó emocionado que mandó un escrito a más de 25.000 empleados que no entraban en el cuerpo de funcionarios y se quedaban en la calle, por si podía hacer algo por ellos, y sólo dos le pidieron ayuda.
Otro de los grandes servicios prestados por Graullera fue la creación y puesta en marcha de AESMIDE, una asociación de empresas contratistas con la Administración del Estado, que, entre otras cosas, ha contribuido decisivamente, externalizando productos y servicios, a la modernización de las Fuerzas Armadas en España. Se ha ido un patriota sin alardes, un servidor público eficaz, en un momento convulso de la vida nacional, que amenaza a la Transición democrática y la concordia constitucional, con la corrupción, que él tanto combatió, escalando como la yedra los muros del poder. Deja una gran familia. No se puede concebir la vida de Graullera sin Esther, su mujer, que él llamaba cariñosamente «la tendera».


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